Hace poco cuando volvía a casa vi a
una pareja cenando por el barrio, en una hamburguesería muy cercana
a donde vivo.
Había algo en ellos que me recordó a
aquel antiguo nosotros. Se veía que eran muy amigos, hacían manitas
y conversaban animadamente, ella llevaba gafas y flequillo él era
bajito.
Nosotros solíamos hacer esas cosas,
como todo el mundo porque al final tener pareja es poco original,
aunque muy bonito -si es para estar mejor-.
Esta cotidiana imagen me hizo pensar
algo profundo, algo que me ha costado casi cinco años comprender. La
Vida tiene extrañas y muy diversas formas de demostrarnos nuestro
camino, el mío no era quedarme haciendo manitas con él en una
hamburguesería cercana al barrio...
Poco antes de morir su madre, rompí
literalmante la carta de admisión de la Universidad de Oviedo porque
yo sentía que mi sitio era y estaba aquí con él y me quedé, él
me necesitaba y mi vida podía esperar, yo sentía que todo era en
plural, que era nuestro, yo quería nuestra vida juntos y que los
dos, nosotros, nos fuéramos juntos cuando él estuviera bien, como siempre quisimos los dos. Quería
ser como siempre los dos mientras todo cambiaba, incluso cuando la
muerte ya cambiaba cosas... Hice caso omiso de esa señal que me
indicaba que me admitían en otro sitio desconocido, a esa señal que
me decía; “sí, allí hay una nueva vida que si quieres puedes
vivir”.
Cuando murió su madre, él decidió
prescindir de mí y buscarse inmediatamente una novia de sustitución
-cosas que pasan-. Yo decidí darme a la bebida, a salir por las
noches y a la comida. Aún estaba conociendo el dolor, aun me quedaba mucho que aprender.
Lo perdí todo, perdí todo lo que
conocía, incluso a mí misma. A su familia y nuestros amigos desde hacía
muchos años, desde toda mi juventud. Fui más que generosa en esa
divorcio. En todas las rupturas se pierde, y el que quiere más
siempre pierde más.-Mi humilde opinión-.
Entonces pasaron dos dolorosos años en
los que sentía que mi vida ya no sería la misma y que nunca más
sería feliz, que todo aquello no podía ser. Me quedé en el
muelle de San Blas esperando a que él recordara quiénes éramos
nosotros. Esperé a que él recordara nuestra historia porque la
historia pesa -mientras él estaba con la otra claro-. No aceptaba que él ya no sabía quien era yo y que
poco le importaba el camino de destrucción personal que yo había
elegido libremente -(aunque con muy fuertes condicionantes)- cada uno elige como gestionar su dolor, es peligroso enfrascarse en ser la víctima, aunque, si bien es respetable. Por difícil que fuera mi situación, pude hacerlo de otro modo y no lo hice, es importante aprender que somos los principales responsables de nuestro sufrimiento porque el dolor es inevitable pero el sufrimiento auto-infligido es absolutamente opcional. -Mi humilde opinión-. De nuevo
ignoré las señales que me demostraban que aquí sólo había
pérdida y dolor, lo ignoré todo porque estaba muy ocupada
esperándole. Siempre creí que él volvería, tan poco me quería a mí misma que iba a esperarle siempre...
-En esa época si buscabas "negación" en el diccionario aparecía mi
foto junto al sustantivo...
Entonces, dos años después de
ocurrirme el que yo consideraba el peor trauma de mi vida que fue
hasta esa fecha que después de siete años alguien me mandara a hacer
puñetas y se fuera con otra en mi cara y perder a todos nuestros
amigos y su familia a la que yo quería como propia; mi padre murió
de cáncer en un mes. No me atrevo a escribir que esto ha sido de
verdad lo peor que me ha pasado en la vida porque he aprendido que la Vida misma te sorprende y siempre puede pasar algo peor -o mejor-.
Sólo puedo decir que al morir mi padre me quedó todavía más claro
qué eran la pérdida, el dolor y sus matices. Entonces me digné a
escuchar esa señal que me mostraba que aquí sólo había pérdida y
dolor, esa voz que me decía “vete y vive, la vida no espera por
nadie ni por el amor, ni por nadie”. ¿Pero cómo iba a dejar a mi
madre y a mi hermana solas? Tampoco había terminado la carrera, me
quedé aquí sabiendo que debía irme... Me quedé por comodidad y
cobardía, por generosidad y por amor. Puse música clásica y dejé
mi vida en espera. Yo sentía que aun tenía cosas que hacer aquí.
Me quedé, pero me iba a quedar manteniéndome muy atenta a todo lo
que la vida quisiera mostrarme.
Desde ese momento de clarividencia al
morir mi padre todo lo negativo y positivo que me ha ocurrido me ha
demostrado que debo volar lejos de aquí.
Puede sonar estúpido o parecerlo, pero
esa pareja, esa regresión a ese pasado al que yo me he aferrado no
pocos años y que tanto sufrimiento me ha causado. Eso, me ha
demostrado que mi destino no era aquel que yo tanto anhelaba. ¡Qué rabia me daba la gente
positiva que me decía: “eso es que la vida te depara algo mejor,
no te resistas y fluye con el presente”! Pienso que lo mejor de haber vivido en el
muelle de San Blas es haberlo dejado y haber aprendido algo de esa
experiencia y creo que lo he hecho.
Al verlos me trasladé al pasado,
habría seguido todo igual. Seríamos nosotros comiendo la
hamburguesa con patatas de siempre, entre su barrio y el mío. Con
nuestras familias a veces, todos juntos. Siempre juntos sin volar. Con los amigos de siempre,
yo seguiría fumando y sin hacer deporte. Mantendría esas relaciones
de amistad que no me llenaban de verdad. Nunca me habría ido sola a
vivir al extranjero, pero con él seguro...
Esa pareja estaba allí cenando una
hamburguesa para demostrarme lo que la Vida ya me dijo hace casi
cinco años. “Este no es tu sitio: sal, vive, vuela libre”.
La última vez que escribí sobre
quién-vosotros-sabéis (hace exactamente dos posts) es decir,
Alejandro, enfermé del estómago presuntamente a causa de nervios y
estrés. Se ve que los recuerdos tienen en mí un efecto parecido al
diario de Tom Riddle, (Voldemort para los iniciados) ese recuerdo que
casi mata a la pobre Ginny Weasley en la segunda entrega de Harry
Potter... Al igual que ocurre en Harry Potter y la Cámara Secreta, a
veces los recuerdos pueden tornarse muy poderosos si lo permitimos
y pueden tratar de “quitarnos la vida”. Así que, pasando a un
tono menos lúgubre y más humorístico, escribo tranquilamente
nerviosa pensando en que si siento un leve hormigueo en el brazo
izquierdo me está dando un infartito y debo pedir auxilio. Bromas a
parte...
Noviembre 2008
- Me “alegra” que hayas ido a ver a
la persona que te ayudaría a evitarlo.
-Quiero vivir mi vida y divertirme
porque antes no me divertía.
-Me alegra que tu nueva novieta sea tan
divertida y que yo no lo sea y que yo quiera que te enfrentes a tus
sentimientos, a tu vida.
-¿Pero cada segundo de cada día?
