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domingo, 11 de agosto de 2013

Nosotros

Hace poco cuando volvía a casa vi a una pareja cenando por el barrio, en una hamburguesería muy cercana a donde vivo.



Había algo en ellos que me recordó a aquel antiguo nosotros. Se veía que eran muy amigos, hacían manitas y conversaban animadamente, ella llevaba gafas y flequillo él era bajito.



Nosotros solíamos hacer esas cosas, como todo el mundo porque al final tener pareja es poco original, aunque muy bonito -si es para estar mejor-.



Esta cotidiana imagen me hizo pensar algo profundo, algo que me ha costado casi cinco años comprender. La Vida tiene extrañas y muy diversas formas de demostrarnos nuestro camino, el mío no era quedarme haciendo manitas con él en una hamburguesería cercana al barrio...



Poco antes de morir su madre, rompí literalmante la carta de admisión de la Universidad de Oviedo porque yo sentía que mi sitio era y estaba aquí con él y me quedé, él me necesitaba y mi vida podía esperar, yo sentía que todo era en plural, que era nuestro, yo quería nuestra vida juntos y que los dos, nosotros, nos fuéramos juntos cuando él estuviera bien, como siempre quisimos los dos. Quería ser como siempre los dos mientras todo cambiaba, incluso cuando la muerte ya cambiaba cosas... Hice caso omiso de esa señal que me indicaba que me admitían en otro sitio desconocido, a esa señal que me decía; “sí, allí hay una nueva vida que si quieres puedes vivir”.



Cuando murió su madre, él decidió prescindir de mí y buscarse inmediatamente una novia de sustitución -cosas que pasan-. Yo decidí darme a la bebida, a salir por las noches y a la comida. Aún estaba conociendo el dolor, aun me quedaba mucho que aprender.

Lo perdí todo, perdí todo lo que conocía, incluso a mí misma. A su familia y nuestros amigos desde hacía muchos años, desde toda mi juventud. Fui más que generosa en esa divorcio. En todas las rupturas se pierde, y el que quiere más siempre pierde más.-Mi humilde opinión-.



Entonces pasaron dos dolorosos años en los que sentía que mi vida ya no sería la misma y que nunca más sería feliz, que todo aquello no podía ser. Me quedé en el muelle de San Blas esperando a que él recordara quiénes éramos nosotros. Esperé a que él recordara nuestra historia porque la historia pesa -mientras él estaba con la otra claro-. No aceptaba que él ya no sabía quien era yo y que poco le importaba el camino de destrucción personal que yo había elegido libremente -(aunque con muy fuertes condicionantes)- cada uno elige como gestionar su dolor, es peligroso enfrascarse en ser la víctima, aunque, si bien es respetable. Por difícil que fuera mi situación, pude hacerlo de otro modo y no lo hice, es importante aprender que somos los principales responsables de nuestro sufrimiento porque el dolor es inevitable pero el sufrimiento auto-infligido es absolutamente opcional. -Mi humilde opinión-. De nuevo ignoré las señales que me demostraban que aquí sólo había pérdida y dolor, lo ignoré todo porque estaba muy ocupada esperándole. Siempre creí que él volvería, tan poco me quería a mí misma que iba a esperarle siempre... -En esa época si buscabas "negación" en el diccionario aparecía mi foto junto al sustantivo...



Entonces, dos años después de ocurrirme el que yo consideraba el peor trauma de mi vida que fue hasta esa fecha que después de siete años alguien me mandara a hacer puñetas y se fuera con otra en mi cara y perder a todos nuestros amigos y su familia a la que yo quería como propia; mi padre murió de cáncer en un mes. No me atrevo a escribir que esto ha sido de verdad lo peor que me ha pasado en la vida porque he aprendido que la Vida misma te sorprende y siempre puede pasar algo peor -o mejor-. Sólo puedo decir que al morir mi padre me quedó todavía más claro qué eran la pérdida, el dolor y sus matices. Entonces me digné a escuchar esa señal que me mostraba que aquí sólo había pérdida y dolor, esa voz que me decía “vete y vive, la vida no espera por nadie ni por el amor, ni por nadie”. ¿Pero cómo iba a dejar a mi madre y a mi hermana solas? Tampoco había terminado la carrera, me quedé aquí sabiendo que debía irme... Me quedé por comodidad y cobardía, por generosidad y por amor. Puse música clásica y dejé mi vida en espera. Yo sentía que aun tenía cosas que hacer aquí. Me quedé, pero me iba a quedar manteniéndome muy atenta a todo lo que la vida quisiera mostrarme.



Desde ese momento de clarividencia al morir mi padre todo lo negativo y positivo que me ha ocurrido me ha demostrado que debo volar lejos de aquí.

Puede sonar estúpido o parecerlo, pero esa pareja, esa regresión a ese pasado al que yo me he aferrado no pocos años y que tanto sufrimiento me ha causado. Eso, me ha demostrado que mi destino no era aquel que yo tanto anhelaba. ¡Qué rabia me daba la gente positiva que me decía: “eso es que la vida te depara algo mejor, no te resistas y fluye con el presente”! Pienso que lo mejor de haber vivido en el muelle de San Blas es haberlo dejado y haber aprendido algo de esa experiencia y creo que lo he hecho.



