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miércoles, 10 de abril de 2013

Ni olvido ni me perdono

     Hace un tiempo que vengo pensando en por qué me paso el día en guerra contra amistades o conocidxs (especialmente amistades). Bueno, resulta que estamos en época de apareamiento de las especies (no confundir con emparejamiento) y la humana resulta bastante complicada. La gente empieza con alguien, vuelve con alguien, se agarra a alguien para superar haber perdido a otro alguien... Y para bien y mal me entero, me lo cuentan, o hasta se me pide consejo como si yo supiera algo... Por cierto, no hace ni falta que diga que se me pide consejo sólo para repetir los mismos errores de siempre y pasar completamente de lo que yo diga. Hacen bien en tomar sus propias decisiones pero ¿para qué marearme?



      Me siento muy orgullosa de llevar más de un año rehabilitándome de mi dependencia patológica, adicción a parejas tóxicas y a relaciones destructivas mientras que a la vez me he zambullido de pleno en las amarguras del duelo. Me siento muy sola por la poca comprensión que tiene mi camino, especialmente por lo complicado que es este proceso por sí sólo y con los condicionantes de la edad que tengo y el mundo que me rodea. Podría añadir muchas cosas más pero intentaré no irme por las ramas como suelo hacer...



          Alguien que sabe mucho más que yo de todo me dijo algo que yo sospechaba pero que mi orgullo, aunque lo sabía, no lo quería escuchar “cuando señalas con un dedo acusador de tu mano a alguien calificándolo de ser un/una (lo que sea) hay tres dedos de tu propia mano acusadora que te acusan y señalan a ti directamente”.



No tengo ninguna cruzada contra nadie más que contra mí porque no me perdono, pero eso es muy difícil de asumir por cierto que sea, ya que enfadarme conmigo es muy complicado, o por lo menos, más difícil que señalar a lxs demás.



Durante este camino, nada fácil por cierto, se experimentan muchas emociones. En más de una ocasión he temido que me devoraran. Nunca sabes que va a pasarte en el camino, aunque ahora siento que cada vez tengo más control sobre ellas. Recuerdo que a veces me sentía mejor, pero después la misma tarde: la ansiedad, las manos temblorosas, el estómago, la enorme intereferencia de “sólo has tenido mala suerte, con otro te irá bien, te lo dice todo el mundo, tú sola no puedes con todo”, mi parte deseosa de recuperarse gritando “¡NOOOO!, otra vez no, es mejor seguir así”. Cuánto mejor estoy más se repite una de esas emociones, suena con más fuerza. Vergüenza. Cuánta más conciencia adquiero de todo lo que me he dejado hacer, de todo el daño que he consentido que se me infligiera por mi adicción más vergüenza siento.



-Seguro que no es para tanto...-Suelen decirme.

-Tuve el síndrome del elfo doméstico, fui como Dobby.-Suelo decir.



Cuenta la leyenda, que hace muchos, muchos años, me dejé gritar, luego me dejé anular. Me dejé humillar. Hay parejas que se llaman “amor, cari, vida cielo” a él le iban más dos apelativos que por supuesto yo consentí para dirigirse a mí; “no sabes ni...”, “no sirves ni para...” así se dirigía él a mí. Ya que estaba me dejé insultar; yo, que ya ni me maquillaba para que nadie me mirara, por supuesto era una “puta”, una “guarra” y una “zorra”-según él decía no pocas veces.

Me dejé convencer de que yo era tonta, consentí ver pasar las mañanas en el bar del instituto sin ir a un exámen porque yo ya era tonta e iba a suspender pero había estado explicando la materia a dos amigas toda la mañana. Me dejé convencer de que nunca lograría nada, dejé que me dijera cosas como “tus notas son porque les haces favores a los profesores, no sé como alguien tan imbécil puede sacar tus notas”.

Luego, para darle más color a mi vida dejé de reírme en público porque a él le daba vergüenza mi risa, no fue un problema, cada vez tenía menos ganas... Dejé de salir si no era con él, no era un problema, tampoco me apetecía ya ir a ninguna parte. Entonces fue un gran momento para consentir la primera infidelidad. Pero perdoné ¿qué iba a hacer sin él? ¿estar sola? Enseguida me dejé encerrar casi una hora dentro del baño de su casa, él me estaba castigando por ser tan “retrasada” como para no saber salir por mí misma y decidió darme esa bonita lección. Realmente él había cerrado por fuera, supongo que cuando se cansó de oírme llorar y gritar, decidió que yo ya podía salir.

-Lo siento, pero es que tienes que aprender... Te estoy haciendo un favor ¿qué habrías hecho si yo no hubiera estado aquí para abrirte la puerta?

-Quiero irme a mi casa...

-¿Qué habrías hecho?

-No lo sé... Quiero irme a mi casa.

-¿¡NO LO SABES?! Te hubieras quedado llorando y gritando todo el puto día en el baño como la puta retrasada que eres y nadie te hubiera oído. Si yo no hubiera estado aquí para “salvarte” te habrías quedado... ¿Qué? ¿llorando? Eres una puta niñata, no sabes ni abrir una puerta que has abierto mil veces.

-Has cerrado por fuera... Lo he oído.

-Eso no es una excusa, ven, abre la puerta.

-No quiero, quiero irme a casa.

-¡Abre la puta puerta! ¿Ves cómo no era tan difícil? ¿Crees que podrás recordar cómo se hace o vas a seguir siendo igual de subnormal?

-Me voy.

-No te vayas... Por favor.

-Me voy.

-Julieta no te vayas anda, ya está hablado mujer, ya lo hemos arreglado. Todo esto lo hago por tu propio bien... Es que veo que no sabes hacer nada y no me atrevo a dejarte sola en casa. Yo no soy así, eres tú que me obligas siendo tan infantil, con tu actitud sacas lo peor de mí, pero también lo mejor. Tienes que intentar ser más madura. ¿Tú ves que yo haga las tonterías que tú haces? No, porque estoy espabilado y tú tienes que espabilar. Tú sabes que yo no soy así, es que estoy muy agobiado, no tengo dinero, no soporto a mi padre, no tengo madre, intenta no darme la brasa... Intenta hacérmelo todo más fácil y nos irá bien, tú sabes que yo te quiero mucho.

