Mostrando entradas con la etiqueta superación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta superación. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy hace 3 años

        Hoy hace tres años empezó la peor experiencia de mi vida. La cuenta atrás hasta la llegada del fatal día 6 de diciembre en que murió mi padre. Así, en un mes, gozando de una perfecta salud... Primero fue una bronquitis, luego resultó tener un pulmón encharcado... Dos semanas después era un cáncer terminal. Día 6 de diciembre dejó de respirar y murió ahogado por el cáncer que contrajo como fumador de dos cajetillas diarias de Ducados negro. Vale la pena pensar en si seguir fumando sólo si queréis pensarlo. Respeto todo lo que cada uno decida hacer.

         Desde 2010 en que la muerte se llevó a mi padre las fechas son terribles y para una persona como yo que tiene la fortuna de tener tan buena memoria para todo lo emocional resulta muy duro. Detesto recordar con igual intensidad lo bueno y lo malo, pero así es...

Desde que me ha pasado esto he sido dos cosas y me cuesta mucho aceptarlas y perdonarme. Muy egoísta y muy miserable.

He sido muy miserable por no poder alegrarme por los demás en sus alegrías ni celebrarlas con ellxs, por no aceptar que la vida sigue y que aunque yo estuviera pasando por el peor momento de mi vida a los demás les pasaran cosas maravillosas. No concibo nada más miserable que no sólo no poder alegrarse por la alegría ajena, sino entristecerse por la felicidad de los demás y yo hice eso. Pero no me salía sentir otra cosa.

Una de mis mejores amigas me invitó a su cena de graduación en su casa, con sus padres, una tarta con su foto con el birrete, sus amigxs... Vive muy cerca de mí. Le dije que tenía una cena y que no podía ir. Ella nunca ha sabido que me quedé en casa llorando. No podía enfrentar ni asumir que ella tenía unos padres vivos que la mirarían llenos de orgullo y amor mientras cortaba su tarta de graduación y que yo nunca tendría eso. Y no sólo eso, es que nunca más tendría un padre vivo. Considero por tanto muy mísero no poder alegrarse por el bien ajeno. Sólo puedo defenderme diciendo lo mal que me sentía, lo descorazonada y deprimida que estaba. Esta sólo es una anécdota de tantas fiestas, cumpleaños, graduaciones y celebraciones a las que he faltado y que por supuesto nadie se merecía lo mal que actué no estando.
He sido muy egoísta porque no podía ver más allá de mi dolor, ni estar por nadie, ni siquiera sabía y lo he ido aprendiendo en estos años, estar por mí misma. Sólo puedo disculparme y defenderme diciendo que no deseo que nadie sepa nunca lo que es que la vida te quite a un padre como al mío en un mes... Independientemente de lo que decidan los demás para conmigo y nuestra amistad, tengo que perdonarme por ello y dejar de sentirme culpable. Un día de estos...


Sé que me está quedando un post muy lúgubre y triste, pero ayer me sentí contenta conmigo misma y quería compartirlo porque sentí que todo el esfuerzo que llevo haciendo para recuperarme en estos años está dando sus frutos. Ayer noche de Halloween pude salir y pasarlo bien, dentro de lo que cabe, por primera vez en mucho tiempo y siendo la víspera del inicio de mi tragedia.
Por influencia cultural o por mi propia personalidad (no voy a culpar a nadie de mis sentimientos de los cuales soy plenamente responsable) sentía inconscientemente que mi sufrimiento por la muerte de mi padre probaba mi gran amor de hija. Es algo que en occidente está muy grabado en el inconsciente colectivo, parece que los duelos insuperables prueban mayor y más fuerte amor, cuando bajo mi punto de vista discutible sólo prueban un mayor trastorno por duelo patológico... Esta parrafada es para decir que me sentía culpable por salir, por vivir, por celebrar, mientras mi padre estaba muerto e incinerado. Y ya sé que él querría verme salir y divertirme, mejor que yo no lo sabe nadie, pero no me salía. No podía ni me apetecía, me daba ansiedad irme dos manzanas más lejos de mi casa (que no fueran para ir al gimnasio de la UIB).

Ahora que estoy con un pie fuera de mi tierra para irme lejos estoy cosechando lo bueno y también malo que he sembrado. No ha habido sorpresas porque soy mucho más dura conmigo misma que con los demás -(lo cual es mucho decir y quien me conoce lo sabe)- y por lo dura que soy conmigo, opino que no me merecía por lo mísera y egoísta que he sido que nadie estuviera conmigo para despedirme, o al menos muy poca gente. He fallado a muchas personas pero eso ya no puedo cambiarlo, y en lugar de devolvérmelo, va el Universo y me concede que mis amigxs vengan a mi fiesta de despedida y que ayer, que era un día muy difícil para mí, sin ellas saber la fecha exacta de mi tragedia, mis amigas, estuvieron pendientes de mí estando de fiesta y me preguntaron en todo momento si estaba bien ya que me veían muy seria. Traté de distraer su atención como hago cuando se trata de este tema para no hablar y romperme y normalmente funciona, pero que no funcione con ellas significa que algo profundo estamos construyendo entre nosotras. O así lo siento yo al menos, espero que no en solitario.

No sé si merezco lo bueno o no que me está viniendo, soy muy dura conmigo y sigo pensando que no lo merezco por haber fallado tanto, pero mereciéndolo o no, estoy muy agradecida al Universo y a la vida.

jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdos

Hace poco alguien me preguntó si me felicitaba por mis logros y caí en la cuenta de que no. -Tengo una Rotenmeyer interior muy gruñona.



Hace también muy poco iba paseando por una de las calles de mi ciudad por la que he pasado muchas veces y entonces me asaltó un recuerdo a punta de pistola y casi me obligó a detenerme y alzar las manos.



Recordé algo tan cotidiano como que en esa calle estaba el dentista de Alejandro y empezó la película: me vi a mí misma años atrás, más joven, con el pelo por la cintura y más acné, subida a aquellos tacones que siempre llevaba a diario, con aquel móvil que no tenía whatsapp, con 20 años ¿cómo puede haber cambiado todo tanto en tan poco tiempo?... Estaba hablando por teléfono, mis amigas me proponían quedar para cenar y yo dije: “un momento me suena que tengo algo ese día por la tarde... -saqué la agenda- sí, eso era ¿ves? Ya sabía yo que tenía algo. No puedo quedar, Alejandro tiene dentista por la tarde. Menos mal que me apunto todas sus cosas porque pedimos cita hace tres semanas ¿te imagina que se me olvida? ¡Qué liada! pobrecito, no quiero que tenga que preocuparse por nada, bastante tiene con lo de su madre... Pero quedamos esta semana cuando él esté en el trabajo o no me necesiten en su casa”.



