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jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdos

Hace poco alguien me preguntó si me felicitaba por mis logros y caí en la cuenta de que no. -Tengo una Rotenmeyer interior muy gruñona.



Hace también muy poco iba paseando por una de las calles de mi ciudad por la que he pasado muchas veces y entonces me asaltó un recuerdo a punta de pistola y casi me obligó a detenerme y alzar las manos.



Recordé algo tan cotidiano como que en esa calle estaba el dentista de Alejandro y empezó la película: me vi a mí misma años atrás, más joven, con el pelo por la cintura y más acné, subida a aquellos tacones que siempre llevaba a diario, con aquel móvil que no tenía whatsapp, con 20 años ¿cómo puede haber cambiado todo tanto en tan poco tiempo?... Estaba hablando por teléfono, mis amigas me proponían quedar para cenar y yo dije: “un momento me suena que tengo algo ese día por la tarde... -saqué la agenda- sí, eso era ¿ves? Ya sabía yo que tenía algo. No puedo quedar, Alejandro tiene dentista por la tarde. Menos mal que me apunto todas sus cosas porque pedimos cita hace tres semanas ¿te imagina que se me olvida? ¡Qué liada! pobrecito, no quiero que tenga que preocuparse por nada, bastante tiene con lo de su madre... Pero quedamos esta semana cuando él esté en el trabajo o no me necesiten en su casa”.



Ese mismo año, su madre con un pañuelo rosa hermosamente anudado en la cabeza que le regalamos sus hijas y yo por su cumpleaños antes de navidades me dijo: “¿me acompañas al PAC a por las recetas de mi madre en un momento antes de comer?”



Entonces paré la película y me felicité. Esa era yo y afortunadamente ya no. Me dí la enhorabuena porque recuerdo lo realizada que me sentía por cosas como acompañar a Alejandro a los médicos que tuviera que ir y apuntarme sus citas en mi agenda, sus prácticas de la universidad... Lo bien que me sentía por llevarle al trabajo y además cumplir con mis quehaceres diarios. Recuerdo lo feliz que me hacía cuando me decían: “no sé como no estás agotada tienen que estar todos muy contentos contigo por lo que haces por ellos, yo no podría”. Recuerdo lo integrada que me sentía en su vida y en su familia por hacer cosas de esposa de los años 50... Recuerdo que a mí eso me parecía amor y me felicito por haber visto la realidad.



Me felicité porque pese a todo y a todos creo en el amor con toda mi alma -aunque no lo creáis- y ya nunca más me haré eso a mí misma. Nunca me desubicaré, ni haré o daré más de lo necesario para ser querida y aceptada porque ahora me quiero y no merezco eso. Siento nostalgia a veces porque eso es el único “amor-hacendado” que conozco, pero también ilusión porque intuyo que el amor sano y verdadero en el que creo debe ser maravilloso y distinto a todo lo vivido.

martes, 8 de octubre de 2013

El retrato de la mujer que ama demasiado

La dependencia emocional no son los padres -aunque mucho tengan que ver, pero eso es harina de otro costal.



¿Cómo saber si soy dependiente?



       En principio es muy sencillo, lo que pasa es que precisamente por su sencillez y porque está a la orden del día se camufla en una forma “normal” de relación de pareja; en una forma “normal” de amar y relacionarse en pareja. De igual manera que en las rupturas se identifica con una forma más o menos “normal” y culturalmente aceptada de sufrimiento.



Síntomas y conductas típicos -como siempre vaya por delante que salvo mi experiencia no tengo conocimientos profesionales -(no soy psicóloga, ni psiquiatra, ni trabajadora o educadora social)- o de rigor científico sobre lo que explico, pero sé de lo que hablo. Siempre recomendaré acudir a un especialista (preferentemente a un/a psicólogx antes que a un psiquiatra) para cualquier diagnóstico y ulterior tratamiento personalizado.



Puesto que hablo de mí explicaré el problema de la dependencia emocional desde un punto de vista femenino para ayudarme con la narración pero es perfectamente extrapolable al masculino.



1. Somos niñxs adultizadxs, normalmente hermanxs mayores o que por cualquier circuntancia debimos desarrollar muy tempranamente demasiada responsabilidad dentro de la familia de origen.



2.Tener novio es el motor de mi vida, de la Vida y del Universo.



3.Todos los temas de conversación empiezan por “mi novio.../mi marido...” También vale añadir ex a estos dos sustantivos.



4.Si no tengo novio es porque no valgo la pena como mujer ni como persona.



5. La vida de mi novio, sus proyectos, sus triunfos y sus fracasos son mis triunfos y mis fracasos. Soy culpable de sus fracasos e irresponsable de sus triunfos. Yo no me refuerzo con sus logros pero pretendo que los demás lo hagan. Ejemplo: queremos que nos digan y nos reforzamos con frases como; “tu novio es otro desde que está contigo”, “menos mal que te tiene a ti”.



6. Manipulo a mi novio para conservarlo a mi lado (él siempre querrá huir de mi lado y yo conservarlo) y victimizamos para que se quede con nosotras, en plan: “en la vida vas a encontrar a ninguna que te quiera como yo y lo sabes”, “tenías a tu lado a una mujer maravillosa y la has perdido por irte con otra”.



7. Perdonamos lo imperdonable: infidelidades, humillaciones y malos tratos físicos y psicológicos. La magnitud de nuestro amor se mide por lo que consentimos y perdonamos, así, cuantos más cuernos perdono es porque le quiero más, me vanaglorio de todo lo que soporto y perdono para que vean lo grande que es mi amor por él aunque eso me destroce por dentro.



8. Somos la chica para todo, hacemos lo que sea: lavar, planchar, cocinar, ayudar a su familia en lo que es de nuestra competencia y lo que no, cuidamos cuando están enfermos, animamos y más bien obligamos a que estudien o trabajen para que progresen con su vida.



9. Le compramos con: regalos caros, viajes... y nos pasamos el día maquinando cosas que le hagan feliz para que siempre esté bien con nosotras y no quiera dejarnos nunca.





10. Nos sentimos realizadas como personas sólo cuando él lleva a cabo nuestras recomendaciones, es un motivo de orgullo a exhibir a nuestras amigas. Igualmente si no nos hace caso el fracaso es nuestro y debemos mejorar el enfoque para que a él le resulte una idea atractiva. Ejemplo: si queremos que estudie la ESO estudiar con él, hacerle esquemas, acompañarlo a clase...



11. Nunca estamos cansadas si de cualquier cosa de nuestro novio se trata, ni nos quejamos nunca. Creemos que él no merece una mujer quejumbrosa ni cansada.
 12. Ponemos en riesgo nuestra salud (ignoramos a nuestros nervios, ansiedad y malestar) por su amor.