Al verlos me trasladé al pasado, habría seguido todo igual. Seríamos nosotros comiendo la hamburguesa con patatas de siempre, entre su barrio y el mío. Con nuestras familias a veces, todos juntos. Siempre juntos sin volar. Con los amigos de siempre, yo seguiría fumando y sin hacer deporte. Mantendría esas relaciones de amistad que no me llenaban de verdad. Nunca me habría ido sola a vivir al extranjero, pero con él seguro...


Esa pareja estaba allí cenando una hamburguesa para demostrarme lo que la Vida ya me dijo hace casi cinco años. “Este no es tu sitio: sal, vive, vuela libre”.

viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

martes, 19 de marzo de 2013

Día del "no tienes padre"

-Así que es tu cumpleaños ¿eh?

-Estoy aquí celebrando que me he pasado otro año […] Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos. Si pensara con claridad volvería a casa me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada. ¿Es suficiente realidad?



        Lo mejor de los días execrables es que se acaban y eso espero hoy. No necesito un día especial para acordarme de que no tengo padre, pero la “celebración” del Día del Padre sin Padre, es como un desierto sin arena.

No soy nadie para dar consejos y esto lo digo porque aunque suene fatal me he estado leyendo y he estado pensando en qué y cómo escribo, reflexionando y haciendo exámen y me he propuesto escribir de otra forma. He tenido la desagradable sensación -mientras me leía un libro de alguien que me recuerda asombrosamente a mi forma de escribir y expresarme- de que hay mucha parafernalia soberbia en lo que escribo. Es decir, podría haber dicho lo mismo, pero de forma menos chulesca. El primer paso es admitirlo, el último dejarlo dicen... He revisado eso y ya no me gusta. Como ya sabréis las personas soberbias lo somos para ocultar dolor, cuanto más dolor, más soberbia. No es porque seamos o nos creamos superiores, realmente nos creemos muy poco y nuestro mayor temor es que los demás se den cuenta de nuestro secretillo a cerca de lo poco que pensamos que somos. Nadie me ha dicho nada de toda esta autocrítica que me lanzo, supongo que por qué me quieren, pero en cualquier caso estaré al tanto de que mi vergonzoso afán de superioridad se vaya castigado al rincón de sentir porque ahí es donde la soberbia desaparece, en el rincón de sentir qué me pasa.



      Toda esta introducción como podéis sospechar es porque me resulta muy difícil. Como decía no soy nadie para dar consejos, pero quiero compartir algo que aprendí a los 21 cuando murió la madre de Alejandro. No esperéis para decir “te quiero”, yo nunca se lo dije a él, hasta que murió su madre. Sí, ya lo sé, yo, la más pastel de los pasteles azucarados con topping de fideos de colores no dice “te quiero”, sólo diré en mi defensa que lo demuestro con creces, es para lo poco en esta vida que no hablo demasiado, para demostrar a alguien que le quiero...



Me encantaba el cohete. Yo estaba arriba del todo, tú estabas justo ahí abajo, yo te miraba y gritaba:"¿me ves? ¡Mira lo que hago!". Desde aquí abajo ahora me pregunto si me ves y si ves lo que hago.
       Hice todo lo que pude por mi padre y más de lo que debí pero me siento culpable. A veces la culpa me deja divertirme un poco pero enseguida viene a recordarme (como si lo olvidara) que mi padre ha muerto. Que yo tenía un padre muy bueno y ya no lo tengo y a recordarme que me siento bastante “perro abandonado en la autopista”.

Hay personas que tienen padre como requisito meramente biológico y ontológico y sus padres viven. Hay padres que no quieren a sus hijas, ni a su mujer, o que las abandonaron y viven y diría me da mucha rabia, pero si fuera honesta conmigo misma admitiría que lo que me da es mucha pena. Me da mucha tristeza haber perdido a un padre tan maravilloso como el que tuve la suerte de tener y me da mucha tristeza todo lo que se ha perdido y todo lo que haré sin él, tanta tristeza que gran parte de mí se ha quedado en las noches en ese hospital sin ningunas ganas de hacer todo lo que sigue a estar sin él. Mucha gente me dice “deberías dar gracias de haber tenido un padre así” y bueno, lo dicen como “date con un canto en los dientes” que otros no lo hemos tenido... Realmente agradezco a la vida haber podido tener un padre y haberle regalado toda clase de estúpidas cosas de cuando eres pequeño; como la original mano puesta en arcilla con un “para papá” (la guardó como un tesoro y me salió fatal, me daba hasta vergüenza dárselo, pero él la mostraba a todo el mundo, como si tuviera un Monet en casa) ,o también aquel llavero de un búho pintado por mí, artículos de menaje para la cocina (le gustaba cocinar), libros... Ya siendo yo mayor hacíamos algo especial toda la familia y ya no había regalos infantiles, aun así pasábamos tiempo con él ese día siempre. Pero desde que murió mi padre han muerto todas las fiestas en mi casa. No pasa nada, me lo tomo como algo literario e inspirador, todas las princesas pasan por situaciones difíciles como esta u otras... Se lo agradezco a la vida normalmente, creo que soy agradecida, pero cuando me expreso en estos términos no tengo ganas de estar agradecida porque estoy muy triste y con perdón cagándome en mi puta mala suerte de haber perdido a mi padre y lo último que me apetece escuchar es que “he tenido mucha suerte” o que “debería dar gracias”. Hay días que puedo fingir cordialidad, hoy no lo soporto, estoy triste y punto y no tiene solución. Tampoco pasa nada, dicen los que saben que hay que estar triste para después estar bien pero ¿dos años y dos meses? Tic-tac, tic-tac...



