Hace poco cuando volvía a casa vi a
una pareja cenando por el barrio, en una hamburguesería muy cercana
a donde vivo.
Había algo en ellos que me recordó a
aquel antiguo nosotros. Se veía que eran muy amigos, hacían manitas
y conversaban animadamente, ella llevaba gafas y flequillo él era
bajito.
Nosotros solíamos hacer esas cosas,
como todo el mundo porque al final tener pareja es poco original,
aunque muy bonito -si es para estar mejor-.
Esta cotidiana imagen me hizo pensar
algo profundo, algo que me ha costado casi cinco años comprender. La
Vida tiene extrañas y muy diversas formas de demostrarnos nuestro
camino, el mío no era quedarme haciendo manitas con él en una
hamburguesería cercana al barrio...
Poco antes de morir su madre, rompí
literalmante la carta de admisión de la Universidad de Oviedo porque
yo sentía que mi sitio era y estaba aquí con él y me quedé, él
me necesitaba y mi vida podía esperar, yo sentía que todo era en
plural, que era nuestro, yo quería nuestra vida juntos y que los
dos, nosotros, nos fuéramos juntos cuando él estuviera bien, como siempre quisimos los dos. Quería
ser como siempre los dos mientras todo cambiaba, incluso cuando la
muerte ya cambiaba cosas... Hice caso omiso de esa señal que me
indicaba que me admitían en otro sitio desconocido, a esa señal que
me decía; “sí, allí hay una nueva vida que si quieres puedes
vivir”.
Cuando murió su madre, él decidió
prescindir de mí y buscarse inmediatamente una novia de sustitución
-cosas que pasan-. Yo decidí darme a la bebida, a salir por las
noches y a la comida. Aún estaba conociendo el dolor, aun me quedaba mucho que aprender.
Lo perdí todo, perdí todo lo que
conocía, incluso a mí misma. A su familia y nuestros amigos desde hacía
muchos años, desde toda mi juventud. Fui más que generosa en esa
divorcio. En todas las rupturas se pierde, y el que quiere más
siempre pierde más.-Mi humilde opinión-.
Entonces pasaron dos dolorosos años en
los que sentía que mi vida ya no sería la misma y que nunca más
sería feliz, que todo aquello no podía ser. Me quedé en el
muelle de San Blas esperando a que él recordara quiénes éramos
nosotros. Esperé a que él recordara nuestra historia porque la
historia pesa -mientras él estaba con la otra claro-. No aceptaba que él ya no sabía quien era yo y que
poco le importaba el camino de destrucción personal que yo había
elegido libremente -(aunque con muy fuertes condicionantes)- cada uno elige como gestionar su dolor, es peligroso enfrascarse en ser la víctima, aunque, si bien es respetable. Por difícil que fuera mi situación, pude hacerlo de otro modo y no lo hice, es importante aprender que somos los principales responsables de nuestro sufrimiento porque el dolor es inevitable pero el sufrimiento auto-infligido es absolutamente opcional. -Mi humilde opinión-. De nuevo
ignoré las señales que me demostraban que aquí sólo había
pérdida y dolor, lo ignoré todo porque estaba muy ocupada
esperándole. Siempre creí que él volvería, tan poco me quería a mí misma que iba a esperarle siempre...
-En esa época si buscabas "negación" en el diccionario aparecía mi
foto junto al sustantivo...
Entonces, dos años después de
ocurrirme el que yo consideraba el peor trauma de mi vida que fue
hasta esa fecha que después de siete años alguien me mandara a hacer
puñetas y se fuera con otra en mi cara y perder a todos nuestros
amigos y su familia a la que yo quería como propia; mi padre murió
de cáncer en un mes. No me atrevo a escribir que esto ha sido de
verdad lo peor que me ha pasado en la vida porque he aprendido que la Vida misma te sorprende y siempre puede pasar algo peor -o mejor-.
Sólo puedo decir que al morir mi padre me quedó todavía más claro
qué eran la pérdida, el dolor y sus matices. Entonces me digné a
escuchar esa señal que me mostraba que aquí sólo había pérdida y
dolor, esa voz que me decía “vete y vive, la vida no espera por
nadie ni por el amor, ni por nadie”. ¿Pero cómo iba a dejar a mi
madre y a mi hermana solas? Tampoco había terminado la carrera, me
quedé aquí sabiendo que debía irme... Me quedé por comodidad y
cobardía, por generosidad y por amor. Puse música clásica y dejé
mi vida en espera. Yo sentía que aun tenía cosas que hacer aquí.
Me quedé, pero me iba a quedar manteniéndome muy atenta a todo lo
que la vida quisiera mostrarme.
Desde ese momento de clarividencia al
morir mi padre todo lo negativo y positivo que me ha ocurrido me ha
demostrado que debo volar lejos de aquí.
Puede sonar estúpido o parecerlo, pero
esa pareja, esa regresión a ese pasado al que yo me he aferrado no
pocos años y que tanto sufrimiento me ha causado. Eso, me ha
demostrado que mi destino no era aquel que yo tanto anhelaba. ¡Qué rabia me daba la gente
positiva que me decía: “eso es que la vida te depara algo mejor,
no te resistas y fluye con el presente”! Pienso que lo mejor de haber vivido en el
muelle de San Blas es haberlo dejado y haber aprendido algo de esa
experiencia y creo que lo he hecho.
Al verlos me trasladé al pasado,
habría seguido todo igual. Seríamos nosotros comiendo la
hamburguesa con patatas de siempre, entre su barrio y el mío. Con
nuestras familias a veces, todos juntos. Siempre juntos sin volar. Con los amigos de siempre,
yo seguiría fumando y sin hacer deporte. Mantendría esas relaciones
de amistad que no me llenaban de verdad. Nunca me habría ido sola a
vivir al extranjero, pero con él seguro...
