Mostrando entradas con la etiqueta terminar una carrera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terminar una carrera. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de junio de 2013

Soy mediocre

Normal, ordinaria, común y corriente y pronto seré feliz.

Cuando empecé en la Facultad tenía 18 años...

Desde tercero de Primaria había querido estudiar Derecho, es más, siempre tuve claro todo lo que quería hacer en cuanto a mis estudios. Desde niña supe qué bachiller y carrera escoger. Siempre fui una niña adultizada.

En primaria, siendo yo muy pequeña, un día vino a clase la psicóloga del colegio a realizarnos lo que en mi absoluta ignorancia llamaré un “test de inteligencia o de cociente intelectual”. Al poco tiempo, mis padres me prepararon mi comida preferida -(macarrones con queso)- se avecinaba una emboscada en mi contra tal vez alguna vacuna pensé -yo odiaba las inyecciones- pero bueno, había ricos macarrones y mi padre me regaló unas postales del Rey León, pero no el de Disney, sino una imitación. Igualmente me encantaron las postales, sus colores captaron mi atención y pensaba escribir un cuento detrás de cada postal basándome en el dibujo... Me explicaron que me iban a llevar a una psicóloga, para repetir la prueba que me habían hecho en el colegio. Pensé si habría suspendido, pero no era un control y bueno, yo había contestado a todo y “mi señorita” no me mandó que lo repitiera...

Yo no quería ir a una psicóloga, en mi colegio iban los niños con dislexia o que necesitaban refuerzo. Yo no quería ser ni lo uno ni lo otro y quería escribir mis cuentos...

Me llevaron a casa de esa señora, compañera de trabajo de mis padres, recuerdo las escaleras, el calor que hacía y que me quitó las postales de las manos poniéndolas en un lugar de la mesa donde yo no podía seguir barajándolas ni mirando los dibujos...

Se me hizo muy largo, me preguntó muchas cosas, me enseñó muchos dibujos... Era muy pesada, quería irme a casa.

Después de eso estuvo hablando mucho rato con mis padres, yo sólo quería ir a ver “la aldea del arce” y "Alfred J. Kwak". Mi padre salió impertérrito, mi madre muy feliz y sonriente.



Mis padres al poco tiempo me explicaron por qué me habían llevado ya que yo sólo estaba preocupada por si tenía dislexia o alguna “enfermedad en el cerebro” como llamaba yo de niña a la dislexia.



Querían adelantarme un curso. Puede sonar a chiste pero no. Todos. Era un complot. Monté en cólera, monté un drama. Lloré y lloré y grité, no quería que me adelantaran un curso para no ir con mis amigos y amigas y quedarme sola con gente más mayor. Dije que dejaría de ir al colegio y que esa psicóloga era mala y estaba loca...

Después prometí ser muy buena si no me separaban de mis amigos y amigas, prometí no quejarme cuando me dieran alcachofas para comer...

Afortunadamente no me adelantaron ningún curso gracias a mi padre, pero me “castigaron” a hacer toda clase de actividades extra-escolares y poniéndome dos etiquetas imborrables. Inteligente y buena en idiomas. Desde ya me desetiqueto y paso, antes me aportaba algo llevar esos galones, los quemo, los regalo... Adiós. “Será muy buena en todo lo relativo al lenguaje y la comunicación”- buenísima, pregunta en la Facultad a ver qué te dicen sobre mis exámenes jajaja.



Desde aquel momento de mi vida ya todo el mundo creía y creyeron para siempre que yo era muy inteligente y que yo hablaría muchos idiomas, se me dijeron cuáles debían ser y que tendría dos carreras y sacaría las mejores notas. Se me consultaron los idiomas y se me permitió escoger carrera. Sí bueno, metafóricamente era un precio caro, pero pudiendo elegir carrera e idiomas, podía pagarlo a plazos.

Ante semejante expectativa me rendí y siempre luché por satisfacer a todo el mundo. Suspender era igual a fracasar, así me lo enseñaron entre todos, para mí no estaba permitido suspender que además era fracasar, si suspendía es que era vaga. Tampoco se me permitía bajar del notable sin ponerme mala cara por parte del profesorado, (y en casa mejor no hablar de qué pasaba) lo recuerdo perfectamente y siento una infinita compasión por mí misma y por la ansiedad y presión que sentía. Desde niña me mordía las uñas y muchas noches no podía dormir sobretodo si tenía examen... Recuerdo ser muy pequeña y levantarme a las 5 de la mañana a estudiar Conocimiento del Medio. Tenía pesadillas, en las que sacaba un Progresa Adecuadamente o un Necesita Mejorar. Era de esa clase de niñas que rara vez sacaban un seis y si lo sacaban lloraban en el baño del colegio a escondidas, con la ansiedad de pensar como se lo iban a tomar mis padres... La cara de la profesora no era de muy buenos amigos cuando yo obtenía un P.A y eso era un interesante avance de la ulterior reacción que yo habría de soportar en casa... Pero bueno eso pasó dos veces en toda mi infancia...



Siendo más mayor e instaurada por completo la creencia de que yo era “muy inteligente” y “muy buena en idiomas”. En tercero de la ESO nos obligaban a escoger para el siguiente curso; -(fingiendo que de esta manera nos orientaban hacia el Bachiller)- dos asignaturas obligatorias, una opción de matemáticas a escoger entre avanzadas o iniciales (fáciles). Yo tenía claro que quería hacer humanidades, soñaba con cursar latín y griego y traducir toda clase de textos y con todas las palabras nuevas que iba a aprender. Las matemáticas se me daban fatal y además no me gustaban, motivo por el cual obviamente iba a escoger la opción fácil de las mismas.

En mi solicitud pedía como obligatorias, -acorde con lo que yo deseaba cursar en bachiller-; música y plástica y matemáticas fáciles.



A punto de ser entregados los papeles a la dirección por una profesora, tutora de 3ºde E.S.O A (yo iba al B) ésta me llamó aparte, muy enfadada.

-¿Por qué has escogido estas asignaturas?