13. Él merece lo mejor siempre, nosotras no. La suerte es nuestra porque él haya querido estar con nosotras y no al revés. Él es lo más importante, nosotras no nos miramos, no nos queremos siempre estamos disponibles para todas sus necesidades. Él nos necesita y estamos ahí fielmente, nada en el mundo es más importante. Creemos más que nada en el mundo que eso es amor.



14. Cualquier hombre que muestre interés en nosotras es buen candidato para ser nuestra pareja. Ni nos planteamos ser selectivas porque sentimos en el fondo que no somos dignas de amor y hay que tener novio, el que sea para sobrevivir.



15. Nos encantan los novios celosos pero fingimos que no nos gustan sus celos ante nuestras amigas. Medimos su amor hacia nosotras por los celos que él tenga. Decimos cosas como “es que me tiene muy celosa porque me quiere muchísimo”. Es lógico y necesario -creemos- que él se enfade o nos nos deje salir vestidas de forma demasiado provocativa. Aceptamos de buen grado que nos diga “ahora tienes novio, no puedes salir así”. Luego ya dejamos de salir porque ni nos apetece, sólo queremos estar con él...



16. Cuando tenemos novio somos (nos creemos): guapas, altas, divinas, estupendas, sensuales, florecidas y maravillosas. Sin novio somos cucarratas -me lo acabo de inventar juntando rata y cucaracha.



17. Buscamos novios adictos y consumidores de drogas, alcohol o juego. Carentes de autoestima, depresivos y con intentos de suicidio. Lo mejor que te puede pasar es que te toque el novio full equip: que sea dependiente de las tres cosas, depresivo y que se haya intentado suicidar. Si tiene una familia desestructurada o es huérfano de padre o madre suma puntos. Creemos que con la fuerza de nuestro gran amor él dejará todo eso y lo superará, sólo necesita que le amen lo suficiente y yo lo voy a hacer. Nosotras somos capaces de amar a la Bestia.



18. La finalidad de cualquier proyecto o actividad es encontrar una pareja si no se tiene ya. Por ejemplo, necesitar sí o sí ligar cuando sales de marcha con tus amigas si no ligas volver a casa llorando sintiéndote la más cucaracha de todas repitiendo "¿qué hay de malo en mí' ¿qué es lo que hago mal para que nadie me quiera ni gustarle a nadie?".

Si se tiene pareja todo en lo que él no esté presente es aburrido y no queremos hacer nada sin ella.



19. No tenemos autoestima. No nos respetamos como personas ni nos aceptamos físicamente y buscamos inconscientemente parejas que aumenten nuestros complejos e inseguridades. Cuanto menos nos queremos ni respetamos más creemos -inconscientemente- amarle a él.



20. Solemos padecer trastornos de ansiedad y del sueño por nuestras relaciones destructivas, pero los ignoramos.



21. Si mi novio me deja como dice Amaral “sin ti no soy nada”, “dragones y abismo” es la mayor desgracia que me puede pasar.



22. Preferimos morir que ser abandonadas por nuestro novio. No tenemos ganas de vivir (solteras).



23. No soportamos estar solas ni pasar tiempo con nosotras mismas, necesitamos estar siempre acompañadas por quien sea, especialmente por las amistades que nos dicen “yo creo que volveréis” pero ninguna compañía nos llena si no es la de él.





24. Siempre queremos volver con él cuando nos deja o es infiel, defendemos lo indefendible y justificamos lo injustificable. Eso es amor-creemos.



25. Siempre tenemos la culpa de que él nos haya dejado y nos la damos por no haber sabido ser lo suficientemente: cariñosa, comprensiva, amorosa, sexual o equis cosa con la que se nos ocurra destruirnos. Si nos ha dejado por otra ella siempre será mejor que nosotras pero la culpa será siempre de ella, nunca de él. Él es bueno, es la víctima de esa seductora y mala mujer, le queremos y queremos volver.



26. Nos asaltan pensamientos suicidas tras la ruptura muy difíciles de controlar.



27. Dejamos de comer o comemos en exceso cuando somos abandonadas, nos damos a la bebida o las drogas y nos regalamos al primero que pase para ver si será él el príncipe rescatador que nos salve de estar solas.



28.Tratamos de darle pena para que vuelva a nosotras aunque ya esté con otra, si no lo hace amenazamos y manipulamos.



29. Nos enamoramos de todos por igual y sufrimos por todos por igual. Sea el chico que conocí ayer de marcha o mi novio de hace dos años, sufro con el mismo grado de ansiedad su pérdida.



30. Estamos obsesionadas con tener al novio que sea o recuperar al perdido y no soportamos que nos lo digan a la cara.



31. Nadie entiende nuestro gran amor ni como nos sentimos, creemos que los demás quieren que no volvamos con él porque no saben lo que estar enamoradx, -somos para con el novio que sea algo así como Gollum con el Anillo Único de Poder.



32. Las mujeres que padecemos esta patología, de no ponerle remedio, corremos un alto riesgo de morir jóvenes por cardiopatías o trastornos nerviosos. vid. María Callas.
Si te has sentido identificadx en algo ¡cuidado! Si te sientes identificadx en todo y además quieres ponerle remedio: SÍ SE PUEDE.


sábado, 31 de agosto de 2013

Julieta cumple un año

Hoy hace un año cometí una de las locuras más divertidas de mi vida, me refiero a crear este blog.

Llevaba 8 meses acudiendo semanalmente a psicoterapia básicamente por las dos fuerzas antagónicas que conectan al ser humano con la vida; la sexualidad/el amor y la muerte/ el duelo.

No me cansaré de repetir que acudir a terapia para enfrentarme a mí misma y atreverme a curarme e invertir mi tiempo y dinero en mi salud mental es con diferencia la mejor decisión que he tomado en la vida. Quiero decir que cuando alguien tiene la absoluta voluntad y determinación de curarse nada, ni nadie, pese a las dificultades, pueden impedirlo. Digo esto porque por desgracia no he contado con el respaldo económico ni moral de mi madre quien es de esas personas que “no cree en los psicólogos”. Esta frase materna me da para otra entrada en el blog así que sólo la dejaré aquí apuntada.

No voy a extenderme así que omitiré eufemismos para expresar como me sentía. De pronto me vi con 24 años incapaz de afrontar mi vida, ni de seguir adelante. Llevaba un año tratándome con otra psicóloga sin que yo pareciera mejorar en absoluto y prometo que lo ponía todo de mi parte. El chico válvula de escape al que me aferré, -y mi anterior terapeuta me recomendó como solución- me cambió por otra -(cosas que pasan)- a los tres días, -Sófocles aun me suplica los derechos de tamaña tragedia-. Cada día tenía que verle con ella, era inevitable y además no era ni por asomo, la primera vez que me pasaba. Pero el problema no era ese y tuve auténtico pánico al caer en la cuenta de ello. Era la cuarta vez que yo tenía una “pareja” tóxica, que tenía presunta “mala suerte en el amor”, pero no existe la suerte y aquí os lo he intentado contar un poquito. Era la cuarta vez que yo me aferraba a una historia, a un chico, y me perdía y destruía a mí misma para que un novio príncipe rescatador me hiciera feliz y me quisiera para siempre. Mi plan era hacer lo que fuera con tal de tener al novio que fuera en mi vida, mi plan era no estar sola nunca. Mi fobia era estar sola, no tener nunca novio, no casarme nunca, no tener hijos nunca, ser abandonada, destruida y no merecer el amor de nadie nunca porque yo pensaba que no merecía el amor de nadie y moría de miedo porque sentía que cuando me dejaban era porque sabían la verdad: que yo no era digna de que nadie me quisiera, lo pensaba porque no me quería. Lo pensaba por una dependencia patológica y una falta de autoestima que de no haber muerto mi padre jamás habría visto hasta divorciarme o no habría visto nunca.

