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jueves, 26 de septiembre de 2013

San Seacabó

Mulan estaba muy triste puesto que no lograba destacar en nada y además había avergonzado a su familia. Su padre con la mirada llena de amor se le acercó observó en rededor señaló una flor de loto aun por florecer a la Vida y le dijo:

"Vaya, vaya qué flores tan bonitas tenemos este año... ¡pero mira! esta es Tardía... Seguro que cuando haya crecido será bella, la más hermosa de todas".

Para celebrar este día en que ya todo ha terminado y me he licenciado... Este día; de liberación, de catarsis, de victoria tardía de sabor agridulce y de color ciprés, para celbrarlo estaré bailando en mi corazón. Bailaré todo el día y toda la noche con mi compañero de baile, el de todas las bodas menos de la mía futura (si acontece)... En mi alma habremos comprado billetes para ir juntos a comprarme mis zapatos de princesa, los zapatos prometidos desde que tengo edad para apreciarlos.
En mi alma habremos ido a cenar a ese sitio tan especial, todos juntos y en mi alma estaremos bailando siempre hasta que volvamos a reunirnos cuando yo trascienda y nuestras almas bailen eternamente.

viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Sobre los refugios y el deporte

       Estaba sobre la máquina elíptica y pese a que el sonido del mp3 llenaba mi cabeza con música que incitaba a todo menos a pensar, la mente siempre sigue sus propios derroteros.

Entonces pasó una chica, unos 22 años, una mujercita de esas con mucho estilo, un estilo que trasciende las lindes de ir al gimnasio con ropa deportiva, llevaba unos leggins de estampado étnico como hechos para ella, y unas zapatillas negras de deporte, similares a las tipo Victoria, muy especiales, jamás vi a ninguna chica con unas iguales en el tiempo que llevo yendo al gimnasio. Melena larga y negra, piel cetrina, no pasaba desapercibida. Llevaba unas gafas de sol wayfarer colgadas del escote de la camiseta.

Me gustan esas gafas en bastantes personas menos en mí. Los años que hace que vivo conmigo misma y como me cuesta aceptarme del todo físicamente... Pero no es eso, es que a mí no me quedan bien, tengo cara de luna llena, nunca menguante... Siempre la he tenido. Es curioso lo bien que quedan esas gafas de sol a los hombres de mediana edad. Siempre me han parecido gafas de padre. El padre de Tessa las tiene y le quedan de cine. Me pregunto como les quedarían a los padres de jóvenes, mi padre estaba guapísimo con las wayfarer, le quedaban sorprendentemente bien ¿debió de tener esas gafas de sol de joven o el modelo aviador?, ¿tenía gafas de sol de joven? ¿las usaba? Entonces entra la imagen de él en la óptica, mientras mi hermana se probaba las trigésimo cuartas gafas sin decidirse, él se probó las wayfarer mientras yo le decía que eran el último grito, que estábamos copiando a su generación en los estilismos. Hizo un gesto gracioso, una payasada típica de mi padre para indicarnos que estaba posando con las gafas de sol, no pude evitar decirle lo guapo que estaba. Recuerdo la vergüenza que le daba que le dijeran algo así, era bajito, motivo por el cual nunca se sintió guapo, como si eso estuviera reñido con la belleza... Las gafas le quedaban muy bien, mi hermana y yo estábamos tan convencidas que le insistimos en que se las comprara pero él , como siempre, sólo quería caprichos para nosotras no para sí, me preguntó si las quería yo... Pudimos habérselas regalado, a finales de este mes sería su cumpleaños, ahora ya es tarde. Siempre haciendo el payaso, era muy gracioso.


        Recuerdo seguidamente que en el hospital cuando le dieron la primera sesión de quimioterapia, se dio un tirón en el pelo cuando le quitaron la vía, -(comprobando si ya se le empezaba a caer, pero justo acababan de darle la primera quimio)-. Yo le pregunté, que si se le caía el pelo a ver si querría pañuelo o peluca. No por quedarse calvo, sabía que eso no le importaba, no era presumido. Pero pensé que tendría frío en la cabeza. Él, ni corto ni perezoso, cogió una toalla que había sobre la cama, se la enrolló en la cabeza y me dijo: "yo con esto y unas frutas encima a lo Celia Cruz" y puso los brazos en cruz imitando el recurrente paso de baile salsero de agitar hombros y pecho...


Se ha perdido tantas cosas...


        Voy a llorar, pero estoy en el gimnasio por la tarde, hay mucha gente y buena luz, verán que lloro sobre la elíptica. Como tengo un nudo en la garganta empiezo a pedalear como si no hubiera un mañana, llego a las 175 pulsaciones por minuto y me quedo ahí reprimiendo el llanto, pensando en por qué he ido al gimnasio esa tarde, repitiéndome que si sigo pedaleando estaré bien, que luego voy a danza africana, que me encantan las trenzas de mi profesora y su sonrisa de boca grande. Y pienso en la sonrisa de mi padre con la toalla en la cabeza, en una habitación de hospital, al final de su vida, al principio de su muerte, pero pedaleo más rápido para no llorar, para calmar la ansiedad. Pienso que luego iré a bailar hip hop que la música me gusta, que me encanta, que no tengo ni puñetera idea de bailar, pero allí me siento bien y formo parte de un grupo de personas. Somos mucha gente y todos escuchando la misma música, todos bailando a un mismo son. Quiero irme a casa pero me recuerdo por qué he ido al gimnasio. Pienso en Million Dollar Baby, siempre pienso en esa escena de la película cuando no puedo más en el gimnasio, sentí mucha empatía con ese momento.