-Porque puedo elegir -le dije poniéndome chula, porque siempre he sido un poco chula- y porque quiero hacer el Bachiller Humanístico y las matemáticas y ciencias se me dan mal. -(Ella era la profesora de matemáticas).

-Tú tienes que coger Química y Tecnología o Química y Biología ¿Qué haces tú en música y plástica? ¡Eso es para la gente que no puede o que no quiere estudiar o que no vale como... (Citó nombres de compañeros y compañeras que obviamente no voy a dar).

Yo la interrumpí adrede, me estaba molestando lo que me decía, como justiciera odiaba cuando se denigraba a un/a compañero/a de clase. Le respondí disfrazando chulería de educación y falsa cortesía para darle más rabia, quería que se arrepintiera de sus palabras, era algo que ya se me daba bien y que quería explotar en la carrera... Pero no.

-¿Para gente que no puede estudiar? Pero profesora yo creía que usted y el tutor nos habían dicho que todos éramos iguales, que esto era sólo para orientarnos en función de nuestra preferencia en cuanto al bachiller, ustedes nos han dicho muchas veces que nada tiene que ver la inteligencia o capacidad de uno con la opción de matemáticas que escoja y ahora va usted y me dice lo contrario...

-¡Tú no vas a hacer música y plástica para estar sin hacer nada en todo el curso y viviendo de rentas! ¡¿ME OYES?! Hablaré con la Junta de evaluación personalmente y con la directora para que no te dejen cometer este despropósito, tú no pintas nada en esas asignaturas. ¿Sabes que los de matemáticas fáciles también hacen Lengua y Literatura castellana más fácil? ¿Con qué nivel vas a llegar al instituto? Pienso discutir esto con tu tutor y con el jefe de estudios, ya te puedes ir, siéntate.

-Mi tutor lo sabe y me apoya, buenos días.



Finalmente, mi tutor y profesor de Lengua y Literatura Castellana me persuadió de que me convenía realizar un mayor nivel de castellano para mi preparación. Me habló de latín y de Derecho Romano y me convenció.

Definitivamente no hice lo que quise, hice lo que todos esperaban, me situaron en biología y plástica en una especie de “ni pa' ti ni pa' mí” y en matemáticas avanzadas porque yo era muy inteligente y porque yo iba a hacer muchas cosas y muy grandes y por muchas tonterías más que me repetían los profesores en el colegio.

Mi paso por el instituto me da para un libro, así que me lo salto.

Ya había para mí una importante discordancia entre lo inteligente que me veían los demás y lo que me presionaban para que lo fuera y lo que yo era en realidad, pero nadie lo veía.

La vida me ha enseñado durante mucho tiempo que soy mediocre y normal. Sólo me gusta hablar bien y eso no me hace inteligente, pero sí hace que alguien crea que lo soy. Iba a decir que siento si causo decepción, pero no puedo corresponder a todo el mundo, así que aunque decepcione mi mediocridad podré vivir con ello y con ella y creo que más feliz que nunca. Ojalá todo el mundo lo hubiera visto en su momento, o al menos y lo más importante, ojalá yo lo hubiera visto antes. Me habría ahorrado muchos sinsabores, mucha ansiedad y frustración.



Mañana más.


viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

sábado, 12 de enero de 2013

Maldita dulzura la mía

-Si tu novio te dijera que está pasando por el peor momento de su vida y acudiera a ti ¿lo acompañarías en su dolor?

-Sí. Sería como una mujer koala, siempre le daría cariño, compañía, abrazos y besos.



-Si te dijera que no se merece tu amor y que no te merece porque no puede hacer nada por vosotros como pareja ya que no tiene fuerza para hacer nada por sí mismo dado la situación que está pasando ¿qué harías o le dirías?

-Le diría que me merece porque él es toda mi vida y mi felicidad y que afrontaremos lo que sea juntos, que yo le ayudaré a estar bien como sea. Supongo que “asumiría el mando” hasta que él estuviera bien para hacer cosas por nosotros como salir de casa de vez en cuando... Le diría que si él no puede hacer nada por sí mismo que yo estoy ahí y lo haré por los dos.



-Si te dijera que está muy triste y deprimido porque su padre ha muerto y ya no le prepara el café por las mañanas como hacía siempre y que la falta de aroma a café recién hecho le hace llorar en silencio para que su madre no lo vea mal cada mañana. ¿Qué harías?

-Fácil, me pondría el despertador diez minutos antes cada día le daría un beso sin despertarlo y le prepararía café cada mañana y de propina un buen desayuno, probablemente tostadas o algo que le gustara mucho y le sonreiría, las sonrisas se contagian... Le mimaría todo lo que pudiera y más, le quiero muchísimo.



-Si te dijera que no tiene ganas de hacer nada, que el hecho de que el mundo siga como si nada y que él deba seguir con lo que le ha pasado lo deprime y enfurece. ¿cómo le ayudarías?

-Aceptaría sus sentimientos, no le forzaría a nada ni le presionaría, a veces hay que dejar que la tristeza de alguien siga su curso y simplemente acompañar si él quiere compañía. Le haría sentir cómodo en que no pasa nada si durante un tiempo no quiere hacer nada. Me encargaría de todas las cosas de él que fueran urgentes si él no está en condiciones para ello y de las no tan urgentes como lavar, ir a comprar, cocinar... Todo lo necesario hasta que él se encontrara mejor... Me quedaría con él mirando a un punto fijo en la pared si necesitara eso, o abrazados en el sofá entre almohadas y mantas viendo películas. Simplemente le demostraría que estaré si me necesita y me iré si se cansa de tenerme ahí...



    Mi interlocutora me sonríe y me pregunta:

-¿Crees que tienes soluciones para todo? ¿o respondes por no dejar ninguna en blanco?

-No, sólo llevo años de práctica y también es que cuando me enamoro no me dosifico... Me parece muy romántico demostrar amor así, entregando el 150% de mí, no sé hacerlo de otra forma, cualquier novia enamorada haría lo mismo...