Por supuesto le perdoné.



Diré que lo hice porque estaba muy enamorada para hacer uso del idioma actual. En el mío diría otra palabra bastante más estigmatizada.



     En un parpadeo llegaron las navidades, consentí la peor infidelidad que he soportado; con mi mejor amiga. Consentí seguir llamándole para volver, para hablar, para ser amigos... Consentí que él me culpabilizara por haberme sido infiel, consentí escucharle decir “es que tú me la has metido en la cabeza, no debiste presentármela, ni hablarme tanto de ella. Me gustan demasiado las tías, pero todo esto se ha terminado, quiero que estemos bien, de verdad, te quiero muchísimo”. Pero todo esto era poco para el gran amor que yo sentía así que perdoné y volví, consentí escuchar sus excusas y mentiras y volví a por más amor del que él me daba.

En este amor tan fantástico, un día, -creo que soleado, (perdón es más fácil escribirlo así mientras lloro tranquilamente)-, él lanzó un puñetazo hacia mi cara, con suerte tuve reflejos, sigo queriendo ser buena y pensar que iba hacia la puerta el puñetazo y no hacia mí, le sangraron los nudillos. Fue culpa mía porque no sabía abrir la puerta, él abría esa puerta siempre de forma que yo me asustara y yo lo consentía. Consentí curarle los nudillos, me sentía culpable, yo ya era una inútil, si al menos servía para curarle me sentía menos mal conmigo misma y tal vez no volvería a serme infiel.

Al poco iba yo de inútil por la vida y él estaba aburrido, decidió calentar un mechero manteniéndolo encendido mientras yo dormía y quemarme de broma en el brazo, (la broma es una cicatriz en forma de clipper que aun tengo de recuerdo). Yo le perdoné porque era una broma, las bromas no hay ni que perdonarlas. Lloré mucho por mi quemadura, se me levantó la piel al momento, me desperté por la quemadura y chillando, pero le quería tanto...

Luego hubo un diluvio de infidelidades porque los sapos y las langostas ya fueron en Egipto, no pude llevar la cuenta, intentándolo perdí; peso, salud, se me cayó el pelo, casi me hacen socia de Marlboro, perdí ¿dignidad? -bueno, ya no me quedaba- y lo último que hizo por mí fue muy espectacular.

Yo ya le tenía miedo cuando se enfadaba, consentí dejarme asustar gradualmente. Cuando estaba asustada no hacía las cosas bien. Mi error a sus ojos fue colocar mal dentro del sillín, el casco semi-integral que yo llevaba cuando íbamos en moto. Lo coloqué mal porque consentí llegar temblando de miedo al sitio donde íbamos, él estaba enfadado conmigo, muy enfadado. Cerró el sillín, rebotó por mi error, mi casco mal colocado. Acto seguido algo iba a gran velocidad hacia mi cara y se estrelló contra el suelo, sonó a roto y golpe fuerte. Lo comprendí, muy bien, quería hacerme daño, quiso tirármelo a la cara, me habría hecho mucho daño consentí preguntarme a mí misma si me lo merecía por ser tan inútil. Consentí, no saber si alegrarme porque el casco no me había golpeado la cara, consentí no saber si lo merecía, él estaba tan enfadado y yo tan confundida y tan enamorada... Consentí quedarme quieta, no tenía fuerzas ni para llorar, toda la terraza del bar nos observaba en silencio. Consentí que dos familias y una pareja observaran como se me humillaba en la calle. Consentí llorar sin tener ni fuerza, sólo se me caían las lágrimas, lloré tanto en esa época que a veces quería y ni podía.

-¡Además de una puta zorra es que eres una puta inútil!, no sé porque te llevo a ninguna parte y no te pongas a llorar ¿eh? Me cago en tu puta vida, he roto el casco por tu culpa, no te soporto, no quiero verte en un rato, desaparece. ¿Cómo eres tan gilipollas? ¿Lo haces aposta?

Consentí, no moverme, consentí calmar a la Bestia, al fin y al cabo, era mi cuento preferido. La Bestia acabaría siendo un príncipe si yo le seguía queriendo, yo debía hacerlo mejor.

-Aquí no, por favor, nos está mirando todo el mundo, no quiero que te digan nada, vámonos a casa y lo hablamos...

-¡Me importa una mierda tú y la gente!, pero sobretodo tú. ¡Que se entere todo el mundo de que eres una puta zorra inútil! ¡Que se entere todo el mundo de que eres tan gilipollas que no sabes ni colocar un casco! No vales ni para eso, no sé como puedes vivir siendo tan puta y tan subnormal.





    Debo perdonarme porque intuyo que sino nunca tendré paz. Precisamente porque lo he consentido todo no consiento cuando alguien que me importa viene a contarme una vez tras otra cómo pierde su dignidad en nombre de un gran amor o de no saber estar sola. Básicamente porque no deseo que un día tengan que darse cuenta del daño que han consentido que se les hiciera. Precisamente porque he sido muy patética y ridícula soportando lo que fuera por no estar sola, reacciono muy mal ante comportamientos parecidos. Me saltan las alarmas, me siento alerta, veo la amenzaza y la pared contra la que van porque yo he ido.



