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viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

martes, 14 de mayo de 2013

Fuimos tres en tu cama





Cuando a ella la llamabas por mi nombre, le elegías la ropa que a mí me gustaba, la convenciste de lo femenina que la hacía mi rosa favorito. Le sugeriste usar mi perfume.

La empujaste a depilarse las cejas y a hacerse mi corte de pelo, le sugeriste que se dejara melena.

Luego se aclaró el pelo para parecerse más a mí, después ella copiaba mi maquillaje para gustarte. A mí me elegías la ropa que ella se pondría y a ella la mía, de pronto me llamaste por su nombre.



Cuando quisiste que ella hablara con mis palabras, que tuviera mi sentido del humor para divertirte. La metiste en tu casa, le dejaste la ropa que me dejabas a mí. Le presentaste a la familia que me presentaste a mí, la sentaste en tu mesa, en las mismas fechas que me echaste de allí.

Señalaste en veinticuatro horas por qué puerta debía irme porque ella entraba por la otra para quedarse. La hiciste una más en tu grupo, le regalaste a nuestros amigos, lo que me robaste se lo diste a ella como si fuera nuevo. Como si fuera su premio por llegar cuando ya todo pasó, cuando ella ya había muerto. Cocinabas para ella lo mismo que para mí los mismos días que antes a mí; yo cocinaba sola, lo mismo que para nosotros unas calles más abajo, mientras lloraba frente a tu plato preferido... Luego me mandaba mensajitos tontos mientras lloraba por ti con un chico que me hacía caso porque un clavo iba a sacar otro clavo... Después me dormía y tenía pesadillas.



Cuando no te bastaba su conversación así que le sugeriste que leyera los libros que yo me había leído. Me confesabas que querías mi inteligencia para ella como si la mía ya no estuviera ni yo tampoco.



Cuando mientras estudiábamos ponías tu mano en su espalda, como antes en la mía, yo vomitaba a escondidas mi ansiedad por perderte pero me parecía de lo más normal... No te iba a decir nada, no iba a atarte nunca, tú nunca ibas a abandonarme, nunca debimos decir siempre, siempre resultó ser nunca.



Cuando la paseaste por los mismos sitios que a mí, pero tú y yo llevábamos años paseando, así que tenías que darte mucha prisa para borrar todo, tantos años de nosotros debían ser borrados con ella. Le atusabas la melena por la calle de camino al bar de siempre, al de cuando éramos pequeños y podíamos estar cenando juntos y charlando hasta tarde, para robarnos besos en los portales, revolvías su melena como revolvías la mía, pero erraste en cabello y en la chica ella nunca fue yo ni lo será, te exhibías públicamente con ella para convencerte de lo normal que era lo qué hacías.



Cuando la acostaste en la misma cama que a mí pero no fuiste feliz, entonces elegiste mi cumpleaños para hacérmelo saber y culpabilizarme por ello pero te fuiste a celebrar el de ella. Me culpabas de no ser felices y en ese trío estuvimos, tú por no saber y yo por querer. Irónicamente en ese momento fue cuando menos fuimos tres en tu cama...



Cuando no entendía porque querías un avatar de mí con el que ser feliz si yo te producía tanta desazón y desdicha. Nuestra historia se quemó en la biblioteca de Alejandría el día que me dijiste que yo no había sido nadie, que todo era una broma y a mí me doliste como si lo hubiéramos sido todo. Pero ya sabes que tengo mucha imaginación y me creí tu broma, ¿cuánto tiempo se ríe una chica por una broma de siete años?



Nunca tuve la culpa de tu duelo patológico anticipado, ni de querer al hombre que eras; primero para mí, después para formar una familia. Yo quería a un hombre que mira a la muerte y no se esconde en las faldas de mi avatar por no ser lo bastante hombre como para mirar a su otra mitad y decirle, “vete niña que ya no te quiero”. Quería un hombre lo bastante hombre como para llorar la pérdida de las faldas de mamá y a mamá. Quería al hombre del que me enamoré y no al que perdía a escondidas en la boca de otra. Quería a un hombre que no viviera con el miedo al cáncer y a la muerte, quería un hombre que se hubiera curado para ser un buen padre, el padre que él quería ser conmigo. Espero que con cada “te quiero” dedicado a ella hayas borrado ya cada recuerdo como me demuestras. Espero que hayas de verdad olvidado que cuando ella dejó de respirar yo te abrazaba porque no querías contigo a nadie más y espero que de verdad tú hayas olvidado que miramos a la muerte juntos en silencio. Espero que hayas olvidado que tu dolor fue mi mayor dolor y que todo lo hice para salvarte fue porque tú me lo pediste y yo te quería. Espero que ella te haga padre de los cuatro hijos que querías conmigo y te maldigo con que no tengan nunca mis ojos que tanto deseabas en nuestra descendencia, porque mis ojos no se los puedes dar y eso se te pasó por alto viejo amigo cuando creabas mi copia en ella, vistiéndola como a mí y acostándola en tu cama mientras te preguntabas que hacías. Pero tú a lo tuyo, que yo aun me río de la broma.