-Intento ayudarte porque esos es lo que
hacen los adultos cuando se aman pero si tú quieres irte con “Miss
risas” todo el día es cosa tuya pero asegúrate de que ella piensa
igual. ¿Te ha dicho por qué no te llamó ese verano? ¿o te ha
explicado por qué os mandó un mensaje a él y a ti a la vez?, ¿por
qué enviaba mensajes a tu familia en vez de estar? Yo siempre te he
querido Alejandro pero has colmado el vaso.
Agosto 2008
-Se ha ...ta, se ha... Julieta ,
ella...
-Aura, no te entiendo, tranquila no
llores, ¿qué ha pasado?
-Está muerta... se ha muerto con él,
hace diez minutos... Te necesitamos, mi hermano te necesita, sólo
dice “que venga Julieta, no quiero ver a nadie más” y no se ha
separado de ella...
-Voy en seguida, me he dormido le llevé
a casa a las 5 y media de la madrugada, ¿es muy tarde? Espera lo
miro en el móvil... Las diez menos veinte, lo siento me he dormido,
en seguida voy. Aura tranquila eres la mayor, te necesitan fuerte.
-Ven pronto por favor te necesitamos
con nosotros, eres de la familia.
Nunca he corrido tanto en toda mi vida.
Abrí la puerta y nos miramos, él se esforzó por sonreírme siempre
lo hacía, siempre me sonreía, ese es el buen recuerdo que quiero
quedarme.
No espero que nadie entienda lo que voy
a contar pero ¿habéis visto el amor y la profundidad alguna vez?,
¿habéis visto el corazón de alguien, su esencia más profunda y él
ha visto la vuestra en una mirada, un tiempo y un espacio? La unión
más mística que he tenido en toda mi vida con un ser humano la tuve
ese día y no pretendo frivolizar con algo tan doloroso, pero dado
que no fue durante el sexo (el cual amplifica, magnifica y/o “crea
presuntos sentimientos” donde podríamos hablar de orgasmos y no de
emociones) creo con absoluta sinceridad que ese amor y ese abismo es
el sentimiento más devastador y visceral que he experimentado en
toda mi vida. (Es importante señalar que aun no soy madre,
probablemente si lo fuera, mi discurso sería muy distinto).
No obstante, puedo dar la razón a los
escépticos y podéis pensar que estoy loca, que era muy joven, que
no sería para tanto... Acepto, pero yo sentí eso.
Octubre 2008
Cerca del final.
23:00h
-¿Te gusta el hotel?
-Me gusta estar contigo.
-¿Te importa que me quede tomando unas
copas con mis cuñados? Me apetece quedarme un rato con ellos... ¿Me
prepararías un baño de agua caliente de los que sólo tú sabes
hacer?
-Vale pero no tardes, dan el Orfanato y
me da miedo verla sola, pensaba que la veríamos juntos pero me
alegra verte relajado y bien... Te espero arriba.
3:00 a.m
Ella se despertó por el frío, él
dormía por el alcohol. Ella esperaba que él llegara la despertara y
la arropara y eso era culpa de ella, él quería beber y divertirse
lo había dejado muy claro.
Él dormía ajeno a todo. Ella lloraba
por preparar baños que se enfriaban solos en el baño en suite de un
hotel al que habían ido para estar juntos, no para estar cada vez
más separados, lloraba porque empezaba a entender que no sólo había
muerto ella, lo que había entre ellos estaba muriendo. A él ya no
le parecía algo a cuidar lo que tenían, ella quería mantener lo
que tenían a toda costa, quería sanarlo, pero siguió llorando
porque empezó a entender que sola no podía hacerlo y que no podría
en el futuro. Salió al balcón a llorar y a fumar sin hacer ruido.
Él ni siquiera sintió que ella se había levantado de la cama.
ANTES la habría detenido y obviamente se habría despertado porque
dormían abrazados...
Septiembre 2008
Era una comida familiar. Estaba toda la
familia de Alejandro, tíos, tías, primos, primas, su padre... Y por
tanto, todo el mundo hablaba, con tristeza en el ambiente pues
faltaba la anfitriona que había muerto hacía pocos días. No venía
a cuento y Alejandro la miró como nunca olvidaré aunque cumpla 100
años y rompió su silencio diciendo lo bastante alto para que todos
callaran:
-¿Cuando te mueras qué hago contigo
entierro o incineración?
A ella se le anegaron los ojos y se le
hizo un nudo en la garganta, estaba escuchando en ese instante una de
las cosas más preciosas que él le había dicho. Él no sólo estaba
dando por sentado compartir su vida con ella, estaba dando por hecho
que cuando fallecieran estarían juntos. Él estaba expresando su
temor a no saber qué decidir si ella moría antes que él. Él
estaba compartiendo su miedo porque ese día juntos -como siempre-
sin soltarse las manos, habían acudido a la incineración de su
madre y él aun la quería y tenía miedo a perderla cuando ella
muriese, miedo a no cumplir sus deseos más allá de la muerte de
ella. A ella o más claramente a mí, pero me cuesta contarlo en
primera persona, me pareció que nada más hermoso podía haber que
la expresión de ese deseo.
También puedo quitar toda la magia
para los escépticos y puedo simplificar racionalizando todo
sentimiento. Sólo era curiosidad por saber que quería yo tras mi
muerte, sin nada más. Pero no fue así.
Sin irme a ningún extremo de los que he dicho, ahora mismo
necesito paz y me gustaría alguien que, antes que tras mi muerte, me
preguntara por mi vida, me preguntara por qué hacer conmigo en su vida y lo hiciera, que me amara en vida, sin dramas.
Noviembre 2008
-Este viaje nos vendrá muy bien para
olvidarnos de todo lo que está pasando aquí... Me apetece llevarte
a desayunar a Starbucks para no escucharte más diciendo las ganas
que tienes de ir jejeje y también de compras y me apetece mucho
estar solos, es nuestro primer viaje solos.-dijo él, sonriendo.
-Y juntos.-Dije yo.
[...]
Ella empezó a beber y fumar todo lo
que podía le estaba perdiendo y él empezó a huir de ella todavía
más rápido.
3 días después: humillación.
-¿Qué cojones te pasa?
-¿Por qué estás tan enfadado
conmigo?
-¡Porque intento dormir y no dejas de
intentar abrazarme! y no sé qué hostias te pasa pero ya hablaremos
cuando volvamos de viaje porque estás insoportable, no sé por qué
coño tuviste que ponerte a llorar ayer cuando llamé a Griselda y no
creas que no sé que llorabas por eso... ¡¿Qué hostias quieres?!
-Sólo quería abrazarte para dormir y
estar contigo, creía que este viaje era para nosotros y duermes en
la otra punta de nuestra cama. Si no querías estar conmigo ¿por qué
me pediste que viniéramos aquí?...
-¿¡Y para esto me despiertas puta
guarra!? -no viene a cuento pero necesito imaginar música celta,
loros en monociclo, malabaristas, fuegos artificiales para poder
seguir escribiendo-. Eres una puta guarra y una zorra y me das asco y
no me voy a dormir al sofá porque está Patricia con su novio en el
salón y no tengo más remedio que dormir contigo. Déjame dormir de
una vez y que te jodan. Y no te pongas a llorar ¿eh? ¡Ni se te
ocurra ponerte a llorar encima!