    No deseo para nadie la vergüenza, ni el ridículo que estoy experimentando a medida que me siento mejor. Es un lastre de años, no es una manchita o dos. No es nada fácil limpiar -con perdón- tanta mierda acumulada durante años.


lunes, 11 de marzo de 2013

El principio del final

     La última vez que escribí sobre quién-vosotros-sabéis (hace exactamente dos posts) es decir, Alejandro, enfermé del estómago presuntamente a causa de nervios y estrés. Se ve que los recuerdos tienen en mí un efecto parecido al diario de Tom Riddle, (Voldemort para los iniciados) ese recuerdo que casi mata a la pobre Ginny Weasley en la segunda entrega de Harry Potter... Al igual que ocurre en Harry Potter y la Cámara Secreta, a veces los recuerdos pueden tornarse muy poderosos si lo permitimos y pueden tratar de “quitarnos la vida”. Así que, pasando a un tono menos lúgubre y más humorístico, escribo tranquilamente nerviosa pensando en que si siento un leve hormigueo en el brazo izquierdo me está dando un infartito y debo pedir auxilio. Bromas a parte...


Noviembre 2008

- Me “alegra” que hayas ido a ver a la persona que te ayudaría a evitarlo.

-Quiero vivir mi vida y divertirme porque antes no me divertía.

-Me alegra que tu nueva novieta sea tan divertida y que yo no lo sea y que yo quiera que te enfrentes a tus sentimientos, a tu vida.

-¿Pero cada segundo de cada día?

-Intento ayudarte porque esos es lo que hacen los adultos cuando se aman pero si tú quieres irte con “Miss risas” todo el día es cosa tuya pero asegúrate de que ella piensa igual. ¿Te ha dicho por qué no te llamó ese verano? ¿o te ha explicado por qué os mandó un mensaje a él y a ti a la vez?, ¿por qué enviaba mensajes a tu familia en vez de estar? Yo siempre te he querido Alejandro pero has colmado el vaso.



Agosto 2008

-Se ha ...ta, se ha... Julieta , ella...

-Aura, no te entiendo, tranquila no llores, ¿qué ha pasado?

-Está muerta... se ha muerto con él, hace diez minutos... Te necesitamos, mi hermano te necesita, sólo dice “que venga Julieta, no quiero ver a nadie más” y no se ha separado de ella...

-Voy en seguida, me he dormido le llevé a casa a las 5 y media de la madrugada, ¿es muy tarde? Espera lo miro en el móvil... Las diez menos veinte, lo siento me he dormido, en seguida voy. Aura tranquila eres la mayor, te necesitan fuerte.

-Ven pronto por favor te necesitamos con nosotros, eres de la familia.

Nunca he corrido tanto en toda mi vida. Abrí la puerta y nos miramos, él se esforzó por sonreírme siempre lo hacía, siempre me sonreía, ese es el buen recuerdo que quiero quedarme.

No espero que nadie entienda lo que voy a contar pero ¿habéis visto el amor y la profundidad alguna vez?, ¿habéis visto el corazón de alguien, su esencia más profunda y él ha visto la vuestra en una mirada, un tiempo y un espacio? La unión más mística que he tenido en toda mi vida con un ser humano la tuve ese día y no pretendo frivolizar con algo tan doloroso, pero dado que no fue durante el sexo (el cual amplifica, magnifica y/o “crea presuntos sentimientos” donde podríamos hablar de orgasmos y no de emociones) creo con absoluta sinceridad que ese amor y ese abismo es el sentimiento más devastador y visceral que he experimentado en toda mi vida. (Es importante señalar que aun no soy madre, probablemente si lo fuera, mi discurso sería muy distinto).

No obstante, puedo dar la razón a los escépticos y podéis pensar que estoy loca, que era muy joven, que no sería para tanto... Acepto, pero yo sentí eso.



Octubre 2008

Cerca del final.

23:00h

-¿Te gusta el hotel?

-Me gusta estar contigo.

-¿Te importa que me quede tomando unas copas con mis cuñados? Me apetece quedarme un rato con ellos... ¿Me prepararías un baño de agua caliente de los que sólo tú sabes hacer?

-Vale pero no tardes, dan el Orfanato y me da miedo verla sola, pensaba que la veríamos juntos pero me alegra verte relajado y bien... Te espero arriba.



3:00 a.m

Ella se despertó por el frío, él dormía por el alcohol. Ella esperaba que él llegara la despertara y la arropara y eso era culpa de ella, él quería beber y divertirse lo había dejado muy claro.

Él dormía ajeno a todo. Ella lloraba por preparar baños que se enfriaban solos en el baño en suite de un hotel al que habían ido para estar juntos, no para estar cada vez más separados, lloraba porque empezaba a entender que no sólo había muerto ella, lo que había entre ellos estaba muriendo. A él ya no le parecía algo a cuidar lo que tenían, ella quería mantener lo que tenían a toda costa, quería sanarlo, pero siguió llorando porque empezó a entender que sola no podía hacerlo y que no podría en el futuro. Salió al balcón a llorar y a fumar sin hacer ruido. Él ni siquiera sintió que ella se había levantado de la cama. ANTES la habría detenido y obviamente se habría despertado porque dormían abrazados...



Septiembre 2008

     Era una comida familiar. Estaba toda la familia de Alejandro, tíos, tías, primos, primas, su padre... Y por tanto, todo el mundo hablaba, con tristeza en el ambiente pues faltaba la anfitriona que había muerto hacía pocos días. No venía a cuento y Alejandro la miró como nunca olvidaré aunque cumpla 100 años y rompió su silencio diciendo lo bastante alto para que todos callaran:



-¿Cuando te mueras qué hago contigo entierro o incineración?



A ella se le anegaron los ojos y se le hizo un nudo en la garganta, estaba escuchando en ese instante una de las cosas más preciosas que él le había dicho. Él no sólo estaba dando por sentado compartir su vida con ella, estaba dando por hecho que cuando fallecieran estarían juntos. Él estaba expresando su temor a no saber qué decidir si ella moría antes que él. Él estaba compartiendo su miedo porque ese día juntos -como siempre- sin soltarse las manos, habían acudido a la incineración de su madre y él aun la quería y tenía miedo a perderla cuando ella muriese, miedo a no cumplir sus deseos más allá de la muerte de ella. A ella o más claramente a mí, pero me cuesta contarlo en primera persona, me pareció que nada más hermoso podía haber que la expresión de ese deseo.