“[...]Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos, si pensara con claridad volvería a casa, me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada, ¿es suficiente realidad?”

     Quiero irme a casa pero no debo, hoy me he prometido tres clases, mi lado salvaje pide venganza por la muerte de mi padre, pide expresión física, los ritmos negros de danza africana me sintonizan con mi lado salvaje, esa música tiene un efecto de comprensión sobre mis emociones que me lo dan muy pocas cosas y personas, tengo que ir a esa clase o me daré a las fresas con chocolate en casa y a pensar en lo puta que es la vida por quitarme a mi padre mientras mi madre ronca dos paredes más arriba que en la que yo engullo fresas en bata y pijama. Me repito que no hay soluciones fáciles a problemas difíciles y que el movimiento lo estoy demostrando andando. Una parte de mí, la gruñona Rotenmeyer, me dice que de todos modos de nada sirve lo que hago en el gimnasio, que mi padre está muerto, que la vida es una mierda... Pero la otra sigue a 175 pulsaciones y no piensa dar tregua. Además voy a ir a danza africana y además luego a bailar hip hop. He hecho cosas más difíciles que resistir a llorar en el gimnasio, mucho más. Llevo 55 minutos corriendo sobre la elíptica he notado que la chica de al lado me miraba pasmada tratando de disimular, también un joven que hacía abdominales llevaba un rato mirándome...


    Me voy a danza africana y lo doy todo pese a que estoy cansada, deprimida, nerviosa, inquieta por mis pensamientos. No tengo ganas pero estoy sonriendo, me sale solo, ¿será verdad lo que dicen de las endorfinas? Segunda clase superada, aun quiero irme a casa. Nadie se puede imaginar como me siento ni entenderlo, no hay mucha gente de mi edad sin padre y con una madre que salvar, es una situación que ocurre a los cuarenta o cincuenta. Por eso mi hermana acostumbra a llamarme vieja.


Va a empezar la tercera clase, la haré y me iré a dormir, no quiero saber que el mundo existe sin él.

Entonces entra un aluvión de gente en la sala, mucha más que habitualmente. Voy a hacer algo nuevo, me voy a poner en primera fila. Me da vergüenza, en primera fila todo el mundo puede observarme, observar mi cuerpo y sus defectos, tengo el espejo delante. Los espejos son los enemigos de las personas que no nos aceptamos, me cuesta enfrentarme a los espejos, y en el gimnasio más. Pero voy a aumentar la dificultad del momento y a aguantar el tipo en primera fila. Mi Rotenmeyer interior me recuerda que bailo arrítmicamente, que no tengo ningún talento ni estilo para el baile, que no es lo mío y que en primera fila todo el mundo me verá errando mientras bailo. “Igual hasta se ríen de ti, mejor vete atrás” me espeta. Yo paso de ella, estoy tan triste que ya ni me duele que me recuerde que soy un pato mareado bailando.

Están entrando todos los profesores de baile en la sala, la de africana que ya estaba dentro, el de hip hop, la de moderno, la de danza oriental y bollywood...

-Oye perdona ¿hay alguna clase especial y yo no me he enterado?-le pregunto a la chica de detrás mía.

-Sí, hoy es la master class de zumba.

“No vas a resistir, no has hecho zumba en la vida. No te vas a sentir mejor por quedarte. Vete a casa, no vas a estar más guapa ni esbelta por quedarte. Siempre serás graciosa, no pidas más. Por lo menos ten vergüenza y vete atrás para que nadie te vea, delante se ponen los que saben y las guapas que hacen de un grácil movimiento de brazo un paso sexy”.


Mi mitad sana piensa en irse a casa también, Rotenmeyer la está tratando de contagiar, me teletransporto, en casa estará todo por hacer, todo como lo dejé. Estará todo oscuro, se oirá el televisor, mi madre estará en la butaca roncando, da igual que sean casi las ocho de la tarde... Entonces me dice: “¿te vas a ir a casa para ver eso?, esto es una nueva experiencia ¿por qué no la pruebas y luego ya me dices que no puedes y que no te gusta?”. Le doy la razón a mi parte sana y mando a Rotenmeyer a rezar el rosario un rato, con su chal de lana y su moño.


Observo en rededor, somos mucha gente, espero que no me miren, todos disfrutando de la misma música; una música que invita al movimiento, a bailar, al ritmo, a sentirse vivo. Los profesores están animando a toda la clase llevando la batuta del baile. Me sorprendo de captar casi todos los pasos y poder reproducirlos, para mí es importante porque no me he marchado, me he quedado y me he atrevido a colocarme en primera fila; el lugar de las guapas y los/as que saben de qué va la clase en cuestión. Pienso menos en mi padre, motivo por el cual prefiero las clases dirigidas a dedicarme a pensar en la sala de máquinas.