-No sé como has podido perderme el
respeto de esta manera y tan rápido... Debo de haberte hecho algo
horrible y debes de odiarme mucho para hablarme así, nunca me habías
hablado así y estoy sufriendo mucho con todo esto... Sabes que no
puedo dormir si estamos enfadados, me pasa desde que eramos pequeños
y ahora mismo estoy muy nerviosa y muy triste y no puedo respirar por
lo que me has dicho. Así que por favor Alejandro si queda algo en ti
del Alejandro que yo conozco dame un abrazo para que me calme, o dime
algo que me tranquilice pero no me dejes así, mañana por la mañana
lo hablamos y me dices lo que quieras pero no puedo irme a dormir
así...
-Además de ser una puta guarra y una
puta zorra eres una jodida pesada y me importa una mierda que no
puedas respirar, no me sale de los huevos hablarte ni darte un abrazo
ni decirte nada que te den por el culo y déjame dormir. ¿Me oyes?
¡qué te jodan!
Él se dio la vuelta, ella ya llevaba
llorando desde el primer “puta” temblaba como la última hoja de
un árbol en un día ventoso de octubre, a penas podía caminar, era
todo tensión, abandonó la cama con Alejandro en ella, iba a
vomitar. Estuvo vomitando y llorando un buen rato, en el baño, el
baño estaba pegado a la habitación de ellos dos, después de
vomitar tres veces se quedó agazapada y tumbada en el suelo
abrazando sus rodillas, llorando sin consuelo, mirando la base de la
taza del WC. Si Alejandro no se había quedado en coma tras la
discusión, ni había sido presa de una hipofonía súbita debía de
oírla llorar y vomitar su pena, pero nada hizo, nada dijo, dejó que
todo esto pasara así. Ella también dejó ser vejada y humillada
hasta que su cuerpo reaccionó vomitando y con un ataque de ansiedad.
Ella volvió al dormitorio a la media hora, aun muy nerviosa, cansada
de estar tumbada en el frío suelo del baño y de vomitar, presa del
pánico y la incertidumbre de qué iba a pasar con ellos y los días
que les quedaban ahí.
Cuando abrió la puerta del dormitorio
no podía creerlo, Alejandro dormía plácidamente, es más, roncaba
y no era fingido, ella sabía bien cuando él dormía. Eso fue una
puñalada, ver que ella estaba destrozada por sus palabras y él
roncaba... No tenía a donde ir, las habitaciones estaban ocupadas y
el salón también, pensó en tomar una copa, fumar y dormir en la
bañera, le pareció lo más sensato. Sólo sabía hacer eso ante lo
que le pasaba, eran dos refugios muy cercanos, tabaco y alcohol,
cuanto más alcohol mejor, o al menos, menos mal.
En la bañera hacía frío para dormir
y le daba vergüenza que alguien fuera al baño y la vieran allí, no
quería tener que dar explicaciones. Volvió al dormitorio, tenía
escalofríos y temblores, no quería dormir en la misma cama que él,
tenía miedo de rozarle sin querer y que se volviera loco otra vez y
no fue valiente para decirle que se fuera a dormir él a la bañera o
a la terraza, más que no ser valiente, le amaba demasiado como para
hacerle daño. No le dijo nada porque también tenía miedo de que él
se volviera loco otra vez y volviera a gritarle todos esos insultos
horribles, tenía miedo... Acabo de pensar que el miedo es un gran
indicador para saber cuando amamos demasiado. Cogió su almohada la
puso en el suelo y se tumbó sobre ella para dormir en el suelo y no
tener frío, deseando que amaneciera pronto, sabía que no iba a
poder dormir pero intentaría descansar. Él roncaba tranquilamente,
ella lloraba ansiosamente tapándose la boca con un jersey para no
despertarle y que volviera a gritarle... Qué curioso, le dolía
mucho el estómago.
Errores
Yo le quería más que a mi vida,
primer error.
Él ahora no tenía madre y yo no quise
permitirle no tener madre porque no quería que él sufriera segundo
error.
Yo no aceptaba que él debía sufrir
para después tal vez y sólo tal vez estar bien, tercer error.
Yo no podía soportar perderle, sentía
pánico de perderle y de que él me perdiera estando como estaba,
cuarto error.
Yo quería serlo todo para él y eso
ahora significaba pasar de pareja a madre porque él no la tendría
ya más, error fatal.
No se puede querer a nadie más que a
la propia vida. La vida es el sustento de todo lo demás que una
persona ha de tener, ningún amor sano de pareja vale más que
nuestra propia vida ni jamás nos hará tal demanda, y si estamos
sanos, jamás haremos tan grotesca oferta.
Nos obsesionamos con evitar el
sufrimiento propio y el de las personas que amamos cuando muchas
veces del sufrimiento y las crisis brotan los grandes acontecimientos
de la vida.
No podemos relacionarnos en pareja
desde el miedo a perder al otro. Se trata de cambiar el : “no puedo
vivir sin ti” por “sin ti puedo vivir pero me llena el corazón
que mi vida sea contigo”.
Yo era de las “no puedo vivir sin ti”
pensaba que me moriría o me mataría pero que mi propia vida no era
posible sin él y por cierto, para las románticas como yo,
experimentarlo no es bonito, es terrorífico.
Nunca es tarde para aprender cosas que
ya deberías haber aprendido. Cosas como que cuando tienes 26 años
no eres un bebé precioso de ojos inmensos, no todo el mundo te mira
con amor, te sonríe, ni te hace caso solamente a ti. No todo el mundo
está pendiente de ti de lo que quieres o necesitas, nadie se devana
los sesos en adivinarte porque ya eres adulto, ya no eres el centro de atención. He llegado a la
conclusión de que cuanto más te fastidia esta idea, más infantil
eres o por decirlo con amor que escuece menos; menos interiorizado
tienes este aprendizaje.
Otra lección de humildad es que cuantas más
atenciones necesitamos o exigimos de otros menos nos prestamos.
Necesitar tanto de los demás -que no responden ni cómo ni lo que
queremos- sólo es un genial indicativo de las atenciones que no nos
prestamos a nosotros mismos.
Tal y como hacían los hombres
prehistóricos mediante las pinturas rupestres pondré un ejemplo:
cuanto más necesitamos ser el centro de atención, que nos quieran,
que nos mimen... Más claro debemos tener que; debemos prestarnos
atención, debemos cultivar la autoestima y debemos mimarnos en
proporción a lo exigido a los demás, sin contar con nadie más que con uno
mismo.
“Si quieres una mano que te ayude la
encontrarás al final de tu brazo” y esto no es malo ni debería
ser triste sino que te da independencia. No está bien exigir a nadie
pero sí está bien expresarse para evitar úlceras de estómago
aunque te digan que no les importa. Hay que sacar lo que uno siente y luego ya es cosa de otro. Los sentimientos dolorosos como decía Shrek "mejor fuera que dentro, hay más espacio". Mi único julietaconsejo
para la expresión es que seas pragmático con respecto a quién te expresas, tal vez
sólo puedas expresarte con una persona, dos a lo sumo y a lo peor
sólo contigo mismo. Si decides expresarte debes poder asumir lo que
vas a escuchar, debes poder asumir una respuesta favorable o una
decepción sabor hierro oxidado. Si no estás dispuesto a asumir una
respuesta sabor óxido, el problema es tuyo y no de los demás. Otra
lección vital más. Sé que esto no hace que moleste menos, pero al
menos eres consciente y para otra vez puedes pensarlo dos veces antes
de abrir la boca con según quién. Si hablaste con quién no debías
de tus sentimientos es tu responsabilidad y no de los demás, tal vez
debas ser valiente para enfrentar la idea de que hay que desapegarse
de algunas relaciones o de muchas.