También puedo quitar toda la magia para los escépticos y puedo simplificar racionalizando todo sentimiento. Sólo era curiosidad por saber que quería yo tras mi muerte, sin nada más. Pero no fue así.



Sin irme a ningún extremo de los que he dicho,  ahora mismo necesito paz y me gustaría alguien que, antes que tras mi muerte, me preguntara por mi vida,  me preguntara por qué hacer conmigo en su vida y lo hiciera, que me amara en vida, sin dramas.





Noviembre 2008



-Este viaje nos vendrá muy bien para olvidarnos de todo lo que está pasando aquí... Me apetece llevarte a desayunar a Starbucks para no escucharte más diciendo las ganas que tienes de ir jejeje y también de compras y me apetece mucho estar solos, es nuestro primer viaje solos.-dijo él, sonriendo.

-Y juntos.-Dije yo.

[...]

Ella empezó a beber y fumar todo lo que podía le estaba perdiendo y él empezó a huir de ella todavía más rápido.

3 días después: humillación.

-¿Qué cojones te pasa?

-¿Por qué estás tan enfadado conmigo?

-¡Porque intento dormir y no dejas de intentar abrazarme! y no sé qué hostias te pasa pero ya hablaremos cuando volvamos de viaje porque estás insoportable, no sé por qué coño tuviste que ponerte a llorar ayer cuando llamé a Griselda y no creas que no sé que llorabas por eso... ¡¿Qué hostias quieres?!

-Sólo quería abrazarte para dormir y estar contigo, creía que este viaje era para nosotros y duermes en la otra punta de nuestra cama. Si no querías estar conmigo ¿por qué me pediste que viniéramos aquí?...

-¿¡Y para esto me despiertas puta guarra!? -no viene a cuento pero necesito imaginar música celta, loros en monociclo, malabaristas, fuegos artificiales para poder seguir escribiendo-. Eres una puta guarra y una zorra y me das asco y no me voy a dormir al sofá porque está Patricia con su novio en el salón y no tengo más remedio que dormir contigo. Déjame dormir de una vez y que te jodan. Y no te pongas a llorar ¿eh? ¡Ni se te ocurra ponerte a llorar encima!

-No sé como has podido perderme el respeto de esta manera y tan rápido... Debo de haberte hecho algo horrible y debes de odiarme mucho para hablarme así, nunca me habías hablado así y estoy sufriendo mucho con todo esto... Sabes que no puedo dormir si estamos enfadados, me pasa desde que eramos pequeños y ahora mismo estoy muy nerviosa y muy triste y no puedo respirar por lo que me has dicho. Así que por favor Alejandro si queda algo en ti del Alejandro que yo conozco dame un abrazo para que me calme, o dime algo que me tranquilice pero no me dejes así, mañana por la mañana lo hablamos y me dices lo que quieras pero no puedo irme a dormir así...

-Además de ser una puta guarra y una puta zorra eres una jodida pesada y me importa una mierda que no puedas respirar, no me sale de los huevos hablarte ni darte un abrazo ni decirte nada que te den por el culo y déjame dormir. ¿Me oyes? ¡qué te jodan!


    Él se dio la vuelta, ella ya llevaba llorando desde el primer “puta” temblaba como la última hoja de un árbol en un día ventoso de octubre, a penas podía caminar, era todo tensión, abandonó la cama con Alejandro en ella, iba a vomitar. Estuvo vomitando y llorando un buen rato, en el baño, el baño estaba pegado a la habitación de ellos dos, después de vomitar tres veces se quedó agazapada y tumbada en el suelo abrazando sus rodillas, llorando sin consuelo, mirando la base de la taza del WC. Si Alejandro no se había quedado en coma tras la discusión, ni había sido presa de una hipofonía súbita debía de oírla llorar y vomitar su pena, pero nada hizo, nada dijo, dejó que todo esto pasara así. Ella también dejó ser vejada y humillada hasta que su cuerpo reaccionó vomitando y con un ataque de ansiedad. Ella volvió al dormitorio a la media hora, aun muy nerviosa, cansada de estar tumbada en el frío suelo del baño y de vomitar, presa del pánico y la incertidumbre de qué iba a pasar con ellos y los días que les quedaban ahí.

Cuando abrió la puerta del dormitorio no podía creerlo, Alejandro dormía plácidamente, es más, roncaba y no era fingido, ella sabía bien cuando él dormía. Eso fue una puñalada, ver que ella estaba destrozada por sus palabras y él roncaba... No tenía a donde ir, las habitaciones estaban ocupadas y el salón también, pensó en tomar una copa, fumar y dormir en la bañera, le pareció lo más sensato. Sólo sabía hacer eso ante lo que le pasaba, eran dos refugios muy cercanos, tabaco y alcohol, cuanto más alcohol mejor, o al menos, menos mal.

En la bañera hacía frío para dormir y le daba vergüenza que alguien fuera al baño y la vieran allí, no quería tener que dar explicaciones. Volvió al dormitorio, tenía escalofríos y temblores, no quería dormir en la misma cama que él, tenía miedo de rozarle sin querer y que se volviera loco otra vez y no fue valiente para decirle que se fuera a dormir él a la bañera o a la terraza, más que no ser valiente, le amaba demasiado como para hacerle daño. No le dijo nada porque también tenía miedo de que él se volviera loco otra vez y volviera a gritarle todos esos insultos horribles, tenía miedo... Acabo de pensar que el miedo es un gran indicador para saber cuando amamos demasiado. Cogió su almohada la puso en el suelo y se tumbó sobre ella para dormir en el suelo y no tener frío, deseando que amaneciera pronto, sabía que no iba a poder dormir pero intentaría descansar. Él roncaba tranquilamente, ella lloraba ansiosamente tapándose la boca con un jersey para no despertarle y que volviera a gritarle... Qué curioso, le dolía mucho el estómago.


Errores

Yo le quería más que a mi vida, primer error.

Él ahora no tenía madre y yo no quise permitirle no tener madre porque no quería que él sufriera segundo error.