Mi adicción eran las relaciones destructivas y la desintoxicación iba a ser muy difícil. Es un proceso que se hace básicamente a solas, pero sola de verdad. A toda mujer dependiente patológica, que ama demasiado, que sufre demasiado por amor, si lo pretende, no le espera recuperación fácil. Sentir así y vivir así condiciona toda su vida, en terapia te das cuenta. Desde tus relaciones familiares hasta tus amistades o relaciones laborales... Pero es difícil verlo porque es tan común sufrir por amor...

En enero 2012 tuve miedo de muchas cosas muy feas, desde suicidarme (sólo quería morir porque mi padre ya no vivía), hasta tirarme otra vez a beber, a comprar, a salir, a comer... Yo ya me había destruido otras veces y sabía que algo me pasaba pero no sabía qué. Sólo sabía que quería ponerme bien y no necesitar nunca más a ningún hombre para estar bien. Pero ¿qué iba a hacer? No quería tomar antidepresivos y mi anterior psicóloga no cejaba en su empeño de repetirme que tenía que ir a un psiquiatra y tomarlos. Pensé de verdad que no podía continuar con mi vida y que no había solución. No deseo a nadie sentir esa desesperación ni esa angustia. Quería estar bien conmigo misma pero me parecía imposible. Yo pensaba que de verdad sólo se podía ser feliz teniendo una pareja y que el resto era tiempo muerto mientras esperabas a ser feliz con alguien.
Estar en paz con uno mismo es lo más grande que puede lograr cualquier ser humano, ahora lo sé, entonces no pero aun sin saberlo, quería estar -(si no se podía feliz)- al menos contenta , yo sola, sin un chico... No quería sufrir más. No quería que mi felicidad dependiera de que alguien me quisiera pero yo creía que en eso consistía ser feliz. El amor me había maltratado psicológicamente, me había sido infiel, me lo había quitado todo. Cada vez que me destruía por romper con alguien me sentía más pequeña y menos digna de amor, pero bueno, soy joven y pensaba que era porque había tenido mala suerte y que “cuando tuviera un novio bueno” se me olvidarían esas cosas. Además todo el mundo me decía lo mismo. Cada vez que alguien me dejaba me decía a mí misma cosas como “si fueras más guapa”, “si fueras más delgada”, “si no le agobiaras”, “si hubieras hecho...”, “si me pareciera a x chica...”, “me ha cambiado por ella porque es mejor que yo”...”estaré siempre sola”, “¿qué hay de malo en mí para que nadie me quiera?”

A mi edad no es común pensar tanto en estas cosas, o mejor dicho, no es común ni corriente pensar en por qué sentimos o pensamos estas cosas. No es “normal” ni común analizar como nos relacionamos en pareja, o no lo era en mi entorno de entonces, motivo por el que debo confesar que me sentía muy sola con mi proceso de desintoxicación, todo mi entorno me empujaba a seguir con la vida que yo quería romper. Todo me empujaba a buscar desesperadamente un príncipe, todas tenían uno...
Recuerdo ese invierno, tenía temblores como una adicta cualquiera y lloraba porque sí, de pura ansiedad. Dejé de fumar a la vez, quería curarme de todo a la vez. Fue horrible. No dejaba de tomar infusiones tranquilizantes e ir al gimnasio para poder tener un poco de paz, pero al salir y entrar, él estaba allí con ella, yo aun creía que ese era mi problema. Pero el problema lo tenía yo, lo había tenido toda la vida. Todo este proceso y las cosas que iba viendo y sanando en terapia no podía compartirlas apenas con nadie. Dice Bucay que cuando uno se sumerge en la terapia ve las espaldas de los otros y yo las ví, pero quería ponerme bien por la muerte de mi padre y por mi dependencia patológica, quería dejar de ser “una mujer que ama demasiado”.

Al morir mi padre dejé de escribir, es un hobby que tengo desde niña, pero lo dejé porque escribí para su funeral y cada vez que pensaba en volver a hacerlo me lo recordaba.

Un día en plena desintoxicación escribí en facebook algo sobre Brave (la película Disney). Algunas chicas del colegio me animaron a crear un blog pero yo creía que era porque les caía bien, no porque de verdad pensaran que yo escribía bien o les gustara lo que leían de mí. A mi psicoterapeuta y gurú espiritual le pareció una idea magnífica que yo creara un blog. Me sugirió que me permitiera compartir mi proceso. Pensé que sí, que lo haría. Necesitaba sentirme respaldada. Necesitaba un espacio donde compartir lo que estaba viviendo y que alguien como vosotrxs me dijera “no estás sola, me ha pasado lo mismo”. “Se puede curar”. “No abandones”.

Me siento muy feliz por haberme atrevido y animado a compartir tanto. Me han ayudado mucho vuestros comentarios y mensajes de apoyo. Me he sentido muy acompañada por gente desconocida por otras mujeres que se encuentran en el mismo camino que yo y que quieren sanarse de esta dependencia.

He conocido a muchas personas gracias a este blog y me siento muy feliz por la amistad que hemos creado y el amor que he recibido y espero estar dando también. Me siento muy agradecida por ello porque no lo esperaba en absoluto. Este blog iba a ser una extensión de mi terapia y creatividad y ha acabado siendo algo muy sentido para mí.

Quiero dar las gracias a todxs los que me leéis animáis y apoyáis y a todxs lxs que habéis querido contarme vuestras experiencias y a hacerme ver que no estaba sola con mi proceso. Mucho amor de parte de vuestra Julieta y espero cumplir muchos más a vuestro lado.

lunes, 22 de julio de 2013

Desaprender a "amar"

     Me quedo muerta en la bañera y ojiplática cuando escucho a chicas de mi edad -(26)- narrar las mieles de vestir a sus parejas cada mañana y lo que debe y no debe hacer una mujer en convivencia con un hombre.

     Observo como un narrador omnisciente y escucho cosas como: “la clave está en colocarle las camisas en el orden que quieras que se las ponga porque él siempre va a coger la primera del montón”. “Este año ha sido muy difícil para los dos como pareja, me ha dejado tres veces... Pero ahora nos hemos ido a vivir juntos y todo va bien”.“Él me necesita, no tiene madre y por eso me tiene tan celosa”.