Hay que tener presente que no todas las
personas tienen siempre el mismo humor todo el tiempo que nos
acompañan en nuestra vida, ni están en el mismo punto vital que
nosotros y esto último es muy importante repetírselo cada vez que
nos sentimos ofendidos para no llenarte de rencor y rabia porque dan
dolor de estómago.
Algunas personas están en el punto
vital más feliz porque se casan, otras están reconstruyendo algo
sobre los cimientos del amor de sus vidas, otras están volcadas en
su relación, algunas te odian por cosas que has dicho o hecho y
ahora te dan tu merecido, algunas sienten que cada vez tienen menos
que ver contigo porque estás creciendo. Otras quieren hablarte pero
no quieren que te hagas ilusiones por si estás enamorada de él y
entonces no te felicitan. Otras tienen exámenes, otras prefieren
quedar con el amante de turno que dedicarte tiempo pero te quieren,
otras se han tomado unas vacaciones de ti porque les agobia tu
situación y no es su momento de crecer...
“Las relaciones humanas son
complicadas así que voy a comprarme un ficus benjamina que no da
problemas tan complicados”, esta frase solía decirla mucho en el
instituto y es el momento de elaborarla de otra forma.
Creo que lo he escrito alguna vez pero
lo que hacen los demás se nos escapa y no podemos controlarlo (o
manipularlo con exigencia) para conseguir que hagan lo que queremos.
Otra lección o cura de humildad que me he tenido que aplicar. No
obstante, si podemos controlar cómo lo vivimos porque somos adultos y
pretendemos madurar.
Últimamente he estado leyendo algo
sobre el karma, si bien es muy poco y no entiendo mucho me ha dado
para pensar en esto. Yo he elaborado mi duelo desde la ira o la rabia.
No podía permitirme sufrir porque tenía que ocuparme de muchas
cosas -menos de mí misma, cosa que no hice- así que me resultaba
más fácil alojarme en ese sentimiento y en vomitar sobre todos
aquellos de los que sentí su ausencia en el peor momento de mi vida.
Sobre todos aquellos que no se comportaron como yo quería. Esto es
lógico porque siempre resulta más fácil enfadarse que ponerse a
llorar y asumir el sufrimiento y dolor propios. Resulta más fácil
cargar contra los demás que pensar por qué me afectó de tal forma
como se comportaron, ahora ya lo sé y me esfuerzo en asumirlo. Soy
de la opinión que para llorar hay que tener tiempo y permiso, yo
durante más de un año no me di ninguna de las dos cosas.
En mi afán por ocuparme de todo menos
de mi duelo, perdí a bastante gente que encima eran de esa gente que
me quedaba tras la muerte de mi padre.
Hay una frase de la película Amélie
que me emocionó mucho “tus huesos no son de cristal, tú puedes
soportar los golpes de la vida”. Sí, pero hay golpes casi
insoportables.
Mea culpa.
En ese camino hice daño y me porté
muy mal con personas importantes -me refiero a amistades que no
merecían cosas horribles que hice. -A la gente que me dió de lado sin más ni
nombrarla quiero-hice cosas tan graves como; no ir a sus cumpleaños,
no alegrarme por sus alegrías, no celebrar sus logros... Fui y he
sido aún muy egoísta pero no supe -y prácticamente no pude en mis
circunstancias- hacerlo de otra manera. No pude ni supe soportar -y
aun me cuesta- que la vida sigue y que mientras yo cruzo lo peor
otros están en lo mejor, me daba mucha rabia esta idea o mejor dicho
me causaba demasiado dolor esa idea. No soporto las fiestas de ningún
tipo desde que en mi hogar se murieron, creo que en esta frase todo
queda claro. Debo aprender y de hecho ya sé que los demás no tenían
la culpa, otra lección. Pese a lo “arrastrada” que he sido en
las relaciones amorosas he sido demasiado orgullosa con algunas
amistades no perdonando, no disculpando cosas, no aceptando gestiones
de los demás sobre su vida y en especial sobre su vida amorosa, imponiendo mi punto de vista manipulando
en cierto modo porque quería que vieran las cosas como yo cuando "cada persona es un mundo" lleve yo razón o no. En resumen me he portado muy mal con algunas
personas, en todo momento tengo a una especialmente en mente pero fueron bastantes las personas damnificadas; lo
siento B. no me soportaba y lo pagué contigo aunque eso por
desgracia ya lo sabes. Pero realmente lo que hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos y así, yo no podía perdonarme a mí por
necesitar que todos me miraran con amor, con compasión y que me
arroparan en el momento en que mi hogar murió y me quedé sin él.
El orgullo y la soberbia (dos defectos que tengo) no aceptan
necesitar cosas, exigen cosas y como no las recibe se indigna.
Necesitaba desesperadamente que alguien me ayudara con todo pero sólo como yo quería sino no vale, además también quería ayuda sin
darme ningún problema ni ninguna negativa cuando mi mundo se vino
abajo y eso sólo era porque no supe ayudarme a mí misma sin exigir ni manipular a los demás, me avergüenzo profundamente de muchas cosas que no he hecho y cosas que sí he dicho y hecho. Nunca debí exigir a nadie lo imposible desde mi arrogancia y mi soberbia, tan solo debí expresarme desde el dolor y la necesidad pero no fui valiente para hacerlo porque eso era asumir e integrar en la normalidad de mi vida; que mi padre había muerto y que aun así la gente se casa, la gente tiene vida sexual, la gente sigue colgada del tío que no le conviene, la gente puede decir "no" aunque se haya muerto tu padre, la gente se enamora y a mí me sale como el culo en el amor... El mundo no se para por nadie ni siquiera por él que era el mundo por donde yo caminaba...
Ahora por
suerte he cambiado mi comportamiento aunque siento que un poco tarde
como siempre. No pretendo excusarme, no tengo excusa, sólo una
explicación y es ésta que he dado, “me declaro culpable de todos los hechos”.
Como decía, el karma me ha devuelto lo
que hice con estas personas haciéndome pagar, dándome la
desagradable sorpresa de ver que gente con la que más o menos podía
contar va a ser que puedo menos que más. He logrado lo que me he ganado: sentirme bastante sola y aislada de gente que sí intentaron estar a su manera. Pero es que aunque hubieran estado he aprendido que los duelos se elaboran esencialmente a solas, en una soledad devastadora que sólo quién la ha cruzado entiende.
La lección más básica y que llevo con más retraso es: la gente, incluso la que nos quiere
dirá “NO” a tus ilusiones y eso no siempre significa que te
quieran menos. Le daré la culpa a mi padre, él nunca me dijo “NO”
a nada, no recuerdo ningún NO. Él como era muy bueno me decía que
yo me lo merecía todo y eso está fatal, nunca se puede tenerlo todo
y eso lo he tenido que aprender tarde y por mi cuenta. Es perfecto porque me han llovido "NOES" como panes en estos dos años y eso me ha servido para ver lo que me cuesta aceptarlos.
El contrapunto del "no" es que a veces hay personas que aunque estés distanciada de ellas o te sientas en distancia por tus propias "cagadas" te sorpenden con un "yo no he recibido niguna invitación", "cuando quieras y digas se hace" o tú pones fecha".