-Si él te dijera que no puede concentrarse, que no puede estudiar porque la mente se le va al hospital y a lo mal que lo pasó esos días y todas esas noches allí solo viendo morir a su padre... ¿Podrías hacer algo por él?

-Sí, haría todo lo posible por darle esperanza y aliento, sería fuerte por los dos. Le ayudaría y le prepararía un planning de estudio; organizándole las horas que debe estudiar al día y los días que debe dedicar a cada asignatura, los descansos que puede hacer, el tiempo para comer o ir a jugar a fútbol si quiere... Le haría el planning en colores bonitos para que le pareciera una de mis típicas cursiladas y se riera. Le sugeriría fraccionar el estudio en 45 minutos de estudio por hora y quince de descanso. Afrontaría esa preocupación con él para que no se viera solo ante eso. Y probablemente, si no se tratara de algo de ciencias o matemáticas, -de lo cuál no tengo ni idea-, estudiaría con él si me necesitara. Le haría resúmenes, o le explicaría aquello que él no entendiera si yo pudiera entenderlo... Haría lo que fuera, lo quiero muchísimo, se merece aprobar es muy buen chico y ha sufrido mucho. Cualquier novia haría lo mismo.


-Pero ¿si él insiste en que no se ve capaz de aprobar, que la asignatura y el exámen son muy difíciles, que ya lo ha suspendido dos veces con un 4'6 y un 4'7 respectivamente y eso que había estudiado muchísimo...?

-Le recordaría quién es, lo que ha conseguido y a dónde ha llegado académica y personalmente. Yo estoy muy orgullosa de él, le diría que un exámen es un exámen y que ya lleva muchos, que este no nos asusta, que él se lo come con patatas, que yo creo en él. Le diría que me enamoré de su inteligencia y su vocabulario entre otros millones de cualidades y que lo admiro profundamente. Que me enamoré de su cultura en cosas que yo no conocía y que he aprendido de él. Le diría que es normal su sentimiento de incapacidad dada la situación que está pasando y procuraría darle fuerza diciéndole que sólo siente y piensa así por su tristeza. Que él es valiente para mirar el miedo a la cara porque si ha visto morir a su padre y lo afronta cada día es que es valiente y un exámen es una anécdota en la vida... Él puede aprobar es un chico muy inteligente, todo el mundo se lo dice pero tiene muy baja autoestima.



-Si tu novio no fuera tu novio y sólo un "amigo" que te gustara muchísimo y te dijera que no puede estudiar porque echa mucho de menos a su ex. Y que, aunque suene muy tonto, se siente solo cuando está estudiando, como desamparado, desarropado y que se le hace un nudo en la garganta porque su ex solía acompañarle a estudiar y ella no está y que además ella está otra vez presuntamente feliz con otro y él no puede olvidarla y "encima se me ha muerto mi padre"... Recuerda que él está muy depresivo porque siente que todo le va mal. ¿Podrías hacer algo?

-Pues en ese caso le haría compañía estudiando; me inventaría una excusa, aunque yo no tuviera que estudiar le diría que sí tengo que hacerlo con tal de estar con él, o que puedo estar con él en la biblioteca leyendo, que estoy enganchada a un libro buenísimo y no me importa acompañarlo... Algo se me ocurriría para hacerle compañía y evitar que se sintiera solo. Le sugeriría hacer un planning juntos también, yo me entrego desde el minuto uno... Me encanta ayudar y hacer cosas por el hombre que quiero, me hace sentir muy bien ver que puedo ayudarle.

Y respecto a no poder estudiar porque echa de menos a su ex y ella está con otro... Le diría que procure dejar un tiempo y un espacio al día para pensar en eso aunque le pueda sonar ridículo. Pero un tiempo y un espacio concreto, como si tiene que fijarse una hora del día para llorarla pero que por el amor de Dios tiene que salir adelante y olvidarla. Que ya no es la primera vez que pasa por esto en exámenes por esta misma chica, que ella no va a volver al menos por ahora y los exámenes no esperan por nada ni por nadie. Él ya ha perdido oportunidades de presentarse a exámenes por esta razón, porque ella en exámenes se fue con otro y él no fue fuerte para estudiar a pesar de eso... Y no ha servido de nada perder oportunidades, sólo para que sintiera que se había fallado a sí mismo... Le diría que es lo suficientemente inteligente para saber que no es el momento de mirar hacia su ex, que ella va a seguir haciendo lo que hace aunque estudie él, o no, y entonces; ¿por qué no estudiar y afrontar esto al acabar exámenes? ¿Por qué no luchar por sí mismo? Yo le ayudaré... Me importa mucho su bienestar porque es muy bueno y muy sensible y ha sufrido mucho por esta chica y se merece avanzar con su vida, aprobar y sentirse bien por conseguirlo.



-La última pregunta, si tu novio te dijera que cree que tal vez necesita una psicoterapia -pero que le parece caro pagar 65 euros semanales- porque ve que él sólo no puede superar su depresión. Y además, su familia, amigos y tú lo veis muy deprimido y ponéis de vuestra parte pero no parece servir de mucho, sólo algunos días parece que está mejor pero sospecháis que finge porque os quiere y no quiere preocuparos... Él insiste en que le parece muy caro pagar 65 euros a la semana “por eso”, que además él no tiene el dinero, que está en paro o estudiando y te pidiera ayuda económica ¿le pagarías tú las sesiones, o le dirías que no, que es caro?

-Haría lo que fuera por costearle las sesiones, por ejemplo; pidiendo prestado a mi familia, echando mano de mis ahorros, pidiendo prestado a un amigo de confianza, pagándolo a medias con sus padres... Lo que fuera. Me privaría de salir a cenar, al cine, de comprarme ropa, o de salir de marcha por ayudarle a pagarlo. Si él lo necesita y ahora no tiene el dinero lo ayudaría y le quitaría de la cabeza lo de que “es caro”, lo importante es que él esté bien, eso no tiene precio... Yo no podría dejarle en la estacada diciendo que es caro buscaría el dinero como fuera y le haría ver a él que no es tanto si piensa por un momento en el dinero que ha malgastado tratando de sentirse mejor sin éxito, como por ejemplo; en salir, en beber y en fumar y eso sólo le perjudica. Realizar una psicoterapia cuesta dinero, pero al menos no perjudica su salud, deseo verle bien porque le amo y es muy joven para darse la mala vida que se da a sí mismo...