      También hay dos clases de personas, las que me ponen plazo: “ya deberías tenerlo superado porque ya hace dos años” y las que me sentencian a sufrimiento perpetuo “triste ya vas a estar siempre pero te acostumbrarás”. ¿Me acostumbraré a la tristeza? Qué maravilloso. Ahora me siento mejor... Me vale con mi miedo de quedarme así para siempre, no necesito ayuda externa, pero la gente así en general no cesan en ofrecerme este tipo de “ayuda” y comentarios... Vale sí, es la mejor intención de todo el mundo, nadie nace siendo psicoterapeuta, acepto barco como animal acuático y acepto torpeza como buena intención, no me queda más remedio. Es eso o relacionarme con plantas...



     Por suerte, últimamente he encontrado excepciones que me han dado; esperanza, aliento, espacio y respeto. Personas con las que hablar de cosas que ahora me apetece hablar, como cosas profundas, cosas con las que nutrirme y que me dan un poco de alegría más allá de las fresas con chocolate y películas de los 40 y 50.



     Me ha encantado cruzarme en este difícil camino a pie que estoy haciendo y con la pesada mochila que llevo, con gente que sabe hasta dónde puedo y quiero dar y hasta dónde no. Que respetan lo que quiero y puedo hacer y no me agobian, ni exigen cosas que no puedo hacer. Personas con las que compartir nuevas inquietudes. Este blog puede parecer una tontería, pero es “mi tontería”, es mi espacio donde escribir, y ser creativa y ellas me han animado mucho y me siguen animando. Este fin de semana me puse muy contenta cuando dos chicas que no conocía me preguntaron muy sonrientes si yo era la del blog”, pusieron cara de fascinación y me dijeron por qué para ellas “mi tontería” era especial, como lo es para mí. Parece ser que además de tener mi catarsis con la escritura, hay a gente que le sirve de algo lo que escribo y eso es algo que no esperaba y que me llena mucho.

He encontrado personas con las que poder hablar de cosas como “Reiki” sin que pongan la cara de: “pobrecita-se-le-ha-ido-la-olla-con-lo-de-su-padre-la-hemos-perdido”.

Personas con las que hablar de “constelaciones familiares” sin miradas reprobatorias ni de juicio de valor. Y estoy muy contenta de haber recibido más de lo que merezco, porque yo siempre juzgo a la gente, es un defecto terrible que va junto con mi soberbia y del que soy consciente desde que leí el libro de la chica que escribe como yo. De todos modos, siento que en los últimos meses he aprendido bastante más a callarme como forma de respeto cuando no me piden opinión y sobretodo para evitar la polémica porque no me llena como me llenaba antes, o mejor dicho, me he dado cuenta de lo que me consumía antes. Hablaba tanto que no podía escucharme, y ya que estoy haciendo introspección creo que el silencio es justo y necesario.

Encontrarme con todo esto me ha devuelto un poco la esperanza, pensaba que siempre me sentiría sola con mis nuevas cosas con las que llenar mi vida y que me dedicaría a escribirlas aquí. No habría pasado nada tampoco, he estado a solas con mi dolor mucho tiempo, habría podido seguir porque así es como uno se hace fuerte y así es como yo no me voy con el primer “vende motos” del lugar, pero me siento muy feliz de tener compañía para compartir cosas positivas que van llenando mi vida y sus vacíos.



    He empezado con un fragmento de million dollar baby que me impactó mucho. Toda la película es fantástica, me siento muy identificada y siempre me inspira a no dejar el deporte o a volver a él. Tengo muchos defectos, pero que soy una luchadora no se me puede negar. Lo que ocurre es que después llega el día del padre y me canso de pelear con todo, de esforzarme para salir, para estar bien, para estudiar, para acabar la carrera, para ir al gimnasio y no caer en la inercia del “dolce far niente i mangiare di tutto”... Estoy muy cansada y hoy no puedo más. Ya sé que los adultos se esfuerzan y no se quejan por sus esfuerzos, lo que me lleva a pensar que será que no soy adulta, o será lo que sea, pero estoy harta y hastiada.

     Salgo pensando en pasarlo bien como toda la gente a mi alrededor, me esfuerzo, participo y no lo consigo, no es como antes... No me divierto como antes. Miro a mi alrededor, en cualquier, bar discoteca, fiesta, en la playa cine y pienso de esta gente que bebe, se droga, se emborracha y liga ¿quién no tiene padre?, ¿quién a perdido un padre como el mío?, ¿por qué todos se divierten y yo no?, ¿volveré a divertirme? Sé que puede parecer infantil, pero no siento para que le guste a nadie.