      Me siento muy bien de repente y estoy tan agradecida de sentirme así por fin que me emociono y se me saltan las lágrimas pero sigo bailando porque llorar en público aunque ahora sea de alegría, no me gusta.


    ¡Bien! un día más lo he logrado, al menos me queda eso para mí, si me hubiera ido a casa, si hubiera cedido a Rotenmeyer no habría podido participar de esa clase grupal de zumba, ni de las divertidas risas de mis profesores

He tapado la boca un día más a todos/as los que me insisten en que debería tomar antidepresivos o tranquilizantes. Es muy importante para mí no haber caído en las redes de los primeros, me siento muy orgullosa de sobrevivir sin ellos de haber sido fuerte para ir en contra de todos (familia incluída) los que me decían cosas tan constructivas como "si los tomaras ya te habrías licenciado". Me enorgullezco de no caer en la solución fácil al problema difícil. Un día más he hecho algo sano por mí y por mi cuerpo. Un día más no me he refugiado, en beber, fumar, comer, salir sin ganas, en un amor de pacotilla por no estar sola, en comprarme mucha ropa y calzado que no necesito u otros cuatro bolsos más y pastillas para dormir. Un día más he sido luchadora, fuerte y valiente y mañana más de lo mismo.



    Me siento feliz de no rimar tristeza con cerveza como antes, de ir contracorriente, de pelear por lo que creo que es enfrentarme a mis poderosos demonios y no caer en los refugios fáciles que conozco tan bien. Esos refugios que atrapan, que no te sueltan, que están muy cerca. Los conozco bien me quedé unos años en ellos y cada día, cuando hago deporte pienso en “million dollar baby”, pienso en por qué no voy a volver a esos falsos refugios. Para la tristeza no tomo prozac, ni valium, ni diazepan. Tampoco soy de esa gente de “bueno, solo es media pastilla” y eso es importante para mí. ¡NO! Ni una pastilla ni media para reír químicamente, quiero hacer este camino nítidamente, en lo bueno y en lo malo. ¿Qué pasa por arrojarse al suelo a llorar el luto y gritar por qué puta jugada del destino mi padre no está más en el mundo? No pasa nada, hay que ser valiente para romperse así literalmente y recomponerse sin ayuda química, eso quiero hacer y eso hago.



Para la tristeza tomo tres raciones de gimnasio. Mucha gente me dice “es que yo no tengo tiempo” pero “quien quiere hacer algo encuentra el medio, quien no quiere hacer nada siempre encontrará excusas”. Es un paso difícil el del deporte, yo me negué muchos años a darlo, siempre encontraba excusas. Es la solución difícil, la que al principio da pereza, pero cuando me atreví a cruzar eso y traspasar la pereza, las excusas y de refugiarme en; "es que no tengo ganas de hacer nada” encontré un aliado para no sucumbir al extendido consumo de “happy pills”-(pastillas de la felicidad para los que somos de la LOGSE). Mi aliado el deporte es el mejor refugio que he encontrado y no daña mi salud ni mi economía como los demás. Me ayuda a luchar por ser feliz al natural.




sábado, 13 de abril de 2013

El tabaco mató a mi padre

“Cada vez sube más esta mierda del tabaco. No entienden que estamos en crisis, que no se puede pagar casi 5 euros por una cajetilla, es que ha subido hasta el tabaco de liar”.



-Buenas una cajetilla de tabaco.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con la graduación de mi hija.



-Buenas un cartón de tabaco.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con la boda de mi hija y llevarla al altar del brazo.

-Lo siento ayer subió el precio. Le costará también el primer baile nupcial.

-Bueno... ¡Qué caro se está poniendo esto!, póngamelo igualmente.



-Muy buenos días. Me llevaré dos cajetillas de rubio, una de mentolados y dos mecheros.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con el nacimiento de mi primer nieto.

-Lo siento señor no le llega. Le faltan sus primeros pasos, los cuentos para dormir del fin de semana y me temo que llevarle al parque con su esposa.



-Perdone, ¿tiene cambio de mi jubilación para la máquina de tabaco? Es que le he metido el primer viaje de jubilado con mi esposa, pero no lo acepta la máquina y he rascado...

-Es que ha subido. Necesita, también sus ilusiones de pasar medio año en la casa de su infancia del pueblo y medio año en la ciudad de sus hijas para estar con todos los nietos.

-Ya decía yo, que era raro que no lo cogiera la máquina.



-He comprado dos cartones para el viaje, fuera de España el tabaco es imposible de pagar.

-¿Qué te debo?

-Que tu mujer y tus hijas lloren frente a una cama de hospital sin consuelo ni esperanza, que te necesiten cada día. Que tu hija pequeña tenga que ir a un funeral con lo que le duelen esas cosas.