Quiero que algún día sepas que mientras el avatar que has creado de mí iba de flor en flor dándose a la mala vida que tu detestabas en toda mujer y ella me lo contaba todo, yo cuidaba de ti y de tu familia poniendo en riesgo mi salud física y mental sin que ello me importara porque te quería así y no sabía querer de otro modo. Estaba tan necesitada de amor que no me preocupó mi salud, ni mi tiempo, ni mi dolor, sólo quería parapetar tu golpe porque yo entendía el amor así. Ella se gastaba el saldo en deciros a todos que os quería, no puedo competir...



Cuando mientras yo secaba tus lágrimas dentro de un velatorio, te estrechaba la mano y te escondía mi cansancio de haber sido durante un año tu encantada y enamorada sirvienta, ella y sus amigas me criticaban porque ella no podía estar ocupando mi sitio (si hubiera hecho sólo la mitad que yo, apuesto que nunca ella lo hubiera deseado y tú jamás te habrías atrevido a hacerme tanto daño) se pasaron todo el velatorio inquiriendo a mis amigos a mis espaldas que a ver qué pintaba yo. Francamente, en eso hoy estaríamos de acuerdo, dado como pasó todo después y como terminaste conmigo no sé que pintaba yo allí.

Quiero que sepas lo que es justo y es que mis crímenes para con ella fueron ser quién fui en tu vida y estar presente en una muerte que me dolió como de mi sangre y lo peor es que si te queda algo de corazón tras las costillas lo sabes... Nunca quise un primer plano en un funeral pero me lo hicisteis todos porque me queríais o eso decíais y me pregunté muchos años después qué suerte de amor olvida tan pronto haber compartido tanto. Me colocasteis allí y yo me dejé porque me parecía normal y necesario. Si ansiaba ese primer plano era en nuestra planeada boda, con alguno de los vestidos que habíamos mirado juntos, quería un primer plano en nuestro viaje a París, en nuestra noche cenando por el Sena. Quería escuchar tus rarezas sobre que el río huele raro y que el barco te mareaba... Ella quería un sitio ante una muerte, sin trabajo, ni sacrificio, ni amor alguno. Ella quería mi sitio, tú me derribaste para dárselo gratis. Yo quería que tu dolor fuera mío y es justo que lo sepas.



Pero sigue llevándola a restaurantes rosas que a mí me encantarían, sigue mintiéndote tan bien como empezaste a hacerlo en esa época y sé muy feliz con ella para que todo esto tenga sentido. De verdad sigue fingiendo que eres feliz porque tienes novia y que ella no se ha muerto que en un tatuaje llevas el dolor que te causó su partida.



Yo seguiré tratando de escapar a la rabia que siempre me alcanza, seguiré tratando de perdonarme por haberme dejado hacer tanto daño en nombre del amor. Porque todo este reproche no te lo hago a ti sino a mí que no me perdono esa flaqueza, esa humillación, no me perdono haberte querido y no me perdono entender como entiendo todo lo que haces. Quiero perdonarme por haber llamado amor a la servidumbre y la prostitución emocional, necesito hacerlo para creer que de verdad volveré a querer no de igual modo pero si a vivir un gran amor y no un Hacendado. Quiero saber engañarme tan bien como lo haces tú, pero no me sale...

martes, 19 de marzo de 2013

Día del "no tienes padre"

-Así que es tu cumpleaños ¿eh?

-Estoy aquí celebrando que me he pasado otro año […] Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos. Si pensara con claridad volvería a casa me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada. ¿Es suficiente realidad?



        Lo mejor de los días execrables es que se acaban y eso espero hoy. No necesito un día especial para acordarme de que no tengo padre, pero la “celebración” del Día del Padre sin Padre, es como un desierto sin arena.