Esa pareja estaba allí cenando una
hamburguesa para demostrarme lo que la Vida ya me dijo hace casi
cinco años. “Este no es tu sitio: sal, vive, vuela libre”.
Si continúo hacia delante no sabré en
qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo
esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy
claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya
no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte
un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando
me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún
por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago...
Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso
antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu
cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme
sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y
que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No
tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te
consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun
así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te
perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.
Nunca te perdonaré lo aislada que me
siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé
un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se
lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al
miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó...
Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada
creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste
cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde
que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con
“cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas
que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd
antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría
de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni
la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay
regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños
en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando
consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo
tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas
ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio
¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo
sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la
bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía
edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he
necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás
dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la
cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a
una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué
derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y
mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre
he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda
color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería
aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería
morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y
habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por
eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda,
ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.
Yo no tenía ningunas ganas de rehacer
mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme
los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás
tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu
culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di
cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las
relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece
normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí
verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que
me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con
24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar
y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no
me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme
como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía
culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos
manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir
mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no
decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve
que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he
pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de
viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré
¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?
¿Sabes la putada que me has hecho?
¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu
culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis
primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido
ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación?
No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya
nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para
celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que
no te voy a perdonar en la vida.
Y mi boda... Siempre bailabas conmigo
en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y
yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que
con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...
Por tu culpa como y ceno casi todos los
días delante del ordenador como una adolescente que acaba de
descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola
porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día
de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a
comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la
cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía
creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado
huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo
nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...
Si estuvieras aquí hoy iríamos a
algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos
jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del
ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te
gustaría y eso me cabrea más.
Estoy muy cabreada contigo y lo pienso
seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez
así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del
país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz
y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.
-Estoy aquí celebrando que me he
pasado otro año […] Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos. Si
pensara con claridad volvería a casa me buscaría una caravana y me
compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me
siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada. ¿Es
suficiente realidad?
Lo mejor de los días execrables es que
se acaban y eso espero hoy. No necesito un día especial para acordarme de que no
tengo padre, pero la “celebración” del Día del Padre sin Padre,
es como un desierto sin arena.
No soy nadie para dar consejos y esto
lo digo porque aunque suene fatal me he estado leyendo y he estado
pensando en qué y cómo escribo, reflexionando y haciendo exámen y
me he propuesto escribir de otra forma. He tenido la desagradable
sensación -mientras me leía un libro de alguien que me recuerda
asombrosamente a mi forma de escribir y expresarme- de que hay mucha
parafernalia soberbia en lo que escribo. Es decir, podría haber
dicho lo mismo, pero de forma menos chulesca. El primer
paso es admitirlo, el último dejarlo dicen... He revisado eso y
ya no me gusta. Como ya sabréis las personas soberbias lo somos para
ocultar dolor, cuanto más dolor, más soberbia. No es porque seamos
o nos creamos superiores, realmente nos creemos muy poco y nuestro
mayor temor es que los demás se den cuenta de nuestro secretillo a
cerca de lo poco que pensamos que somos. Nadie me ha dicho nada de
toda esta autocrítica que me lanzo, supongo que por qué me quieren,
pero en cualquier caso estaré al tanto de que mi vergonzoso afán de
superioridad se vaya castigado al rincón de sentir porque ahí es
donde la soberbia desaparece, en el rincón de sentir qué me
pasa.
Toda esta introducción como podéis
sospechar es porque me resulta muy difícil. Como decía no soy nadie
para dar consejos, pero quiero compartir algo que aprendí a los 21
cuando murió la madre de Alejandro. No esperéis para decir “te
quiero”, yo nunca se lo dije a él, hasta que murió su madre. Sí,
ya lo sé, yo, la más pastel de los pasteles azucarados con topping
de fideos de colores no dice “te quiero”, sólo diré en mi
defensa que lo demuestro con creces, es para lo poco en esta vida que
no hablo demasiado, para demostrar a alguien que le quiero...
Me
encantaba el cohete. Yo estaba arriba del todo, tú estabas justo ahí
abajo, yo te miraba y gritaba:"¿me ves? ¡Mira lo que hago!". Desde aquí
abajo ahora me pregunto si me ves y si ves lo que hago.
Hice todo lo que pude por mi padre y
más de lo que debí pero me siento culpable. A veces la culpa me
deja divertirme un poco pero enseguida viene a recordarme (como si lo
olvidara) que mi padre ha muerto. Que yo tenía un padre muy bueno y
ya no lo tengo y a recordarme que me siento bastante “perro
abandonado en la autopista”.