-Cada vez que sube, me planteo dejarlo... Pero ahora que me voy de viaje...

-Bueno, de algo hay que morir, a mí el tabaco no me afecta. Nunca he tenido tos por las mañanas ni me ahogo al hacer deporte. Yo creo que exageran mucho con todo esto del tabaco ¿me voy a morir por un cigarro después de comer? ¡qué tontería! Puedo morir atropellado cruzando la calle...







Podemos poner cuantas excusas queramos pero el tabaco mata. Hay que morir de algo, pero no creo que a nadie le guste morir ahogándose.



Es una manera de hacer colección de posibles cánceres de: lengua, laringe, faringe, garganta, esófago, estómago, pulmón, piel, hígado y páncreas.

Multiplica por dos las posibilidades de sufrir enfermedades coronarias, puedes morir de un infarto a los 30 por el placer de fumar. Y la vida no es el Super Mario, no hay setas que den vidas de repuesto, sólo hay una y puedes perderla para siempre por algo tan simple como fumar. A priori no parece muy inteligente.

Produce acné, es malo para los ojos, los dientes se amarillean o se ponen grises. Causa mal aliento, la ropa apesta a cenicero y la piel también.

Si se fuma una media de una cajetilla por día, o dos el fin de semana, resultan de media unos 140€ al mes, eso es mucho dinero.



Definitivamente sí que es caro el tabaco, valorando que lo pagas con tu vida y con el dolor de la gente que te quiere y que ya no te tendrá nunca más. Es condenadamente caro.

martes, 19 de marzo de 2013

Día del "no tienes padre"

-Así que es tu cumpleaños ¿eh?

-Estoy aquí celebrando que me he pasado otro año […] Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos. Si pensara con claridad volvería a casa me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada. ¿Es suficiente realidad?



        Lo mejor de los días execrables es que se acaban y eso espero hoy. No necesito un día especial para acordarme de que no tengo padre, pero la “celebración” del Día del Padre sin Padre, es como un desierto sin arena.

No soy nadie para dar consejos y esto lo digo porque aunque suene fatal me he estado leyendo y he estado pensando en qué y cómo escribo, reflexionando y haciendo exámen y me he propuesto escribir de otra forma. He tenido la desagradable sensación -mientras me leía un libro de alguien que me recuerda asombrosamente a mi forma de escribir y expresarme- de que hay mucha parafernalia soberbia en lo que escribo. Es decir, podría haber dicho lo mismo, pero de forma menos chulesca. El primer paso es admitirlo, el último dejarlo dicen... He revisado eso y ya no me gusta. Como ya sabréis las personas soberbias lo somos para ocultar dolor, cuanto más dolor, más soberbia. No es porque seamos o nos creamos superiores, realmente nos creemos muy poco y nuestro mayor temor es que los demás se den cuenta de nuestro secretillo a cerca de lo poco que pensamos que somos. Nadie me ha dicho nada de toda esta autocrítica que me lanzo, supongo que por qué me quieren, pero en cualquier caso estaré al tanto de que mi vergonzoso afán de superioridad se vaya castigado al rincón de sentir porque ahí es donde la soberbia desaparece, en el rincón de sentir qué me pasa.



      Toda esta introducción como podéis sospechar es porque me resulta muy difícil. Como decía no soy nadie para dar consejos, pero quiero compartir algo que aprendí a los 21 cuando murió la madre de Alejandro. No esperéis para decir “te quiero”, yo nunca se lo dije a él, hasta que murió su madre. Sí, ya lo sé, yo, la más pastel de los pasteles azucarados con topping de fideos de colores no dice “te quiero”, sólo diré en mi defensa que lo demuestro con creces, es para lo poco en esta vida que no hablo demasiado, para demostrar a alguien que le quiero...



Me encantaba el cohete. Yo estaba arriba del todo, tú estabas justo ahí abajo, yo te miraba y gritaba:"¿me ves? ¡Mira lo que hago!". Desde aquí abajo ahora me pregunto si me ves y si ves lo que hago.
       Hice todo lo que pude por mi padre y más de lo que debí pero me siento culpable. A veces la culpa me deja divertirme un poco pero enseguida viene a recordarme (como si lo olvidara) que mi padre ha muerto. Que yo tenía un padre muy bueno y ya no lo tengo y a recordarme que me siento bastante “perro abandonado en la autopista”.