No soy nadie para dar consejos y esto lo digo porque aunque suene fatal me he estado leyendo y he estado pensando en qué y cómo escribo, reflexionando y haciendo exámen y me he propuesto escribir de otra forma. He tenido la desagradable sensación -mientras me leía un libro de alguien que me recuerda asombrosamente a mi forma de escribir y expresarme- de que hay mucha parafernalia soberbia en lo que escribo. Es decir, podría haber dicho lo mismo, pero de forma menos chulesca. El primer paso es admitirlo, el último dejarlo dicen... He revisado eso y ya no me gusta. Como ya sabréis las personas soberbias lo somos para ocultar dolor, cuanto más dolor, más soberbia. No es porque seamos o nos creamos superiores, realmente nos creemos muy poco y nuestro mayor temor es que los demás se den cuenta de nuestro secretillo a cerca de lo poco que pensamos que somos. Nadie me ha dicho nada de toda esta autocrítica que me lanzo, supongo que por qué me quieren, pero en cualquier caso estaré al tanto de que mi vergonzoso afán de superioridad se vaya castigado al rincón de sentir porque ahí es donde la soberbia desaparece, en el rincón de sentir qué me pasa.



      Toda esta introducción como podéis sospechar es porque me resulta muy difícil. Como decía no soy nadie para dar consejos, pero quiero compartir algo que aprendí a los 21 cuando murió la madre de Alejandro. No esperéis para decir “te quiero”, yo nunca se lo dije a él, hasta que murió su madre. Sí, ya lo sé, yo, la más pastel de los pasteles azucarados con topping de fideos de colores no dice “te quiero”, sólo diré en mi defensa que lo demuestro con creces, es para lo poco en esta vida que no hablo demasiado, para demostrar a alguien que le quiero...



Me encantaba el cohete. Yo estaba arriba del todo, tú estabas justo ahí abajo, yo te miraba y gritaba:"¿me ves? ¡Mira lo que hago!". Desde aquí abajo ahora me pregunto si me ves y si ves lo que hago.
       Hice todo lo que pude por mi padre y más de lo que debí pero me siento culpable. A veces la culpa me deja divertirme un poco pero enseguida viene a recordarme (como si lo olvidara) que mi padre ha muerto. Que yo tenía un padre muy bueno y ya no lo tengo y a recordarme que me siento bastante “perro abandonado en la autopista”.

Hay personas que tienen padre como requisito meramente biológico y ontológico y sus padres viven. Hay padres que no quieren a sus hijas, ni a su mujer, o que las abandonaron y viven y diría me da mucha rabia, pero si fuera honesta conmigo misma admitiría que lo que me da es mucha pena. Me da mucha tristeza haber perdido a un padre tan maravilloso como el que tuve la suerte de tener y me da mucha tristeza todo lo que se ha perdido y todo lo que haré sin él, tanta tristeza que gran parte de mí se ha quedado en las noches en ese hospital sin ningunas ganas de hacer todo lo que sigue a estar sin él. Mucha gente me dice “deberías dar gracias de haber tenido un padre así” y bueno, lo dicen como “date con un canto en los dientes” que otros no lo hemos tenido... Realmente agradezco a la vida haber podido tener un padre y haberle regalado toda clase de estúpidas cosas de cuando eres pequeño; como la original mano puesta en arcilla con un “para papá” (la guardó como un tesoro y me salió fatal, me daba hasta vergüenza dárselo, pero él la mostraba a todo el mundo, como si tuviera un Monet en casa) ,o también aquel llavero de un búho pintado por mí, artículos de menaje para la cocina (le gustaba cocinar), libros... Ya siendo yo mayor hacíamos algo especial toda la familia y ya no había regalos infantiles, aun así pasábamos tiempo con él ese día siempre. Pero desde que murió mi padre han muerto todas las fiestas en mi casa. No pasa nada, me lo tomo como algo literario e inspirador, todas las princesas pasan por situaciones difíciles como esta u otras... Se lo agradezco a la vida normalmente, creo que soy agradecida, pero cuando me expreso en estos términos no tengo ganas de estar agradecida porque estoy muy triste y con perdón cagándome en mi puta mala suerte de haber perdido a mi padre y lo último que me apetece escuchar es que “he tenido mucha suerte” o que “debería dar gracias”. Hay días que puedo fingir cordialidad, hoy no lo soporto, estoy triste y punto y no tiene solución. Tampoco pasa nada, dicen los que saben que hay que estar triste para después estar bien pero ¿dos años y dos meses? Tic-tac, tic-tac...



      También hay dos clases de personas, las que me ponen plazo: “ya deberías tenerlo superado porque ya hace dos años” y las que me sentencian a sufrimiento perpetuo “triste ya vas a estar siempre pero te acostumbrarás”. ¿Me acostumbraré a la tristeza? Qué maravilloso. Ahora me siento mejor... Me vale con mi miedo de quedarme así para siempre, no necesito ayuda externa, pero la gente así en general no cesan en ofrecerme este tipo de “ayuda” y comentarios... Vale sí, es la mejor intención de todo el mundo, nadie nace siendo psicoterapeuta, acepto barco como animal acuático y acepto torpeza como buena intención, no me queda más remedio. Es eso o relacionarme con plantas...