Yo no aceptaba que él debía sufrir para después tal vez y sólo tal vez estar bien, tercer error.

Yo no podía soportar perderle, sentía pánico de perderle y de que él me perdiera estando como estaba, cuarto error.

Yo quería serlo todo para él y eso ahora significaba pasar de pareja a madre porque él no la tendría ya más, error fatal.



No se puede querer a nadie más que a la propia vida. La vida es el sustento de todo lo demás que una persona ha de tener, ningún amor sano de pareja vale más que nuestra propia vida ni jamás nos hará tal demanda, y si estamos sanos, jamás haremos tan grotesca oferta.



Nos obsesionamos con evitar el sufrimiento propio y el de las personas que amamos cuando muchas veces del sufrimiento y las crisis brotan los grandes acontecimientos de la vida.



No podemos relacionarnos en pareja desde el miedo a perder al otro. Se trata de cambiar el : “no puedo vivir sin ti” por “sin ti puedo vivir pero me llena el corazón que mi vida sea contigo”.
 Yo era de las “no puedo vivir sin ti” pensaba que me moriría o me mataría pero que mi propia vida no era posible sin él y por cierto, para las románticas como yo, experimentarlo no es bonito, es terrorífico.


martes, 29 de enero de 2013

Mi cumpleaños

En orden “andrológico”

Me he inventado esta palabra juntando la palabra“andros” que como sabéis significa hombre. Y de la palabra cronológico, de “cronos” que significa tiempo” y lógico cuya cuarta y quinta acepciones son por este orden; dicho de una consecuencia: natural y legítima. Y por último, algo lógico es algo dicho de un suceso: cuyos antecedentes justifican lo sucedido. Así que ya sabéis con toda esta parrafada que significa andrológico. -Perdón por este delirio etimológico pero el origen de las palabras me gusta mucho y todo esto que he escrito me parece importante con respecto a lo que quiero contar a continuación.



     Para mí los cumpleaños son un momento de reflexión y mi vigésimo sexto aniversario está cerca. Hace cuatro años que no celebro mis cumpleaños y no recuerdo cuánto hace que no soplo unas velas; no es que no me gustaran, siempre me habían gustado las fiestas de cumpleaños. Siempre he pensado que son una forma de celebrar que seguimos vivos, de recordar nuestro nacimiento a la vida, de sentirnos queridos y acompañados por aquellos que nos quieren, es un día especial dónde, al igual que cuando éramos niños, todas las miradas y atenciones son para nosotros. Son una muy tierna ocasión de sentirse amado por ver que otros participan de la alegría del simple hecho de que tú existas porque naciste. Celebran que están contigo ese día porque te han conocido, porque eres y porque estás en sus vidas de algún modo.



     Siempre, desde niña, porque ya desde niña era rara, me he preguntado por qué hay menos personas en el cumpleaños de alguien que en su funeral ¿no es acaso más lógico celebrar una fiesta de cumpleaños y compartirla con quién cumple años que acudir a un acto tras su muerte dónde esta persona ya no está?, ¿por qué a la gente no le da apuro no ir a un cumpleaños o no felicitar -y me incluyo- y sin embargo si esa misma persona falleciera lloraríamos sinceramente por él o ella y acudiríamos a su funeral?, ¿por qué vivimos en un mundo dónde no nos tiembla la voz o no nos importa vejar e insultar hasta hacer puré el corazón del otro pero nos avergüenza, hasta el punto de callarlo, decir cosas como; “me importas muchísimo”, “te quiero”, “me encanta tenerte en mi vida”...? Decir cosas buenas o bonitas a alguien o de alguien nos parece cursi, mucha gente espera a que esa persona haya muerto para decir eso de “qué bueno era”, “no había otra igual que ella”... Desde 2008 aprendí a no esperar para expresar mis emociones, desde entonces fui y soy oficialmente rara. Ese fue el último año que celebré mi cumpleaños.



      El 1 de febrero de 2009, Alejandro -que obviamente no se llama Alejandro-, el amor y hombre de mi vida y la única persona que me ha hecho desear cosas tan grandes como ser su esposa hasta que la muerte nos separe y convertirme en madre con él. Tuvo a bien y le pareció lo más oportuno llamarme por teléfono para, por este orden; felicitarme y comunicarme que se había acostado, la noche anterior a mi cumpleaños, con su nueva novia. No contento con esta muestra de consideración, caballerosidad y gentileza continuó explicándome con todo lujo de escabrosos detalles su primera relación sexual con la que hoy es su novia, estableciendo toda clase de comparativas calificativas entre ella y yo que no dejaban a su, en ese momento, recién-novia en muy buen lugar, motivo por el cual él me decía que yo debía de sentirme halagada. No me siento con fuerza de escribir ni explicar nada más sobre este desagradable asunto porque ni siquiera la ironía ni el humor que me caracterizan y con el que he intentado contar esto consiguen que, aún a día de hoy, me duela menos. Algún día escribiré el contexto de la esperpéntica historia, la cual me da para un libro...

No le daré la culpa a Alejandro de no haber vuelto a celebrar mi cumpleaños ni de por supuesto, no haber vuelto a tener nunca más un cumpleaños feliz. Sólo hablaré de mí y de que desde entonces no he sido lo suficientemente fuerte como para sobreponerme a eso, no he sido lo bastante fuerte como para enfrentarme a celebrar mi cumpleaños con una sonrisa y pasar a otra cosa... No he aprendido a reponerme de su golpe fatal, del cual soy consciente de que “ya ha llovido” y que soy joven y merezco tener un cumpleaños feliz, pero desde ese día pensar en celebrarlo, me recuerda todo aquello y no he sido fuerte para enfrentarme a eso, ni lo bastante valiente.



El 1 de febrero de 2010 fue el último cumpleaños en que mi padre pudo felicitarme y yo pude disfrutar de su compañía, guardo como un tesoro sus palabras. Recordó por vez 4483248575848 el primer día que me trajeron desde el hospital a casa y como lloraba él de la alegría... Cosas de padres...