***



    Esto es amar demasiado, así es como se hace, así es como se siente y se vive ser una perfecta mujer que ama demasiado. Qué bien se me daba ser la chica o la novia que contesta a esas preguntas basándose en las cosas que hacía y cómo me cuesta no volver...



    El novio del diálogo soy yo -(o cualquiera de vosotras que me contáis cosas muy similares)-, pero lo más sórdido es que también soy la novia con soluciones para estos duros y complicados problemas. Está claro, sólo tengo que hacer por mí todo lo que he dicho -(y he hecho siempre)- por él. Pero cómo me cuesta hacer para mí todas estas cosas que me resulta tan fácil hacerlas para él y que por él las hago con todo el amor del mundo. Pero todo el amor que tengo por él y todo mi esfuerzo porque esté bien, está en mí, es mío. Tengo que integrarlo para mí, hacer que forme parte de mi vida porque necesito hacerlo y él no va a venir a salvarme de la soledad, de la tristeza, ni de la muerte de mi padre. Pero yo lo creí así y me avergüenzo pero lo reconozco, creí que él podría salvarme porque me lo merecía, yo sola me creí que él sería la solución a mi tristeza. A veces, me resulta casi insoportable la soledad, la añoranza y la tristeza que siento sobretodo por mi padre como es evidente y después por él... Y ¿es muy triste o alomejor sólo me parece triste por la situación que estoy pasando? Puede que ambas.



      Tengo que ir a la cocina dónde ya no hay ni habrá nunca cafetera al fuego y hacerme el café con una sonrisa, hacerme un planning que me guste y me sienta capaz de cumplir, hacerme compañía a mí mima cuando estudio, tragarme el nudo en la garganta por estudiar sola pagando el precio de “todos-se-han-licenciado-y-tú-no-porque-se-ha-muerto-tu-padre” y decirme “pero puedes estudiar sola y debes hacerlo igual que estudiarías con él para ayudarle y hacerle compañía”.



Debo abrazar mi tristeza, mi soledad y mi añoranza con el mismo amor que lo abrazaba a él en idéntica situación. De la misma forma que lo miraba a él, con la compasión, la lealtad y la fidelidad de no abandonarlo con su pena...

Quiero aprender que en la vida hay que madurar y que “ajo y agua” con lo que nos viene a cada uno y mirar hacia adelante; porque por él, yo he sido y sería, fuerte por los dos. Ser capaz de ser fuerte por él y por mí cuando él lo estaba pasando mal indica que me sobra entonces mi propia fuerza para invertirla en mí. Pero juro que estoy muy triste, fuerte para luchar, sí, pero triste y echo mucho de menos a mi padre...

    Además también me siento sola porque lo echo mucho de menos a él y no va volver porque es feliz con otra. Y hay que ser valiente para decir “te quiero" pero más aún para asumir “ya no te quiero”. Quiero ser valiente y madura para asumir que alguien ya no me quiere aunque me reviente por dentro... Echo mucho de menos la forma en que él fingía que me quería. Debo asumir mi derrota, que le he perdido... es importante aprender a perder aunque duela y aunque se pierdan muchas personas queridas a la vez. Quiero saber soltarme de alguien y no querer demasiado para no volver a vaciarme demasiado.

      Aún con pena, con rabia, con pereza, con dolor, con desesperación debo hacer todo esto sola, y quiero hacerlo, pero aunque no voy tan mal, me está resultando muy difícil. Quiero hacerlo para no creerme nunca más que el "él de turno" me salvará y/o me querrá si yo le ayudo o salvo primero. Si lo consigo sola, podré decir cuando venga otro -si es que viene-: “lo siento príncipe, ya he matado al dragón que me daba miedo, ya no te necesito”. Ese día estaré bien y seré libre porque no necesitaré a nadie. Aún no he llegado, sigo por el camino para llegar allí; hoy en mi camino me repartiré las horas entre llorar y estudiar un poco, porque ese es el consuelo y el apoyo que le daría a mi novio y que me voy a dar a mí misma. Básicamente porque a todas luces´, no sé si más que él, pero me lo merezco

Esta canción fue especial por una historia que tuve hace unos años:
nos hacíamos daño y no nos dejábamos marchar, solíamos poner esta canción en facebook... 
 Hoy quiero darle otro significado nuevo:
 "maldita dulzura la mía si no la invierto en mí y la invierto en atarme a otro que me hace daño
 y en atarle a que me necesite para que no se vaya".

sábado, 5 de enero de 2013

Soy funambulista

Dueña de la cuerda floja.
 "Y aunque el suelo queme miro hacia delante aunque ande cansada, créeme que soy una amante que teme amar demasiado, he aceptado mis dilemas, mis delirios, mis letargos, he retado al equilibrio y no consigo derrotarlo"
      Igual que un ex-alcohólico no puede tomarse ni una cerveza sin alcohol, una ex-adicta a las relaciones destructivas y a amar demasiado no puede darse ni un beso... 
El proceso de rehabilitación requiere mucho esfuerzo y unas buenas dosis de paciencia, de esa que yo no tengo. Tal vez este punto en el que me encuentro sea harto delicado y yo he tomado plena conciencia de ello hace poco. Se trata del momento en que sientes más fuerza de la que posees realmente. Ese en que has iniciado hace tiempo la recuperación, estás mejor y vuelves a tu entorno tóxico mientras aún te rehabilitas. La luz de la estrella Elendil en este pasaje oscuro es la conciencia. Se trata de ser muy consciente de las sensaciones del cuerpo y de las emociones que se experimentan en relación con el objeto de adicción; para ser original hablo de un hombre/ relación destructiva con un hombre.