     Por suerte, últimamente he encontrado excepciones que me han dado; esperanza, aliento, espacio y respeto. Personas con las que hablar de cosas que ahora me apetece hablar, como cosas profundas, cosas con las que nutrirme y que me dan un poco de alegría más allá de las fresas con chocolate y películas de los 40 y 50.



     Me ha encantado cruzarme en este difícil camino a pie que estoy haciendo y con la pesada mochila que llevo, con gente que sabe hasta dónde puedo y quiero dar y hasta dónde no. Que respetan lo que quiero y puedo hacer y no me agobian, ni exigen cosas que no puedo hacer. Personas con las que compartir nuevas inquietudes. Este blog puede parecer una tontería, pero es “mi tontería”, es mi espacio donde escribir, y ser creativa y ellas me han animado mucho y me siguen animando. Este fin de semana me puse muy contenta cuando dos chicas que no conocía me preguntaron muy sonrientes si yo era la del blog”, pusieron cara de fascinación y me dijeron por qué para ellas “mi tontería” era especial, como lo es para mí. Parece ser que además de tener mi catarsis con la escritura, hay a gente que le sirve de algo lo que escribo y eso es algo que no esperaba y que me llena mucho.

He encontrado personas con las que poder hablar de cosas como “Reiki” sin que pongan la cara de: “pobrecita-se-le-ha-ido-la-olla-con-lo-de-su-padre-la-hemos-perdido”.

Personas con las que hablar de “constelaciones familiares” sin miradas reprobatorias ni de juicio de valor. Y estoy muy contenta de haber recibido más de lo que merezco, porque yo siempre juzgo a la gente, es un defecto terrible que va junto con mi soberbia y del que soy consciente desde que leí el libro de la chica que escribe como yo. De todos modos, siento que en los últimos meses he aprendido bastante más a callarme como forma de respeto cuando no me piden opinión y sobretodo para evitar la polémica porque no me llena como me llenaba antes, o mejor dicho, me he dado cuenta de lo que me consumía antes. Hablaba tanto que no podía escucharme, y ya que estoy haciendo introspección creo que el silencio es justo y necesario.

Encontrarme con todo esto me ha devuelto un poco la esperanza, pensaba que siempre me sentiría sola con mis nuevas cosas con las que llenar mi vida y que me dedicaría a escribirlas aquí. No habría pasado nada tampoco, he estado a solas con mi dolor mucho tiempo, habría podido seguir porque así es como uno se hace fuerte y así es como yo no me voy con el primer “vende motos” del lugar, pero me siento muy feliz de tener compañía para compartir cosas positivas que van llenando mi vida y sus vacíos.



    He empezado con un fragmento de million dollar baby que me impactó mucho. Toda la película es fantástica, me siento muy identificada y siempre me inspira a no dejar el deporte o a volver a él. Tengo muchos defectos, pero que soy una luchadora no se me puede negar. Lo que ocurre es que después llega el día del padre y me canso de pelear con todo, de esforzarme para salir, para estar bien, para estudiar, para acabar la carrera, para ir al gimnasio y no caer en la inercia del “dolce far niente i mangiare di tutto”... Estoy muy cansada y hoy no puedo más. Ya sé que los adultos se esfuerzan y no se quejan por sus esfuerzos, lo que me lleva a pensar que será que no soy adulta, o será lo que sea, pero estoy harta y hastiada.

     Salgo pensando en pasarlo bien como toda la gente a mi alrededor, me esfuerzo, participo y no lo consigo, no es como antes... No me divierto como antes. Miro a mi alrededor, en cualquier, bar discoteca, fiesta, en la playa cine y pienso de esta gente que bebe, se droga, se emborracha y liga ¿quién no tiene padre?, ¿quién a perdido un padre como el mío?, ¿por qué todos se divierten y yo no?, ¿volveré a divertirme? Sé que puede parecer infantil, pero no siento para que le guste a nadie.