Hay personas que tienen padre como
requisito meramente biológico y ontológico y sus padres viven. Hay
padres que no quieren a sus hijas, ni a su mujer, o que las
abandonaron y viven y diría me da mucha rabia, pero si fuera honesta
conmigo misma admitiría que lo que me da es mucha pena. Me da mucha
tristeza haber perdido a un padre tan maravilloso como el que tuve la
suerte de tener y me da mucha tristeza todo lo que se ha perdido y
todo lo que haré sin él, tanta tristeza que gran parte de mí se ha
quedado en las noches en ese hospital sin ningunas ganas de hacer
todo lo que sigue a estar sin él. Mucha gente me dice “deberías
dar gracias de haber tenido un padre así” y bueno, lo dicen
como “date con un canto en los dientes” que otros no lo
hemos tenido... Realmente agradezco a la vida haber podido tener un
padre y haberle regalado toda clase de estúpidas cosas de cuando
eres pequeño; como la original mano puesta en arcilla con un “para
papá” (la guardó como un tesoro y me salió fatal, me daba hasta
vergüenza dárselo, pero él la mostraba a todo el mundo, como si
tuviera un Monet en casa) ,o también aquel llavero de un búho
pintado por mí, artículos de menaje para la cocina (le gustaba
cocinar), libros... Ya siendo yo mayor hacíamos algo especial toda
la familia y ya no había regalos infantiles, aun así pasábamos
tiempo con él ese día siempre. Pero desde que murió mi padre han
muerto todas las fiestas en mi casa. No pasa nada, me lo tomo como
algo literario e inspirador, todas las princesas pasan por
situaciones difíciles como esta u otras... Se lo agradezco a la vida
normalmente, creo que soy agradecida, pero cuando me expreso en estos
términos no tengo ganas de estar agradecida porque estoy muy triste
y con perdón cagándome en mi puta mala suerte de haber
perdido a mi padre y lo último que me apetece escuchar es que “he
tenido mucha suerte” o que “debería dar gracias”. Hay días
que puedo fingir cordialidad, hoy no lo soporto, estoy triste y punto
y no tiene solución. Tampoco pasa nada, dicen los que saben que hay
que estar triste para después estar bien pero ¿dos años y dos
meses? Tic-tac, tic-tac...
También hay dos clases de personas,
las que me ponen plazo: “ya deberías tenerlo superado
porque ya hace dos años” y las que me sentencian a
sufrimiento perpetuo “triste ya vas a estar siempre
pero te acostumbrarás”. ¿Me acostumbraré a la tristeza? Qué
maravilloso. Ahora me siento mejor... Me vale con mi miedo de
quedarme así para siempre, no necesito ayuda externa, pero la gente
así en general no cesan en ofrecerme este tipo de “ayuda” y
comentarios... Vale sí, es la mejor intención de todo el mundo,
nadie nace siendo psicoterapeuta, acepto barco como animal acuático
y acepto torpeza como buena intención, no me queda más remedio. Es
eso o relacionarme con plantas...
Por suerte, últimamente he encontrado
excepciones que me han dado; esperanza, aliento, espacio y respeto.
Personas con las que hablar de cosas que ahora me apetece hablar,
como cosas profundas, cosas con las que nutrirme y que me dan un poco
de alegría más allá de las fresas con chocolate y películas de
los 40 y 50.
Me ha encantado cruzarme en este
difícil camino a pie que estoy haciendo y con la pesada mochila que
llevo, con gente que sabe hasta dónde puedo y quiero dar y hasta
dónde no. Que respetan lo que quiero y puedo hacer y no me agobian,
ni exigen cosas que no puedo hacer. Personas con las que compartir
nuevas inquietudes. Este blog puede parecer una tontería, pero es
“mi tontería”, es mi espacio donde escribir, y ser creativa y
ellas me han animado mucho y me siguen animando. Este fin de semana
me puse muy contenta cuando dos chicas que no conocía me preguntaron
muy sonrientes si yo era la del blog”, pusieron cara de fascinación
y me dijeron por qué para ellas “mi tontería” era especial,
como lo es para mí. Parece ser que además de tener mi catarsis con
la escritura, hay a gente que le sirve de algo lo que escribo y eso
es algo que no esperaba y que me llena mucho.
He encontrado personas con las que
poder hablar de cosas como “Reiki” sin que pongan la cara de:
“pobrecita-se-le-ha-ido-la-olla-con-lo-de-su-padre-la-hemos-perdido”.
Personas con las que hablar de
“constelaciones familiares” sin miradas reprobatorias ni de
juicio de valor. Y estoy muy contenta de haber recibido más de lo
que merezco, porque yo siempre juzgo a la gente, es un defecto
terrible que va junto con mi soberbia y del que soy consciente desde
que leí el libro de la chica que escribe como yo. De todos modos,
siento que en los últimos meses he aprendido bastante más a
callarme como forma de respeto cuando no me piden opinión y
sobretodo para evitar la polémica porque no me llena como me llenaba
antes, o mejor dicho, me he dado cuenta de lo que me consumía antes.
Hablaba tanto que no podía escucharme, y ya que estoy haciendo
introspección creo que el silencio es justo y necesario.
Encontrarme con todo esto me ha
devuelto un poco la esperanza, pensaba que siempre me sentiría sola
con mis nuevas cosas con las que llenar mi vida y que me dedicaría a
escribirlas aquí. No habría pasado nada tampoco, he estado a solas
con mi dolor mucho tiempo, habría podido seguir porque así es como
uno se hace fuerte y así es como yo no me voy con el primer “vende
motos” del lugar, pero me siento muy feliz de tener compañía para
compartir cosas positivas que van llenando mi vida y sus vacíos.
He empezado con un fragmento de million
dollar baby que me impactó mucho. Toda la película es
fantástica, me siento muy identificada y siempre me inspira a no
dejar el deporte o a volver a él. Tengo muchos defectos, pero que
soy una luchadora no se me puede negar. Lo que ocurre es que después
llega el día del padre y me canso de pelear con todo, de esforzarme
para salir, para estar bien, para estudiar, para acabar la carrera,
para ir al gimnasio y no caer en la inercia del “dolce far niente i
mangiare di tutto”... Estoy muy cansada y hoy no puedo más. Ya sé
que los adultos se esfuerzan y no se quejan por sus esfuerzos, lo que
me lleva a pensar que será que no soy adulta, o será lo que sea,
pero estoy harta y hastiada.