    Dice el dicho que sentimientos que regresan son sentimientos que no se fueron. Puede que eso sea cierto, afortunadamente no ha habido recaída, o yo no lo siento así ni que me haya fallado a mí misma, pero gracias a esta delicada oportunidad he podido observarme; me he detenido a analizar críticamente cómo me comporto, qué hago aún, qué siento aún. Y todo esto lo estoy viviendo porque desde enero del año pasado estoy dispuesta a todo, a cualquier cosa, lo que sea con tal de no volver a sufrir como ya lo hice. Aún no soy inmune a las relaciones destructivas, aún me estoy desenganchando...

Estas dos parrafadas son para entretenerme y no decir lo que debo decir y lo alargaré un poco más porque si fuera fácil, ya lo habría dicho. No es que me falte sensatez, ni que me sobre corazón o tal vez esto último sí sea verdad y por eso amo demasiado... Es que no encuentro el equilibrio entre cabeza y corazón y así voy practicando este arriesgado y difícil funambulismo dónde apostar por el último me ha costado, muchas caídas, dolores y sensaciones desagradables...

Nunca me he tenido por tonta aunque cuenta la leyenda que uno me hizo dudarlo seriamente y por eso sé que la única salida, la única luz de Elendil de la que hablaba antes es: estudiar y seguir observándome de forma muy consciente -(ya lo he dicho y no quería reconocerlo/decirlo)-. Observar mis conductas para modificarlas y no repetir las pasadas. No es divertido, ni emocionante, ni romántico, tampoco es intenso, es molesto y desesperante, es una labor en el más absoluto de los solitarios. Nadie puede hacerlo por mí, ni ayudarme y aunque tampoco lo espero, nadie puede comprenderme en este sentido. 
      Ya lo he dicho alguna vez, pero la solución fácil que me ofrece todo el mundo es: “Emma, que entren más pretendientes”. Yo no quiero. No quiero porque sólo soy capaz por el momento de elegir al tipo de hombres nocivos de los que he escrito en otras ocasiones. Cuando yo sola esté fuerte y bien (del todo) no elegiré (consciente o inconscientemente) esa clase de hombres. Sé que lo que digo suena a que fumo flores y que es poco actual (en el sentido de poco moderno y que estoy pareciendo una vieja por decir “moderno” pero correré el riesgo), es poco de nuestros días en los que la gente tiene relaciones basura de usar y tirar y no paran a reflexionar en qué fue mal, qué se puede aprender... Parece entonces que quiénes nos detenemos a reflexionar a aprender y no nos relacionamos con hombres compulsivamente en busca del amor, somo unas pusilánimes... No pasa nada, soy rara hace tiempo que lo sé y además me gusta. Es más común pensar y actuar acorde a “sólo ha sido mala suerte, vamos a por otro y tal vez él...” Pero yo ya sé que ese no es mi caso, ni es mala suerte la mía. Es mala elección y cada vez elijo menos mal, pero aún elijo mal y lo peor es que elijo mal de forma consciente, sabiendo lo mucho que me necesita ese hombre al que elijo, sabiendo como me refuerzo con su necesidad... Pero lo seguiré intentando, haré lo que sea, con tal de no volver al lóbrego lugar de dónde vengo...

       Mi entorno gusta en decirme que me queda mucho por vivir, que no puedo pensar así siendo tan joven, que he estado con muy pocos hombres seriamente para tener un juicio tan definido y un filtro tan infranqueable. No voy a entrar en el debate de cuántos son muchos ni cuantos son pocos. Mi sensación cualitativa y cuantitativa es la que cuenta, porque al final del día me tengo sólo a mí misma y la sensación que tengo es, desde enero del año pasado, que ya basta. No sé si muchas o pocas al ojo ajeno, pero sé que he tenido relaciones demasiado intensas en las que obviamente amé demasiado y sufrí demasiado y no puedo más. El amor y el dolor ni se pesan ni se miden así que no puedo justificarme cuantificando ni calificando mejor, la magnitud de mi resistencia al dolor, pero quiénes me conocen saben que es muy alta. Eso, lejos de ser una virtud es una lacra peligrosísima para la mujer que ama demasiado, porque te hace capaz de tolerar, resistir, aguantar, permanecer y disculpar la más atroz de las aberraciones y con una sonrisa.
Lo que me da rabia -(y eso es porque me sobra [rabia])- es que aún no puedo perdonarme. No es que no pueda perdonar a mis cuatro experimentos de príncipe, es que no puedo perdonarme a mí porque no soporto pensar en todo el daño que me he dejado hacer y para nada. Todo el empeño era mío, toda la proyección era mía, todo el peliculón de antena 3 por la tarde co-producido por Spielberg de que "mis elegidos aspirante a príncipe" y yo seríamos felices era sólo mío... Los hechos probados están muy claros. Ninguno me prometió esforzarse en “felices para siempre”. Bueno, sólo uno, pero tras siete años me dijo que “todo era una broma”-basado en un sórdido hecho real.