En conclusión, pienso seguir expresándome porque mi salud me lo ha exigido en las últimas dos semanas. Pero según con quién, reconozco también en este gran "mea culpa" que debo corregir el cómo me expreso, haciéndolo más desde la necesidad, menos desde la exigencia.
Mi temor a expresar algunas cosas era -por infantil que suene- "ponerme a llorar" o que me hicieran más daño del que llevo en la mochila, que no me entendieran, que lo usaran en mi contra... ¡Toda una gilipollez! Se sufre igual o más a solas, la gente a la que quieres puede hacerte daño, hables o no, así que hablar es lo mejor y evita trastornos psicosomáticos.
Seré muy breve porque me juego algo
tan importante como licenciarme con un exámen que tengo dentro de
muy poco.
Pero tan importante en la vida como los
exámenes -o más aún- es el sexo, y ahora que he dicho la palabra
mágica para captar vuestra atención quería dedicar unas líneas a
comentar la erótica “nueve semanas y media” que vi ayer por
primera vez y de la que he reflexionado algunas cosas.
Hace poco hablaba con una amiga de la
terrible tragedia -de la que Sófocles no mencionó nada en absoluto-
que supone “el buen sexo en las relaciones destructivas o en las
malas relaciones” -el encomillado constituye un capítulo del libro
“las mujeres que aman demasiado” y no es una coincidencia que así
sea-. Estábamos de acuerdo las dos en que más allá de la calidad
de la técnica sexual, lo embriagador era esa... Magia,
ese sentimiento,
ese erotismo metafísico que el otro y sólo ese otro en
concreto con nombre y apellidos nos hacía sentir...
Por mi parte he recorrido bastante
camino hacia la recuperación -pero no aún el suficiente- para
admitir a regañadientes una realidad que me hará del todo
impopular. El buen sexo en las malas relaciones son los padres, esto es, una ilusión de nuestra mente. Me
explicaré mejor; es un espejismo adictivo, la pasión de las
relaciones destructivas es como tratar de zafarse de la arena en la
playa adherida a las manos, nunca se va del todo. Es muy difícil
dominar la pasión al grado de intensidad que siente la mujer que ama
demasiado. El espejismo es; ¿por qué con lo bien que nos va en
la cama luego nos va tan mal fuera de ella? Si nos va tan bien en la
cama es por algo. Porque juntos somos especiales...
Mi respuesta a la pregunta anterior es
-y tranquilas que a mí tampoco me gusta lo que voy a decir-; porque
intercambiamos el encuentro emocional e íntimo por el sexual ya que nos resulta más fácil y cómodo.
La parte emocional y de intimidad de la
relación se daña de gravedad muy temprano, pero en el sexo todo es
encuentro, “cariño” y “felicidad”. Por mi parte siempre he
desconfiado de todo aquello que dice un hombre al desnudo literal en
una cama o como decía Albert Espinosa: “siempre he desconfiado de
los “te quiero” y los piropos que me dedica una chica en la
cama”. Comparto absolutamente, siempre he desconfiado, pero también
he tenido todos los deseos del mundo de que “esa vez” fuera
cierto lo que me decía...
Así que es verdad; cuanto más
destructiva es la relación, directa y proporcionalmente más bueno
es el sexo. A los/as que os parezca un consuelo o una pasada esto que
acabo de decir, no sonriáis tan pronto. La cosa es que la "mujer que
ama demasiado” además de prostituirse emocionalmente; -(esto es
por ejemplo, dar todo el corazón porque te inviten a ir a tomar un
café pagando tú y no él)- acudimos en peregrinación al sexo para
solucionar todos los males de nuestra relación destructiva. Normal,
nos lo pasamos tan bien en la cama, seguro que si para solucionar
problemas de pareja hubiera que limpiar juntas de baldosa de rodillas
lo pensaríamos dos veces... ¿Para qué hablar o discutir pudiendo
hacer el amor y sentir al otro? Este parche alomejor a veces dura el
lapso de tiempo “nueve semanas y media” y a lo peor dura años.
Cada vez nos entregamos más, nos consumimos más el uno al otro en
el sexo. Pero post-coitalmente -(quién quiera, si lo piensa, que lo
admita)- te sientes cada vez peor porque empieza la ansiedad de
preguntarse cuánto tiempo va a durar esa aparente calma entre los
dos, cuándo habrá próximo encuentro. Eres esclava de la relación
y de él y sus deseos, pero como os lo pasáis tan bien, se te olvida
qué sientes al despertar sola en su casa y mirar alrededor, se te
olvidan sus desplantes y sus faltas de respeto porque el sexo es tan
apoteósico que lo vuestro tiene que ser mágico, tiene que ser
auténtico, tiene que ser AMOR.
Qué difícil es renunciar a esa
intensidad sexual que hace que en nueve semanas y media
parezca que conoces a tu amante de toda una vida, qué difícil es
zafarse y no prostituirse a
él emocional y sexualmente sintiendo y practicando semejante
atracción fatal.Pero difícil no es imposible.
Yo
personalmente, que he podido dejar de fumar, puedo testimoniar que
zafarse de la pasión destructiva no es nada fácil, pero cuando ya
has sufrido demasiado no tiras la toalla y sigues luchando contra eso
porque vale la pena labrarse una vida en paz y calma. Vale la pena la
garantía de saber que no es un juego el hecho de relacionarse en
pareja cuyas sórdidas reglas (del juego) sólo conoce él y luchar
por no vivir en una película erótica. Yo no digo que la película
no esté bien, pero en el fondo ella se conforma -(que no es poco)-
con el sexo pasional en un callejón porque él no quiere ir a ninguna fiesta con ella, no quiere hacer nada salvo acostarse con ella, no quiere
conocer a sus amigos... ELLA NO LE IMPORTA UN CARAJO. Y eso, más
tarde o más pronto aunque queramos engañarnos, lo vemos y sentimos
todas llegado el momento si es que alguna vez hemos tenido una relación así.
Yo no
había nacido cuando se estrenó esta película en 1986 pero estas historias
siguen pasando hoy. Y cuando pasan,-como me pasó con César-, a veces
tras nueve semanas y media hay que ser sensata y decir llorando como
dice Kim Basinger al final de la película: “demasiado tarde, me
estás destrozando y ya no lo aguanto más ¿no lo ves?”.
El
problema es que él, en ese momento y durante las muchas noches a
solas contigo misma que están por venir, se te queda pegado como la
arena de playa en las manos y te enreda con cosas como “no esperaba
sentir tanto por ti”. Y tal vez tú quieras aguantar más, una vez
más “a ver si esta vez”... Pero tranquila que a pesar de lo que te dice él no está solo, enseguida se irá con otra a superar tu "dolorosa" pérdida...
Cada uno decide cuánto y hasta
cuándo está dispuesto a seguir sufriendo. Y aunque es aburrido no
vivir en una película erótica porque en el mundo real hay exámenes
que aprobar, sin duda es más sosegado y mejor para la salud. Es
tentador vivir así o volver a una historia así, pero si ya sabes cuánto duele y de verdad has aprendido
dejaremos las películas para el cine, a él con su película erótica con la otra -(aunque duela mucho)- e iremos a aburrirnos un rato
estudiando.