De entre lo más sórdido destaca sin duda, que aún en el siglo XXI, en este año 2013, escucho decir a chicas en la veintena cosas como; “si me hubiera quedado embarazada el mes pasado él no me habría dejado” y frases como “si él me deja me muero, no saldré adelante”. No cejo en mi afán de observar y escuchar, veo el triunfo machista, el triunfo del patriarcado. Veo que estas mujeres que escucho, porque también me enseñan muchas cosas y me recuerdan quien he sido toda mi vida hasta hace dos años, son felices -o al menos creen serlo y yo debo respetar eso, pero no me gusta nada-. Sé que son felices así. Llaman libertad a postergar el quedarse embarazadas y parir a los hijos de sus parejas en vez de a los 24 a los 26. Se vanaglorian del poder que ostentan en la pareja frenando a sus hombres en el afán de hacerlas concebir lo antes posible. Cuando se forma una pareja así: él necesita un hijo para sentirse más hombre, ella necesita un hijo para estar cada vez menos ocupada de sí misma -(mi humilde opinión).

Recibiendo esta (dolorosa) información externa pienso en las enseñanzas de Mikao Usui y en lo que tantas veces me repite mi Sensei de reiki: “sólo por hoy no me enfado”.

Pienso en lo que me dicen las mujeres que me rodean y creo que estoy más cerca cada día de haber conseguido no juzgar -o yo me siento menos juzgadora para con ellas-, pero aun me queda un largo camino por recorrer, aun debo -o pretendo- sentir más aceptación por la opción de vida de cada mujer en singular. Ya sé que toda mujer que ama demasiado se relaciona siempre con mujeres que aman demasiado, es algo inconsciente como la elección de sus parejas... Lo importante es tornar consciente esa elección.

Cuando las escucho en realidad no me enfado con ellas, me enfado conmigo misma porque aun no he conseguido perdonarme. Debo perdonarme por haberme creído una princesa Disney más. Una princesa Disney de las de antes, de las que eran capaces de morir para resucitar con un beso. Quiero seguir luchando para ser como Mérida la primera de la que espero sea la nueva generación de princesas Disney, esos son los cuentos que quiero contar a mis hijas -de todos modos gracias a Mulan por abrir la veda y salir a pelear ahí fuera sin esperar a ser rescatada-.

Debo perdonarme por haberme creído encontrar al Príncipe y haber repetido este error no una, sino cuatro veces. Debo perdonarme por haberme creído que mi hito de vida y mi misión en el Universo era ser la novia/esposa de y formar una familia. ¡Qué felicidad habría creído alcanzar! Convivir en pareja era un sueño para mí que nunca logré, soñaba con convivir con cualquier pareja. Mi yo inconciente pensaba: “él me quiere y yo quiero que quien sea me quiera” -esa era yo-. “Tan poco me quiero que si él -(quien sea)- me considera una pareja digna yo lo daré todo por serlo para él”. Desde luego también pensaba de igual forma inconsciente: “si él me deja yo habré fracasado, no habré conseguido que alguien me quiera, no habré logrado mi misión en el mundo”. “Cualquier mujer que consigue conservar una pareja es mejor que yo, ninguno se queda para siempre conmigo porque no soy lo bastante: (escriba aquí cualquier adjetivo)”...

Las comprendo muy bien a todas, yo habría sido feliz tan sólo cuatro años atrás; yéndome a convivir en pareja a cualquier piso, choza o cabaña en un árbol. Durmiendo siempre acompañada, desnuda y abrazada al presunto amor de mi vida, haciendo el amor en cada habitación para estrenar nuestro nido conyugal, eligiendo las camisas que le he planchado para ir al trabajo y peleando con uñas y dientes por una relación que me destruía no ya como mujer sino como ser humano. A fin de cuentas, he sido una mujer que ama demasiado mentiría si no me reconociera en todo eso. Por desgracia y con tristeza, puedo decir lo feliz que me hacía planchar, cocinar, coser, lavar y ser sobre todo la terapeuta de mis novios. Recuerdo con humillación que una de las cosas que más feliz me hacía era cuidarles cuando estaban enfermos... Me hacía sentir útil y querida que contaran conmigo para algo tan estúpido como una gripe, yo creía que eso era amor, ese era el amor que yo había aprendido y que por supuesto puede ser desaprendido. Por suerte, tomé conciencia de todo esto y ya nunca más será así, o no al menos en tal grado pues estas cosas llevan su tiempo...

Conozco la -(falsa)- sensación de poder y valía que me otorgaban tales cometidos parejiles. Conozco la frustración y el dolor de no poder seguir en ese rol de la perfecta santa-madre-esposa, nada menos que en mi rol en el mundo. Sé lo duro que es querer estar con alguien a pesar de los cuernos, a pesar de la violencia verbal, a pesar de destruirme para hacerme a su gusto y lo pulverizado que se queda el corazón cuando aun haciendo todo eso, aun convirtiéndote en todo lo que él pide; resulta que no, que te sigue poniendo los cuernos. Resulta que no, que se va con la otra. Entonces te sale un Game Over en la pantalla y sientes que con el próximo irá bien y todo el mundo te dirá que eras una novia maravillosa, que sólo ha sido mala suerte...

Ahora que no me enfado tanto pero aun me falta una gran dosis de aceptación del derecho de todo individuo (especialmente mujer) a destruir su propia vida cómo y con quién le plazca. Ahora escucho, observo y me conozco más. Me reconozco en las conductas femeninas que observo en mi entorno y en las consignas que gustan tanto repetirse para retroalimentarse entre ellas, consignas lapidarias como: “he aprendido que en pareja hay que aguantar porque sino lo pierdes”. Consignas que ahora que yo estoy mejor me repiten para que vuelva a ese estado: “¿a qué esperas para tener un novio? Si te acostumbras porque estás bien así ya te quedarás así siempre, tenemos una edad...”
Lo reconozco todo porque he sido así, soy feliz de no ser así ya. Reitero que mi antiguo enfado hacia las mujeres que he descrito es sólo contra mí. Quiero aceptar que sois felices así, lo seguiré intentando...

Sé que de un blog nadie aprende nada porque todo nos lo enseña la Vida si debe hacerlo, pero sólo quiero que quede escrito esto; no sabéis lo que duele, no sabéis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando se toma verdadera conciencia y se hace un trabajo de introspección profundo y observas y aprendes que se siente el amor así cuando nunca te has querido porque crees en el fondo, aunque no se lo digas a nadie, que no eres digna de amor. No os imagináis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando todos tus esfuerzos radican en no ser abandonada y en estar con quien sea para demostrarte a ti misma que sí, que quien sea te quiere, pero no. Nunca te sentirás querida, siempre elegirás inconscientemente hombres que no te quieran...
Cuando asumes que nunca te has mirado ni ocupado de ti porque estabas demasiado preocupada y ocupada por el hecho de encontrar pareja empiezas a construir tu libertad (mi opinión). Cuando caes en la cuenta de que todos los años que has sufrido para lograr el amor de un hombre los has perdido y no vuelven más, el dolor es infinito y por eso prefería enfadarme, porque no sabéis lo humillante y doloroso que ha sido y que en menor medida está siendo.