Salgo pensando en pasarlo bien como
toda la gente a mi alrededor, me esfuerzo, participo y no lo consigo,
no es como antes... No me divierto como antes. Miro a mi alrededor,
en cualquier, bar discoteca, fiesta, en la playa cine y pienso de
esta gente que bebe, se droga, se emborracha y liga ¿quién no tiene
padre?, ¿quién a perdido un padre como el mío?, ¿por qué todos
se divierten y yo no?, ¿volveré a divertirme? Sé que puede parecer
infantil, pero no siento para que le guste a nadie.
Lo he probado todo, incluso también
hubo un tiempo en que había un chico que me gustaba mucho y también
me sentía culpable, obviamente no podía compartirlo con él porque
un hombre de hoy en día de los que te quiere de bolsa de agua
caliente en su cama pero sin compromiso, no quiere escuchar cuando
vas a pernoctar en su casa, “echo de menos a mi padre, lo estoy
pasando fatal”. Esos tipos esperan que vayas “echada de menos
de casa”, ellos no tienen la culpa o él en este caso. Si algo
aprendimos de Shakespeare en Romeo y Julieta es que “los momentos
de dolor no son para hablar de amor” y hombres que sepan lo que es
el amor, como yo lo entiendo, no he encontrado a ninguno... Gracias a
no haber encontrado ninguno me he encontrado a mí y eso seguro que
es para toda la vida así que no pasa nada tampoco. Afortunadamente
he encontrado personas que no ven anomalías en que yo esté sola y a
solas con mi proceso, en que esté soltera y libre antes que con
cualquier “vende-motos” que sepa mandar whatsapps con
premeditación, nocturnidad y alevosía. Aspiro a más que eso, y si
tengo que quedarme sola, será un placer porque estoy en la más leal
compañía (la mía), no es negociable lo que pido y a quién me
quiera no le parecerá “demasiado” le parecerá normal. Los
hombres que te dicen eres “demasiado...” en el fondo están
diciendo, “soy muy poco” y sobretodo están gritando: “me
siento muy poco y sobretodo mucho menos que tú y no lo soporto”.
Cuando digo que lo he probado todo
omito lo más importante y que por supuesto no he probado; acabar la
carrera. Eso no lo he probado. Primero, porque no me apetece.
Segundo, he perdido la ilusión por la que la empecé y por último,
¿qué sentido tiene terminar y avanzar sin mi padre? Asumir que no
estará nunca más. No tengo ninguna intención de asumir semejante
robo y menos hoy cuando todo conspira para recordarme que mi padre no
está.
Lo más inteligente parece acabar la
carrera y después montar un kiosco o huir a Costa Rica pero aquí no
puedo quedarme más.
En conclusión, no es necesario gastar
o regalar cosas, si podéis pasad tiempo con vuestro padre, nunca
sabéis cuando va a ser su último día del padre, la última
Navidad, o su último cumpleaños. El tiempo pasado juntos es lo que
os queda y no si la corbata era Ermenegildo Zegna o Zara. Haced algo
especial, disfrutad mucho de ellos, no esperéis a tener una edad “X”
para hablar de “X” con ellos, no pospongáis al verano el tiempo
en familia, no aplacéis ese gran viaje que siempre habéis querido
hacer porque aunque suene muy teatral, “nunca sabemos cuanto tiempo
nos queda” o eso he aprendido yo con todo esto. El tiempo es algo
que no se recupera y vale la pena dedicárselo a nuestros padres para
tener paz, en la medida de lo posible, cuando nos falten.
Érase una vez la princesa Nemesia, una
chica de 23 años como cualquiera de vosotras. Una chica con una melena muy larga y que entonces tenía los ojos muy grandes [...]
-De acuerdo, -le dijo su madre- vé a
por las medicinas y a buscar a tu hermana al colegio, llama a Mariluz
y leéle el informe a ver qué te dice.
Nemesia bajó al garaje y pensó en
llamar desde el coche a la prima de su padre, Mariluz era superdotada
contaba con siete especialidades médicas antes de los 28, había
ayudado a la familia en todas las enfermedades que habían padecido
y que nunca fueron graves haciendo diagnósticos infalibles incluso en la distancia.La madre
de Nemesia pasó un año yendo de un médico a otro que no acertaban
a averiguar qué le pasaba, ella con un fax y una descripción de
síntomas elaboró un diagnóstico y gestionó que la operaran desde
donde ella vivía. Perdonad el vulgarismo, Mariluz era una crack.
Quería mucho a la familia y al padre
de Nemesia como a un hermano, todos los primos crecieron y se criaron
como hermanos, la distancia nunca les había separado. Nemesia
decidió encerrarse en el coche a respirar un poco y llamarla por
teléfono, no sabía muy bien qué hacer a pesar de que todo el mundo
creía que ella sabía a la perfección qué hacer y cómo en cada
momento, ella llevaba el timón y el barco, el capitán estaba muy
enfermo...
-Léeme el informe.
-...mamelones neoplásicos sugestivos
de ser malignos.
-¿estudiabas letras? ¿de verdad no lo
has entendido?
-No lo entiendo muy bien...
-Siento ser yo quién te lo diga, pero
no hay nada qué hacer.[...] Cada vez perderá más plasma y se le
encharcará el pulmón, cuando le drenen se le volverá a encharcar,
se irá debilitando hasta morir...El cáncer de pulmón tiene muy mal
arreglo... Si no queréis decírselo que no lea este informe, él lo
entenderá perfectamente, como tú lo has entendido...