Ese mismo año, su madre con un pañuelo rosa hermosamente anudado en la cabeza que le regalamos sus hijas y yo por su cumpleaños antes de navidades me dijo: “¿me acompañas al PAC a por las recetas de mi madre en un momento antes de comer?”



Entonces paré la película y me felicité. Esa era yo y afortunadamente ya no. Me dí la enhorabuena porque recuerdo lo realizada que me sentía por cosas como acompañar a Alejandro a los médicos que tuviera que ir y apuntarme sus citas en mi agenda, sus prácticas de la universidad... Lo bien que me sentía por llevarle al trabajo y además cumplir con mis quehaceres diarios. Recuerdo lo feliz que me hacía cuando me decían: “no sé como no estás agotada tienen que estar todos muy contentos contigo por lo que haces por ellos, yo no podría”. Recuerdo lo integrada que me sentía en su vida y en su familia por hacer cosas de esposa de los años 50... Recuerdo que a mí eso me parecía amor y me felicito por haber visto la realidad.



Me felicité porque pese a todo y a todos creo en el amor con toda mi alma -aunque no lo creáis- y ya nunca más me haré eso a mí misma. Nunca me desubicaré, ni haré o daré más de lo necesario para ser querida y aceptada porque ahora me quiero y no merezco eso. Siento nostalgia a veces porque eso es el único “amor-hacendado” que conozco, pero también ilusión porque intuyo que el amor sano y verdadero en el que creo debe ser maravilloso y distinto a todo lo vivido.

lunes, 7 de octubre de 2013

Reiki

¿Qué es Reiki?



       El reiki es -dicho con mis palabras- la Energía Vital Universal -cuya existencia, vaya esto por delante, no está demostrada científicamente pero en la que yo, que no soy nadie, creo. Se trata de una técnica de sanación milenaria redescubierta por Mikao Usui (un monje zen japonés). Todo en el universo tiene una energía que el reikista canaliza a través de la imposición de manos a otra persona. Mediante el acto de imponer las manos se pretende la sanación de la descompensación (si la hay) de energías en la persona receptora; si no hay descompensación también se puede recibir reiki para potenciar la relajación y el bienestar. 

      Todo el mundo puede dar reiki (si ha sido sintonizado por un maestro) y todo el mundo puede recibirlo en cualquier caso.

Pese a que se practica en muchos hospitales en pacientes enfermos de cáncer y de psiquiatría ,los médicos (en general) son reticentes a esta práctica que consideran paraciencia, placebo y creencia. Lo que sí es un hecho científicamente probado es que mejora el sistema inmunitario, es decir, las defensas. Otro hecho es la efectividad que tiene sobre las quemaduras.


Una mentira muy extendida y que ha hecho no poco daño a esta práctica es que el reiki cura el cáncer.-Sin comentarios.



      De mi familia fui la primera y única en saber que mi padre iba a morir inexorablemente como ya he escrito en otras ocasiones. Mantuve el secreto a salvo de mi madre y mi hermana para protegerlas, “piensa en qué haría papá y hazlo” -me repetía cuando tenía alguna duda (acto que he pagado en incómodos plazos durante casi 3 años).



Cercana la fecha de la muerte dí a entender a mi hermana que “tal vez” (yo sabía bien que no) nuestro padre no se salvaría, ella tuvo un ataque de ansiedad al momento. No dejaba de llorar, ni podía respirar, ni moverse. Yo sabía que iba a pasarle eso y a mi madre algo peor, motivo por el cual guardé el peor silencio que he guardado en mi vida. Tenía claro que mi madre se suicidaría tras la muerte de mi padre o bien, estaría tomando pastillas a perpetuidad sin poder moverse de la cama. Tenía claro que me quedaría sin padre y sin madre a la vez. Tenerlo claro no me restaba dolor ni ansiedad obviamente pero estaba ocupada... No deseo tanto mal a nadie como el que sentí ese mes...



En este contexto, fui fuerte porque ser fuerte era mi única opción. Sólo se lo dí a entender a mi hermana porque a mi padre se le acababa el tiempo y quería amortiguarles el golpe.



Estábamos (cuando mi hermana sufrió el ataque) con una amiga cuya madre es maestra de reiki desde hace años. Nuestra amiga Marta que estaba con nosotras en ese momento me dijo: “vámonos a ver a mi madre, yo os llevo” yo fruncí el ceño y me compadecí de mi amiga por creer en “esas cosas raras que hacía su madre”. “¿Qué cosas eran las que hacía? un día me regaló una piedra que no entendí pero era un regalo... ¿qué era lo que hacía?, ¿brujería?, ¿era santera?, ¿curandera?, ¿astróloga? Tal vez era una de estas personas que cuando una familia pasa por un calvario como tener a un familiar en estado terminal de cáncer trata de aprovecharse de su dinero, yo debía ir con cuidado. Por desgracia ha habido casos donde falsos maestros reikistas han hecho tales cosas. Eso me dije, primero porque nunca creí en estas cosas y no sabía qué me iba a costar la broma de ir a ver a su madre... No sabía a donde iba, ni qué era el reiki. Por respeto a mi amiga y a que esta señora era su madre y si la hija es buena, presumí que la madre también y que no se aprovecharía de nuestra situación, accedí. (Compadeciéndome de mi pobre amiga que cree en las cosas raras de su madre) -pensaba yo en ese momento-, a llevar a mi ansiosa hermana a su casa.

Cuento todo lo que se me pasó por la cabeza porque son muchos prejuicios que tiene la gente sobre este tema, la mayoría, como era mi caso, por absoluta ignorancia y desconocimiento.



Mi hermana no podía hablar así que expliqué la situación como quien narra una historia ajena a la madre de mi amiga, yo debía dar tranquilidad, yo no estaba teniendo un ataque y mi hermana sí. -También he pagado esta protección ajena en incómodos plazos de casi 3 años.



Mi hermana temblaba sobre la camilla, no podía respirar y lloraba como una persona de 21 años que intuye que su padre va a morir dentro de poco. Al imponerle las manos, la que hoy es mi maestra, sobre la cara (chakra del tercer ojo) mi hermana dejó de temblar y llorar de forma automática y cerró los ojos muy relajada. Sé que como prueba sólo tengo mi honor y mi palabra pero fue así y a mí me estalló en la cara todo lo que había prejuzgado a esa mujer a la que no conocía y sobre mi “pobre amiga” la que cree en las cosas rarunas que hace su madre.