Quiero decirlo sin pena, pero hoy no puedo porque a veces me siento muy sola en este camino, pero me sigue valiendo la pena; en el año 2013 una mujer puede llevar una vida muy distinta a la de nuestras tatarabuelas si lo desea.
La vida es corta, el mundo es ancho y grande y hay siete continentes en él que me gustaría visitar -si puedo-, antes de morir, sólo me arrepiento de los años que he desperdiciado esperando a que cualquier hombre que se cruzara en mi camino me quisiera en lugar de vivir mi propia vida. No deseo que ninguna tenga que pasar nunca por esta desagradable sensación.

Mi libertad me hace feliz, os invito a probarla si queréis.

martes, 14 de mayo de 2013

Fuimos tres en tu cama





Cuando a ella la llamabas por mi nombre, le elegías la ropa que a mí me gustaba, la convenciste de lo femenina que la hacía mi rosa favorito. Le sugeriste usar mi perfume.

La empujaste a depilarse las cejas y a hacerse mi corte de pelo, le sugeriste que se dejara melena.

Luego se aclaró el pelo para parecerse más a mí, después ella copiaba mi maquillaje para gustarte. A mí me elegías la ropa que ella se pondría y a ella la mía, de pronto me llamaste por su nombre.



Cuando quisiste que ella hablara con mis palabras, que tuviera mi sentido del humor para divertirte. La metiste en tu casa, le dejaste la ropa que me dejabas a mí. Le presentaste a la familia que me presentaste a mí, la sentaste en tu mesa, en las mismas fechas que me echaste de allí.

Señalaste en veinticuatro horas por qué puerta debía irme porque ella entraba por la otra para quedarse. La hiciste una más en tu grupo, le regalaste a nuestros amigos, lo que me robaste se lo diste a ella como si fuera nuevo. Como si fuera su premio por llegar cuando ya todo pasó, cuando ella ya había muerto. Cocinabas para ella lo mismo que para mí los mismos días que antes a mí; yo cocinaba sola, lo mismo que para nosotros unas calles más abajo, mientras lloraba frente a tu plato preferido... Luego me mandaba mensajitos tontos mientras lloraba por ti con un chico que me hacía caso porque un clavo iba a sacar otro clavo... Después me dormía y tenía pesadillas.



Cuando no te bastaba su conversación así que le sugeriste que leyera los libros que yo me había leído. Me confesabas que querías mi inteligencia para ella como si la mía ya no estuviera ni yo tampoco.



Cuando mientras estudiábamos ponías tu mano en su espalda, como antes en la mía, yo vomitaba a escondidas mi ansiedad por perderte pero me parecía de lo más normal... No te iba a decir nada, no iba a atarte nunca, tú nunca ibas a abandonarme, nunca debimos decir siempre, siempre resultó ser nunca.



Cuando la paseaste por los mismos sitios que a mí, pero tú y yo llevábamos años paseando, así que tenías que darte mucha prisa para borrar todo, tantos años de nosotros debían ser borrados con ella. Le atusabas la melena por la calle de camino al bar de siempre, al de cuando éramos pequeños y podíamos estar cenando juntos y charlando hasta tarde, para robarnos besos en los portales, revolvías su melena como revolvías la mía, pero erraste en cabello y en la chica ella nunca fue yo ni lo será, te exhibías públicamente con ella para convencerte de lo normal que era lo qué hacías.



Cuando la acostaste en la misma cama que a mí pero no fuiste feliz, entonces elegiste mi cumpleaños para hacérmelo saber y culpabilizarme por ello pero te fuiste a celebrar el de ella. Me culpabas de no ser felices y en ese trío estuvimos, tú por no saber y yo por querer. Irónicamente en ese momento fue cuando menos fuimos tres en tu cama...



Cuando no entendía porque querías un avatar de mí con el que ser feliz si yo te producía tanta desazón y desdicha. Nuestra historia se quemó en la biblioteca de Alejandría el día que me dijiste que yo no había sido nadie, que todo era una broma y a mí me doliste como si lo hubiéramos sido todo. Pero ya sabes que tengo mucha imaginación y me creí tu broma, ¿cuánto tiempo se ríe una chica por una broma de siete años?



Nunca tuve la culpa de tu duelo patológico anticipado, ni de querer al hombre que eras; primero para mí, después para formar una familia. Yo quería a un hombre que mira a la muerte y no se esconde en las faldas de mi avatar por no ser lo bastante hombre como para mirar a su otra mitad y decirle, “vete niña que ya no te quiero”. Quería un hombre lo bastante hombre como para llorar la pérdida de las faldas de mamá y a mamá. Quería al hombre del que me enamoré y no al que perdía a escondidas en la boca de otra. Quería a un hombre que no viviera con el miedo al cáncer y a la muerte, quería un hombre que se hubiera curado para ser un buen padre, el padre que él quería ser conmigo. Espero que con cada “te quiero” dedicado a ella hayas borrado ya cada recuerdo como me demuestras. Espero que hayas de verdad olvidado que cuando ella dejó de respirar yo te abrazaba porque no querías contigo a nadie más y espero que de verdad tú hayas olvidado que miramos a la muerte juntos en silencio. Espero que hayas olvidado que tu dolor fue mi mayor dolor y que todo lo hice para salvarte fue porque tú me lo pediste y yo te quería. Espero que ella te haga padre de los cuatro hijos que querías conmigo y te maldigo con que no tengan nunca mis ojos que tanto deseabas en nuestra descendencia, porque mis ojos no se los puedes dar y eso se te pasó por alto viejo amigo cuando creabas mi copia en ella, vistiéndola como a mí y acostándola en tu cama mientras te preguntabas que hacías. Pero tú a lo tuyo, que yo aun me río de la broma.



Quiero que algún día sepas que mientras el avatar que has creado de mí iba de flor en flor dándose a la mala vida que tu detestabas en toda mujer y ella me lo contaba todo, yo cuidaba de ti y de tu familia poniendo en riesgo mi salud física y mental sin que ello me importara porque te quería así y no sabía querer de otro modo. Estaba tan necesitada de amor que no me preocupó mi salud, ni mi tiempo, ni mi dolor, sólo quería parapetar tu golpe porque yo entendía el amor así. Ella se gastaba el saldo en deciros a todos que os quería, no puedo competir...