-Mi padre tiene la ilusión de pasar
las navidades en el pueblo con la familia, le ha pedido a mi tío que
comprara un pavo para navidades, pensábamos pasarlas todos juntos, nunca nos hemos reunido todos en navidades...
-No sé como podría ser un viaje en su
estado, bueno sí que lo sé y sufriría mucho pero no os lo dirá, os quiere demasiado...
De todas formas yo creo que merece la pena morir con ilusión¿no te parece?
-¿Quieres decir que le queda menos de
un mes?
-Quisiera equivocarme y me escuece
mucho ser yo la que te diga esto, pero por lo que me has leído...
¿Ha perdido mucho peso?
-No, está muy bien, cuenta chistes a
todo el mundo, come hasta bombones para curarse...
-Él es fuerte y casi que será peor
porque tardará más en morir.
Fueron 52 minutos de conversación,
Nemesia no lo recuerda pero pasó una hora y media entrando y
saliendo del coche. Pensó en llamar a alguien, no guardarse algo así
para sí misma, pensó en algunas pocas personas pero nadie le
pareció apropiado, todos restarían importancia o no serían
fuertes, ella debía cargar a solas con eso, debía callarlo y
enterrarlo a su padre, a su madre y a su hermana. Su hermana...No
dejaba de pensar en ella, era tan joven, por fin había encontrado su
camino y no iba a tener un padre en él y su madre... Toda una vida
con el mismo hombre. Nemesia se preguntó un breve instante cómo se
le dice a una madre "el amor de tu vida se muere lenta y
dolorosamente", ¿cómo se protege a una madre de eso? ¿y a una
hermana que por fin ha encontrado su camino y no sospecha que la
muerte no perdona a nadie? Entonces se confirmó a sí misma que
debía guardárselo. Pensó en llamar a Alejandro, pero Alejandro la
repudió después de morir su madre también de cáncer. Desde
entonces todo entre ellos había muerto lenta y dolorosamente, sólo
hacía dos años y le parecía una eternidad.
Hacía a penas una
hora había sabido que su padre moriría y cómosería. Y entonces, ¿cómo
asumir compartirlo con Alejandro y que éste se mostrara evasivo o no
quisiera ni siquiera hablarle? No podía respirar, entró al coche se
sentó, sacó el segundo paquete de Marlboro del día, no podía llorar estaba bloqueada. Salío, se ahogaba. Ella no lo recuerda
pero daba vueltas alrededor de su propio coche, dudando qué hacer,
dónde ir, a quién acudir. “A nadie, estoy sola con esto”
-pensó y tomó una decisión-. “Si se muere de verdad me suicidaré, tomaré pastillas y
no sentiré nada, sí eso haré”. “Ojalá hubiéramos muerto
todos juntos en un accidente de coche y no tendría que pasar por
esto”. “¿Y mi boda?” “¿y el baile?”, bailamos en todas
las bodas y nunca bailaremos en la mía, nunca leerá los libros que
le regalé, no tendrá tiempo. “¿Mis hijos?” “Cuando sea
abuelo les enseñaré a dar de comer moscas a las arañas”-recordó
con un dolor insufrible qué él solía decir y ya nunca lo haría-.
“No he terminado la carrera ni lo verá”, “nunca la terminaré,
no pienso terminarla ni seguir sin él, cuando muera me suicido, no
puedo ir al funeral, pero no quiero dejarlas solas pasando por eso”.
“Es mejor que me suicide después del funeral, espero que me dejen
sola, tal vez es mejor suicidarme cuando haya pasado un año, hacer
creer a todos que estoy bien y luego irme a morir en la montaña sola
para que no sufran...”
“¿Por qué no puedo morir yo por él?
Yo me cambiaría”, “él hace más falta en casa que yo”. “A
mí de verdad no me quiere nadie y a él lo quiere todo el mundo”,
“seguro que si deseo morir yo con mucha fuerza lograré que él se
salve, daré mi vida por la suya”. “Seguiré así, sin comer ni
apenas dormir y fumando a saco, tal vez así me ponga enferma y me
muera y no tenga que suicidarme”. Pensando todo esto se dio cuenta
de que estaba sola con esa carga, sabía que así debía ser y
decidió callarse para siempre.
Recogió a su hermana en el colegio,
ensayando para hacer el papel de su vida como la princesa más fuerte de la historia, realmente se le daba muy
bien. Había “ensayado” con la enfermedad y muerte de la madre de
Alejandro durante dos años, proteger y dar amor y esperanza le salía
tan natural como respirar.
Nemesia le dijo a su madre que Mariluz
le había dicho que debían esperar a los resultados de la biopsia y
que estuvieran tranquilos. Mentir a su madre para protegerla fue
difícil por el motivo del que se trataba, no por mentir para protegerla porque llevaba haciéndolo desde tan pequeña que no recordaba
cuando empezó.
Esa noche, como era habitual hasta que
el padre fue ingresado, fueron al bar de siempre. César no lo
recuerda y ella nunca lo olvidará por las circunstancias que
envuelven el caso pero él la abrazó y era un hombre de esos que no
expresaba emociones.Realmente lo que le ocurría a César es que estaba bastante
amedrentado por la mujer que era Nemesia, por la mujer que todos ven
en ella menos ella. No esperéis oir nada grandilocuente, él después
del abrazo la miró y no solía mirarla, era tímido, pero la miró
tan de verdad que le costó no soltar coraza escudo y lanza y llorar
ante él. Dijo: “te admiro muchísimo Nemesia, sólo siento
admiración por ti y por todo lo que haces por tu familia y lo fuerte
que eres, todos te admiramos y yo estoy muy impresionado, te llevo
cinco años y no podría hacer lo que tú. Eres muy valiente y... es
verdad que tienes unos ojos preciosos”. -No os encariñéis con
César porque no salió bien, él tenía sus propios planes y
¿adivináis qué? No eran quererla y cuidarla. De todas formas, hay
actos insignificantes o que ni siquiera recordamos (como lo que César
dijo a a Nemesia que para él no significó nada ni ha existido nunca) que suponen un punto de inflexión, en la vida de
otros-.