"Y aunque el suelo queme miro hacia delante aunque ande cansada, créeme que soy una amante que teme amar demasiado, he aceptado mis dilemas, mis delirios, mis letargos, he retado al equilibrio y no consigo derrotarlo"
Igual
que un ex-alcohólico no puede tomarse ni una cerveza sin alcohol,
una ex-adicta a las relaciones destructivas y a amar demasiado no
puede darse ni un beso...
El proceso de rehabilitación requiere
mucho esfuerzo y unas buenas dosis de paciencia, de esa que yo no
tengo. Tal vez este punto en el que me encuentro sea harto delicado y
yo he tomado plena conciencia de ello hace poco. Se trata del momento
en que sientes más fuerza de la que posees realmente. Ese en que has
iniciado hace tiempo la recuperación, estás mejor y vuelves a tu
entorno tóxico mientras aún te rehabilitas. La luz de la estrella
Elendil en este pasaje oscuro es la conciencia. Se trata de
ser muy consciente de las sensaciones del cuerpo y de las emociones
que se experimentan en relación con el objeto de adicción; para ser
original hablo de un hombre/ relación destructiva con un hombre.
Dice
el dicho que
sentimientos que regresan son sentimientos que no se fueron.
Puede que eso sea cierto, afortunadamente no ha habido recaída, o yo
no lo siento así ni que me haya fallado a mí misma, pero gracias a
esta delicada oportunidad he podido observarme; me he detenido a
analizar críticamente cómo me comporto, qué hago aún, qué
siento aún. Y todo esto lo estoy viviendo porque desde enero del año
pasado estoy dispuesta a todo, a cualquier cosa, lo
que sea con tal de no
volver a sufrir como ya lo hice. Aún no soy inmune a las relaciones
destructivas, aún me estoy desenganchando...
Estas
dos parrafadas son para entretenerme y no decir lo que debo decir y
lo alargaré un poco más porque si fuera fácil, ya lo habría
dicho. No es que me falte sensatez, ni que me sobre corazón o tal
vez esto último sí sea verdad y por eso amo demasiado... Es que no
encuentro el equilibrio entre cabeza y corazón y así voy
practicando este arriesgado y difícil funambulismo dónde apostar
por el último me ha costado, muchas caídas, dolores y sensaciones
desagradables...
Nunca
me he tenido por tonta aunque cuenta la leyenda que uno me hizo dudarlo seriamente y por
eso sé que la única salida, la única luz
de Elendil de la que
hablaba antes es: estudiar
y seguir observándome de forma muy consciente
-(ya lo he dicho y no quería reconocerlo/decirlo)-. Observar mis
conductas para modificarlas y no repetir las pasadas. No es
divertido, ni emocionante, ni romántico, tampoco es intenso, es
molesto y desesperante, es una labor en el más absoluto de los
solitarios. Nadie puede hacerlo por mí, ni ayudarme y aunque tampoco
lo espero, nadie puede comprenderme en este sentido.
Ya lo he dicho
alguna vez, pero la solución fácil que me ofrece todo el mundo es:
“Emma, que entren
más pretendientes”.
Yo no quiero. No quiero porque sólo soy capaz por el momento de
elegir al tipo de hombres nocivos de los que he escrito en otras
ocasiones. Cuando yo
sola esté fuerte y
bien (del todo) no elegiré (consciente o inconscientemente) esa
clase de hombres. Sé que lo que digo suena a que fumo flores y que
es poco actual (en el sentido de poco moderno y que estoy pareciendo
una vieja por decir “moderno” pero correré el riesgo), es poco
de nuestros días en los que la gente tiene relaciones basura de usar y
tirar y no paran a reflexionar en qué fue mal, qué se puede
aprender... Parece entonces que quiénes nos detenemos a reflexionar
a aprender y no nos relacionamos con hombres compulsivamente en busca
del amor, somo unas pusilánimes... No pasa nada, soy rara hace
tiempo que lo sé y además me gusta. Es más común pensar y actuar
acorde a “sólo ha sido mala suerte, vamos a por otro y tal vez
él...” Pero yo ya sé que ese no es mi caso, ni es mala suerte la
mía. Es mala elección y cada vez elijo menos mal, pero aún elijo
mal y lo peor es que elijo mal de forma consciente, sabiendo lo mucho
que me necesita ese
hombre al
que elijo, sabiendo como me refuerzo con su necesidad...
Pero lo seguiré intentando, haré lo que sea, con tal de no volver
al lóbrego lugar de dónde vengo...
Mi
entorno gusta en decirme que me
queda mucho por vivir,
que no puedo pensar
así siendo tan joven,
que he estado con muy
pocos hombres seriamente para tener un juicio tan definido y un
filtro tan infranqueable.
No voy a entrar en el debate de cuántos son muchos ni cuantos son
pocos. Mi sensación cualitativa y cuantitativa es la que cuenta, porque al final del día me
tengo sólo a mí misma y la sensación que tengo es, desde enero del
año pasado, que ya
basta. No sé si
muchas o pocas al ojo ajeno, pero sé que he tenido relaciones
demasiado intensas en las que obviamente amé demasiado y sufrí
demasiado y no puedo más. El amor y el dolor ni se pesan ni se miden
así que no puedo justificarme cuantificando ni calificando mejor, la
magnitud de mi resistencia al dolor, pero quiénes me conocen saben
que es muy alta. Eso, lejos de ser una virtud es una lacra
peligrosísima para la mujer que ama demasiado, porque te hace capaz
de tolerar, resistir, aguantar, permanecer y disculpar la más atroz
de las aberraciones y con una sonrisa.
Lo
que me da rabia -(y eso es porque me sobra [rabia])- es que aún no
puedo perdonarme. No es que no pueda perdonar a mis cuatro
experimentos de príncipe, es que no puedo perdonarme a mí porque no
soporto pensar en todo el daño que me he dejado hacer y para nada.
Todo el empeño era mío, toda la proyección era mía, todo el peliculón de antena 3 por la tarde co-producido por Spielberg de que "mis elegidos aspirante a príncipe" y yo seríamos felices era sólo mío... Los hechos
probados están muy claros. Ninguno me prometió esforzarse en
“felices para siempre”. Bueno, sólo uno, pero tras siete años me
dijo que “todo era una broma”-basado en un sórdido hecho real.
La
conclusión es que como ex-adicta aún en rehabilitación yo lo que
quiero -para resumir- es un novio. Mi brillante excusa es; he perdido
a mi padre, qué bien me vendría, qué feliz me haría un novio, unos abrazos y unos besos, dormir juntos por las noches y ver juntos las olas de día...
Pero yo no elijo bien porque aún no estoy todo lo fuerte que pretendo estar como para
poder elegir un novio como el que sueño y no con los vampiros emocionales que me quedo.
Podría decir muchas cursilerías (que para mí no lo son) respecto
al novio que sueño como que sueño con un novio de esos que quieren
hacerte la madre de sus hijos o cosas más sencillas como hablarnos
sin decir nada. Pero yo no escojo eso tampoco aunque lo quiera, porque como necesito a alguien
que me necesite me dedico a apadrinar y manipular cachorros
abandonados que alomejor son felices -o creen que lo son- con su vida
¿y quién soy yo para ir con mi amor y mis pasteladas
a pintarles una vida en technicolor y toda una gama cromática de
magentas? y lo peor es que la culpa no es de ellos sino mía.Yo les he elegido y no
sabéis qué rabia me da no poder darle la culpa a nadie. Madurar
consiste en eso; adquirir responsabilidad por los actos propios,
asumo mi responsabilidad por las relaciones que yo he mantenido y no
sólo eso sino por las que he luchado ferozmente por no perder...