Lo he probado todo, incluso también hubo un tiempo en que había un chico que me gustaba mucho y también me sentía culpable, obviamente no podía compartirlo con él porque un hombre de hoy en día de los que te quiere de bolsa de agua caliente en su cama pero sin compromiso, no quiere escuchar cuando vas a pernoctar en su casa, “echo de menos a mi padre, lo estoy pasando fatal”. Esos tipos esperan que vayas “echada de menos de casa”, ellos no tienen la culpa o él en este caso. Si algo aprendimos de Shakespeare en Romeo y Julieta es que “los momentos de dolor no son para hablar de amor” y hombres que sepan lo que es el amor, como yo lo entiendo, no he encontrado a ninguno... Gracias a no haber encontrado ninguno me he encontrado a mí y eso seguro que es para toda la vida así que no pasa nada tampoco. Afortunadamente he encontrado personas que no ven anomalías en que yo esté sola y a solas con mi proceso, en que esté soltera y libre antes que con cualquier “vende-motos” que sepa mandar whatsapps con premeditación, nocturnidad y alevosía. Aspiro a más que eso, y si tengo que quedarme sola, será un placer porque estoy en la más leal compañía (la mía), no es negociable lo que pido y a quién me quiera no le parecerá “demasiado” le parecerá normal. Los hombres que te dicen eres “demasiado...” en el fondo están diciendo, “soy muy poco” y sobretodo están gritando: “me siento muy poco y sobretodo mucho menos que tú y no lo soporto”.



        Cuando digo que lo he probado todo omito lo más importante y que por supuesto no he probado; acabar la carrera. Eso no lo he probado. Primero, porque no me apetece. Segundo, he perdido la ilusión por la que la empecé y por último, ¿qué sentido tiene terminar y avanzar sin mi padre? Asumir que no estará nunca más. No tengo ninguna intención de asumir semejante robo y menos hoy cuando todo conspira para recordarme que mi padre no está.

Lo más inteligente parece acabar la carrera y después montar un kiosco o huir a Costa Rica pero aquí no puedo quedarme más.



      En conclusión, no es necesario gastar o regalar cosas, si podéis pasad tiempo con vuestro padre, nunca sabéis cuando va a ser su último día del padre, la última Navidad, o su último cumpleaños. El tiempo pasado juntos es lo que os queda y no si la corbata era Ermenegildo Zegna o Zara. Haced algo especial, disfrutad mucho de ellos, no esperéis a tener una edad “X” para hablar de “X” con ellos, no pospongáis al verano el tiempo en familia, no aplacéis ese gran viaje que siempre habéis querido hacer porque aunque suene muy teatral, “nunca sabemos cuanto tiempo nos queda” o eso he aprendido yo con todo esto. El tiempo es algo que no se recupera y vale la pena dedicárselo a nuestros padres para tener paz, en la medida de lo posible, cuando nos falten.

sábado, 9 de marzo de 2013

Escribir evita úlceras

Érase una vez la princesa Nemesia, una chica de 23 años como cualquiera de vosotras. Una chica con una melena muy larga y que entonces tenía los ojos muy grandes [...]



-De acuerdo, -le dijo su madre- vé a por las medicinas y a buscar a tu hermana al colegio, llama a Mariluz y leéle el informe a ver qué te dice.



       Nemesia bajó al garaje y pensó en llamar desde el coche a la prima de su padre, Mariluz era superdotada contaba con siete especialidades médicas antes de los 28, había ayudado a la familia en todas las enfermedades que habían padecido y que nunca fueron graves haciendo diagnósticos infalibles incluso en la distancia. La madre de Nemesia pasó un año yendo de un médico a otro que no acertaban a averiguar qué le pasaba, ella con un fax y una descripción de síntomas elaboró un diagnóstico y gestionó que la operaran desde donde ella vivía. Perdonad el vulgarismo, Mariluz era una crack.

Quería mucho a la familia y al padre de Nemesia como a un hermano, todos los primos crecieron y se criaron como hermanos, la distancia nunca les había separado. Nemesia decidió encerrarse en el coche a respirar un poco y llamarla por teléfono, no sabía muy bien qué hacer a pesar de que todo el mundo creía que ella sabía a la perfección qué hacer y cómo en cada momento, ella llevaba el timón y el barco, el capitán estaba muy enfermo...



-Léeme el informe.

-...mamelones neoplásicos sugestivos de ser malignos.

-¿estudiabas letras? ¿de verdad no lo has entendido?

-No lo entiendo muy bien...

-Siento ser yo quién te lo diga, pero no hay nada qué hacer.[...] Cada vez perderá más plasma y se le encharcará el pulmón, cuando le drenen se le volverá a encharcar, se irá debilitando hasta morir...El cáncer de pulmón tiene muy mal arreglo... Si no queréis decírselo que no lea este informe, él lo entenderá perfectamente, como tú lo has entendido...

-Mi padre tiene la ilusión de pasar las navidades en el pueblo con la familia, le ha pedido a mi tío que comprara un pavo para navidades, pensábamos pasarlas todos juntos, nunca nos hemos reunido todos en navidades...

-No sé como podría ser un viaje en su estado, bueno sí que lo sé y sufriría mucho pero no os lo dirá, os quiere demasiado... De todas formas yo creo que merece la pena morir con ilusión ¿no te parece?