Nemesia después de esta breve conversación se fue al baño
a llorar, “qué duro”-se dijo-, “el mismo día que sé que mi
padre va a morir me doy cuenta de que me gusta un chico y es casi un
hombre porque es mayor... ¿Será verdad que toda muerte conlleva
nacimiento?, ¿y si él fuera lo que he estado esperando? qué pena
“enamorarme” cuando mi padre va a morir y cuando yo voy a
suicidarme. Me habría gustado besarle al menos una vez antes de
morirme pero no se me ocurre nada de ser peor hija que pensar en algo
así cuando mi padre se está muriendo... Pero él parece
comprensivo... Debo de ser la peor persona del mundo por seguir
pensando en esto en un momento así”. “Todo esto es una tontería,
seguro que no siento nada pero estoy pasando por el peor momento de
mi vida y estoy confundida. Sí tiene que ser eso”.
Una semana después, Nemesia decidió
que daba igual la novia de Alejandro, su vida al margen de ella y
todo lo que había pasado hacía dos años. Ella sólo concebía podérselo contar a una persona en el
mundo y evidentemente lo eligió a él, o más bien se rindió a la
idea de contárselo a alguien y como tenía muchas ganas de que
alguien la sostuviera en el peor momento de su vida y alguien tenía
que ser Alejandro pues se lo contó sólo a él.
-Alejandro, mi padre...- él la cogió
de la mano instintivamente, ella como estaba convencida ¿y aun lo
está? De que era el amor de su vida quiso pensar que fue por
proteción y cariño, pero sólo fue un impulso.- Se está muriendo y
no puedo creerlo, nadie lo sabe, por favor no se lo digas a nadie,
será nuestro secreto otra vez... No puedo creerlo.
-Ni lo creerás, de mi madre hace dos
años y yo aun no lo creo...
El impulso la venció y habló sin pensar.
-Le prometí a tu madre cuando murió
que si tenía una hija -Nemesia omitió muy prudentemente el “mos”
si teníamos una hija, fue lo que quiso decir y calló- se llamaría
como ella. Yo la quería mucho y la admiraba mucho, ¿lo sabes
verdad?.
Ella sabía que él ya no quería
recordar esas cosas, o peor, que ni las recordaba. Pero pareció que
estaba pasando un milagro. Él la miró como antes cuando eran dos
mitades que formaban un todo, sólo fue una milésima de segundo, por
primera vez en dos años desde el funeral ¿¡Alejandro iba a llorar
a solas con ella!? Pero los milagros no existen así que sí, él se
emocionó, bajó la mirada reprimió el llanto y el nudo en la
garganta... Pero en un parpadeo volvió a alzar la vista y le dijo.
-Bueno -le dio un leve toque en la mano
y sonrió como si nada, el desconocido había vuelto- hablemos de
cosas felices, mi hermana está embarazada, voy a ser padrino. ¿no es muy fuerte?
Nemesia, cuando Alejandro la despidió con un ademán diciendo: "me voy corriendo a por el bus que llego tarde a ruso dale un beso a tu padre" rompió a llorar. Lloraba con todo el cuerpo pensando en aquella canción que hacía dos años fue tan importante porque ella en su eterno amor ciego seguía pensando que "había demasiados buitres negros, que él era demasiado bueno para ellos y que era demasiado frío el momento en que ella lo estaba perdiendo todo" incluido a a Alejandro otra vez.
[…]
Era oficial, estaba completamente sola
ante la muerte de su padre, sólo había reunido fuerza para
decírselo a alguien y le había hecho daño; sin querer, sin saber,
como sea pero le hizo daño. Nemesia pensaba que aquello que los
separó -(la muerte de su madre por la misma enfermedad que ahora
mataba a su padre)- ahora que ella estaba padeciendo lo mismo, él
tendría piedad y compasión y los uniría... Pero como las
desgracias nunca vienen solas tuvo que asumir, y asumió también, el
golpe de que Alejandro no iba a estar para ella como ella estuvo para
él hacía sólo dos años.
Y entonces Nemesia tuvo que aprender y
aprende todavía muchas cosas en la escuela de la Vida y colorín
colorado este cuento no ha terminado.
Este es un fragmento comentado del libro de Jorge Bucay: El camino de las lágrimas. He intentado evitar escribir algo así y seguir "pasando de todo" no dar lecciones, pero como soy la afectada directa intento protegerme en todo momento, acabo de ver million dolar baby y comparto que esa norma es la más importante.
Para
poder acompañar saludablemente a un familiar o amigo que ha perdido
algo o a alguien valioso es
posible
hacer muchas cosas, pero es necesario dejar
de hacer algunas otras.
Transcribo
aquí abajo una pequeña lista incompleta de algunas premisas
importantes
Tener
en cuenta las actitudes que no
ayudan:
1..
No le digas que lo comprendes si no pasaste por una situación
similar.
2..
No hagas lo que hace la gente "porque es lo que se acostumbra"
3..
Decídete ayudar hasta donde tu corazón te pida y no hasta donde tu
cabeza te exija.
Nunca
hagas lo que no quieres hacer.
4..
No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
5..