    La conclusión es que como ex-adicta aún en rehabilitación yo lo que quiero -para resumir- es un novio. Mi brillante excusa es; he perdido a mi padre, qué bien me vendría, qué feliz me haría un novio, unos abrazos y unos besos, dormir juntos por las noches y ver juntos las olas de día... Pero yo no elijo bien porque aún no estoy todo lo fuerte que pretendo estar como para poder elegir un novio como el que sueño y no con los vampiros emocionales que me quedo. Podría decir muchas cursilerías (que para mí no lo son) respecto al novio que sueño como que sueño con un novio de esos que quieren hacerte la madre de sus hijos o cosas más sencillas como hablarnos sin decir nada. Pero yo no escojo eso tampoco aunque lo quiera, porque como necesito a alguien que me necesite me dedico a apadrinar y manipular cachorros abandonados que alomejor son felices -o creen que lo son- con su vida ¿y quién soy yo para ir con mi amor y mis pasteladas a pintarles una vida en technicolor y toda una gama cromática de magentas? y lo peor es que la culpa no es de ellos sino mía. Yo les he elegido y no sabéis qué rabia me da no poder darle la culpa a nadie. Madurar consiste en eso; adquirir responsabilidad por los actos propios, asumo mi responsabilidad por las relaciones que yo he mantenido y no sólo eso sino por las que he luchado ferozmente por no perder...
      Cerramos filas en torno a mis deseos (¿infantiles?), parece que tengo un claro Game Over en la pantalla que me dice que aún no puedo tener un novio como el que sueño. 
    Mi sensatez tiene muy claro que para tener oscuridad y penas en mi vida ya he perdido a mi padre, y por cierto, siendo yo demasiado joven, así que no necesito la ayuda de ningún aspirante a príncipe (de las tinieblas)... Entonces mis deseos no pueden hacerse realidad, no puedo ni debo tener un novio y es lo único que quiero ahora -(y siempre lo he querido)-, como un ex adicto a la coca quiere otra raya. Sigo aferrándome aún con todo lo que llevo vivido y sufrido a que eso ahora me haría sentir bien o al menos, menos mal... Y no es verdad, lo he intentado, cuenta la leyenda que hubo un hombre a la muerte de mi padre... Sólo son excusas; el amor que yo escojo me destruye y de qué manera...
Parece lo más inteligente pues, pero también lo que menos quiero y por eso no hallo el equilibrio; estudiar y acabar mi carrera porque eso construye algo nuevo para mí y no me destruye.
      Resulta muy irónico lo fácil que me resulta solucionarle la vida a un hombre por muy complicada que ésta sea y pintársela en los colores más bonitos del universo y lo pueril que soy con la mía propia no permitiéndome avanzar, acabar la carrera e irme a Londres; ese es mi sueño a corto plazo y yo que me tengo por valiente no tengo agallas para ir a por él pero... ¿Sí para exponerme a otro aspirante a príncipe?... Me disculpo y acepto mis sentimientos porque nunca he estado con un hombre que me tratara bien, -o como a la reina que soy y todas somos. Pero de los creadores de “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino también parecerlo” he creado “toda reina no sólo debe serlo, sino también parecerlo”, así que debo comportarme como tal; eligiendo otra clase de hombres, esto es; hombres con clase.
     
      Todos tendemos a soñar con lo que no tenemos y nunca hemos tenido. Lo que sí puedo hacer para no sólo soñar y sin tener que pagar el precio de “solucionar complicadísimos problemas y carencias para conseguir amor de otro” es solucionar y ocuparme de mi propia vida. Lo que ocurre sinceramente y lo reconozco es que es muy aburrido e incluso triste dormir sin el abrazo de un hombre que presuntamente te quiere... Aún así no quiero, ni puedo por salud, volver atrás.
Mi cabeza lo tiene muy claro, pero mi corazón frunce el ceño, chasca la lengua y da una patada en el suelo porque sabemos que los libros no abrazan por las noches, no te besan como si se produjera un eclipse total y no te llevan a cenar a un sitio bonito... Pero a estas alturas mi corazón ya debería saber que los novios que yo escojo tampoco lo hacen. 
Tal vez madurar (además de ser aburrido) consiste en dejar de escuchar los deseos y escuchar más la cabeza, al menos hasta que acaben los exámenes...

sábado, 22 de septiembre de 2012

En las bragas de Bridget

“Ya deberías tenerlo superado”. Te lo dice todo el mundo y también tu cabeza. Es verdad y algo evidente, pero tus sentimientos tienen otros planes para tu fin de semana.

Se han acabado los exámenes y de qué manera... Así que no estás muy animada porque resulta que llevas dos días (seguidos) cruzándote con tu ex. Te lo cruzas casi a diario, pero si los exámenes te han ido mal y son dos días seguidos, drama.

         Cambio de persona narrativa para contar que cuando estoy de exámenes y me pasa algo así me siento como Bridget Jones y tal como haría Bridget, al acabar un nefasto exámen un viernes por la tarde voy al súpermercado. No me gusta mucho el dulce la verdad, pero estoy decidida a comprarme el libro de Grey que dicen que acompaña mucho y es un hombre digno de conocer y también compro helado para seis personas aunque yo soy una sola.
Entonces, al lado de este libro que me han publicitado mis amigas como erótico, en el súper, está la sección de autoayuda y ves personas que la miran y te dejas llevar por la tragedia... ¿acabaré yo así a su edad, un viernes por la tarde, mirando libros de autoayuda queso en mano? Yo llevaba el queso, lo de los libros de autoayuda no lo veo, no creo que un libro te ayude en nada, salvo “las mujeres que aman demasiado”, el cual ni siquiera sé si se puede catalogar como tal...
     Total que me siento un poco decaída porque todos los nervios pre-exámen se han alojado en mi estómago. Y encima dónde los libros, hay un espejo. -Otro drama-. A no ser que seas ángel de Victoria Secret- y yo desde luego no lo soy-, es muy difícil sentirte guapa o sexy en exámenes. Yo me pongo pálida, ojerosa, hinchada, con un aspecto de dejadez que detesto. Pero no esa dejadez grunge que resulta sexy en el Cosmopolitan de vaqueros rotos, labios rojos y melena de apariencia alborotada post-coitalmente para la foto. Es una dejadez bastante española que creo que a muchas chicas nos pasa.... Otro drama.
Me llevo a Grey, mis taciturnos pensamientos y a mi queso light de allí. Pretendo atracar la sección de helados sin que, por favor, me vea ningun chico guapo de esta guisa.
En la caja, un hombre de cuarenta y muchos me “hace caso” a través de su divina criatura, un niñito adorable de dos años que me ofrece patatillas. Yo me río interiormente.
Siempre he estado con lo que yo llama hombres-cromo. No por intercambiables, ya que son bastante exclusivos como villanos, sino porque son unos “piezas” bastante irrepetibles, casi dignos de colección por sus hazañas para conmigo. Motivo por el que suelo bromear con mis amigas de que el próximo tendrá un hijo y me lo ocultará, hasta que yo ya esté muy involucrada sentimentalmente en la relación. El querubín de dos años me ha recordado todo esto...
Con estos pensamientos del próximo amor que ha de llegar a mi vida me voy a casa con el desconocido Grey y el helado para seis en el coche. El lunes, la gordita Bridget será buena y volverá al gimnasio, pienso. Estoy dispuesta a no salir por mi dolor de estómago -pero quiero helado- y porque “no estoy para fiestas” últimamente, con todas las cosas que siento a la vez. Aún así me animo a mí misma diciendo que el fin de semana sólo ha empezado y que estaremos solos en casa mi libro y yo y puede que el libro esté bien...