-¿Quieres decir que le queda menos de un mes?

-Quisiera equivocarme y me escuece mucho ser yo la que te diga esto, pero por lo que me has leído... ¿Ha perdido mucho peso?

-No, está muy bien, cuenta chistes a todo el mundo, come hasta bombones para curarse...

-Él es fuerte y casi que será peor porque tardará más en morir.



      Fueron 52 minutos de conversación, Nemesia no lo recuerda pero pasó una hora y media entrando y saliendo del coche. Pensó en llamar a alguien, no guardarse algo así para sí misma, pensó en algunas pocas personas pero nadie le pareció apropiado, todos restarían importancia o no serían fuertes, ella debía cargar a solas con eso, debía callarlo y enterrarlo a su padre, a su madre y a su hermana. Su hermana... No dejaba de pensar en ella, era tan joven, por fin había encontrado su camino y no iba a tener un padre en él y su madre... Toda una vida con el mismo hombre. Nemesia se preguntó un breve instante cómo se le dice a una madre "el amor de tu vida se muere lenta y dolorosamente", ¿cómo se protege a una madre de eso? ¿y a una hermana que por fin ha encontrado su camino y no sospecha que la muerte no perdona a nadie? Entonces se confirmó a sí misma que debía guardárselo. Pensó en llamar a Alejandro, pero Alejandro la repudió después de morir su madre también de cáncer. Desde entonces todo entre ellos había muerto lenta y dolorosamente, sólo hacía dos años y le parecía una eternidad. 
Hacía a penas una hora había sabido que su padre moriría y cómo sería. Y entonces, ¿cómo asumir compartirlo con Alejandro y que éste se mostrara evasivo o no quisiera ni siquiera hablarle? No podía respirar, entró al coche se sentó, sacó el segundo paquete de Marlboro del día, no podía llorar estaba bloqueada. Salío, se ahogaba. Ella no lo recuerda pero daba vueltas alrededor de su propio coche, dudando qué hacer, dónde ir, a quién acudir. “A nadie, estoy sola con esto” -pensó y tomó una decisión-.Si se muere de verdad me suicidaré, tomaré pastillas y no sentiré nada, sí eso haré”. “Ojalá hubiéramos muerto todos juntos en un accidente de coche y no tendría que pasar por esto”. “¿Y mi boda?” “¿y el baile?”, bailamos en todas las bodas y nunca bailaremos en la mía, nunca leerá los libros que le regalé, no tendrá tiempo. “¿Mis hijos?” “Cuando sea abuelo les enseñaré a dar de comer moscas a las arañas”-recordó con un dolor insufrible qué él solía decir y ya nunca lo haría-. “No he terminado la carrera ni lo verá”, “nunca la terminaré, no pienso terminarla ni seguir sin él, cuando muera me suicido, no puedo ir al funeral, pero no quiero dejarlas solas pasando por eso”. “Es mejor que me suicide después del funeral, espero que me dejen sola, tal vez es mejor suicidarme cuando haya pasado un año, hacer creer a todos que estoy bien y luego irme a morir en la montaña sola para que no sufran...”

“¿Por qué no puedo morir yo por él? Yo me cambiaría”, “él hace más falta en casa que yo”. “A mí de verdad no me quiere nadie y a él lo quiere todo el mundo”, “seguro que si deseo morir yo con mucha fuerza lograré que él se salve, daré mi vida por la suya”. “Seguiré así, sin comer ni apenas dormir y fumando a saco, tal vez así me ponga enferma y me muera y no tenga que suicidarme”. Pensando todo esto se dio cuenta de que estaba sola con esa carga, sabía que así debía ser y decidió callarse para siempre.

Recogió a su hermana en el colegio, ensayando para hacer el papel de su vida como la princesa más fuerte de la historia, realmente se le daba muy bien. Había “ensayado” con la enfermedad y muerte de la madre de Alejandro durante dos años, proteger y dar amor y esperanza le salía tan natural como respirar.

    Nemesia le dijo a su madre que Mariluz le había dicho que debían esperar a los resultados de la biopsia y que estuvieran tranquilos. Mentir a su madre para protegerla fue difícil por el motivo del que se trataba, no por mentir para protegerla porque llevaba haciéndolo desde tan pequeña que no recordaba cuando empezó.


      Esa noche, como era habitual hasta que el padre fue ingresado, fueron al bar de siempre. César no lo recuerda y ella nunca lo olvidará por las circunstancias que envuelven el caso pero él la abrazó y era un hombre de esos que no expresaba emociones. Realmente lo que le ocurría a César es que estaba bastante amedrentado por la mujer que era Nemesia, por la mujer que todos ven en ella menos ella. No esperéis oir nada grandilocuente, él después del abrazo la miró y no solía mirarla, era tímido, pero la miró tan de verdad que le costó no soltar coraza escudo y lanza y llorar ante él. Dijo: “te admiro muchísimo Nemesia, sólo siento admiración por ti y por todo lo que haces por tu familia y lo fuerte que eres, todos te admiramos y yo estoy muy impresionado, te llevo cinco años y no podría hacer lo que tú. Eres muy valiente y... es verdad que tienes unos ojos preciosos”. -No os encariñéis con César porque no salió bien, él tenía sus propios planes y ¿adivináis qué? No eran quererla y cuidarla. De todas formas, hay actos insignificantes o que ni siquiera recordamos (como lo que César dijo a a Nemesia que para él no significó nada ni ha existido nunca) que suponen un punto de inflexión, en la vida de otros-.