        El hecho es que mi hermana se fue muy bien de allí y yo tras mi sesión, después de la de ella, me fui muy relajada. A mi yo escéptica se lo expliqué diciéndole que había sido por el incienso, la música y la tranquilidad que desprendía esa mujer y nada más. Sólo casualidad. Mi hermana durmió toda la noche, lo sé porque yo estuve despierta absolutamente incrédula.



       Mi padre murió ocho días después de mi primera toma de contacto con el reiki. Yo no creía en nada espiritual, ni universal ni en nada obviamente.

Cuando la vida te roba a alguien así es difícil conservar la fé y yo no podía conservar lo que nunca había tenido. Yo quería morirme pronto o dentro de un año en función de como fueran estando mi madre y mi hermana. Cuando ellas estuvieran mejor quería suicidarme, sabía como y donde y que nadie lo sabría. Simplemente no quería ni podía vivir sin mi padre. En mi mente tenía un gran sentido que mi padre viviera y yo muriera, él tenía una familia. Mi madre le necesitaba, mi hermana también. Tenía muchos amigos, se iba a jubilar ese año, tenía que ir a hacer el camino de Santiago, tenía que volver a vivir en su pueblo. Tenía que vivir. Mi vida era absolutamente prescindible, pensaba que mis amigos superarían mi pérdida pronto porque eran de mi edad. Nunca me había (ni me ha) ido bien en el amor así que mi vida no sería una pérdida para nadie, creía que mis padres vivirían por mi hermana, pensaba que mi muerte era lo mejor que podía pasarnos a todos y no deseo a nadie sentir así con 23 años. Si alguien debía morir de cáncer era yo y no él. Pedí todo ese tiempo que guardé el secreto que si había “algo superior” un dios, un equis que nos manejara a todos como piezas de ajedrez cambiara mi vida por la de mi padre. Lo poco que podía dormir, me iba a la cama repitiendo el mantra. “Me cambio por él, que me muera yo y no mi padre”, “me cambio por él...” Puesto que nadie superior, ni inferior, ni ninguna deidad, ni santo, ni ángel,ni mis familiares fallecidos me hizo caso en mis súplicas ¿por qué iba a creer en nada espiritual?¿qué en el Universo podía permitir que mi padre muriera joven dejando a dos hijas que lo amaban y a una mujer de la que estaba enamorado?



     Durante dos años tragué pena, dolor, miedo, rabia, desesperanza y ganas de morir. A mi estómago no le pareció bien ese menú continuado y en febrero de este año me dijo basta. Me detectaron síntomas de úlcera de estómago, finalmente tuve suerte y fue sólo una bacteria llamada helycobacter pilory y a la que le gusta vivir en la boca del estómago de gente que padece ansiedad. Tomaba diez pastillas diarias durante doce días. El médico me dio el alta después de ese tiempo y un mes después yo aun seguía sintiendo que alguien me había colgado un ladrillo con un gancho en el nacimiento del estómago, me dolía mucho y no podía comer de todo. El médico me repitió todas las pruebas dos veces y todo estaba bien, menos mi dolor de estómago, claro.



Hastiada de médicos, ecografías, gastroscopias y demás recordé a la madre de Marta tras haber asistido a una sesión de constelaciones familiares... Pensé en ir a verla, si me sentía mejor bien y sino habría perdido dos horas de mi vida, pero por probar que no quedara.



Me recomendó someterme a un tratamiento depurativo de 21 días y recibir 8 reikis con ella o quien yo quisiera. Yo para mis adentros pensaba “no sé ni qué hago aquí hoy así que imagínate venir 7 veces más”.



El dolor remitió pero no del todo en la primera sesión, al menos dormí sin despertarme por el dolor esa noche. Antes de irme me dio una piedra para que me la pusiera en el estómago cuando me doliera, yo en el coche al irme pensé: “pobre mujer... Cree en estas cosas hay gente para todo, es un poco raruna”.



Para decepción de mi yo escéptica, un día que salí a cenar y el dolor volvió muy intensamente, por desesperación, a las 3 de la madrugada vi la bolsita con la piedra y me la puse en la boca del estómago sintiéndome muy imbécil no os vayáis a creer. No hacía efecto, esperé... Unos diez minutos después el dolor se fue. Mi yo escéptica me dijo: “se ha ido solo, la piedra es casualidad”.



En esas ocho sesiones de reiki me pasó de todo y nada malo. El dolor se fue y no me importa a donde.



A día de hoy me siento muy feliz de haber cursado ya el segundo nivel de reiki y de la paz interior que me ha dado. Me arrepiento de haber sido tan escéptica y de no haber ido antes pero voy intuyendo que no era mi momento y que todo pasa por algo.

domingo, 11 de agosto de 2013

Nosotros

Hace poco cuando volvía a casa vi a una pareja cenando por el barrio, en una hamburguesería muy cercana a donde vivo.



Había algo en ellos que me recordó a aquel antiguo nosotros. Se veía que eran muy amigos, hacían manitas y conversaban animadamente, ella llevaba gafas y flequillo él era bajito.



Nosotros solíamos hacer esas cosas, como todo el mundo porque al final tener pareja es poco original, aunque muy bonito -si es para estar mejor-.



Esta cotidiana imagen me hizo pensar algo profundo, algo que me ha costado casi cinco años comprender. La Vida tiene extrañas y muy diversas formas de demostrarnos nuestro camino, el mío no era quedarme haciendo manitas con él en una hamburguesería cercana al barrio...



Poco antes de morir su madre, rompí literalmante la carta de admisión de la Universidad de Oviedo porque yo sentía que mi sitio era y estaba aquí con él y me quedé, él me necesitaba y mi vida podía esperar, yo sentía que todo era en plural, que era nuestro, yo quería nuestra vida juntos y que los dos, nosotros, nos fuéramos juntos cuando él estuviera bien, como siempre quisimos los dos. Quería ser como siempre los dos mientras todo cambiaba, incluso cuando la muerte ya cambiaba cosas... Hice caso omiso de esa señal que me indicaba que me admitían en otro sitio desconocido, a esa señal que me decía; “sí, allí hay una nueva vida que si quieres puedes vivir”.



Cuando murió su madre, él decidió prescindir de mí y buscarse inmediatamente una novia de sustitución -cosas que pasan-. Yo decidí darme a la bebida, a salir por las noches y a la comida. Aún estaba conociendo el dolor, aun me quedaba mucho que aprender.