Hay personas que tienen padre como requisito meramente biológico y ontológico y sus padres viven. Hay padres que no quieren a sus hijas, ni a su mujer, o que las abandonaron y viven y diría me da mucha rabia, pero si fuera honesta conmigo misma admitiría que lo que me da es mucha pena. Me da mucha tristeza haber perdido a un padre tan maravilloso como el que tuve la suerte de tener y me da mucha tristeza todo lo que se ha perdido y todo lo que haré sin él, tanta tristeza que gran parte de mí se ha quedado en las noches en ese hospital sin ningunas ganas de hacer todo lo que sigue a estar sin él. Mucha gente me dice “deberías dar gracias de haber tenido un padre así” y bueno, lo dicen como “date con un canto en los dientes” que otros no lo hemos tenido... Realmente agradezco a la vida haber podido tener un padre y haberle regalado toda clase de estúpidas cosas de cuando eres pequeño; como la original mano puesta en arcilla con un “para papá” (la guardó como un tesoro y me salió fatal, me daba hasta vergüenza dárselo, pero él la mostraba a todo el mundo, como si tuviera un Monet en casa) ,o también aquel llavero de un búho pintado por mí, artículos de menaje para la cocina (le gustaba cocinar), libros... Ya siendo yo mayor hacíamos algo especial toda la familia y ya no había regalos infantiles, aun así pasábamos tiempo con él ese día siempre. Pero desde que murió mi padre han muerto todas las fiestas en mi casa. No pasa nada, me lo tomo como algo literario e inspirador, todas las princesas pasan por situaciones difíciles como esta u otras... Se lo agradezco a la vida normalmente, creo que soy agradecida, pero cuando me expreso en estos términos no tengo ganas de estar agradecida porque estoy muy triste y con perdón cagándome en mi puta mala suerte de haber perdido a mi padre y lo último que me apetece escuchar es que “he tenido mucha suerte” o que “debería dar gracias”. Hay días que puedo fingir cordialidad, hoy no lo soporto, estoy triste y punto y no tiene solución. Tampoco pasa nada, dicen los que saben que hay que estar triste para después estar bien pero ¿dos años y dos meses? Tic-tac, tic-tac...



      También hay dos clases de personas, las que me ponen plazo: “ya deberías tenerlo superado porque ya hace dos años” y las que me sentencian a sufrimiento perpetuo “triste ya vas a estar siempre pero te acostumbrarás”. ¿Me acostumbraré a la tristeza? Qué maravilloso. Ahora me siento mejor... Me vale con mi miedo de quedarme así para siempre, no necesito ayuda externa, pero la gente así en general no cesan en ofrecerme este tipo de “ayuda” y comentarios... Vale sí, es la mejor intención de todo el mundo, nadie nace siendo psicoterapeuta, acepto barco como animal acuático y acepto torpeza como buena intención, no me queda más remedio. Es eso o relacionarme con plantas...



     Por suerte, últimamente he encontrado excepciones que me han dado; esperanza, aliento, espacio y respeto. Personas con las que hablar de cosas que ahora me apetece hablar, como cosas profundas, cosas con las que nutrirme y que me dan un poco de alegría más allá de las fresas con chocolate y películas de los 40 y 50.



     Me ha encantado cruzarme en este difícil camino a pie que estoy haciendo y con la pesada mochila que llevo, con gente que sabe hasta dónde puedo y quiero dar y hasta dónde no. Que respetan lo que quiero y puedo hacer y no me agobian, ni exigen cosas que no puedo hacer. Personas con las que compartir nuevas inquietudes. Este blog puede parecer una tontería, pero es “mi tontería”, es mi espacio donde escribir, y ser creativa y ellas me han animado mucho y me siguen animando. Este fin de semana me puse muy contenta cuando dos chicas que no conocía me preguntaron muy sonrientes si yo era la del blog”, pusieron cara de fascinación y me dijeron por qué para ellas “mi tontería” era especial, como lo es para mí. Parece ser que además de tener mi catarsis con la escritura, hay a gente que le sirve de algo lo que escribo y eso es algo que no esperaba y que me llena mucho.

He encontrado personas con las que poder hablar de cosas como “Reiki” sin que pongan la cara de: “pobrecita-se-le-ha-ido-la-olla-con-lo-de-su-padre-la-hemos-perdido”.

Personas con las que hablar de “constelaciones familiares” sin miradas reprobatorias ni de juicio de valor. Y estoy muy contenta de haber recibido más de lo que merezco, porque yo siempre juzgo a la gente, es un defecto terrible que va junto con mi soberbia y del que soy consciente desde que leí el libro de la chica que escribe como yo. De todos modos, siento que en los últimos meses he aprendido bastante más a callarme como forma de respeto cuando no me piden opinión y sobretodo para evitar la polémica porque no me llena como me llenaba antes, o mejor dicho, me he dado cuenta de lo que me consumía antes. Hablaba tanto que no podía escucharme, y ya que estoy haciendo introspección creo que el silencio es justo y necesario.

Encontrarme con todo esto me ha devuelto un poco la esperanza, pensaba que siempre me sentiría sola con mis nuevas cosas con las que llenar mi vida y que me dedicaría a escribirlas aquí. No habría pasado nada tampoco, he estado a solas con mi dolor mucho tiempo, habría podido seguir porque así es como uno se hace fuerte y así es como yo no me voy con el primer “vende motos” del lugar, pero me siento muy feliz de tener compañía para compartir cosas positivas que van llenando mi vida y sus vacíos.