   Nemesia después de esta breve conversación se fue al baño a llorar, “qué duro”-se dijo-, “el mismo día que sé que mi padre va a morir me doy cuenta de que me gusta un chico y es casi un hombre porque es mayor... ¿Será verdad que toda muerte conlleva nacimiento?, ¿y si él fuera lo que he estado esperando? qué pena “enamorarme” cuando mi padre va a morir y cuando yo voy a suicidarme. Me habría gustado besarle al menos una vez antes de morirme pero no se me ocurre nada de ser peor hija que pensar en algo así cuando mi padre se está muriendo... Pero él parece comprensivo... Debo de ser la peor persona del mundo por seguir pensando en esto en un momento así”. “Todo esto es una tontería, seguro que no siento nada pero estoy pasando por el peor momento de mi vida y estoy confundida. Sí tiene que ser eso”.



      Una semana después, Nemesia decidió que daba igual la novia de Alejandro, su vida al margen de ella y todo lo que había pasado hacía dos años. Ella sólo concebía podérselo contar a una persona en el mundo y evidentemente lo eligió a él, o más bien se rindió a la idea de contárselo a alguien y como tenía muchas ganas de que alguien la sostuviera en el peor momento de su vida y alguien tenía que ser Alejandro pues se lo contó sólo a él.

-Alejandro, mi padre...- él la cogió de la mano instintivamente, ella como estaba convencida ¿y aun lo está? De que era el amor de su vida quiso pensar que fue por proteción y cariño, pero sólo fue un impulso.- Se está muriendo y no puedo creerlo, nadie lo sabe, por favor no se lo digas a nadie, será nuestro secreto otra vez... No puedo creerlo.

-Ni lo creerás, de mi madre hace dos años y yo aun no lo creo...

El impulso la venció y habló sin pensar.

-Le prometí a tu madre cuando murió que si tenía una hija -Nemesia omitió muy prudentemente el “mos” si teníamos una hija, fue lo que quiso decir y calló- se llamaría como ella. Yo la quería mucho y la admiraba mucho, ¿lo sabes verdad?.



       Ella sabía que él ya no quería recordar esas cosas, o peor, que ni las recordaba. Pero pareció que estaba pasando un milagro. Él la miró como antes cuando eran dos mitades que formaban un todo, sólo fue una milésima de segundo, por primera vez en dos años desde el funeral ¿¡Alejandro iba a llorar a solas con ella!? Pero los milagros no existen así que sí, él se emocionó, bajó la mirada reprimió el llanto y el nudo en la garganta... Pero en un parpadeo volvió a alzar la vista y le dijo.

-Bueno -le dio un leve toque en la mano y sonrió como si nada, el desconocido había vuelto- hablemos de cosas felices, mi hermana está embarazada, voy a ser padrino. ¿no es muy fuerte?

Nemesia, cuando Alejandro la despidió con un ademán diciendo: "me voy corriendo a por el bus que llego tarde a ruso dale un beso a tu padre" rompió a llorar. Lloraba con todo el cuerpo pensando en aquella canción que hacía dos años fue tan importante porque ella en su eterno amor ciego seguía pensando que "había demasiados buitres negros, que él era demasiado bueno para ellos y que era demasiado frío el momento en que ella lo estaba perdiendo todo" incluido a a Alejandro otra vez.

[…]

      Era oficial, estaba completamente sola ante la muerte de su padre, sólo había reunido fuerza para decírselo a alguien y le había hecho daño; sin querer, sin saber, como sea pero le hizo daño. Nemesia pensaba que aquello que los separó -(la muerte de su madre por la misma enfermedad que ahora mataba a su padre)- ahora que ella estaba padeciendo lo mismo, él tendría piedad y compasión y los uniría... Pero como las desgracias nunca vienen solas tuvo que asumir, y asumió también, el golpe de que Alejandro no iba a estar para ella como ella estuvo para él hacía sólo dos años.



Y entonces Nemesia tuvo que aprender y aprende todavía muchas cosas en la escuela de la Vida y colorín colorado este cuento no ha terminado.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Qué (no) hacer

         Este es un fragmento comentado del libro de Jorge Bucay: El camino de las lágrimas. He intentado evitar escribir algo así y seguir "pasando de todo" no dar lecciones, pero como soy la afectada directa intento protegerme en todo momento, acabo de ver million dolar baby y comparto que esa norma es la más importante.