Lo perdí todo, perdí todo lo que conocía, incluso a mí misma. A su familia y nuestros amigos desde hacía muchos años, desde toda mi juventud. Fui más que generosa en esa divorcio. En todas las rupturas se pierde, y el que quiere más siempre pierde más.-Mi humilde opinión-.



Entonces pasaron dos dolorosos años en los que sentía que mi vida ya no sería la misma y que nunca más sería feliz, que todo aquello no podía ser. Me quedé en el muelle de San Blas esperando a que él recordara quiénes éramos nosotros. Esperé a que él recordara nuestra historia porque la historia pesa -mientras él estaba con la otra claro-. No aceptaba que él ya no sabía quien era yo y que poco le importaba el camino de destrucción personal que yo había elegido libremente -(aunque con muy fuertes condicionantes)- cada uno elige como gestionar su dolor, es peligroso enfrascarse en ser la víctima, aunque, si bien es respetable. Por difícil que fuera mi situación, pude hacerlo de otro modo y no lo hice, es importante aprender que somos los principales responsables de nuestro sufrimiento porque el dolor es inevitable pero el sufrimiento auto-infligido es absolutamente opcional. -Mi humilde opinión-. De nuevo ignoré las señales que me demostraban que aquí sólo había pérdida y dolor, lo ignoré todo porque estaba muy ocupada esperándole. Siempre creí que él volvería, tan poco me quería a mí misma que iba a esperarle siempre... -En esa época si buscabas "negación" en el diccionario aparecía mi foto junto al sustantivo...



Entonces, dos años después de ocurrirme el que yo consideraba el peor trauma de mi vida que fue hasta esa fecha que después de siete años alguien me mandara a hacer puñetas y se fuera con otra en mi cara y perder a todos nuestros amigos y su familia a la que yo quería como propia; mi padre murió de cáncer en un mes. No me atrevo a escribir que esto ha sido de verdad lo peor que me ha pasado en la vida porque he aprendido que la Vida misma te sorprende y siempre puede pasar algo peor -o mejor-. Sólo puedo decir que al morir mi padre me quedó todavía más claro qué eran la pérdida, el dolor y sus matices. Entonces me digné a escuchar esa señal que me mostraba que aquí sólo había pérdida y dolor, esa voz que me decía “vete y vive, la vida no espera por nadie ni por el amor, ni por nadie”. ¿Pero cómo iba a dejar a mi madre y a mi hermana solas? Tampoco había terminado la carrera, me quedé aquí sabiendo que debía irme... Me quedé por comodidad y cobardía, por generosidad y por amor. Puse música clásica y dejé mi vida en espera. Yo sentía que aun tenía cosas que hacer aquí. Me quedé, pero me iba a quedar manteniéndome muy atenta a todo lo que la vida quisiera mostrarme.



Desde ese momento de clarividencia al morir mi padre todo lo negativo y positivo que me ha ocurrido me ha demostrado que debo volar lejos de aquí.

Puede sonar estúpido o parecerlo, pero esa pareja, esa regresión a ese pasado al que yo me he aferrado no pocos años y que tanto sufrimiento me ha causado. Eso, me ha demostrado que mi destino no era aquel que yo tanto anhelaba. ¡Qué rabia me daba la gente positiva que me decía: “eso es que la vida te depara algo mejor, no te resistas y fluye con el presente”! Pienso que lo mejor de haber vivido en el muelle de San Blas es haberlo dejado y haber aprendido algo de esa experiencia y creo que lo he hecho.



Al verlos me trasladé al pasado, habría seguido todo igual. Seríamos nosotros comiendo la hamburguesa con patatas de siempre, entre su barrio y el mío. Con nuestras familias a veces, todos juntos. Siempre juntos sin volar. Con los amigos de siempre, yo seguiría fumando y sin hacer deporte. Mantendría esas relaciones de amistad que no me llenaban de verdad. Nunca me habría ido sola a vivir al extranjero, pero con él seguro...


Esa pareja estaba allí cenando una hamburguesa para demostrarme lo que la Vida ya me dijo hace casi cinco años. “Este no es tu sitio: sal, vive, vuela libre”.

martes, 14 de mayo de 2013

Fuimos tres en tu cama





Cuando a ella la llamabas por mi nombre, le elegías la ropa que a mí me gustaba, la convenciste de lo femenina que la hacía mi rosa favorito. Le sugeriste usar mi perfume.

La empujaste a depilarse las cejas y a hacerse mi corte de pelo, le sugeriste que se dejara melena.

Luego se aclaró el pelo para parecerse más a mí, después ella copiaba mi maquillaje para gustarte. A mí me elegías la ropa que ella se pondría y a ella la mía, de pronto me llamaste por su nombre.



Cuando quisiste que ella hablara con mis palabras, que tuviera mi sentido del humor para divertirte. La metiste en tu casa, le dejaste la ropa que me dejabas a mí. Le presentaste a la familia que me presentaste a mí, la sentaste en tu mesa, en las mismas fechas que me echaste de allí.

Señalaste en veinticuatro horas por qué puerta debía irme porque ella entraba por la otra para quedarse. La hiciste una más en tu grupo, le regalaste a nuestros amigos, lo que me robaste se lo diste a ella como si fuera nuevo. Como si fuera su premio por llegar cuando ya todo pasó, cuando ella ya había muerto. Cocinabas para ella lo mismo que para mí los mismos días que antes a mí; yo cocinaba sola, lo mismo que para nosotros unas calles más abajo, mientras lloraba frente a tu plato preferido... Luego me mandaba mensajitos tontos mientras lloraba por ti con un chico que me hacía caso porque un clavo iba a sacar otro clavo... Después me dormía y tenía pesadillas.



Cuando no te bastaba su conversación así que le sugeriste que leyera los libros que yo me había leído. Me confesabas que querías mi inteligencia para ella como si la mía ya no estuviera ni yo tampoco.



Cuando mientras estudiábamos ponías tu mano en su espalda, como antes en la mía, yo vomitaba a escondidas mi ansiedad por perderte pero me parecía de lo más normal... No te iba a decir nada, no iba a atarte nunca, tú nunca ibas a abandonarme, nunca debimos decir siempre, siempre resultó ser nunca.