    He empezado con un fragmento de million dollar baby que me impactó mucho. Toda la película es fantástica, me siento muy identificada y siempre me inspira a no dejar el deporte o a volver a él. Tengo muchos defectos, pero que soy una luchadora no se me puede negar. Lo que ocurre es que después llega el día del padre y me canso de pelear con todo, de esforzarme para salir, para estar bien, para estudiar, para acabar la carrera, para ir al gimnasio y no caer en la inercia del “dolce far niente i mangiare di tutto”... Estoy muy cansada y hoy no puedo más. Ya sé que los adultos se esfuerzan y no se quejan por sus esfuerzos, lo que me lleva a pensar que será que no soy adulta, o será lo que sea, pero estoy harta y hastiada.

     Salgo pensando en pasarlo bien como toda la gente a mi alrededor, me esfuerzo, participo y no lo consigo, no es como antes... No me divierto como antes. Miro a mi alrededor, en cualquier, bar discoteca, fiesta, en la playa cine y pienso de esta gente que bebe, se droga, se emborracha y liga ¿quién no tiene padre?, ¿quién a perdido un padre como el mío?, ¿por qué todos se divierten y yo no?, ¿volveré a divertirme? Sé que puede parecer infantil, pero no siento para que le guste a nadie.

Lo he probado todo, incluso también hubo un tiempo en que había un chico que me gustaba mucho y también me sentía culpable, obviamente no podía compartirlo con él porque un hombre de hoy en día de los que te quiere de bolsa de agua caliente en su cama pero sin compromiso, no quiere escuchar cuando vas a pernoctar en su casa, “echo de menos a mi padre, lo estoy pasando fatal”. Esos tipos esperan que vayas “echada de menos de casa”, ellos no tienen la culpa o él en este caso. Si algo aprendimos de Shakespeare en Romeo y Julieta es que “los momentos de dolor no son para hablar de amor” y hombres que sepan lo que es el amor, como yo lo entiendo, no he encontrado a ninguno... Gracias a no haber encontrado ninguno me he encontrado a mí y eso seguro que es para toda la vida así que no pasa nada tampoco. Afortunadamente he encontrado personas que no ven anomalías en que yo esté sola y a solas con mi proceso, en que esté soltera y libre antes que con cualquier “vende-motos” que sepa mandar whatsapps con premeditación, nocturnidad y alevosía. Aspiro a más que eso, y si tengo que quedarme sola, será un placer porque estoy en la más leal compañía (la mía), no es negociable lo que pido y a quién me quiera no le parecerá “demasiado” le parecerá normal. Los hombres que te dicen eres “demasiado...” en el fondo están diciendo, “soy muy poco” y sobretodo están gritando: “me siento muy poco y sobretodo mucho menos que tú y no lo soporto”.



        Cuando digo que lo he probado todo omito lo más importante y que por supuesto no he probado; acabar la carrera. Eso no lo he probado. Primero, porque no me apetece. Segundo, he perdido la ilusión por la que la empecé y por último, ¿qué sentido tiene terminar y avanzar sin mi padre? Asumir que no estará nunca más. No tengo ninguna intención de asumir semejante robo y menos hoy cuando todo conspira para recordarme que mi padre no está.

Lo más inteligente parece acabar la carrera y después montar un kiosco o huir a Costa Rica pero aquí no puedo quedarme más.



      En conclusión, no es necesario gastar o regalar cosas, si podéis pasad tiempo con vuestro padre, nunca sabéis cuando va a ser su último día del padre, la última Navidad, o su último cumpleaños. El tiempo pasado juntos es lo que os queda y no si la corbata era Ermenegildo Zegna o Zara. Haced algo especial, disfrutad mucho de ellos, no esperéis a tener una edad “X” para hablar de “X” con ellos, no pospongáis al verano el tiempo en familia, no aplacéis ese gran viaje que siempre habéis querido hacer porque aunque suene muy teatral, “nunca sabemos cuanto tiempo nos queda” o eso he aprendido yo con todo esto. El tiempo es algo que no se recupera y vale la pena dedicárselo a nuestros padres para tener paz, en la medida de lo posible, cuando nos falten.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Qué (no) hacer

         Este es un fragmento comentado del libro de Jorge Bucay: El camino de las lágrimas. He intentado evitar escribir algo así y seguir "pasando de todo" no dar lecciones, pero como soy la afectada directa intento protegerme en todo momento, acabo de ver million dolar baby y comparto que esa norma es la más importante.



Para poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido algo o a alguien valioso es
posible hacer muchas cosas, pero es necesario dejar de hacer algunas otras.
Transcribo aquí abajo una pequeña lista incompleta de algunas premisas importantes
Tener en cuenta las actitudes que no ayudan:

1.. No le digas que lo comprendes si no pasaste por una situación similar.
2.. No hagas lo que hace la gente "porque es lo que se acostumbra"
3.. Decídete ayudar hasta donde tu corazón te pida y no hasta donde tu cabeza te exija.
Nunca hagas lo que no quieres hacer.
4.. No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
5.. No te empeñes en animarlo ni tranquilizarlo, posiblemente lo que más necesita el otro
es que lo escuches.
6.. No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
7.. No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.
8.. Evita las frases hechas.
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: "Tienes que olvidar" "Fue mejor así" "Dejó de sufrir" "El tiempo todo lo cura" (odio esta puta frase, de nada) "Mantente fuerte por los tuyos" "Es la voluntad de Dios" "Es la ley de la vida" Dejar que se desahogue. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida. Estás equivocado si piensas que dejarlo llorar no sirve más que para añadir dolor al dolor. Estás equivocado si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerlo de su pesar. Es mediante la actualización y la expresión de los sentimientos que la persona en duelo se puede sentir aliviada y liberada. No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tenés que decir o hacer nada en especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.
Tampoco temas llorar o emocionarte con su llanto. No hay nada de malo en mostrar tu pena, en
mostrar que a vos también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo o familiar en esa situación. Lo que más necesita el que está de duelo, por lo menos en estos
momentos, es una oreja para poder hablar, un espacio para sentirse débil y un hombro para llorar.
Esta es quizás la premisa más importante para recorrer el camino de las lágrimas con un ser querido: NUNCA interrumpas la expresión del dolor. Mucha gente corta intencionalmente las expresiones emocionales del otro con una supuesta intención de protegerlo de su sufrimiento pero ocultando (a veces sin siquiera saberlo) la verdadera intención: protegerse de sus propias emociones dolorosas.
Hablar del ser querido que ha muerto. Es imprescindible, cuando estamos cerca, permitirle al que está de duelo que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite del difunto y participar con naturalidad de ese diálogo.



***



La mejor droga es sin lugar a dudas la presencia sostenida de quienes amorosamente deciden acompañar al que pena hasta el final de este camino.
Y de todas maneras, de ellos se reciben no sólo las "buenas palabras" sino también, muchas veces, "las malas bienintencionadas acciones".


Las buenas palabras son, por ejemplo:
Respeto,
Permiso,
Compañía,
Sostén,
Ayuda,
Facilitamiento,
Propuesta,
Presencia.
Y las "malas" acciones podrían ser:
Forzar,
Empujar,
Manipular,
Salvar,
Interrumpir,
Olvidar,
Invadir,
Apurar.
Aceptemos que puede haber alguien que está muy triste, con mucho dolor, y que con
sinceridad no quiere por ahora que lo ayudes a salirse de ese lugar.
Hay que tener mucho cuidado, hay que ser muy respetuoso.
A veces es muy difícil saber si estás molestando o estás ayudando, (preguntar si molestas constantemente es una gran idea, mejor que molestar por miedo a preguntar).
Sumándose al duelo, los manejos de los padres y otros familiares o de algunos amigos (pocos amigos) determinan, a nivel social, una presión culposa a veces más insoportable que el dolor de la misma pérdida.
Me parece bueno acercarse y me parece bien proponer; pero estoy seguro de que hay que evitar los "hazlo por mí".
A veces escucho, por ejemplo:
"Tienes que salir, porque tienes familia...
porque tus amigos...
porque tu carrera...
porque fulano...
porque mengano...
Y yo digo, puede que sea una buena idea recordarle que hay otras cosas, pero no lo es forzar una actuación y menos desde la culpa, porque a veces, como dijimos, hay que preguntarse sinceramente si lo que estoy queriendo es ayudarte a salir por ti o estoy queriendo que tú salgas de tu tristeza, porque soy yo el que no soporto verte triste. Antes de decir nada al doliente, pensar en esta última idea.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Mi parada de autobús

    Si me quedo aquí tú no vas a volver, pero yo seguiré allí como si no te hubieras ido.
Si no estudio, si no me licencio, si no avanzo demasiado todo seguirá igual como antes como cuando tú eras y estabas. Si no rehago mi vida, de verdad, te rendiré culto, si nunca tengo novio nunca tendré que presentártelo y con ello pasar por el decir “no existe”. Si no me caso no me faltarás ese día más que en ningún otro, porque desde que soy un zigoto sueño con ese día. Si no tengo hijos no tendré que llorar por otro motivo más, pensando que no podrás alegrarte de conocerlos y así el día más dulce de mi vida, el más feliz ya nunca será el más feliz, ya es imposible que lo sea así que ¿para qué?. Si no voy demasiado lejos de casa, no estoy saliendo demasiado, así que me quedo dónde estoy, si no voy de viaje me quedo aquí donde tú estabas, mi Roten-Meyer interior está más contenta y me deja tranquila.