Lo he probado todo, incluso también hubo un tiempo en que había un chico que me gustaba mucho y también me sentía culpable, obviamente no podía compartirlo con él porque un hombre de hoy en día de los que te quiere de bolsa de agua caliente en su cama pero sin compromiso, no quiere escuchar cuando vas a pernoctar en su casa, “echo de menos a mi padre, lo estoy pasando fatal”. Esos tipos esperan que vayas “echada de menos de casa”, ellos no tienen la culpa o él en este caso. Si algo aprendimos de Shakespeare en Romeo y Julieta es que “los momentos de dolor no son para hablar de amor” y hombres que sepan lo que es el amor, como yo lo entiendo, no he encontrado a ninguno... Gracias a no haber encontrado ninguno me he encontrado a mí y eso seguro que es para toda la vida así que no pasa nada tampoco. Afortunadamente he encontrado personas que no ven anomalías en que yo esté sola y a solas con mi proceso, en que esté soltera y libre antes que con cualquier “vende-motos” que sepa mandar whatsapps con premeditación, nocturnidad y alevosía. Aspiro a más que eso, y si tengo que quedarme sola, será un placer porque estoy en la más leal compañía (la mía), no es negociable lo que pido y a quién me quiera no le parecerá “demasiado” le parecerá normal. Los hombres que te dicen eres “demasiado...” en el fondo están diciendo, “soy muy poco” y sobretodo están gritando: “me siento muy poco y sobretodo mucho menos que tú y no lo soporto”.



        Cuando digo que lo he probado todo omito lo más importante y que por supuesto no he probado; acabar la carrera. Eso no lo he probado. Primero, porque no me apetece. Segundo, he perdido la ilusión por la que la empecé y por último, ¿qué sentido tiene terminar y avanzar sin mi padre? Asumir que no estará nunca más. No tengo ninguna intención de asumir semejante robo y menos hoy cuando todo conspira para recordarme que mi padre no está.

Lo más inteligente parece acabar la carrera y después montar un kiosco o huir a Costa Rica pero aquí no puedo quedarme más.



      En conclusión, no es necesario gastar o regalar cosas, si podéis pasad tiempo con vuestro padre, nunca sabéis cuando va a ser su último día del padre, la última Navidad, o su último cumpleaños. El tiempo pasado juntos es lo que os queda y no si la corbata era Ermenegildo Zegna o Zara. Haced algo especial, disfrutad mucho de ellos, no esperéis a tener una edad “X” para hablar de “X” con ellos, no pospongáis al verano el tiempo en familia, no aplacéis ese gran viaje que siempre habéis querido hacer porque aunque suene muy teatral, “nunca sabemos cuanto tiempo nos queda” o eso he aprendido yo con todo esto. El tiempo es algo que no se recupera y vale la pena dedicárselo a nuestros padres para tener paz, en la medida de lo posible, cuando nos falten.

sábado, 9 de marzo de 2013

Escribir evita úlceras

Érase una vez la princesa Nemesia, una chica de 23 años como cualquiera de vosotras. Una chica con una melena muy larga y que entonces tenía los ojos muy grandes [...]



-De acuerdo, -le dijo su madre- vé a por las medicinas y a buscar a tu hermana al colegio, llama a Mariluz y leéle el informe a ver qué te dice.



       Nemesia bajó al garaje y pensó en llamar desde el coche a la prima de su padre, Mariluz era superdotada contaba con siete especialidades médicas antes de los 28, había ayudado a la familia en todas las enfermedades que habían padecido y que nunca fueron graves haciendo diagnósticos infalibles incluso en la distancia. La madre de Nemesia pasó un año yendo de un médico a otro que no acertaban a averiguar qué le pasaba, ella con un fax y una descripción de síntomas elaboró un diagnóstico y gestionó que la operaran desde donde ella vivía. Perdonad el vulgarismo, Mariluz era una crack.

Quería mucho a la familia y al padre de Nemesia como a un hermano, todos los primos crecieron y se criaron como hermanos, la distancia nunca les había separado. Nemesia decidió encerrarse en el coche a respirar un poco y llamarla por teléfono, no sabía muy bien qué hacer a pesar de que todo el mundo creía que ella sabía a la perfección qué hacer y cómo en cada momento, ella llevaba el timón y el barco, el capitán estaba muy enfermo...



-Léeme el informe.

-...mamelones neoplásicos sugestivos de ser malignos.

-¿estudiabas letras? ¿de verdad no lo has entendido?

-No lo entiendo muy bien...

-Siento ser yo quién te lo diga, pero no hay nada qué hacer.[...] Cada vez perderá más plasma y se le encharcará el pulmón, cuando le drenen se le volverá a encharcar, se irá debilitando hasta morir...El cáncer de pulmón tiene muy mal arreglo... Si no queréis decírselo que no lea este informe, él lo entenderá perfectamente, como tú lo has entendido...

-Mi padre tiene la ilusión de pasar las navidades en el pueblo con la familia, le ha pedido a mi tío que comprara un pavo para navidades, pensábamos pasarlas todos juntos, nunca nos hemos reunido todos en navidades...

-No sé como podría ser un viaje en su estado, bueno sí que lo sé y sufriría mucho pero no os lo dirá, os quiere demasiado... De todas formas yo creo que merece la pena morir con ilusión ¿no te parece?

-¿Quieres decir que le queda menos de un mes?