Cuando la paseaste por los mismos sitios que a mí, pero tú y yo llevábamos años paseando, así que tenías que darte mucha prisa para borrar todo, tantos años de nosotros debían ser borrados con ella. Le atusabas la melena por la calle de camino al bar de siempre, al de cuando éramos pequeños y podíamos estar cenando juntos y charlando hasta tarde, para robarnos besos en los portales, revolvías su melena como revolvías la mía, pero erraste en cabello y en la chica ella nunca fue yo ni lo será, te exhibías públicamente con ella para convencerte de lo normal que era lo qué hacías.



Cuando la acostaste en la misma cama que a mí pero no fuiste feliz, entonces elegiste mi cumpleaños para hacérmelo saber y culpabilizarme por ello pero te fuiste a celebrar el de ella. Me culpabas de no ser felices y en ese trío estuvimos, tú por no saber y yo por querer. Irónicamente en ese momento fue cuando menos fuimos tres en tu cama...



Cuando no entendía porque querías un avatar de mí con el que ser feliz si yo te producía tanta desazón y desdicha. Nuestra historia se quemó en la biblioteca de Alejandría el día que me dijiste que yo no había sido nadie, que todo era una broma y a mí me doliste como si lo hubiéramos sido todo. Pero ya sabes que tengo mucha imaginación y me creí tu broma, ¿cuánto tiempo se ríe una chica por una broma de siete años?



Nunca tuve la culpa de tu duelo patológico anticipado, ni de querer al hombre que eras; primero para mí, después para formar una familia. Yo quería a un hombre que mira a la muerte y no se esconde en las faldas de mi avatar por no ser lo bastante hombre como para mirar a su otra mitad y decirle, “vete niña que ya no te quiero”. Quería un hombre lo bastante hombre como para llorar la pérdida de las faldas de mamá y a mamá. Quería al hombre del que me enamoré y no al que perdía a escondidas en la boca de otra. Quería a un hombre que no viviera con el miedo al cáncer y a la muerte, quería un hombre que se hubiera curado para ser un buen padre, el padre que él quería ser conmigo. Espero que con cada “te quiero” dedicado a ella hayas borrado ya cada recuerdo como me demuestras. Espero que hayas de verdad olvidado que cuando ella dejó de respirar yo te abrazaba porque no querías contigo a nadie más y espero que de verdad tú hayas olvidado que miramos a la muerte juntos en silencio. Espero que hayas olvidado que tu dolor fue mi mayor dolor y que todo lo hice para salvarte fue porque tú me lo pediste y yo te quería. Espero que ella te haga padre de los cuatro hijos que querías conmigo y te maldigo con que no tengan nunca mis ojos que tanto deseabas en nuestra descendencia, porque mis ojos no se los puedes dar y eso se te pasó por alto viejo amigo cuando creabas mi copia en ella, vistiéndola como a mí y acostándola en tu cama mientras te preguntabas que hacías. Pero tú a lo tuyo, que yo aun me río de la broma.



Quiero que algún día sepas que mientras el avatar que has creado de mí iba de flor en flor dándose a la mala vida que tu detestabas en toda mujer y ella me lo contaba todo, yo cuidaba de ti y de tu familia poniendo en riesgo mi salud física y mental sin que ello me importara porque te quería así y no sabía querer de otro modo. Estaba tan necesitada de amor que no me preocupó mi salud, ni mi tiempo, ni mi dolor, sólo quería parapetar tu golpe porque yo entendía el amor así. Ella se gastaba el saldo en deciros a todos que os quería, no puedo competir...



Cuando mientras yo secaba tus lágrimas dentro de un velatorio, te estrechaba la mano y te escondía mi cansancio de haber sido durante un año tu encantada y enamorada sirvienta, ella y sus amigas me criticaban porque ella no podía estar ocupando mi sitio (si hubiera hecho sólo la mitad que yo, apuesto que nunca ella lo hubiera deseado y tú jamás te habrías atrevido a hacerme tanto daño) se pasaron todo el velatorio inquiriendo a mis amigos a mis espaldas que a ver qué pintaba yo. Francamente, en eso hoy estaríamos de acuerdo, dado como pasó todo después y como terminaste conmigo no sé que pintaba yo allí.

Quiero que sepas lo que es justo y es que mis crímenes para con ella fueron ser quién fui en tu vida y estar presente en una muerte que me dolió como de mi sangre y lo peor es que si te queda algo de corazón tras las costillas lo sabes... Nunca quise un primer plano en un funeral pero me lo hicisteis todos porque me queríais o eso decíais y me pregunté muchos años después qué suerte de amor olvida tan pronto haber compartido tanto. Me colocasteis allí y yo me dejé porque me parecía normal y necesario. Si ansiaba ese primer plano era en nuestra planeada boda, con alguno de los vestidos que habíamos mirado juntos, quería un primer plano en nuestro viaje a París, en nuestra noche cenando por el Sena. Quería escuchar tus rarezas sobre que el río huele raro y que el barco te mareaba... Ella quería un sitio ante una muerte, sin trabajo, ni sacrificio, ni amor alguno. Ella quería mi sitio, tú me derribaste para dárselo gratis. Yo quería que tu dolor fuera mío y es justo que lo sepas.



Pero sigue llevándola a restaurantes rosas que a mí me encantarían, sigue mintiéndote tan bien como empezaste a hacerlo en esa época y sé muy feliz con ella para que todo esto tenga sentido. De verdad sigue fingiendo que eres feliz porque tienes novia y que ella no se ha muerto que en un tatuaje llevas el dolor que te causó su partida.



Yo seguiré tratando de escapar a la rabia que siempre me alcanza, seguiré tratando de perdonarme por haberme dejado hacer tanto daño en nombre del amor. Porque todo este reproche no te lo hago a ti sino a mí que no me perdono esa flaqueza, esa humillación, no me perdono haberte querido y no me perdono entender como entiendo todo lo que haces. Quiero perdonarme por haber llamado amor a la servidumbre y la prostitución emocional, necesito hacerlo para creer que de verdad volveré a querer no de igual modo pero si a vivir un gran amor y no un Hacendado. Quiero saber engañarme tan bien como lo haces tú, pero no me sale...

miércoles, 8 de mayo de 2013

Sobre los refugios y el deporte

       Estaba sobre la máquina elíptica y pese a que el sonido del mp3 llenaba mi cabeza con música que incitaba a todo menos a pensar, la mente siempre sigue sus propios derroteros.