Cerramos
filas en torno a mis deseos (¿infantiles?), parece que tengo un claro Game
Over en la pantalla
que me dice que aún no puedo tener un novio como el que sueño.
Mi
sensatez tiene muy claro que para tener oscuridad y penas en mi vida ya
he perdido a mi padre, y por cierto, siendo yo demasiado joven, así
que no necesito la ayuda de ningún aspirante a príncipe (de las
tinieblas)... Entonces mis deseos no pueden hacerse realidad, no
puedo ni debo tener un novio y es lo único que quiero ahora -(y siempre lo
he querido)-, como un ex adicto a la coca
quiere otra raya. Sigo aferrándome aún con todo lo que llevo vivido
y sufrido a que eso ahora me haría sentir bien o al menos, menos
mal... Y no es verdad, lo he intentado, cuenta la leyenda que hubo un hombre a la muerte de mi padre... Sólo son excusas; el amor que
yo escojo me destruye y de qué manera...
Parece
lo más inteligente pues, pero también lo que menos quiero y por eso
no hallo el equilibrio; estudiar y acabar mi carrera porque eso
construye algo nuevo para mí y no me destruye.
Resulta
muy irónico lo fácil que me resulta solucionarle la vida a un
hombre por muy complicada que ésta sea y pintársela en los colores
más bonitos del universo y lo pueril que soy con la mía propia no
permitiéndome avanzar, acabar la carrera e irme a Londres; ese es mi
sueño a corto plazo y yo que me tengo por valiente no tengo agallas
para ir a por él pero... ¿Sí para exponerme a otro aspirante a
príncipe?... Me disculpo y acepto mis sentimientos porque nunca he
estado con un hombre que me tratara bien, -o como a la reina que soy
y todas somos. Pero de los creadores de “la mujer del César no
sólo debe ser honrada sino también parecerlo” he creado “toda
reina no sólo debe serlo, sino también parecerlo”, así que debo
comportarme como tal; eligiendo otra clase de hombres, esto es;
hombres con clase.
Todos
tendemos a soñar con lo que no tenemos y nunca hemos tenido. Lo que
sí puedo hacer para no sólo soñar y sin tener que pagar el precio
de “solucionar complicadísimos problemas y carencias para
conseguir amor de otro” es solucionar
y ocuparme de mi propia vida.
Lo que ocurre sinceramente y lo reconozco es que es muy aburrido e
incluso triste dormir sin el abrazo de un hombre que presuntamente te
quiere... Aún así no quiero, ni puedo por salud, volver atrás.
Mi
cabeza lo tiene muy claro, pero mi corazón frunce el ceño, chasca la lengua y da una patada en el suelo porque
sabemos que los libros no abrazan por las noches, no te besan como si
se produjera un eclipse total y no te llevan a cenar a un sitio
bonito... Pero a estas alturas mi corazón ya debería saber que los
novios que yo escojo tampoco lo hacen.
Tal vez madurar (además de ser aburrido) consiste en
dejar de escuchar los deseos y escuchar más la cabeza, al menos
hasta que acaben los exámenes...
Al igual que con los hombres, – nunca
se lo digo pero lo pienso; no quiero ser “la primera que...”
quiero ser la última-. Lo importante no es como empieza, sino como
acaba el año.
Este año que ha durado un suspiro ha
sido muy denso, difícil y bastante farragoso.
Acepto, como sentimiento de compañía,
que una crisis vital es una oportunidad de cambio y crecimiento, pero
yo no la había pedido y siempre me han gustado los tacones. La
pizzería de la vida tiene la mala costumbre de no hacerme nunca
ningún caso y traerme y quitarme lo que le da la gana, no sé por
qué sigo yendo...
Empecé poniendo un doloroso punto y
final en lo sentimental, poniendo un hasta luego que pronto se
convirtió en adiós.-(A veces me caigo mal cuando me leo, pero es
que pasó así)-. Comenzó el año y le dije adiós a mi único
motivo de felicidad, el único motivo de felicidad y alegría de la mujer que
ama demasiado siempre es un hombre. Así que este 2012 no
prometía mucho ni me apetecía nada. A finales de enero me pasó
algo similar a lo que le pasó a Juana... Tuve un cinematográfico
ataque de ansiedad, -si ya me leéis desde hace tiempo sabéis que
prefiero contarlo con mi toque de humor personal- “mi padre ha
muerto, mi marido me engaña” (por supuesto él no era mi marido,
pero yo estaba muy triste y él era toda mi felicidad, cuando lo
pienso me avergüenzo de mí misma, pero fue así). También dos
amigas intentaron calmarme ese día, repetía lo mismo que Juana en el vídeo, llorando sin consuelo, por eso os pongo el enlace que expresa mejor que
yo lo que es Volverse loca.
Me planteé muchas cosas en mi vida
bastante difíciles para mí. Lo más importante es que no estaba
dispuesta a necesitar a un hombre de ese modo nunca más. Me juré
hacer lo que fuera para no necesitar nunca más a un hombre así,
para ser tan absolutamente fuerte e independiente que nunca en toda
mi vida pudieran hacerme tanto daño. No sé si esto tiene algún
sentido para quién me lea, pero cuando te rompen el corazón tan bien
lo único que puedes hacer es construirte uno nuevo e indestructible,
lo que me quedó del mío a principios de año no tenía ningún arreglo.
Grandes problemas requieren grandes y esforzadas soluciones. No hay
soluciones fáciles a problemas difíciles. Un día escribiré sobre
los refugios fáciles, los visité casi todos, era hora de refugios
difíciles. Puede parecer pueril este discurso, pero estaba -y aún
un poco- pasando por el peor momento de mi vida, renunciar a alguien
que te hace feliz pero que no te conviene no es nada fácil y menos
si estás haciendo un duelo por perder a tu padre. Sabía que no iba
a haber besos, mimos, alegrías, mariposas, ni abrazos. Pero después
de esto espero poder compartir amor y no sólo darlo, dar (demasiado) amor
ya sé y después de todo esto; si no lo recibo nunca, dolerá menos.
Mi pequeña lista de logros de este año
es que en enero, dejé de fumar definitivamente, volví al gimnasio a
tope, hice dieta, perdí peso, me propuse estudiar y además de
hacerlo aprobé cuatro de diez y con muy buena nota.
He vuelto a leer libros (no podía leer
desde que murió mi padre), a ir al cine (desde que murió mi padre
me causaba fobia estar en el cine, así que lo cuento como un logro), he
podido volver a ver películas y concentrarme en ellas. Me estoy
culturizando en materia de cine clásico y música, he descubierto
que me gusta. He aprendido a cocinar cosas nuevas, a colgar cuadros,
poner estanterías, pintar...
He aprendido a estar sola y tranquila conmigo misma,
he aprendido a cuidarme, a poder dormir tranquila. He aprendido a
poner límites y decir "no". He aprendido a zafarme de las personas que
me quitaban la energía que necesitaba para mí. He aprendido a
perdonar.