-Quisiera equivocarme y me escuece mucho ser yo la que te diga esto, pero por lo que me has leído... ¿Ha perdido mucho peso?

-No, está muy bien, cuenta chistes a todo el mundo, come hasta bombones para curarse...

-Él es fuerte y casi que será peor porque tardará más en morir.



      Fueron 52 minutos de conversación, Nemesia no lo recuerda pero pasó una hora y media entrando y saliendo del coche. Pensó en llamar a alguien, no guardarse algo así para sí misma, pensó en algunas pocas personas pero nadie le pareció apropiado, todos restarían importancia o no serían fuertes, ella debía cargar a solas con eso, debía callarlo y enterrarlo a su padre, a su madre y a su hermana. Su hermana... No dejaba de pensar en ella, era tan joven, por fin había encontrado su camino y no iba a tener un padre en él y su madre... Toda una vida con el mismo hombre. Nemesia se preguntó un breve instante cómo se le dice a una madre "el amor de tu vida se muere lenta y dolorosamente", ¿cómo se protege a una madre de eso? ¿y a una hermana que por fin ha encontrado su camino y no sospecha que la muerte no perdona a nadie? Entonces se confirmó a sí misma que debía guardárselo. Pensó en llamar a Alejandro, pero Alejandro la repudió después de morir su madre también de cáncer. Desde entonces todo entre ellos había muerto lenta y dolorosamente, sólo hacía dos años y le parecía una eternidad. 
Hacía a penas una hora había sabido que su padre moriría y cómo sería. Y entonces, ¿cómo asumir compartirlo con Alejandro y que éste se mostrara evasivo o no quisiera ni siquiera hablarle? No podía respirar, entró al coche se sentó, sacó el segundo paquete de Marlboro del día, no podía llorar estaba bloqueada. Salío, se ahogaba. Ella no lo recuerda pero daba vueltas alrededor de su propio coche, dudando qué hacer, dónde ir, a quién acudir. “A nadie, estoy sola con esto” -pensó y tomó una decisión-.Si se muere de verdad me suicidaré, tomaré pastillas y no sentiré nada, sí eso haré”. “Ojalá hubiéramos muerto todos juntos en un accidente de coche y no tendría que pasar por esto”. “¿Y mi boda?” “¿y el baile?”, bailamos en todas las bodas y nunca bailaremos en la mía, nunca leerá los libros que le regalé, no tendrá tiempo. “¿Mis hijos?” “Cuando sea abuelo les enseñaré a dar de comer moscas a las arañas”-recordó con un dolor insufrible qué él solía decir y ya nunca lo haría-. “No he terminado la carrera ni lo verá”, “nunca la terminaré, no pienso terminarla ni seguir sin él, cuando muera me suicido, no puedo ir al funeral, pero no quiero dejarlas solas pasando por eso”. “Es mejor que me suicide después del funeral, espero que me dejen sola, tal vez es mejor suicidarme cuando haya pasado un año, hacer creer a todos que estoy bien y luego irme a morir en la montaña sola para que no sufran...”

“¿Por qué no puedo morir yo por él? Yo me cambiaría”, “él hace más falta en casa que yo”. “A mí de verdad no me quiere nadie y a él lo quiere todo el mundo”, “seguro que si deseo morir yo con mucha fuerza lograré que él se salve, daré mi vida por la suya”. “Seguiré así, sin comer ni apenas dormir y fumando a saco, tal vez así me ponga enferma y me muera y no tenga que suicidarme”. Pensando todo esto se dio cuenta de que estaba sola con esa carga, sabía que así debía ser y decidió callarse para siempre.

Recogió a su hermana en el colegio, ensayando para hacer el papel de su vida como la princesa más fuerte de la historia, realmente se le daba muy bien. Había “ensayado” con la enfermedad y muerte de la madre de Alejandro durante dos años, proteger y dar amor y esperanza le salía tan natural como respirar.

    Nemesia le dijo a su madre que Mariluz le había dicho que debían esperar a los resultados de la biopsia y que estuvieran tranquilos. Mentir a su madre para protegerla fue difícil por el motivo del que se trataba, no por mentir para protegerla porque llevaba haciéndolo desde tan pequeña que no recordaba cuando empezó.