Para poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido algo o a alguien valioso es
posible hacer muchas cosas, pero es necesario dejar de hacer algunas otras.
Transcribo aquí abajo una pequeña lista incompleta de algunas premisas importantes
Tener en cuenta las actitudes que no ayudan:

1.. No le digas que lo comprendes si no pasaste por una situación similar.
2.. No hagas lo que hace la gente "porque es lo que se acostumbra"
3.. Decídete ayudar hasta donde tu corazón te pida y no hasta donde tu cabeza te exija.
Nunca hagas lo que no quieres hacer.
4.. No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
5.. No te empeñes en animarlo ni tranquilizarlo, posiblemente lo que más necesita el otro
es que lo escuches.
6.. No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
7.. No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.
8.. Evita las frases hechas.
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: "Tienes que olvidar" "Fue mejor así" "Dejó de sufrir" "El tiempo todo lo cura" (odio esta puta frase, de nada) "Mantente fuerte por los tuyos" "Es la voluntad de Dios" "Es la ley de la vida" Dejar que se desahogue. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida. Estás equivocado si piensas que dejarlo llorar no sirve más que para añadir dolor al dolor. Estás equivocado si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerlo de su pesar. Es mediante la actualización y la expresión de los sentimientos que la persona en duelo se puede sentir aliviada y liberada. No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tenés que decir o hacer nada en especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.
Tampoco temas llorar o emocionarte con su llanto. No hay nada de malo en mostrar tu pena, en
mostrar que a vos también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo o familiar en esa situación. Lo que más necesita el que está de duelo, por lo menos en estos
momentos, es una oreja para poder hablar, un espacio para sentirse débil y un hombro para llorar.
Esta es quizás la premisa más importante para recorrer el camino de las lágrimas con un ser querido: NUNCA interrumpas la expresión del dolor. Mucha gente corta intencionalmente las expresiones emocionales del otro con una supuesta intención de protegerlo de su sufrimiento pero ocultando (a veces sin siquiera saberlo) la verdadera intención: protegerse de sus propias emociones dolorosas.
Hablar del ser querido que ha muerto. Es imprescindible, cuando estamos cerca, permitirle al que está de duelo que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite del difunto y participar con naturalidad de ese diálogo.



***



La mejor droga es sin lugar a dudas la presencia sostenida de quienes amorosamente deciden acompañar al que pena hasta el final de este camino.
Y de todas maneras, de ellos se reciben no sólo las "buenas palabras" sino también, muchas veces, "las malas bienintencionadas acciones".


Las buenas palabras son, por ejemplo:
Respeto,
Permiso,
Compañía,
Sostén,
Ayuda,
Facilitamiento,
Propuesta,
Presencia.
Y las "malas" acciones podrían ser:
Forzar,
Empujar,
Manipular,
Salvar,
Interrumpir,
Olvidar,
Invadir,
Apurar.
Aceptemos que puede haber alguien que está muy triste, con mucho dolor, y que con
sinceridad no quiere por ahora que lo ayudes a salirse de ese lugar.
Hay que tener mucho cuidado, hay que ser muy respetuoso.
A veces es muy difícil saber si estás molestando o estás ayudando, (preguntar si molestas constantemente es una gran idea, mejor que molestar por miedo a preguntar).
Sumándose al duelo, los manejos de los padres y otros familiares o de algunos amigos (pocos amigos) determinan, a nivel social, una presión culposa a veces más insoportable que el dolor de la misma pérdida.
Me parece bueno acercarse y me parece bien proponer; pero estoy seguro de que hay que evitar los "hazlo por mí".
A veces escucho, por ejemplo:
"Tienes que salir, porque tienes familia...
porque tus amigos...
porque tu carrera...
porque fulano...
porque mengano...
Y yo digo, puede que sea una buena idea recordarle que hay otras cosas, pero no lo es forzar una actuación y menos desde la culpa, porque a veces, como dijimos, hay que preguntarse sinceramente si lo que estoy queriendo es ayudarte a salir por ti o estoy queriendo que tú salgas de tu tristeza, porque soy yo el que no soporto verte triste. Antes de decir nada al doliente, pensar en esta última idea.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Mi parada de autobús

    Si me quedo aquí tú no vas a volver, pero yo seguiré allí como si no te hubieras ido.
Si no estudio, si no me licencio, si no avanzo demasiado todo seguirá igual como antes como cuando tú eras y estabas. Si no rehago mi vida, de verdad, te rendiré culto, si nunca tengo novio nunca tendré que presentártelo y con ello pasar por el decir “no existe”. Si no me caso no me faltarás ese día más que en ningún otro, porque desde que soy un zigoto sueño con ese día. Si no tengo hijos no tendré que llorar por otro motivo más, pensando que no podrás alegrarte de conocerlos y así el día más dulce de mi vida, el más feliz ya nunca será el más feliz, ya es imposible que lo sea así que ¿para qué?. Si no voy demasiado lejos de casa, no estoy saliendo demasiado, así que me quedo dónde estoy, si no voy de viaje me quedo aquí donde tú estabas, mi Roten-Meyer interior está más contenta y me deja tranquila.