Alejandro me felicitó este año con un mensaje de texto -pues aún no había whatssapp- un mensaje de texto, vuelvo a repetir para poder aceptarlo y creerlo. La culpa no es suya de nuevo, supongo que es mi responsabilidad ponerme existencialista y pensar lo que, con toda seguridad, sólo debo de pensar yo sola acerca de los cumpleaños de las personas. Me causó mucho dolor, tristeza y rabia ver que a lo que más he querido en la vida después de mi familia, le bastaba con gastarse 0'15 céntimos de €, impuestos indirectos no incluídos para felicitarme y acordarse de mí, dado que yo había compartido siete años de mi vida con él entre otras muchas cosas. No fui lo bastante madura como para aceptar que eso era absolutamente lícito por su parte dado que él tenía una novia nueva y entonces, toda mi filosofada sobre que esta es la única vida que podemos compartir y celebrar el día del inicio de mi existencia en el mundo y que nos habíamos cruzado dos existencias, él y yo, en una misma vida, eran como siempre, cosas muy profundas que sólo yo pensaba y que sólo yo sentía. Tonterías y cursiladas que en el siglo XX no vienen a cuento...

Yo, poco después de mi anterior cumpleaños, el de “felicidades me he tirado a otra”; traté de sustituir a Alejandro con Samuel, me quedé en el muelle de San Blas esperando a Alejandro, pero allí encontré a Samuel, yo no sabía estar sola y entonces me creé la necesidad de tener a Samuel porque no tenía a Alejandro, se llama sustituir y obviamente no lo conseguí, pero Alejandro me había sustituído y yo no podía ser menos... No hace falta que diga que no salió bien, el día de mi cumpleaños en 2010, Samuel y yo no llevábamos ni un año juntos aún y tuve que mendigarle que se tomara algo conmigo por mi cumpleaños, yo como no sabía estar sola, me conformé con mendigarle afecto y compañía y con las limosnas emocionales que él me daba.



El 1 de febrero de 2011 mi padre había muerto hacía casi dos meses y yo ya tenía clarísimo en la vida con ello, y absolutamente confirmado, que no había nada en el mundo que valiera la pena ser celebrado. 
Fui al bar de siempre, había un amigo, una amiga y César. Cerramos el bar. César me dio un abrazo por mi cumpleaños a las doce en punto, él ya me gustaba en secreto pero soy una actriz maravillosa y esperé casi un año para decidir hacer la apuesta más alta; apostar lo que me quedaba de corazón por él y tener algo juntos. Esperé tanto porque mi relación con Samuel me había dejado en ruinas emocionalmente hablando; yo no sabía estar sola, amé demasiado y sufrí demasiado. Además, mi padre sólo hacía casi dos meses que había muerto y si en algo me identifiqué con “Romeo y Julieta” es con la frase de: “los momentos de dolor no son para hablar de amor”. Así que ahí, en ese momento y ese lugar, en la barra de aquel bar empecé a proyectar en César todo lo que yo necesitaba ver, necesitaba creer y también sentir. Desde ese día fue mi querido complemento circunstancial de tiempo y de lugar inolvidable.

       De nuevo, César no es culpable de nada y en cualquier caso eso no importa porque se trata de mí y no de él. Él con toda seguridad no podía figurarse ni por asomo desde cuándo y cuánto necesitaba yo que alguien me quisiera por culpa de no saber estar sola y afrontar mis problemas sola También sin mi padre, lo cual era una nueva soledad muy real y muy dolorosa que yo no quise enfrentar. No fui de nuevo, lo bastante fuerte como para decir no a esa historia. Necesitaba creer en algo tras morir mi padre, necesitaba creer que no estaría sola con semejante dolor y con semejante pérdida. Quise creer que desde aquel día él me abarazaba a mí y no sólo mi cuerpo, me lo quise creer y me lo creí. Lo hice todo yo sola porque tenía muchas ganas de vivir un gran amor y de ser feliz con él en vez de enfrentarme a lo que me había pasado. Todavía no he podido perdonarme el hecho de haberle necesitado tanto y de haberme creído que sólo porque mi padre había muerto tenía que ser él quién me quisiera. Llegué a presionarle e incluso “manipularle”, vendiéndole lo feliz que yo podría hacerle, lo feliz que él podría ser conmigo. Él no quería ser feliz conmigo, él quería ser él y yo no se lo permitía porque no sabía estar sola y le necesitaba muchísimo. Él simplemente no me quería como yo a él y yo no había aprendido a perder, aún con todas la veces que ya había perdido. Y me siento profundamente avergonzada por no haber sabido ser más fuerte, más independiente y más madura como para retirarme como una señora cuando él dijo: “yo quiero a otra”. Sentí el orgullo herido y la vergüenza de no haber visto a tiempo que él no me quería y que nunca lo había hecho, no al menos de la manera en que yo le necesitaba. No pude asumir estar perdiendo otra vez, otra pérdida más junto a la titánica pérdida de mi padre, fue casi insoportable... Y todavía me repito que tengo que perdonarme por eso, que en ese momento pocas opciones me quedaban siendo yo una perfecta dependiente “mujer que ama demasiado”...

P.D: Alejandro mandó un whatsapp de felicidades con un emoticono.



      El 1 de febrero de 2012 César entraba en el bar de siempre con la chica con la que empezó a la semana de terminar lo nuestro. Yo me fui con mi coche a llorar a casa de mi mejor amiga junto a la chimenea y a tomar infusiones y eso es lo que debí hacer antes de embarcarme en ninguna sórdida “historia de amor” con nadie. La culpa es mía por haber esperado un príncipe rescatador de mis tragedias, no de César. Debí llorar por haber perdido a mi padre y no regalarme a César por no estar sola.

P.D: Alejandro no me felicitó, siendo la primera vez, en los diez años que hacía que nos conocíamos que no me felicitaba, al mes dijo que se le olvidó.