      Esa noche, como era habitual hasta que el padre fue ingresado, fueron al bar de siempre. César no lo recuerda y ella nunca lo olvidará por las circunstancias que envuelven el caso pero él la abrazó y era un hombre de esos que no expresaba emociones. Realmente lo que le ocurría a César es que estaba bastante amedrentado por la mujer que era Nemesia, por la mujer que todos ven en ella menos ella. No esperéis oir nada grandilocuente, él después del abrazo la miró y no solía mirarla, era tímido, pero la miró tan de verdad que le costó no soltar coraza escudo y lanza y llorar ante él. Dijo: “te admiro muchísimo Nemesia, sólo siento admiración por ti y por todo lo que haces por tu familia y lo fuerte que eres, todos te admiramos y yo estoy muy impresionado, te llevo cinco años y no podría hacer lo que tú. Eres muy valiente y... es verdad que tienes unos ojos preciosos”. -No os encariñéis con César porque no salió bien, él tenía sus propios planes y ¿adivináis qué? No eran quererla y cuidarla. De todas formas, hay actos insignificantes o que ni siquiera recordamos (como lo que César dijo a a Nemesia que para él no significó nada ni ha existido nunca) que suponen un punto de inflexión, en la vida de otros-.

   Nemesia después de esta breve conversación se fue al baño a llorar, “qué duro”-se dijo-, “el mismo día que sé que mi padre va a morir me doy cuenta de que me gusta un chico y es casi un hombre porque es mayor... ¿Será verdad que toda muerte conlleva nacimiento?, ¿y si él fuera lo que he estado esperando? qué pena “enamorarme” cuando mi padre va a morir y cuando yo voy a suicidarme. Me habría gustado besarle al menos una vez antes de morirme pero no se me ocurre nada de ser peor hija que pensar en algo así cuando mi padre se está muriendo... Pero él parece comprensivo... Debo de ser la peor persona del mundo por seguir pensando en esto en un momento así”. “Todo esto es una tontería, seguro que no siento nada pero estoy pasando por el peor momento de mi vida y estoy confundida. Sí tiene que ser eso”.



      Una semana después, Nemesia decidió que daba igual la novia de Alejandro, su vida al margen de ella y todo lo que había pasado hacía dos años. Ella sólo concebía podérselo contar a una persona en el mundo y evidentemente lo eligió a él, o más bien se rindió a la idea de contárselo a alguien y como tenía muchas ganas de que alguien la sostuviera en el peor momento de su vida y alguien tenía que ser Alejandro pues se lo contó sólo a él.

-Alejandro, mi padre...- él la cogió de la mano instintivamente, ella como estaba convencida ¿y aun lo está? De que era el amor de su vida quiso pensar que fue por proteción y cariño, pero sólo fue un impulso.- Se está muriendo y no puedo creerlo, nadie lo sabe, por favor no se lo digas a nadie, será nuestro secreto otra vez... No puedo creerlo.

-Ni lo creerás, de mi madre hace dos años y yo aun no lo creo...

El impulso la venció y habló sin pensar.

-Le prometí a tu madre cuando murió que si tenía una hija -Nemesia omitió muy prudentemente el “mos” si teníamos una hija, fue lo que quiso decir y calló- se llamaría como ella. Yo la quería mucho y la admiraba mucho, ¿lo sabes verdad?.



       Ella sabía que él ya no quería recordar esas cosas, o peor, que ni las recordaba. Pero pareció que estaba pasando un milagro. Él la miró como antes cuando eran dos mitades que formaban un todo, sólo fue una milésima de segundo, por primera vez en dos años desde el funeral ¿¡Alejandro iba a llorar a solas con ella!? Pero los milagros no existen así que sí, él se emocionó, bajó la mirada reprimió el llanto y el nudo en la garganta... Pero en un parpadeo volvió a alzar la vista y le dijo.

-Bueno -le dio un leve toque en la mano y sonrió como si nada, el desconocido había vuelto- hablemos de cosas felices, mi hermana está embarazada, voy a ser padrino. ¿no es muy fuerte?

Nemesia, cuando Alejandro la despidió con un ademán diciendo: "me voy corriendo a por el bus que llego tarde a ruso dale un beso a tu padre" rompió a llorar. Lloraba con todo el cuerpo pensando en aquella canción que hacía dos años fue tan importante porque ella en su eterno amor ciego seguía pensando que "había demasiados buitres negros, que él era demasiado bueno para ellos y que era demasiado frío el momento en que ella lo estaba perdiendo todo" incluido a a Alejandro otra vez.

[…]

      Era oficial, estaba completamente sola ante la muerte de su padre, sólo había reunido fuerza para decírselo a alguien y le había hecho daño; sin querer, sin saber, como sea pero le hizo daño. Nemesia pensaba que aquello que los separó -(la muerte de su madre por la misma enfermedad que ahora mataba a su padre)- ahora que ella estaba padeciendo lo mismo, él tendría piedad y compasión y los uniría... Pero como las desgracias nunca vienen solas tuvo que asumir, y asumió también, el golpe de que Alejandro no iba a estar para ella como ella estuvo para él hacía sólo dos años.