Me propuse estar conmigo misma, meterme
hasta el fondo en mi duelo para superarlo, descubrir qué cosas me
gustaban y qué cosas hacer por mí y mi vida, lo he hecho y lo sigo
haciendo, para hacerlo aún mejor en el futuro.
Lo más importante de este 2012 para mí
-porque ha sido lo más difícil-es: he
renunciado a mi papel protagonista y profesional de mujer que ama
demasiado.
Cuenta la leyenda, que llevo
solucionando la vida de mis parejas desde los 15 años (voy hacia los 26) y eran
problemas bastante complicados, no quiero quitarme méritos en este
sentido. He manejado toda clase de adicciones en hombres; drogas,
juego, alcohol... He luchado todas sus guerras y peleado todas sus
batallas; pérdidas de sus padres, depresiones, desilusiones
amorosas, búsquedas de empleo, despidos, terminar estudios básicos
o empezarlos, he sido su “madre”, amante, esposa, maestra,
psicóloga, doctora, enfermera, “coach”, bufón, cocinera,
costurera, amiga... Lo he sido todo, o mejor dicho, lo hice todo para
que me quisieran. Mi realidad inconsciente era “el amor no se
regala hay que ganárselo, si lo hago todo muy bien me querrá tanto
como yo a él y estaremos juntos para siempre”. Me encantaría de
verdad estar exagerando con lo que acabo de escribir, pero si mis
amigas me leen pensarán que todavía me quedo corta... Desde los 15
años... No me queda nada por hacer por ninguno de mis novios, todo
lo hice para que me quisieran, por un poquito chiquitito de cariño, esto se
llama prostitución emocional, me encanta el término, lo dice todo.
Lo hice todo por una sensación de paz interior y de deber cumplido.
Ahora que estoy mucho más sana y serena (pero aún no he terminado
con mi proceso) reconozco que también lo hice por soberbia para
sentirme poderosa y reforzada en mi autoestima y mi ego, reconocerlo
fue el primer paso, el siguiente dejarlo.
Toda mi vida necesitaba a un hombre, sé
que a mucha gente le pasa, pero reconocerlo y decirlo en voz alta no
está socialmente aceptado por eso alomejor parezco un poco bicho
raro pero yo sólo era feliz si tenía un hombre en mi vida y vaya
hombres... No uno cualquiera, siempre necesitaba a un hombre que me
necesitara, qué bien me hacía sentir eso, me parecía precioso...
Cuántas más cosas tuviéramos que vencer juntos, más realizada me
sentía yo, porque más me necesitaba él y más contaba conmigo, más
dependía de mí... Por supuesto de todo esto me he ido dando cuenta
con los años, hasta hace dos años yo sólo era una
maquinita-soluciónalo-todo. Pensaba que si quieres a un
hombre todo esto es algo que se debe hacer, es un deber moral. “Hacer
eso es querer, hacer menos es otra cosa, es querer menos”-así pensaba yo-. Por
supuesto, ninguno me dijo nunca que parara, ninguno me devolvió todo
lo que yo hacía o algo, ninguno perdió la cabeza por mí o hizo
algo tan sencillo como llevarme a comer a la luz del sol. Algunos
antes de “pegarme el cambiazo” e irse con la siguiente -
eso los que avisaban, porque la mayoría me han puesto cuernos de
Rudolph con iluminación incluída-. La mayoría tenían la
displicencia de decirme: “eres demasiado para mí, ya no es lo
mismo, ya no siento lo mismo, estoy agobiado”. Lo que no decían es
“ya me has solucionado la vida, ya te puedes ir que ahora voy a
divertirme con la nueva, ya no me sirves...” Yo era algo así para
mis novios como el genio de la lámpara de Aladdín, mi misión en el
mundo era hacer sus deseos realidad, con ello me sentía bien -era una ecuación simple; mi novio bien=yo bien-.
¿Conocéis a alguien que pudiendo pedir deseos que le serían
concedidos inmediatamente pidiera felicidad y libertad para el genio?
Pues lo mismo me pasaba a mí con los hombres, ellos querían sus
deseos hechos realidad, ninguno quiso liberarme o pidió que yo fuera
feliz. Podéis replicarme que tal vez haya algún Aladdín, que yo
siga igual, satisfaciendo deseos porque mi forma de amar es preciosa
y seré retribuída por un príncipe Aladdín algún día (precioso desde fuera
porque si no lo habéis vivido no sabes lo sola y triste que te
sientes)... Lo siento pero paso, el precio es muy alto y no lo pago
más, -prefiero gastar en zapatos-, en enero llegué a la conclusión
de que no podía sufrir tanto por “amor” lo encomillo porque eso
no es amor para mí ya, eso es esclavitud y yo me he liberado.
Estoy sola, sí, pero libre.
Lo que entendía yo con las palabras de
ellos, sus infidelidades y cambios por otra, era tan bonito como: por
supuesto, que yo no era ni guapa ni atractiva, esto ya de base, que
todo lo que yo hacía estaba mal. -Si durante un año te repiten que: no sirves para nada, que eres una inútil, que lo haces todo mal, que
se va con otras porque tú con tus celos le haces pensar más en
ellas y te aíslan del mundo y la gente que sí te quiere. Si te
dejas aislar cada vez más para que algún día él te quiera y estéis bien, si te
dejas asustar por él, le disculpas todo porque lo amas... Pues te
acabas creyendo que de verdad eres fea y no sirves para nada y que
por eso se va con otras que son más preciosas y maravillosas que
tú-. También entendía que mi manera de ser y de querer no valía
nada para ninguno de ellos -(la mujer que ama demasiado rige su
autoestima por lo que dice el novio de turno porque ella no tiene)-. Siempre me
culpabilizaba a mí misma con que yo podría haber hecho las cosas mejor, me
culpabilizaba porque pensaba que yo les avergonzaba. Entonces me
decía a mí misma que con el próximo tenía que hacer aún más
cosas y mejor, pero además esconderlo, de manera que pareciera que
todo lo había hecho él y era su propio mérito y no el mío, “si
él no lo dice es que yo no tengo méritos y además si yo tuviera
algún mérito no me pondría los cuernos”-eso me repetía yo, pensaba "seguro que a las chicas que son preciosas y muy buenas novias no les son infieles los chicos". Siempre me esforcé por
“ser la (gran) mujer detrás de un (gran) hombre” para que no me
dijeran “eres demasiado...”
Resumidamente mi objetivo; interpretar el mismo
papel pero actuando mejor cada vez. La cosa es que nunca se recibe
más afecto por más cosas que hagas, lo sé, lo he intentado... La
responsabilidad de todo esto es mía (digo responsabilidad porque no
me gusta decir culpa, ya me he torturado bastante), ellos ya eran
así, (unos más y otros menos) el problema de hacer, dar y amar
demasiado era mío y llevo un año poniendo remedio, creo que no lo
estoy haciendo nada mal... Aún no he llegado dónde quiero pero como
se dice coloquialmente; os juro que me lo estoy currando mucho.
El 2012 ha sido pues el año del fin de mi anterior mundo. Estoy elaborando cosas muy difíciles pero que me
parecen muy necesarias, pienso seguir por este camino y escribiendo
qué tal me va...
Desde este blog me propongo reinventar cuentos, destruir estereotipos, fomentar la independencia emocional, promover el abandono de relaciones tóxicas, explicar mi experiencia sobre el duelo, aprender, compartir y agradecer.