Cuando mientras yo secaba tus lágrimas dentro de un velatorio, te estrechaba la mano y te escondía mi cansancio de haber sido durante un año tu encantada y enamorada sirvienta, ella y sus amigas me criticaban porque ella no podía estar ocupando mi sitio (si hubiera hecho sólo la mitad que yo, apuesto que nunca ella lo hubiera deseado y tú jamás te habrías atrevido a hacerme tanto daño) se pasaron todo el velatorio inquiriendo a mis amigos a mis espaldas que a ver qué pintaba yo. Francamente, en eso hoy estaríamos de acuerdo, dado como pasó todo después y como terminaste conmigo no sé que pintaba yo allí.

Quiero que sepas lo que es justo y es que mis crímenes para con ella fueron ser quién fui en tu vida y estar presente en una muerte que me dolió como de mi sangre y lo peor es que si te queda algo de corazón tras las costillas lo sabes... Nunca quise un primer plano en un funeral pero me lo hicisteis todos porque me queríais o eso decíais y me pregunté muchos años después qué suerte de amor olvida tan pronto haber compartido tanto. Me colocasteis allí y yo me dejé porque me parecía normal y necesario. Si ansiaba ese primer plano era en nuestra planeada boda, con alguno de los vestidos que habíamos mirado juntos, quería un primer plano en nuestro viaje a París, en nuestra noche cenando por el Sena. Quería escuchar tus rarezas sobre que el río huele raro y que el barco te mareaba... Ella quería un sitio ante una muerte, sin trabajo, ni sacrificio, ni amor alguno. Ella quería mi sitio, tú me derribaste para dárselo gratis. Yo quería que tu dolor fuera mío y es justo que lo sepas.



Pero sigue llevándola a restaurantes rosas que a mí me encantarían, sigue mintiéndote tan bien como empezaste a hacerlo en esa época y sé muy feliz con ella para que todo esto tenga sentido. De verdad sigue fingiendo que eres feliz porque tienes novia y que ella no se ha muerto que en un tatuaje llevas el dolor que te causó su partida.



Yo seguiré tratando de escapar a la rabia que siempre me alcanza, seguiré tratando de perdonarme por haberme dejado hacer tanto daño en nombre del amor. Porque todo este reproche no te lo hago a ti sino a mí que no me perdono esa flaqueza, esa humillación, no me perdono haberte querido y no me perdono entender como entiendo todo lo que haces. Quiero perdonarme por haber llamado amor a la servidumbre y la prostitución emocional, necesito hacerlo para creer que de verdad volveré a querer no de igual modo pero si a vivir un gran amor y no un Hacendado. Quiero saber engañarme tan bien como lo haces tú, pero no me sale...

martes, 23 de abril de 2013

Guerra entre mis mitades

     A menudo me dicen: "pero no le digas esto que se agobiará", "no hagas esto otro que se asustará", "no puedes decirle según qué a un tío, sólo estáis empezando, no seas pesada","eres demasiado exigente, así nunca encontrarás a nadie", "si siempre eres tan estricta te quedarás sola". Yo siempre contesto:

-Bien, en ese caso me quedaré "sola" como tú dices. Pero como tú dices ya no es la soledad que yo entiendo ni practico. Con respecto a quedarme sola, no temo. Siempre estoy conmigo, ya no me abandono nunca. Pero aun así, "sola" como tú dices, estaré en buena compañía, en la mía propia, por tanto nunca más podré estar sola en el sentido en que antes me aterraba, siempre estaré felizmente conmigo. Respecto a perderlo lo sentiré mucho, o no, dependiendo de mis sentimientos. Como soy muy sensible puede que llore por perderle. Probablemente estaré triste un tiempo, pero si se agobia o se asusta le diré "adiós" de buen grado, porque será muy evidente que no buscamos lo mismo ni vamos en el mismo sentido vital. Yo aspiro a un compañero valiente a mi lado. Aspiro a un valiente que no se asuste, ni se agobie. Por tanto, me resulta muy evidente que si es "de los que se asustan o se agobian" no es para mí.

+¿Y si se va con otra por tu intolerancia de no querer aguantar nada, también te dará igual y me soltarás este discursito filosófico?

-Si se va con otra sólo hará que confirmar lo que me dieron a sospechar sus agobios y miedos. Que no sabe estar solo, -que es como yo temía; un dependiente más de los que ya he conocido- , que no entiende el amor en la profundidad que yo lo siento, que le importa poco estar conmigo o con mi sustituta porque lo que quiere es estar acompañado para no estar consigo mismo, ni mirarse, ni observarse, ni crecer en ningún momento. No me dará igual verle con otra, seguramente tendré varias noches “Bridget Jones” pero el amor que afortunadamente ahora me tengo a mí misma, está dispuesto a dejar que otra esté con una persona así, sin prejuicios, simplemente somos dos naturalezas distintas... Auguro -y no yerro demasiado me temo-, que un hombre así, al que le da igual una que otra que yo, busca una mamá y yo antes que un hijo busco a un hombre, busco un par, un igual con el que relacionarme... Como ves, si se busca una sustituta mía, sólo tendré claro que aun tenemos menos que ver el uno con el otro. Yo puedo quererle a él y le quiero, pero no quiero formar una pareja así con él, (ni con nadie), si esa es la única oferta, que se lo quede otra, yo en temas de pareja, no pienso volver a las rebajas...

+Con esa mentalidad nunca encontrarás a nadie, eres demasiado exigente, nadie va a empezar nada contigo súper en serio... Lo más normal en este siglo es que empieces con alguien y ese alguien vaya despacio o tenga dudas porque está conociendo a otras también. Y si tú eres un poco lista, haces las cosas bien, y no demuestras demasiado interés, en plan, que no parezca “que pierdes el culo por él”... Eso irá bien.

-No tengo trece años, ni hago estrategias de adolescente que lee la super pop con el mentón apoyado sobre sus propias manos y con los talones en alto escuchando a los Backstreetboys para “conquistar a un hombre en tan sólo diez pasos”...
Admito el ir despacio, pero las dudas no. No admito dudas porque alguien sabe si te quiere, si no te quiere, o si quiere pasar el rato. Los hombres llaman dudas a querer seguir teniendo sexo con una mujer en tiempo muerto, sin avances ni retrocesos, sin compromiso, con comodidad de tenerte en el primer cajón de la derecha y a mí no me interesa.  Me quiero demasiado como para encogerme a ese nivel. Aspiro a alguien que sepa lo que quiere y si no lo sabe, yo no voy a ayudarle a encontrarlo ni a convencerle de que ese algo y alguien soy yo o de que puedo ser yo. No es mi labor vital convencer a alguien de por qué debe quererme o preferirme a mí antes que a otra. Si no lo tiene claro es cosa suya, digo que es cosa suya porque yo sé quién soy y no necesito reforzar mi identidad ni mi amor propio con la creencia de él en mí como pareja. Quiero una relación que fluya, no quiero vivir ni interpretar una obra de teatro para conseguir el aplauso de él. No quiero ninguna relación donde la relación misma dependa de lo que yo diga o haga porque en ese caso no me estaré relacionando en pareja, me estaré relacionando sólo conmigo pero teniendo a alguien al lado y esa, para mí, es la peor soledad que he vivido.




sábado, 20 de abril de 2013

Las mujeres que aman demasiado

     Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años pasé por un trance muy difícil a causa de lo explicado en el post: Ni olvido ni me perdono



No puedo decir que tuviera una depresión porque no me traté psicológicamente y, por tanto, no fui diagnosticada. Pero nunca me he sentido tan desconectada de mí misma, tan perdida... Ni siquiera con la muerte de mi padre. Yo creo que si no lo fue, se le acercaba mucho.