No te empeñes en animarlo ni tranquilizarlo, posiblemente lo que más
necesita el otro
es
que lo escuches.
6..
No le quites importancia a lo
que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
7..
No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida.
No es el momento.
8..
Evita las frases hechas.
La
incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para
nada: "Tienes queolvidar"
"Fue mejor así" "Dejó de sufrir" "El
tiempo todo lo cura" (odio esta puta frase, de nada) "Mantente
fuerte por los tuyos" "Es la voluntad de Dios" "Es
la ley de la vida" Dejar que se desahogue. Sentir y expresar el
dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser
querido es el mejor camino que existe para cerrar y curar la herida
por la pérdida. Estás equivocado si piensas que dejarlo llorar no
sirvemás
que para añadir dolor al dolor. Estás equivocado si
crees que ayudar a alguien que sufre es distraerlo de su pesar.
Es mediante la actualización y la expresión de los sentimientos que
la persona en duelo se puede sentir aliviada y liberada. No temas
nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione.
Si llora, no tenés que decir o hacer nada en especial, lo que más
necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía
y tu afecto.
Tampoco
temas llorar o emocionarte con su llanto. No hay nada de malo en
mostrar tu pena, en
mostrar
que a vos también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te
duele ver a tu amigo ofamiliar
en esa situación. Lo que más necesita el que está de duelo, por lo
menos en estos
momentos,
es una oreja para poder hablar, un espacio para sentirse
débil y un hombro para llorar.
Esta
es quizás la premisa más importante para recorrer el camino de las
lágrimas con un serquerido:
NUNCA interrumpas la expresión del dolor. Mucha gente corta
intencionalmente lasexpresiones
emocionales del otro con una supuesta intención de protegerlo de su
sufrimiento peroocultando
(a veces sin siquiera saberlo) la verdadera intención: protegerse de
sus propiasemociones
dolorosas.
Hablar
del ser querido que ha muerto. Es imprescindible, cuando estamos
cerca, permitirleal
que está de duelo que hable todo el tiempo y todas las veces que lo
necesite del difunto yparticipar
con naturalidad de ese diálogo.
***
La
mejor droga es sin lugar a dudas la presencia sostenida de
quienes amorosamentedeciden
acompañar al que pena hasta el final de este camino.
Y
de todas maneras, de ellos se reciben no sólo las "buenas
palabras" sino también,muchas
veces, "las malas bienintencionadas acciones".
Las
buenas palabras son, por ejemplo:
Respeto,
Permiso,
Compañía,
Sostén,
Ayuda,
Facilitamiento,
Propuesta,
Presencia.
Y
las "malas" acciones podrían ser:
Forzar,
Empujar,
Manipular,
Salvar,
Interrumpir,
Olvidar,
Invadir,
Apurar.
Aceptemos
que puede haber alguien que está muy triste, con mucho dolor, y que
con
sinceridad
no quiere por ahora que lo ayudes a salirse de ese lugar.
Hay
que tener mucho cuidado, hay que ser
muy respetuoso.
A
veces es muy difícil saber si estás molestando o estás ayudando,
(preguntar si molestas constantemente es una gran idea, mejor que
molestar por miedo a preguntar).
Sumándose
al duelo, los manejos de los padres y otros familiares o de algunos
amigos(pocos
amigos) determinan, a nivel social, una presión culposa a veces más
insoportable que eldolor
de la misma pérdida.
Me
parece bueno acercarse y me parece bien proponer; pero estoy seguro
de que hay queevitar
los "hazlo por mí".
A
veces escucho, por ejemplo:
"Tienes
que salir, porque tienes familia...
porque
tus amigos...
porque
tu carrera...
porque
fulano...
porque
mengano...
Y
yo digo, puede que sea una buena idea recordarle que hay otras cosas,
pero no lo esforzar
una actuación y menos desde la culpa, porque a veces, como dijimos,
hay que preguntarse sinceramente
si lo que estoy queriendo es ayudarte a salir por ti o estoy
queriendo que tú salgas
de tu tristeza, porque soy yo el que no soporto verte triste. Antes
de decir nada al doliente, pensar en esta última idea.
Si me quedo aquí tú no vas a volver,
pero yo seguiré allí como si no te hubieras ido.
Si no estudio, si no me licencio, si no
avanzo demasiado todo seguirá igual como antes como cuando tú eras
y estabas. Si no rehago mi vida, de verdad, te rendiré culto, si nunca
tengo novio nunca tendré que presentártelo y con ello pasar por el
decir “no existe”. Si no me caso no me faltarás ese día más
que en ningún otro, porque desde que soy un zigoto sueño con ese día.Si no tengo hijos no tendré que llorar por otro
motivo más, pensando que no podrás alegrarte de conocerlos y así el día más dulce de mi vida, el más feliz ya nunca será el más feliz, ya es imposible que lo sea así que ¿para qué?. Si no
voy demasiado lejos de casa, no estoy saliendo demasiado, así que me quedo
dónde estoy, si no voy de viaje me quedo aquí donde tú estabas, mi Roten-Meyer interior está más contenta y me deja tranquila.
Si no tengo vida sexual no tengo que
sentirme viva ni culpable por vivir y que tú ya no puedas vivir
nada. Tampoco tengo que explicarle nada a nadie, ni callarme en su
cama, porque eso no se puede explicar; que me siento culpable, tal
vez puede explicarse pero ningún hombre quiere escuchar eso, ninguno
que no tenga un billete a Kuala Lumpur con carácter inmediato al post-coito.