Si no tengo vida sexual no tengo que sentirme viva ni culpable por vivir y que tú ya no puedas vivir nada. Tampoco tengo que explicarle nada a nadie, ni callarme en su cama, porque eso no se puede explicar; que me siento culpable, tal vez puede explicarse pero ningún hombre quiere escuchar eso, ninguno que no tenga un billete a Kuala Lumpur con carácter inmediato al post-coito.
Si no termino lo que debo hacer y nunca lo empiezo no tendré que terminarlo sin ti. Si el mundo cree que soy infantil por mi conducta rezagada en los estudios, les doy una razón simple para un sentimiento complicado, me critican, se burlan y me dejan en paz al menos un rato, con la paz que necesito.
Si siento demasiado padezco porque todo esto es demasiado. Si siento poco me quedo dónde estoy pero tú ya te has marchado.
El tiempo no soluciona nada, lo hace todo más real y real es lo que siento. Pero lo que siento no es correcto porque soy joven y los jóvenes viven felices y jóvenes, pero yo me siento tan vieja que ya me pesan los años, o el turrón de Suchard que comí en Navidad, no lo sé muy bien...
      Con lo que hablo, a veces no hablo, porque así no tengo que decir de diez veces doce que me ha parecido verte en cualquier parte, o que huele a tu loción de afeitar, pero sólo era alguien de tu edad, sólo era alguien con tu ropa, sólo era alguien con tu pelo... Tú ya no eres, tú ya no estás ni existes, de diez veces doce me lo repito y no lo creo.
  
    A veces pienso en hacer como si nada o al menos seguir, venga sí ¡vamos! Hoy empiezo; terminar mi carrera, vivir en Londres, viajar o dar la vuelta al mundo como Willy Fog eso me habría hecho muy feliz. Luego conocer un chico o mejor un hombre, puestos a pedir, conocernos de verdad los dos, no conocer yo sola y leerles como un libro que ya sé como termina, pero que aún así me leo deseosa de que por una puta vez acabe de otra forma y explicarle, de verdad, sin limitaciones, sin pensar en; “esto no quiere oírlo, calla”, “no digas esto que se asusta, calla”, “no hagas esto que lo pierdes”... Decirle qué siento y qué me pasa y sobretodo qué me ha pasado, sueño que no le importa y que me comprende porque la vida es sueño dicen. Sueño que por una maldita vez tengo esa suerte que yo digo que son los padres y nos va bien, nos casamos y que tenemos hijos y que somos felices y luego me horrorizo y me repugno de que todo esto vaya a suceder sin ti. Por el casamiento no me preocupo, lo veo tan lejos como llevar dentadura postiza y de los hijos igual... Pero no hace falta casarse en sueños para la desolación, en el mundo real en casa ya no hay nunca tortilla de patata, ya no hay canciones gregorianas o de mocedades en la cocina y nadie me llama Nemesia. Ya no tengo escudo, ni rompe-olas, ni paraguas, no hay palmada en la espalda, no hay soluciones para todo, no hay explicaciones para todas las cosas; las reales y mis fantasías.
     La gente en abstracto juzgará y opinará si sentir esto está bien o mal, yo no lo juzgo he dejado de hacerlo, lo acepto porque lo siento y contra eso puedo hacer muchas cosas y lo sé, pero sigo sintiendo lo mismo. Si hago lo que todos esperan mucha gente estará más tranquila y también más feliz, pero yo temo hacer lo que todos esperan y seguir sintiendo lo mismo, sospecho que así será. Por eso me recreo en no hacer nada y puede parecer fácil, pero no hacer nada es muy difícil. Sé que él querría que hiciera algo, pero él no está y yo no creo en nada. No creo que haya nada más allá, me parece un precioso y respetable consuelo para quién lo quiera, yo no es que no lo quiera es que ni lo siento ni lo creo.
¿Un título en mi pared llena un vacío tan grande? Creo que no, tal vez sólo lo crea porque no lo tengo aún o por llevar la contraria a todo el mundo, siempre he sido muy salmón. A la única persona que llevo la contraria es a mí, sólo me destruyo y me perjudico a mí.Y si no tengo un título ¿qué hago? Quedarme aquí esperando, esperar como quién espera una línea de bus que ya no existe. Pero si voy viendo cosas desde mi parada, si voy viendo gente desde mi parada, me siento menos culpable. Pero vivir en una parada de un autobús metafórico no es vivir y eso lo sé. Sentirme menos culpable me hace sentir mejor, o al menos, menos mal pero eso tampoco está bien porque no estoy avanzando y se supone -como el valor en el ejército- que la vida es avanzar. No sé si es cuestión de tiempo o de acostumbrarse, pensar en acostumbrarme me repele, es algo que detesto, si me acostumbro haré como si nada y ha pasado algo. Parecerá que es normal y yo no acepto la normalidad de lo que ha pasado.

Hay una frase de El jorobado de Nôtre Dame que tú nos llevaste a ver, recuerdo que te aburrió mucho esa película en el cine pero te quedaste con nosotras, te gustaban las películas Disney y los dibujos animados, siempre fuiste un niño grande que esperaba conmigo mirando la carta de ajuste hasta que empezaran los dibujos por la mañana, pero si cantaban mucho eran un “bodrio” como decías tú. La frase que rescato dice: “la vida no es un deporte que se mira, si mirar es lo único que se te ocurre entonces verás como tu vida pasa de largo”. No debería, en honor a tu memoria, vivir mirando la vida desde una parada de bus. ¿Pero en honor a qué memoria si ya no existes? ¿qué sentido tiene eso y qué sentido tiene nada? Y así se debaten mi cabeza y mi corazón que nunca se ponen de acuerdo. Yo espero que un día uno acabe con el otro y todo sea más fácil. Lo espero desde la parada de bus.