     Como siempre, llegando a casa se aceleran las pulsaciones, puede que “el pasado” esté “esperando derrotado en el bar de siempre” como dice la canción de Rulo y la contrabanda. Hummm sí, genial ahí está, él camina hacia mi coche, vienen por mi izquierda un coche y mi pasado y yo tengo un ceda el paso,-qué ironía- me lo salto. Mejor eso que verle más de cerca y olvidarle luego en casa, como siempre, desde lejos.
          Hay días que no, hay muchos días que no afortunadamente. Pero hay días que cuando esto pasa aparco con el corazón desbocado y me siento enfundada “en las bragas de Bridget”. Llamo sentirse así a decirme: “definitivamente no salgo, me voy a casa a vestirme con un cómodo pijama, el recurrible moño casero y leer un libro o ver una película y comer helado”-llorar es opcional-. Un típico y tópico viernes de Bridget Jones pero en mi caso, en casa de mi madre y sin las bragas-faja de Bridget literales, pero sí metafóricas. Otro drama.

Yo lo he elegido. Esta frase viene a cuento para decir que yo he elegido quedarme en casa “en las bragas de Bridget”. Podría haberme esforzado por ponerme bella cual estrella y salir con mis amigos a pasarlo bien. Podría haberme puesto las siempre-sexys bragas brasileñas de intimissimi y salir a ver qué hay fuera y lejos de las bragas de Bridget. Pero salir y adoptar la pose de llevo unas bragas brasileñas sexys de intimissimi -metafóricamente hablando ya que no suelo comportarme acorde a que bragas llevo literalmente-, conlleva riesgos que no estoy dispuesta a correr.

No pretendo embriagaros con tanta braga, es que me hace gracia esta metáfora braguil y me gusta. Ya sé que: “lo debería tener superado” y que “ha pasado tiempo”. Además mis amigas no cesan en insistir en que conozca a otros hombres. -(Si supieran lo que siento por dentro cuando sólo pienso en conocer a otro hombre no lo dirían)-, dicen que tarde o temprano debo correr el riesgo de “ya no estoy en las bragas de Bridget, hola intimissimi, hola hombrecito guapo que me sonríes en la fiesta”. Pero no quiero saber nada de riesgos como hombres que hacen daño porque son adictivos para mí y para eso ya me han dicho que Grey hace daño, es adictivo y mola. Así que me quedo con él en las bragas de Bridget y mañana hablaré de las adicciones a hombres tóxicos, sus riesgos y por qué me gustaron tanto.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ex-novio/a, la reaparición



               Típico: tienes exámenes o estás estudiando y además no estás muy de humor o animada, y pasa algo -(malo o regular).
“Algo”, así genéricamente, pueden ser muchas cosas; pero si no has superado una relación o el hecho de haberlo dejado con alguien, suelen ir por ahí los tiros y a veces pueden dejarte herida de bala.
              La herida -(por seguir con el paralelismo)- se produce cuando tú estás estudiando o simplemente centrada en ti y sin pensar en nadie. -Ardua tarea, por cierto, si eres especialista en preocuparte por todo menos por ti misma.
             Vibra el móvil: ves su nombre en pantalla (o su número, el cual te sabes de memoria aún habiéndolo borrado) y el estómago se te pone al revés y tus sístoles y diástoles van tan rápido como los fotogramas de las películas de dibujos animados y así, fotograma a fotograma, estás por este orden: nerviosa, asustada, preparada para cualquier cosa, intrigada y expectante. -A mí en estos casos, es como si empezara a sonarme en la cabeza la quinta sinfonía de Beethoven.
              Empieza la película y eres la chica que lee un whatsapp de su ex que acaba de recibir. Ya conoces el argumento y los finales, aunque variables, son taxativos. -Sigue la sinfonía, apremiante en su ritmo.
-¿Cómo estás? -Pregunta él. Y tú tienes que elegir el nudo o desarrollo de esta película que no te gusta y esperar a ver a qué final llegáis.

                Yo realmente en estos casos pienso que prefiero que me pregunten cualquier cosa sobre la descomposición del átomo o qué pasa realmente en el triángulo de las Bermudas; porque aún no teniendo ningún conocimiento sobre estas dos cosas, frente a la pregunta de un ex acerca de cómo estás, me parecen mucho más fáciles de tratar y responder.
               Dudas entre contestar o no contestar y se acaba el tiempo en tu reloj de arena mental que es tan pequeño y dura tan poco como el del juego Tabú.
Entonces según la alineación perpendicular de los planetas sobre tu cabeza, el ciclo lunar, tu estado de ánimo y algún ritual chamánico... Todo influye; contestas o no contestas.
               Ninguna de estas dos decisiones es fácil de tomar al principio; es similar a tener que decidir en una fracción de segundo, en un accidente automovilístico no muy grave, si darle por detrás al coche de enfrente o ir contra el quitamiedos, pero el golpe es inminente.