Si no termino lo que debo hacer y nunca
lo empiezo no tendré que terminarlo sin ti. Si el mundo cree que soy
infantil por mi conducta rezagada en los estudios, les doy una razón simple para un sentimiento complicado, me
critican, se burlan y me dejan en paz al menos un rato, con la paz
que necesito.
Si siento demasiado padezco porque todo
esto es demasiado. Si siento poco me quedo dónde estoy pero tú ya
te has marchado.
El tiempo no soluciona nada, lo hace
todo más real y real es lo que siento. Pero lo que siento no es
correcto porque soy joven y los jóvenes viven felices y jóvenes,
pero yo me siento tan vieja que ya me pesan los años, o el turrón de Suchard que comí en Navidad, no lo sé muy bien...
Con lo que hablo, a veces no hablo,
porque así no tengo que decir de diez veces doce que me ha parecido
verte en cualquier parte, o que huele a tu loción de afeitar, pero
sólo era alguien de tu edad, sólo era alguien con tu ropa, sólo
era alguien con tu pelo... Tú ya no eres, tú ya no estás ni existes, de diez
veces doce me lo repito y no lo creo.
A veces pienso en hacer como si nada o
al menos seguir, venga sí ¡vamos! Hoy empiezo; terminar mi carrera,
vivir en Londres, viajar o dar la vuelta al mundo como Willy Fog eso
me habría hecho muy feliz. Luego conocer un chico o mejor un hombre, puestos a pedir, conocernos de verdad
los dos, no conocer yo sola y leerles como un libro que ya sé como
termina, pero que aún así me leo deseosa de que por una puta vez acabe de
otra forma y explicarle, de verdad, sin limitaciones, sin pensar en;
“esto no quiere oírlo, calla”, “no digas esto que se asusta, calla”, “no
hagas esto que lo pierdes”... Decirle qué siento y qué me pasa y
sobretodo qué me ha pasado, sueño que no le importa y que me
comprende porque la vida es sueño dicen. Sueño que por una maldita
vez tengo esa suerte que yo digo que son los padres y nos va bien,
nos casamos y que tenemos hijos y que somos felices y luego me
horrorizo y me repugno de que todo esto vaya a suceder sin ti. Por el
casamiento no me preocupo, lo veo tan lejos como llevar dentadura
postiza y de los hijos igual... Pero no hace falta casarse en sueños
para la desolación, en el mundo real en casa ya no hay nunca
tortilla de patata, ya no hay canciones gregorianas o de mocedades en la cocina y nadie me llama
Nemesia. Ya no tengo escudo, ni rompe-olas, ni paraguas, no hay
palmada en la espalda, no hay soluciones para todo, no hay
explicaciones para todas las cosas; las reales y mis fantasías.
La gente en abstracto juzgará y
opinará si sentir esto está bien o mal, yo no lo juzgo he dejado de
hacerlo, lo acepto porque lo siento y contra eso puedo hacer muchas
cosas y lo sé, pero sigo sintiendo lo mismo. Si hago lo que todos
esperan mucha gente estará más tranquila y también más feliz, pero
yo temo hacer lo que todos esperan y seguir sintiendo lo mismo,
sospecho que así será. Por eso me recreo en no hacer nada y puede
parecer fácil, pero no hacer nada es muy difícil. Sé que él
querría que hiciera algo, pero él no está y yo no creo en nada. No
creo que haya nada más allá, me parece un precioso y respetable
consuelo para quién lo quiera, yo no es que no lo quiera es que ni
lo siento ni lo creo.
¿Un título en mi pared llena un vacío
tan grande? Creo que no, tal vez sólo lo crea porque no lo tengo aún
o por llevar la contraria a todo el mundo, siempre he sido muy
salmón. A la única persona que llevo la contraria es a mí, sólo
me destruyo y me perjudico a mí.Y si no tengo un título ¿qué
hago? Quedarme aquí esperando, esperar como quién espera una línea
de bus que ya no existe. Pero si voy viendo cosas desde mi parada, si
voy viendo gente desde mi parada, me siento menos culpable. Pero
vivir en una parada de un autobús metafórico no es vivir y eso lo
sé. Sentirme menos culpable me hace sentir mejor, o al menos, menos
mal pero eso tampoco está bien porque no estoy avanzando y se supone
-como el valor en el ejército- que la vida es avanzar. No sé si es
cuestión de tiempo o de acostumbrarse, pensar en acostumbrarme me
repele, es algo que detesto, si me acostumbro haré como si nada y ha
pasado algo. Parecerá que es normal y yo no acepto la normalidad de lo que ha pasado.
Hay una frase de El jorobado de Nôtre
Dame que tú nos llevaste a ver, recuerdo que te aburrió mucho esa película en el cine pero te quedaste con nosotras, te gustaban las películas
Disney y los dibujos animados, siempre fuiste un niño grande que esperaba conmigo mirando la carta de ajuste hasta que empezaran los dibujos por la mañana, pero si
cantaban mucho eran un “bodrio” como decías tú. La frase que
rescato dice: “la vida no es un deporte que se mira, si mirar es lo
único que se te ocurre entonces verás como tu vida pasa de largo”.
No debería, en honor a tu memoria, vivir mirando la vida desde una
parada de bus. ¿Pero en honor a qué memoria si ya no existes? ¿qué sentido tiene eso y qué sentido tiene nada? Y así
se debaten mi cabeza y mi corazón que nunca se ponen de acuerdo. Yo
espero que un día uno acabe con el otro y todo sea más fácil. Lo
espero desde la parada de bus.
Desde este blog me propongo reinventar cuentos, destruir estereotipos, fomentar la independencia emocional, promover el abandono de relaciones tóxicas, explicar mi experiencia sobre el duelo, aprender, compartir y agradecer.