Entonces pasó una chica, unos 22 años, una mujercita de esas con mucho estilo, un estilo que trasciende las lindes de ir al gimnasio con ropa deportiva, llevaba unos leggins de estampado étnico como hechos para ella, y unas zapatillas negras de deporte, similares a las tipo Victoria, muy especiales, jamás vi a ninguna chica con unas iguales en el tiempo que llevo yendo al gimnasio. Melena larga y negra, piel cetrina, no pasaba desapercibida. Llevaba unas gafas de sol wayfarer colgadas del escote de la camiseta.

Me gustan esas gafas en bastantes personas menos en mí. Los años que hace que vivo conmigo misma y como me cuesta aceptarme del todo físicamente... Pero no es eso, es que a mí no me quedan bien, tengo cara de luna llena, nunca menguante... Siempre la he tenido. Es curioso lo bien que quedan esas gafas de sol a los hombres de mediana edad. Siempre me han parecido gafas de padre. El padre de Tessa las tiene y le quedan de cine. Me pregunto como les quedarían a los padres de jóvenes, mi padre estaba guapísimo con las wayfarer, le quedaban sorprendentemente bien ¿debió de tener esas gafas de sol de joven o el modelo aviador?, ¿tenía gafas de sol de joven? ¿las usaba? Entonces entra la imagen de él en la óptica, mientras mi hermana se probaba las trigésimo cuartas gafas sin decidirse, él se probó las wayfarer mientras yo le decía que eran el último grito, que estábamos copiando a su generación en los estilismos. Hizo un gesto gracioso, una payasada típica de mi padre para indicarnos que estaba posando con las gafas de sol, no pude evitar decirle lo guapo que estaba. Recuerdo la vergüenza que le daba que le dijeran algo así, era bajito, motivo por el cual nunca se sintió guapo, como si eso estuviera reñido con la belleza... Las gafas le quedaban muy bien, mi hermana y yo estábamos tan convencidas que le insistimos en que se las comprara pero él , como siempre, sólo quería caprichos para nosotras no para sí, me preguntó si las quería yo... Pudimos habérselas regalado, a finales de este mes sería su cumpleaños, ahora ya es tarde. Siempre haciendo el payaso, era muy gracioso.


        Recuerdo seguidamente que en el hospital cuando le dieron la primera sesión de quimioterapia, se dio un tirón en el pelo cuando le quitaron la vía, -(comprobando si ya se le empezaba a caer, pero justo acababan de darle la primera quimio)-. Yo le pregunté, que si se le caía el pelo a ver si querría pañuelo o peluca. No por quedarse calvo, sabía que eso no le importaba, no era presumido. Pero pensé que tendría frío en la cabeza. Él, ni corto ni perezoso, cogió una toalla que había sobre la cama, se la enrolló en la cabeza y me dijo: "yo con esto y unas frutas encima a lo Celia Cruz" y puso los brazos en cruz imitando el recurrente paso de baile salsero de agitar hombros y pecho...


Se ha perdido tantas cosas...


        Voy a llorar, pero estoy en el gimnasio por la tarde, hay mucha gente y buena luz, verán que lloro sobre la elíptica. Como tengo un nudo en la garganta empiezo a pedalear como si no hubiera un mañana, llego a las 175 pulsaciones por minuto y me quedo ahí reprimiendo el llanto, pensando en por qué he ido al gimnasio esa tarde, repitiéndome que si sigo pedaleando estaré bien, que luego voy a danza africana, que me encantan las trenzas de mi profesora y su sonrisa de boca grande. Y pienso en la sonrisa de mi padre con la toalla en la cabeza, en una habitación de hospital, al final de su vida, al principio de su muerte, pero pedaleo más rápido para no llorar, para calmar la ansiedad. Pienso que luego iré a bailar hip hop que la música me gusta, que me encanta, que no tengo ni puñetera idea de bailar, pero allí me siento bien y formo parte de un grupo de personas. Somos mucha gente y todos escuchando la misma música, todos bailando a un mismo son. Quiero irme a casa pero me recuerdo por qué he ido al gimnasio. Pienso en Million Dollar Baby, siempre pienso en esa escena de la película cuando no puedo más en el gimnasio, sentí mucha empatía con ese momento.

“[...]Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos, si pensara con claridad volvería a casa, me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada, ¿es suficiente realidad?”

     Quiero irme a casa pero no debo, hoy me he prometido tres clases, mi lado salvaje pide venganza por la muerte de mi padre, pide expresión física, los ritmos negros de danza africana me sintonizan con mi lado salvaje, esa música tiene un efecto de comprensión sobre mis emociones que me lo dan muy pocas cosas y personas, tengo que ir a esa clase o me daré a las fresas con chocolate en casa y a pensar en lo puta que es la vida por quitarme a mi padre mientras mi madre ronca dos paredes más arriba que en la que yo engullo fresas en bata y pijama. Me repito que no hay soluciones fáciles a problemas difíciles y que el movimiento lo estoy demostrando andando. Una parte de mí, la gruñona Rotenmeyer, me dice que de todos modos de nada sirve lo que hago en el gimnasio, que mi padre está muerto, que la vida es una mierda... Pero la otra sigue a 175 pulsaciones y no piensa dar tregua. Además voy a ir a danza africana y además luego a bailar hip hop. He hecho cosas más difíciles que resistir a llorar en el gimnasio, mucho más. Llevo 55 minutos corriendo sobre la elíptica he notado que la chica de al lado me miraba pasmada tratando de disimular, también un joven que hacía abdominales llevaba un rato mirándome...


    Me voy a danza africana y lo doy todo pese a que estoy cansada, deprimida, nerviosa, inquieta por mis pensamientos. No tengo ganas pero estoy sonriendo, me sale solo, ¿será verdad lo que dicen de las endorfinas? Segunda clase superada, aun quiero irme a casa. Nadie se puede imaginar como me siento ni entenderlo, no hay mucha gente de mi edad sin padre y con una madre que salvar, es una situación que ocurre a los cuarenta o cincuenta. Por eso mi hermana acostumbra a llamarme vieja.


Va a empezar la tercera clase, la haré y me iré a dormir, no quiero saber que el mundo existe sin él.

Entonces entra un aluvión de gente en la sala, mucha más que habitualmente. Voy a hacer algo nuevo, me voy a poner en primera fila. Me da vergüenza, en primera fila todo el mundo puede observarme, observar mi cuerpo y sus defectos, tengo el espejo delante. Los espejos son los enemigos de las personas que no nos aceptamos, me cuesta enfrentarme a los espejos, y en el gimnasio más. Pero voy a aumentar la dificultad del momento y a aguantar el tipo en primera fila. Mi Rotenmeyer interior me recuerda que bailo arrítmicamente, que no tengo ningún talento ni estilo para el baile, que no es lo mío y que en primera fila todo el mundo me verá errando mientras bailo. “Igual hasta se ríen de ti, mejor vete atrás” me espeta. Yo paso de ella, estoy tan triste que ya ni me duele que me recuerde que soy un pato mareado bailando.