Si no tengo vida sexual no tengo que sentirme viva ni culpable por vivir y que tú ya no puedas vivir nada. Tampoco tengo que explicarle nada a nadie, ni callarme en su cama, porque eso no se puede explicar; que me siento culpable, tal vez puede explicarse pero ningún hombre quiere escuchar eso, ninguno que no tenga un billete a Kuala Lumpur con carácter inmediato al post-coito.
Si no termino lo que debo hacer y nunca lo empiezo no tendré que terminarlo sin ti. Si el mundo cree que soy infantil por mi conducta rezagada en los estudios, les doy una razón simple para un sentimiento complicado, me critican, se burlan y me dejan en paz al menos un rato, con la paz que necesito.
Si siento demasiado padezco porque todo esto es demasiado. Si siento poco me quedo dónde estoy pero tú ya te has marchado.
El tiempo no soluciona nada, lo hace todo más real y real es lo que siento. Pero lo que siento no es correcto porque soy joven y los jóvenes viven felices y jóvenes, pero yo me siento tan vieja que ya me pesan los años, o el turrón de Suchard que comí en Navidad, no lo sé muy bien...
      Con lo que hablo, a veces no hablo, porque así no tengo que decir de diez veces doce que me ha parecido verte en cualquier parte, o que huele a tu loción de afeitar, pero sólo era alguien de tu edad, sólo era alguien con tu ropa, sólo era alguien con tu pelo... Tú ya no eres, tú ya no estás ni existes, de diez veces doce me lo repito y no lo creo.
  
    A veces pienso en hacer como si nada o al menos seguir, venga sí ¡vamos! Hoy empiezo; terminar mi carrera, vivir en Londres, viajar o dar la vuelta al mundo como Willy Fog eso me habría hecho muy feliz. Luego conocer un chico o mejor un hombre, puestos a pedir, conocernos de verdad los dos, no conocer yo sola y leerles como un libro que ya sé como termina, pero que aún así me leo deseosa de que por una puta vez acabe de otra forma y explicarle, de verdad, sin limitaciones, sin pensar en; “esto no quiere oírlo, calla”, “no digas esto que se asusta, calla”, “no hagas esto que lo pierdes”... Decirle qué siento y qué me pasa y sobretodo qué me ha pasado, sueño que no le importa y que me comprende porque la vida es sueño dicen. Sueño que por una maldita vez tengo esa suerte que yo digo que son los padres y nos va bien, nos casamos y que tenemos hijos y que somos felices y luego me horrorizo y me repugno de que todo esto vaya a suceder sin ti. Por el casamiento no me preocupo, lo veo tan lejos como llevar dentadura postiza y de los hijos igual... Pero no hace falta casarse en sueños para la desolación, en el mundo real en casa ya no hay nunca tortilla de patata, ya no hay canciones gregorianas o de mocedades en la cocina y nadie me llama Nemesia. Ya no tengo escudo, ni rompe-olas, ni paraguas, no hay palmada en la espalda, no hay soluciones para todo, no hay explicaciones para todas las cosas; las reales y mis fantasías.
     La gente en abstracto juzgará y opinará si sentir esto está bien o mal, yo no lo juzgo he dejado de hacerlo, lo acepto porque lo siento y contra eso puedo hacer muchas cosas y lo sé, pero sigo sintiendo lo mismo. Si hago lo que todos esperan mucha gente estará más tranquila y también más feliz, pero yo temo hacer lo que todos esperan y seguir sintiendo lo mismo, sospecho que así será. Por eso me recreo en no hacer nada y puede parecer fácil, pero no hacer nada es muy difícil. Sé que él querría que hiciera algo, pero él no está y yo no creo en nada. No creo que haya nada más allá, me parece un precioso y respetable consuelo para quién lo quiera, yo no es que no lo quiera es que ni lo siento ni lo creo.
¿Un título en mi pared llena un vacío tan grande? Creo que no, tal vez sólo lo crea porque no lo tengo aún o por llevar la contraria a todo el mundo, siempre he sido muy salmón. A la única persona que llevo la contraria es a mí, sólo me destruyo y me perjudico a mí.Y si no tengo un título ¿qué hago? Quedarme aquí esperando, esperar como quién espera una línea de bus que ya no existe. Pero si voy viendo cosas desde mi parada, si voy viendo gente desde mi parada, me siento menos culpable. Pero vivir en una parada de un autobús metafórico no es vivir y eso lo sé. Sentirme menos culpable me hace sentir mejor, o al menos, menos mal pero eso tampoco está bien porque no estoy avanzando y se supone -como el valor en el ejército- que la vida es avanzar. No sé si es cuestión de tiempo o de acostumbrarse, pensar en acostumbrarme me repele, es algo que detesto, si me acostumbro haré como si nada y ha pasado algo. Parecerá que es normal y yo no acepto la normalidad de lo que ha pasado.

Hay una frase de El jorobado de Nôtre Dame que tú nos llevaste a ver, recuerdo que te aburrió mucho esa película en el cine pero te quedaste con nosotras, te gustaban las películas Disney y los dibujos animados, siempre fuiste un niño grande que esperaba conmigo mirando la carta de ajuste hasta que empezaran los dibujos por la mañana, pero si cantaban mucho eran un “bodrio” como decías tú. La frase que rescato dice: “la vida no es un deporte que se mira, si mirar es lo único que se te ocurre entonces verás como tu vida pasa de largo”. No debería, en honor a tu memoria, vivir mirando la vida desde una parada de bus. ¿Pero en honor a qué memoria si ya no existes? ¿qué sentido tiene eso y qué sentido tiene nada? Y así se debaten mi cabeza y mi corazón que nunca se ponen de acuerdo. Yo espero que un día uno acabe con el otro y todo sea más fácil. Lo espero desde la parada de bus.