     Se acerca el 1 de febrero de 2013 y desde los hechos acontecidos con César, me juré solemnemente no necesitar nunca más demasiado a ningún hombre de la manera en que los necesité a todos y en último lugar a él. Decidí aprender -con perdón de la expresión- a “joderme” y estar conmigo. A estar con mi dolor por la pérdida de mi padre y con mis asuntos; si me lo permitís, dicen quiénes me quieren que lo estoy haciendo bastante bien...


Supongo que ya por fin debería celebrar mi cumpleaños de alguna manera, pero eso me hace lidiar con la culpa. Mi padre está muerto ¿y yo voy a celebrar mi cumpleaños? Él lo querría y lo sé pero yo no me siento bien con esa idea... No sé que haré, ni si haré algo, pero lo positivo por fin, es que estoy sola o mejor; estoy conmigo. Y como no hay ningún hombre a la vista, ninguno podrá hacerme daño el día de mi cumpleaños. Estoy muy contenta por el simple hecho de que como no tengo a ninguno, no tendré que recibir la llamada de “felicidades, me he tirado a...” Ni mendigar un café, ni verle entrar en “nuestro sitio” con otra. Nada de eso podrá pasarme por fin porque no hay nadie, así que sea como sea este cumpleaños sólo puede ser mejor que los demás desde que no lo celebro. No sé si será un feliz cumpleaños, pero al menos este aniversario no puede ser peor que los anteriores, al menos es muy poco probable...



sábado, 5 de enero de 2013

Soy funambulista

Dueña de la cuerda floja.
 "Y aunque el suelo queme miro hacia delante aunque ande cansada, créeme que soy una amante que teme amar demasiado, he aceptado mis dilemas, mis delirios, mis letargos, he retado al equilibrio y no consigo derrotarlo"
      Igual que un ex-alcohólico no puede tomarse ni una cerveza sin alcohol, una ex-adicta a las relaciones destructivas y a amar demasiado no puede darse ni un beso... 
El proceso de rehabilitación requiere mucho esfuerzo y unas buenas dosis de paciencia, de esa que yo no tengo. Tal vez este punto en el que me encuentro sea harto delicado y yo he tomado plena conciencia de ello hace poco. Se trata del momento en que sientes más fuerza de la que posees realmente. Ese en que has iniciado hace tiempo la recuperación, estás mejor y vuelves a tu entorno tóxico mientras aún te rehabilitas. La luz de la estrella Elendil en este pasaje oscuro es la conciencia. Se trata de ser muy consciente de las sensaciones del cuerpo y de las emociones que se experimentan en relación con el objeto de adicción; para ser original hablo de un hombre/ relación destructiva con un hombre.

    Dice el dicho que sentimientos que regresan son sentimientos que no se fueron. Puede que eso sea cierto, afortunadamente no ha habido recaída, o yo no lo siento así ni que me haya fallado a mí misma, pero gracias a esta delicada oportunidad he podido observarme; me he detenido a analizar críticamente cómo me comporto, qué hago aún, qué siento aún. Y todo esto lo estoy viviendo porque desde enero del año pasado estoy dispuesta a todo, a cualquier cosa, lo que sea con tal de no volver a sufrir como ya lo hice. Aún no soy inmune a las relaciones destructivas, aún me estoy desenganchando...

Estas dos parrafadas son para entretenerme y no decir lo que debo decir y lo alargaré un poco más porque si fuera fácil, ya lo habría dicho. No es que me falte sensatez, ni que me sobre corazón o tal vez esto último sí sea verdad y por eso amo demasiado... Es que no encuentro el equilibrio entre cabeza y corazón y así voy practicando este arriesgado y difícil funambulismo dónde apostar por el último me ha costado, muchas caídas, dolores y sensaciones desagradables...

Nunca me he tenido por tonta aunque cuenta la leyenda que uno me hizo dudarlo seriamente y por eso sé que la única salida, la única luz de Elendil de la que hablaba antes es: estudiar y seguir observándome de forma muy consciente -(ya lo he dicho y no quería reconocerlo/decirlo)-. Observar mis conductas para modificarlas y no repetir las pasadas. No es divertido, ni emocionante, ni romántico, tampoco es intenso, es molesto y desesperante, es una labor en el más absoluto de los solitarios. Nadie puede hacerlo por mí, ni ayudarme y aunque tampoco lo espero, nadie puede comprenderme en este sentido. 
      Ya lo he dicho alguna vez, pero la solución fácil que me ofrece todo el mundo es: “Emma, que entren más pretendientes”. Yo no quiero. No quiero porque sólo soy capaz por el momento de elegir al tipo de hombres nocivos de los que he escrito en otras ocasiones. Cuando yo sola esté fuerte y bien (del todo) no elegiré (consciente o inconscientemente) esa clase de hombres. Sé que lo que digo suena a que fumo flores y que es poco actual (en el sentido de poco moderno y que estoy pareciendo una vieja por decir “moderno” pero correré el riesgo), es poco de nuestros días en los que la gente tiene relaciones basura de usar y tirar y no paran a reflexionar en qué fue mal, qué se puede aprender... Parece entonces que quiénes nos detenemos a reflexionar a aprender y no nos relacionamos con hombres compulsivamente en busca del amor, somo unas pusilánimes... No pasa nada, soy rara hace tiempo que lo sé y además me gusta. Es más común pensar y actuar acorde a “sólo ha sido mala suerte, vamos a por otro y tal vez él...” Pero yo ya sé que ese no es mi caso, ni es mala suerte la mía. Es mala elección y cada vez elijo menos mal, pero aún elijo mal y lo peor es que elijo mal de forma consciente, sabiendo lo mucho que me necesita ese hombre al que elijo, sabiendo como me refuerzo con su necesidad... Pero lo seguiré intentando, haré lo que sea, con tal de no volver al lóbrego lugar de dónde vengo...