Están entrando todos los profesores de baile en la sala, la de africana que ya estaba dentro, el de hip hop, la de moderno, la de danza oriental y bollywood...

-Oye perdona ¿hay alguna clase especial y yo no me he enterado?-le pregunto a la chica de detrás mía.

-Sí, hoy es la master class de zumba.

“No vas a resistir, no has hecho zumba en la vida. No te vas a sentir mejor por quedarte. Vete a casa, no vas a estar más guapa ni esbelta por quedarte. Siempre serás graciosa, no pidas más. Por lo menos ten vergüenza y vete atrás para que nadie te vea, delante se ponen los que saben y las guapas que hacen de un grácil movimiento de brazo un paso sexy”.


Mi mitad sana piensa en irse a casa también, Rotenmeyer la está tratando de contagiar, me teletransporto, en casa estará todo por hacer, todo como lo dejé. Estará todo oscuro, se oirá el televisor, mi madre estará en la butaca roncando, da igual que sean casi las ocho de la tarde... Entonces me dice: “¿te vas a ir a casa para ver eso?, esto es una nueva experiencia ¿por qué no la pruebas y luego ya me dices que no puedes y que no te gusta?”. Le doy la razón a mi parte sana y mando a Rotenmeyer a rezar el rosario un rato, con su chal de lana y su moño.


Observo en rededor, somos mucha gente, espero que no me miren, todos disfrutando de la misma música; una música que invita al movimiento, a bailar, al ritmo, a sentirse vivo. Los profesores están animando a toda la clase llevando la batuta del baile. Me sorprendo de captar casi todos los pasos y poder reproducirlos, para mí es importante porque no me he marchado, me he quedado y me he atrevido a colocarme en primera fila; el lugar de las guapas y los/as que saben de qué va la clase en cuestión. Pienso menos en mi padre, motivo por el cual prefiero las clases dirigidas a dedicarme a pensar en la sala de máquinas.

      Me siento muy bien de repente y estoy tan agradecida de sentirme así por fin que me emociono y se me saltan las lágrimas pero sigo bailando porque llorar en público aunque ahora sea de alegría, no me gusta.


    ¡Bien! un día más lo he logrado, al menos me queda eso para mí, si me hubiera ido a casa, si hubiera cedido a Rotenmeyer no habría podido participar de esa clase grupal de zumba, ni de las divertidas risas de mis profesores

He tapado la boca un día más a todos/as los que me insisten en que debería tomar antidepresivos o tranquilizantes. Es muy importante para mí no haber caído en las redes de los primeros, me siento muy orgullosa de sobrevivir sin ellos de haber sido fuerte para ir en contra de todos (familia incluída) los que me decían cosas tan constructivas como "si los tomaras ya te habrías licenciado". Me enorgullezco de no caer en la solución fácil al problema difícil. Un día más he hecho algo sano por mí y por mi cuerpo. Un día más no me he refugiado, en beber, fumar, comer, salir sin ganas, en un amor de pacotilla por no estar sola, en comprarme mucha ropa y calzado que no necesito u otros cuatro bolsos más y pastillas para dormir. Un día más he sido luchadora, fuerte y valiente y mañana más de lo mismo.



    Me siento feliz de no rimar tristeza con cerveza como antes, de ir contracorriente, de pelear por lo que creo que es enfrentarme a mis poderosos demonios y no caer en los refugios fáciles que conozco tan bien. Esos refugios que atrapan, que no te sueltan, que están muy cerca. Los conozco bien me quedé unos años en ellos y cada día, cuando hago deporte pienso en “million dollar baby”, pienso en por qué no voy a volver a esos falsos refugios. Para la tristeza no tomo prozac, ni valium, ni diazepan. Tampoco soy de esa gente de “bueno, solo es media pastilla” y eso es importante para mí. ¡NO! Ni una pastilla ni media para reír químicamente, quiero hacer este camino nítidamente, en lo bueno y en lo malo. ¿Qué pasa por arrojarse al suelo a llorar el luto y gritar por qué puta jugada del destino mi padre no está más en el mundo? No pasa nada, hay que ser valiente para romperse así literalmente y recomponerse sin ayuda química, eso quiero hacer y eso hago.



Para la tristeza tomo tres raciones de gimnasio. Mucha gente me dice “es que yo no tengo tiempo” pero “quien quiere hacer algo encuentra el medio, quien no quiere hacer nada siempre encontrará excusas”. Es un paso difícil el del deporte, yo me negué muchos años a darlo, siempre encontraba excusas. Es la solución difícil, la que al principio da pereza, pero cuando me atreví a cruzar eso y traspasar la pereza, las excusas y de refugiarme en; "es que no tengo ganas de hacer nada” encontré un aliado para no sucumbir al extendido consumo de “happy pills”-(pastillas de la felicidad para los que somos de la LOGSE). Mi aliado el deporte es el mejor refugio que he encontrado y no daña mi salud ni mi economía como los demás. Me ayuda a luchar por ser feliz al natural.




martes, 23 de abril de 2013

Guerra entre mis mitades

     A menudo me dicen: "pero no le digas esto que se agobiará", "no hagas esto otro que se asustará", "no puedes decirle según qué a un tío, sólo estáis empezando, no seas pesada","eres demasiado exigente, así nunca encontrarás a nadie", "si siempre eres tan estricta te quedarás sola". Yo siempre contesto:

-Bien, en ese caso me quedaré "sola" como tú dices. Pero como tú dices ya no es la soledad que yo entiendo ni practico. Con respecto a quedarme sola, no temo. Siempre estoy conmigo, ya no me abandono nunca. Pero aun así, "sola" como tú dices, estaré en buena compañía, en la mía propia, por tanto nunca más podré estar sola en el sentido en que antes me aterraba, siempre estaré felizmente conmigo. Respecto a perderlo lo sentiré mucho, o no, dependiendo de mis sentimientos. Como soy muy sensible puede que llore por perderle. Probablemente estaré triste un tiempo, pero si se agobia o se asusta le diré "adiós" de buen grado, porque será muy evidente que no buscamos lo mismo ni vamos en el mismo sentido vital. Yo aspiro a un compañero valiente a mi lado. Aspiro a un valiente que no se asuste, ni se agobie. Por tanto, me resulta muy evidente que si es "de los que se asustan o se agobian" no es para mí.