          Las consecuencias de mi gran “leyenda de pasión” fueron devastadoras física y emocionalmente. Ya durante mi relación-tormento padecía episodios de ansiedad, pero yo era muy joven y no le di ninguna clase de importancia “mi novio bien, yo bien, él me necesita yo no puedo estar mal”. Fui al médico y me dió pastillas para los nervios. Además, él me absorbía tanto -y yo me dejaba tan gustosa- que no me prestaba ninguna atención a mí misma, lo nuestro me engulló de tal forma -y yo lo consentí- que yo no me miré a mí misma en ningún sentido hasta transcurrido un año de nuestra ruptura.





       Cuando acabó esa historia y hallándome en las circunstancias más miserables y lamentables que nunca me haya encontrado física y emocionalmente, una profesora del instituto preocupada por mí y mi salud, me habló del libro “las mujeres que aman demasiado”, pero yo tenía un novio con muchos problemas al que cuidar, atender y proteger así que pasé del libro, si él dejaba las drogas, el alcohol, el juego y decidía hacer una terapia por la pérdida de su madre y por sus propios intentos de suicidio y por toda su ira y tristeza acumuladas todo iría bien, ni libros ni chorradas.-Pensaba yo-. Yo le ayudaré y todo irá bien. ¡Libritos a mí...!-Pensaba yo.



      Resultado de mi gran amor: no tenía ganas de vivir, no tenía ganas de nada, me despertaba y lloraba porque deseaba estar muerta porque él ya no quería estar conmigo y estaba con setecientas, iba de clase a casa a llorar sin fuerzas para ello debido a los potentes ansiolíticos que tomaba, estuve un año tomando ansiolíticos por prescripción médica, en aislamiento voluntario absoluto porque me daba vergüenza que la gente me viera, no salía de casa porque mis 23 kilos de más y yo no éramos dignos de salir a la calle, sentía asco de mí y de mi cuerpo. Ese año, sólo salí dos veces (si no era para ir a clase) más allá de dos manzanas de mi casa y le vi a él con su novia; felices de la mano mirando un escaparate, tuve un ataque de agorafobia o de ansiedad en plena calle, tuve que taparme la cara con un foulard, sentía que todo el mundo me miraba, no podía respirar ni dejar de llorar. Llamé a una amiga, pero no era capaz de vocalizar con claridad, llegué caminando como pude a su casa. Me tomé mis pastillas. Ella me dijo: "es normal lo que te pasa, se te pasará con el tiempo..." 

La otra única vez que salí más allá de los límites de seguridad de las dos manzanas de mi casa y obligada, fui al cine, ellos estaban allí iban al cine también, él le llevaba las palomitas, a mí nunca me llevó al cine porque no tenía dinero, se lo gastaba en drogas, yo me desmayé, mi mejor amiga me pegó un tortazo para hacerme reaccionar y me sacó del edificio... Tuve otro ataque y por eso evitaba salir a toda costa. Aprendí que no debía salir porque les vería juntos.-Como Juana sin Felipe.

    Si alguna compañera de la universidad -(fue mi primer año)- me saludaba estableciendo contacto físico poniéndome una mano en el brazo o con un “hola guapa” tenía ganas de llorar, creía que se burlaba de mí porque yo era un monstruo, yo no me sentía bien física ni emocionalmente, mi cuerpo no era mío y estaba destrozada anímicamente. “Si mi mejor amiga se ha acostado con mi novio en navidades, las desconocidas ¿qué me harán? No debo tener amigas”. Me quedé sin el grupo de amigos de entonces porque me abandonaron y porque él me puso los cuernos (entre muchas) con mi mejor amiga, (esas cosas que parecen tan importantes cuando eres joven). Ese mismo año se me cayó también el pelo a raudales, supongo que por estrés, ya que con 23 kilos de más, no se puede decir que fuera por desnutrición. -Prefiero contarlo con mi personal toque de humor, quiénes me conocen ya saben que es mi defensa cuando algo me duele demasiado-. Pero aun así, yo sólo contemplaba como solución volver con él y seguía preocupándome por cómo estaría él, ahora que yo no me ocupaba de su vida. -Pero me seguía preocupando.



Nunca mi cuerpo ni yo hemos vuelto a ser los mismos, pero yo no creía tener ningún problema. La gente rompe y la gente sufre por amor. Todo lo que sufría era normal.-Pensaba yo.



Desde aquello, a menudo me preguntaba con el paso de los años y sin respuesta:

¿Por qué todos me ponen los cuernos? ¿por qué todos se van con otra y me sustituyen en seguida? ¿por qué todo empieza tan rápido y magnífico y de repente empiezan a pasar de mí de la noche a la mañana?, ¿es casualidad que todas mis parejas sean huérfanos de padre o madre?, ¿por qué si todos ellos son tan diferentes física e intelectualmente acaban siempre igual mis historias?, ¿por qué me sustituyen en seguida por otra y nunca más vuelvo a saber de su existencia como si yo no hubiera sido nadie ni nada importante en sus vidas?, ¿por qué si yo no soy así, todos han sido adictos a algo: drogas, alcohol, juego o todo a la vez?



¿Por qué proviniendo yo de una familia normal y estructurada, de un barrio normal, he consentido situaciones de claro maltrato psicológico con plena sensación de normalidad de lo que yo vivía?



¿Por qué yo sólo tenía sensación de ser feliz cuando tenía pareja o estaba con alguien? y ¿por qué no me gustaba en absoluto, o era peor para mí y mi “bienestar” personal, estar sola?



      Muchos años después, un 28 de enero, a la cuarta vez que me rompí todos los huesos emocionalmente contra el suelo por amar demasiado, llorando, ahogándome, un poco ebria, con el rímmel esparcido por la cara pareciendo así Miko el mapache amigo de Pocahontas... -(Pues César, el último por el que amé demasiado, estaba con otra. Era la historia de mi vida, otra vez: cuernos o sustitución rápida). Aunque yo hasta una semana después de haber terminado “lo que tuvimos” (por llamarlo algo), no supe que otra ya ocupaba mi sitio. Pero pronto lo vi, día 25, a la semana de haber terminado “lo nuestro” me la presentó como una amiga de toda la vida, -pero yo en dos años no supe de su existencia ni de su nombre-. Post presentación incómoda y humillante para ambas dos chicas; yo, como la desechada y ella la pujante, y siendo master class yo, en ser sustituida; vi como se comportaba él con ella en mi cara y las evidentes intenciones de ella. Como decía Zazú en el Rey León ellos eran “semillas de romance floreciendo en la Sabana” y yo me sentí como la perfecta idiota a la que le han vendido un concesionario de motos robadas y en mal estado.