Y entonces Nemesia tuvo que aprender y aprende todavía muchas cosas en la escuela de la Vida y colorín colorado este cuento no ha terminado.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Qué (no) hacer

         Este es un fragmento comentado del libro de Jorge Bucay: El camino de las lágrimas. He intentado evitar escribir algo así y seguir "pasando de todo" no dar lecciones, pero como soy la afectada directa intento protegerme en todo momento, acabo de ver million dolar baby y comparto que esa norma es la más importante.



Para poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido algo o a alguien valioso es
posible hacer muchas cosas, pero es necesario dejar de hacer algunas otras.
Transcribo aquí abajo una pequeña lista incompleta de algunas premisas importantes
Tener en cuenta las actitudes que no ayudan:

1.. No le digas que lo comprendes si no pasaste por una situación similar.
2.. No hagas lo que hace la gente "porque es lo que se acostumbra"
3.. Decídete ayudar hasta donde tu corazón te pida y no hasta donde tu cabeza te exija.
Nunca hagas lo que no quieres hacer.
4.. No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
5.. No te empeñes en animarlo ni tranquilizarlo, posiblemente lo que más necesita el otro
es que lo escuches.
6.. No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
7.. No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.
8.. Evita las frases hechas.
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: "Tienes que olvidar" "Fue mejor así" "Dejó de sufrir" "El tiempo todo lo cura" (odio esta puta frase, de nada) "Mantente fuerte por los tuyos" "Es la voluntad de Dios" "Es la ley de la vida" Dejar que se desahogue. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida. Estás equivocado si piensas que dejarlo llorar no sirve más que para añadir dolor al dolor. Estás equivocado si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerlo de su pesar. Es mediante la actualización y la expresión de los sentimientos que la persona en duelo se puede sentir aliviada y liberada. No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tenés que decir o hacer nada en especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.
Tampoco temas llorar o emocionarte con su llanto. No hay nada de malo en mostrar tu pena, en
mostrar que a vos también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo o familiar en esa situación. Lo que más necesita el que está de duelo, por lo menos en estos
momentos, es una oreja para poder hablar, un espacio para sentirse débil y un hombro para llorar.
Esta es quizás la premisa más importante para recorrer el camino de las lágrimas con un ser querido: NUNCA interrumpas la expresión del dolor. Mucha gente corta intencionalmente las expresiones emocionales del otro con una supuesta intención de protegerlo de su sufrimiento pero ocultando (a veces sin siquiera saberlo) la verdadera intención: protegerse de sus propias emociones dolorosas.
Hablar del ser querido que ha muerto. Es imprescindible, cuando estamos cerca, permitirle al que está de duelo que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite del difunto y participar con naturalidad de ese diálogo.



***



La mejor droga es sin lugar a dudas la presencia sostenida de quienes amorosamente deciden acompañar al que pena hasta el final de este camino.
Y de todas maneras, de ellos se reciben no sólo las "buenas palabras" sino también, muchas veces, "las malas bienintencionadas acciones".


Las buenas palabras son, por ejemplo:
Respeto,
Permiso,
Compañía,
Sostén,
Ayuda,
Facilitamiento,
Propuesta,
Presencia.
Y las "malas" acciones podrían ser:
Forzar,
Empujar,
Manipular,
Salvar,
Interrumpir,
Olvidar,
Invadir,
Apurar.
Aceptemos que puede haber alguien que está muy triste, con mucho dolor, y que con
sinceridad no quiere por ahora que lo ayudes a salirse de ese lugar.
Hay que tener mucho cuidado, hay que ser muy respetuoso.
A veces es muy difícil saber si estás molestando o estás ayudando, (preguntar si molestas constantemente es una gran idea, mejor que molestar por miedo a preguntar).
Sumándose al duelo, los manejos de los padres y otros familiares o de algunos amigos (pocos amigos) determinan, a nivel social, una presión culposa a veces más insoportable que el dolor de la misma pérdida.
Me parece bueno acercarse y me parece bien proponer; pero estoy seguro de que hay que evitar los "hazlo por mí".
A veces escucho, por ejemplo:
"Tienes que salir, porque tienes familia...
porque tus amigos...
porque tu carrera...
porque fulano...
porque mengano...
Y yo digo, puede que sea una buena idea recordarle que hay otras cosas, pero no lo es forzar una actuación y menos desde la culpa, porque a veces, como dijimos, hay que preguntarse sinceramente si lo que estoy queriendo es ayudarte a salir por ti o estoy queriendo que tú salgas de tu tristeza, porque soy yo el que no soporto verte triste. Antes de decir nada al doliente, pensar en esta última idea.