               Realmente, no deberías contestar y lo sabes, pero contestas. ¿Por qué? Motivos varios: por añoranza, por arrogancia, por soberbia, por dependencia y el último y peor auto-engaño -aunque puede haber más evidentemente. Hay motivos varios para responderle que cuando se los narramos a la gente los maquillamos y calificamos de “educación” hacia él, o respeto a “lo que hemos tenido”, o les damos una naturalidad que no sentimos diciendo que todo esto es normal y que sería una pena no ser amigos.
También hay casos en que lo narramos de manera tendenciosa, haciéndonos ver a nosotras mismas o haciendo ver a ellas que él quiere volver -(ojo a la perífrasis verbal hacer ver en cursiva porque si quieres hacer ver algo, es que no se ve a simple vista; ya sea porque no está tan claro o porque sólo lo ves tú y esto último, debería hacerte sospechar).
Y así, contándolo, nos llenamos de esperanza o de soberbia o de las dos cosas porque “él quiere volver y yo no o no lo sé, y ahora puedo decidir porque él está ahí” y “seguimos rodando”, como en el programa de la televisión.
              
               Normalmente en estas “conversaciones”, -me da un poco de apuro darles categoría y rango de conversaciones pero es para entendernos-; las mentiras piadosas van y vienen como en un partido de ping-pong entre japonenes incansables. Opino que dedicarse recíprocamente mentiras -(piadosas)- con un ex es como decirse a uno mismo en un día de absoluta vagancia en el estudio, eso de “un descanso de diez minutos y sigo”. Es decir, un autoengaño.
                 Retomando las mal llamadas mentiras piadosas ¿qué piedad tienes hacia ti cuando hablas con un/una ex y te mientes?, ¿qué piedad tienes hacia él o lo vuestro mintiéndole?
                 Tal vez creas que no te queda más remedio que mentirle y que la mentira está justificada o entiendes por qué él o ella te miente ya que tú harías lo mismo, o alomejor... y aquí ya empiezas a pensar en los “y sis”; “y si me ha dicho esto porque...” “y si ha puesto por facebook lo otro porque...” El “y si” es infinito y consume mucho tiempo y energía. De nuevo con los “y si”, seguimos rodando como he dicho antes. A veces consuelan, pero dura lo mismo este consuelo que el tiempo que te calma la ansiedad real un cigarro, esto es, muy poco. Por desgracia la mayoría de las veces los “y si”son una forma más de hacernos daño. Para mí siempre han sido como las cabezas de la hidra de Lerna que asesinó Hércules.-Lo siento, soy muy fan de la mitología griega.
            Breve y burdamente contaré que Hércules tenía que matar a esta hidra -serpiente marina- policéfala (de muchas cabezas, no digo el número porque los mitólogos no se pusieron de acuerdo).

La cosa es que se dice que por cada cabeza que Hércules cortaba aparecían dos mas. -Yo digo que por cada frase de whatsapp leída o cosas que vemos en una red social, aparecen mínimo dos, o múltiplos de dos “y sis interpretativos”.
Hércules cortaba cabezas incasable y fueron muchísimas más las que surgieron de cada cuello decapitado. -Nosotras contestamos, respondemos al teléfono, quedamos con él y nacen muchos y sis de cada aspecto de vida en el que nos hemos empezado a recuperar o recuperado.
Se dio cuenta Hércules de que no iba a poder matar a ese ser cortando cabezas y debió tener miedo porque era una criatura feroz y asesina que con su mismo aliento causaba la muerte. Entonces llegó a la conclusión -(unos dicen que él solo concluyó esto, otros dicen que fue ayudado)- de que tenía que cubrir, tapar o impedir el nacimiento de más cabezas. -Nosotras “seguimos rodando” y pensando tantas cosas que casi nos engullen hasta que no podemos más y alguien o tú misma, -igual que le pasó a Hércules-, se da cuenta de que hay que parar el rodaje. Hay que parar los “y sis”.
Entonces tuvo una idea, cortar una a una las cabezas a la hidra e inmediatamente cauterizar cada muñón de cuello para que no pudiera nacer una nueva cabeza. Y así derrotó a la hidra de Lerna. -¿Cómo quemamos o cauterizamos nosotros/as los “y sis”? alomejor ni siquiera lo consideras como opción: cortando definitivamente TODO tipo de contacto como si de una cabeza de la hidra se tratara e inmediatamente después cauterizar; esto es, pasar a otra cosa, volver a centrarte en ti. -Y ya sé que no es fácil- , pero vale la pena o la hidra acabará contigo cuando no puedas más. Cada vez que pase algo, si no puedes ignorarlo, piensa en ti y las cosas que hacer para ti y tu mejoría personal. Si no haces cosas para ti y te quedas bloqueada viendo llegar al monstruo, o matando cabezas -(es decir, le contestas, le hablas, le escribes, discutes...) a la hidra le salen nuevas cabezas -”y sis”- dispuestas a devorarte.

¿Por qué cortar cabezas y cauterizar si alomejor él o ella quiere decirme algo importante o -peor aún, en mi opinión- volver?
Bueno, es que no lo he explicado, pero cuando Hércules hubo vencido a la hidra policéfala de Lerna, empapó sus flechas en la sangre del bicho, la cual era mortífera por ser venenosa, y letal causa de muerte. Estas flechas más tarde le servirían para completar el resto de sus diez -(o doce según algunos)- tareas encomendadas […]
-Para nosotros, empezar a cauterizar y cortar todo contacto nos sirve para desde luego estar mejor a medio y largo plazo, lo digo porque a veces en un primer momento la añoranza es muy traicionera y estamos peor o nos creemos que estamos peor.
También nos sirve para aprender -(o recordar lo aprendido)- de vivir para nosotras y no para nuestro amor de turno.
Sirve para fortalecernos y que al igual que se recuerda el mito de “Hércules y la hidra de Lerna” recordemos el “mito del ex que reaparece” y que podemos salir vencedores en esa desagradable lucha -porque las cabezas cortadas debían apestar y cuando un o una ex reaparece, por lo general, hiede.
Vencer en esta batalla, sirve para guardar recursos de lucha y mejora del bienestar personal para el futuro, tal y como lo hizo Hércules guardándose flechas empapadas en veneno.

Si podéis llegad pronto a esta conclusión, sobretodo si tenéis exámenes o cualesquiera otros asuntos de los que ocuparos y así se van cauterizando las heridas. Porque sino las cabezas que nazcan serán demasiadas y os engullirán como pasó con tantos antes que con Hércules.