Resultado: retirada “honrosa” mientras dos amigas me sostenían -literalmente- yo no podía respirar, tenerme en pie, ni dejar de llorar, era demasiado insólito para ser verdad, otra vez no. Yo repetía mis mantras típicos de cada vez que yo era abandonada o sustituida, los adaptaba a las nuevas circunstancias de tiempo y de lugar, esta vez el mantra era devastador; de los creadores de Juana la Loca, Julieta la loca



“¡Soy una desgraciada!, ¡mi padre ha muerto, César me engaña!, me dice que echa de menos a su ex y YA se pasea con otra. Esto era la única ilusión que yo tenía en mi vida, nada me sale bien. Nunca podré estar con nadie, nadie me va a querer nunca, no sé ni por qué lo intento. Yo ya no quería intentarlo con él ni siquiera porque lo he pasado fatal y otra vez igual. Él sabe lo mal que estoy y me ha presentado a la otra ¿por qué?, ¿por qué siempre lo he de pasar mal yo con lo bien que me porto con ellos? Echa de menos a su ex y me cambia a la semana por otra, no me lo creo. Todo era mentira, se lo dije; “piénsalo bien si quieres algo conmigo, que yo no quiero tonterías, quiero algo serio”. Y me ha mentido todo este tiempo, ¿qué voy a hacer ahora?, ¿cómo voy a salir de esto? No puedo más, no sé donde aferrarme. Todo me pasa a mí. Es que nada me sale bien nunca, no sé como salir de todo esto, además de lo de mi padre, esto que me aportaba un poco de ilusión... Era una mentira y me lo he creído todo porque soy imbécil...”



        Tras narrar esta regresión a mi estado de enajenación mental transitoria, un 28 de enero, llorando como una niña abandonada -y no utilizo el término niña por casualidad-. Dije en voz alta a mi hermana y mi mejor amiga.

“¡Basta! No quiero, ni puedo por salud mental volver a pasar por esto. ¡Basta! Quiero ponerme bien, no sé que me pasa pero no estoy bien, quiero dejar de necesitar un novio para estar bien. Sé que lo pasaré mal porque ahora que mi padre no está necesito más una figura masculina a mi lado, un chico que me ilusione y me proponga hacer cosas... Pero basta, quiero estar bien sola. Sólo quiero eso. Estar bien sola. No quiero volver a sentirme feliz por algo tan ridículo como una llamada o un cine, quiero estar bien yo y no necesitar que eso pase para ser feliz de verdad. No sé como, pero lo haré. Nunca más quiero volver a caer en una historia así, ni estar así. No puedo más. Siempre es lo mismo. Estaré sola y me inseminaré artificialmente para tener hijos a la edad que quiera tenerlos, me da mucha pena que nadie me vaya a querer nunca pero ya lo he aprendido. Se acabó. Ninguno me quiere, quieren reírse de mí, que se rían de su madre. ¡Basta!”


        Después de aquello, a los pocos días, como un alma errante, entré en una librería y me acordé del libro “las mujeres que aman demasiado”... No podía dejar de leerlo, había momentos en que me enfadaba profundamente con el libro y lo cerraba, pero sólo lo hacía porque el libro tenía toda la razón. Era casi autobiográfico, a nadie le gusta mirarse a sí mismo, ese libro me obligó a mirarme y a verme y no me gustó nada lo que vi, pero no exagero cuando digo que me salvó la vida, porque yo decidí hacer un gran trabajo y esfuerzo personal y lo estoy haciendo.



       Encontré muchas respuestas a aquellas preguntas que me hacía entre una ruptura y la próxima relación -(o condenación, más bien)-. Pero hasta que no toqué fondo de verdad, no me di cuenta de que no era casualidad ni “haber tenido mala suerte” -como todo el mundo nos dice a las mujeres que somos adictas (o hemos sido, en mi caso) a amar así-, que yo repitiera perfiles de hombres, ni mis conductas con ellos. Todo tenía sentido y no era nada bonito verlo, ni fácil, pero era la única manera de ponerme bien y estaba dispuesta a todo lo que fuera necesario con tal de no volver a sentirme así jamás.

      Resulta irónico que del peor momento de mi vida surgiera lo mejor, la mejor decisión que he tomado nunca. La toma de conciencia de un grave problema que condicionaba todos los aspectos de mi vida y la voluntad de ponerle remedio a cualquier precio. Pese a que las circunstancias de mi entorno no eran en absoluto favorecedoras, dije basta y aunque sea de una vanidad muy fea decirlo, es algo de lo que no puedo sentirme más orgullosa.



Un 18 de febrero, un mes después del fin de mi historia con César y de comérmelo con patatas a él y a su amante morreándose como adolescentes cada día debajo de mi casa, me dejé caer en el sofá de mi gran psicoterapeuta Ascensión Belart. Sin la cual digo muy sinceramente que no sé qué habría sido de mí, pero nada bueno seguro. Sin ella nunca habría logrado nada en cuanto a mi recuperación ni a la toma de conciencia de mi problema de adicción a esa forma de “amar”. Sé que ella como es muy profesional me dirá que el trabajo ha sido mío, pero tan importante es la voluntad del paciente como la calidad y la profesionalidad de la ayuda que éste (es decir yo) recibe.





Me encanta poder compartir este proceso en el que estoy con mujeres que se encuentran en situaciones similares, en relaciones de inferior toxicidad, o peores situaciones que las que yo pasé. En relación a esto, a menudo, amigas, o conocidas, o seguidoras del blog me preguntan ¿a qué te refieres con “mujeres que aman demasiado”?, ¿qué es una pareja tóxica? Sin saber nada a nivel profesional, he escrito algo -muy atrevidamente- sobre ello, pero Robin Norwood, psicoterapeuta américana, creadora de este best seller que me ha hecho una gran compañía y me ha salvado la vida, define en el magistral prólogo de su libro qué es amar demasiado y cuando amamos demasiado. Aviso de que puede molestar ferozmente leer lo que viene a continuación porque la mayoría de mujeres lo tenemos integrado como normal y natural en nuestras vidas. Humildemente os digo que yo lloré muchísimo porque me reconocí en todo cuanto ella escribió. A las que estéis dispuestas a este proceso, no tengáis miedo, enfrentaos. Se puede superar, este problema. -Espero...


Prólogo de "las mujeres que aman demasiado" autora: Robin Norwood.





Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con “él”...estamos amando demasiado.

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarán a él, estamos amando demasiado.

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos en la idea de que, si tan solo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional, e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda, estamos amando demasiado.