       Mi entorno gusta en decirme que me queda mucho por vivir, que no puedo pensar así siendo tan joven, que he estado con muy pocos hombres seriamente para tener un juicio tan definido y un filtro tan infranqueable. No voy a entrar en el debate de cuántos son muchos ni cuantos son pocos. Mi sensación cualitativa y cuantitativa es la que cuenta, porque al final del día me tengo sólo a mí misma y la sensación que tengo es, desde enero del año pasado, que ya basta. No sé si muchas o pocas al ojo ajeno, pero sé que he tenido relaciones demasiado intensas en las que obviamente amé demasiado y sufrí demasiado y no puedo más. El amor y el dolor ni se pesan ni se miden así que no puedo justificarme cuantificando ni calificando mejor, la magnitud de mi resistencia al dolor, pero quiénes me conocen saben que es muy alta. Eso, lejos de ser una virtud es una lacra peligrosísima para la mujer que ama demasiado, porque te hace capaz de tolerar, resistir, aguantar, permanecer y disculpar la más atroz de las aberraciones y con una sonrisa.
Lo que me da rabia -(y eso es porque me sobra [rabia])- es que aún no puedo perdonarme. No es que no pueda perdonar a mis cuatro experimentos de príncipe, es que no puedo perdonarme a mí porque no soporto pensar en todo el daño que me he dejado hacer y para nada. Todo el empeño era mío, toda la proyección era mía, todo el peliculón de antena 3 por la tarde co-producido por Spielberg de que "mis elegidos aspirante a príncipe" y yo seríamos felices era sólo mío... Los hechos probados están muy claros. Ninguno me prometió esforzarse en “felices para siempre”. Bueno, sólo uno, pero tras siete años me dijo que “todo era una broma”-basado en un sórdido hecho real.

    La conclusión es que como ex-adicta aún en rehabilitación yo lo que quiero -para resumir- es un novio. Mi brillante excusa es; he perdido a mi padre, qué bien me vendría, qué feliz me haría un novio, unos abrazos y unos besos, dormir juntos por las noches y ver juntos las olas de día... Pero yo no elijo bien porque aún no estoy todo lo fuerte que pretendo estar como para poder elegir un novio como el que sueño y no con los vampiros emocionales que me quedo. Podría decir muchas cursilerías (que para mí no lo son) respecto al novio que sueño como que sueño con un novio de esos que quieren hacerte la madre de sus hijos o cosas más sencillas como hablarnos sin decir nada. Pero yo no escojo eso tampoco aunque lo quiera, porque como necesito a alguien que me necesite me dedico a apadrinar y manipular cachorros abandonados que alomejor son felices -o creen que lo son- con su vida ¿y quién soy yo para ir con mi amor y mis pasteladas a pintarles una vida en technicolor y toda una gama cromática de magentas? y lo peor es que la culpa no es de ellos sino mía. Yo les he elegido y no sabéis qué rabia me da no poder darle la culpa a nadie. Madurar consiste en eso; adquirir responsabilidad por los actos propios, asumo mi responsabilidad por las relaciones que yo he mantenido y no sólo eso sino por las que he luchado ferozmente por no perder...
      Cerramos filas en torno a mis deseos (¿infantiles?), parece que tengo un claro Game Over en la pantalla que me dice que aún no puedo tener un novio como el que sueño. 
    Mi sensatez tiene muy claro que para tener oscuridad y penas en mi vida ya he perdido a mi padre, y por cierto, siendo yo demasiado joven, así que no necesito la ayuda de ningún aspirante a príncipe (de las tinieblas)... Entonces mis deseos no pueden hacerse realidad, no puedo ni debo tener un novio y es lo único que quiero ahora -(y siempre lo he querido)-, como un ex adicto a la coca quiere otra raya. Sigo aferrándome aún con todo lo que llevo vivido y sufrido a que eso ahora me haría sentir bien o al menos, menos mal... Y no es verdad, lo he intentado, cuenta la leyenda que hubo un hombre a la muerte de mi padre... Sólo son excusas; el amor que yo escojo me destruye y de qué manera...
Parece lo más inteligente pues, pero también lo que menos quiero y por eso no hallo el equilibrio; estudiar y acabar mi carrera porque eso construye algo nuevo para mí y no me destruye.
      Resulta muy irónico lo fácil que me resulta solucionarle la vida a un hombre por muy complicada que ésta sea y pintársela en los colores más bonitos del universo y lo pueril que soy con la mía propia no permitiéndome avanzar, acabar la carrera e irme a Londres; ese es mi sueño a corto plazo y yo que me tengo por valiente no tengo agallas para ir a por él pero... ¿Sí para exponerme a otro aspirante a príncipe?... Me disculpo y acepto mis sentimientos porque nunca he estado con un hombre que me tratara bien, -o como a la reina que soy y todas somos. Pero de los creadores de “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino también parecerlo” he creado “toda reina no sólo debe serlo, sino también parecerlo”, así que debo comportarme como tal; eligiendo otra clase de hombres, esto es; hombres con clase.
     
      Todos tendemos a soñar con lo que no tenemos y nunca hemos tenido. Lo que sí puedo hacer para no sólo soñar y sin tener que pagar el precio de “solucionar complicadísimos problemas y carencias para conseguir amor de otro” es solucionar y ocuparme de mi propia vida. Lo que ocurre sinceramente y lo reconozco es que es muy aburrido e incluso triste dormir sin el abrazo de un hombre que presuntamente te quiere... Aún así no quiero, ni puedo por salud, volver atrás.
Mi cabeza lo tiene muy claro, pero mi corazón frunce el ceño, chasca la lengua y da una patada en el suelo porque sabemos que los libros no abrazan por las noches, no te besan como si se produjera un eclipse total y no te llevan a cenar a un sitio bonito... Pero a estas alturas mi corazón ya debería saber que los novios que yo escojo tampoco lo hacen. 
Tal vez madurar (además de ser aburrido) consiste en dejar de escuchar los deseos y escuchar más la cabeza, al menos hasta que acaben los exámenes...