+¿Y si se va con otra por tu intolerancia de no querer aguantar nada, también te dará igual y me soltarás este discursito filosófico?

-Si se va con otra sólo hará que confirmar lo que me dieron a sospechar sus agobios y miedos. Que no sabe estar solo, -que es como yo temía; un dependiente más de los que ya he conocido- , que no entiende el amor en la profundidad que yo lo siento, que le importa poco estar conmigo o con mi sustituta porque lo que quiere es estar acompañado para no estar consigo mismo, ni mirarse, ni observarse, ni crecer en ningún momento. No me dará igual verle con otra, seguramente tendré varias noches “Bridget Jones” pero el amor que afortunadamente ahora me tengo a mí misma, está dispuesto a dejar que otra esté con una persona así, sin prejuicios, simplemente somos dos naturalezas distintas... Auguro -y no yerro demasiado me temo-, que un hombre así, al que le da igual una que otra que yo, busca una mamá y yo antes que un hijo busco a un hombre, busco un par, un igual con el que relacionarme... Como ves, si se busca una sustituta mía, sólo tendré claro que aun tenemos menos que ver el uno con el otro. Yo puedo quererle a él y le quiero, pero no quiero formar una pareja así con él, (ni con nadie), si esa es la única oferta, que se lo quede otra, yo en temas de pareja, no pienso volver a las rebajas...

+Con esa mentalidad nunca encontrarás a nadie, eres demasiado exigente, nadie va a empezar nada contigo súper en serio... Lo más normal en este siglo es que empieces con alguien y ese alguien vaya despacio o tenga dudas porque está conociendo a otras también. Y si tú eres un poco lista, haces las cosas bien, y no demuestras demasiado interés, en plan, que no parezca “que pierdes el culo por él”... Eso irá bien.

-No tengo trece años, ni hago estrategias de adolescente que lee la super pop con el mentón apoyado sobre sus propias manos y con los talones en alto escuchando a los Backstreetboys para “conquistar a un hombre en tan sólo diez pasos”...
Admito el ir despacio, pero las dudas no. No admito dudas porque alguien sabe si te quiere, si no te quiere, o si quiere pasar el rato. Los hombres llaman dudas a querer seguir teniendo sexo con una mujer en tiempo muerto, sin avances ni retrocesos, sin compromiso, con comodidad de tenerte en el primer cajón de la derecha y a mí no me interesa.  Me quiero demasiado como para encogerme a ese nivel. Aspiro a alguien que sepa lo que quiere y si no lo sabe, yo no voy a ayudarle a encontrarlo ni a convencerle de que ese algo y alguien soy yo o de que puedo ser yo. No es mi labor vital convencer a alguien de por qué debe quererme o preferirme a mí antes que a otra. Si no lo tiene claro es cosa suya, digo que es cosa suya porque yo sé quién soy y no necesito reforzar mi identidad ni mi amor propio con la creencia de él en mí como pareja. Quiero una relación que fluya, no quiero vivir ni interpretar una obra de teatro para conseguir el aplauso de él. No quiero ninguna relación donde la relación misma dependa de lo que yo diga o haga porque en ese caso no me estaré relacionando en pareja, me estaré relacionando sólo conmigo pero teniendo a alguien al lado y esa, para mí, es la peor soledad que he vivido.




domingo, 14 de abril de 2013

Domingo por la tarde

Los domingos, desde que cae la tarde hasta que me duermo, es mi momento preferido para añorarte. Es cuando más pienso en lo mucho que echo de menos el cobijo de tus abrazos y tus prólogos sobre cine clásico que más bien eran monólogos.
Añoro pasear de la mano o del brazo y los pensamientos que seguro tenían los viandantes sobre si seríamos felices o cuanto llevábamos juntos.
Echo mucho de menos la indefensión que sentía cuando me alzabas en volandas y viendo el mundo desde tan alto pensaba en el golpe contra el suelo que iba a darme.
También añoro dormirme en tu sofá, al calor de un radiador que me arroparas dormida y despertarme con tu mascota caminando sobre mí.
Echo de menos no dormir contigo, tus ronquidos y el olor de tus cigarros de madrugada.
Mi añoranza favorita era despertarme en el magnífico aprisionamiento de tu cuerpo al desnudo abrazándome.
Echo de menos el tópico vestir tu ropa por las mañanas. Añoro poder elegir entre magdalenas o tostadas. Tu sonrisa dormida de primero y tu boca de segundo tras segundo.
Añoro cuando nuestra pasión declaraba la guerra y nuestras bocas la llevaban a cabo contra el cuerpo del otro.
Añoro tener un cepillo de dientes que comparte baño con las cosas del fantasma de tu ex novia.
Añoro la forma en que me creí que "eras tú el príncipe azul que yo soñé..."
Añoro todo lo que nunca he tenido ni tuve y eso es imposible, así que no añoro nada supongo, pero qué ausencia tan bien creada.

Por todo esto, nunca me creo las cosas que me digo los domingos al atardecer, ni ninguna de las que me repito por las noches.

viernes, 18 de enero de 2013

Esta madrugada

 No es una madrugada cualquiera...

     Qué rápido ha pasado el tiempo que ya me tiene aquí otra vez arrastrada hacia mis propias profundidades, esas que a mí me gustan y que a muchos otros espantan. Necesito la profundidad en estos momentos porque sé que así me desenvolveré bien en la superfície...

      Unas veces me parece un parpadeo y otras dos siglos de cuatro febreros consecutivos sin tu piel ni tu abrigo, como aquél... Puedo racionalizar que mi corazón y mi cabeza están en guerra y que sólo voy a concederles audiencia unos minutos esta madrugada porque para mí no es una madrugada cualquiera, así que digo esto porque en realidad estoy bien, estoy mejor pero esta noche voy a bucear un rato.

      Te voy a regalar los minutos de esta canción. Me los voy a regalar a mí en realidad porque aceptar no significa dejar de sentir pero sí soltar, empiezo a entender eso, tengo que soltarte, tengo que soltarme de tu mano otra vez, no voy a reprocharme que ya tendría que estar hecho, no necesito ayudarme a sentirme peor sino mejor... 


      Sé muy feliz, eso me gustaría mucho aunque ahora llore lo digo de verdad. Me gustaría que haber renunciado a salvarte nos hubiera salvado a los dos. Eres la primera vez que renuncio a salvar a alguien y no te olvidaré porque me has regalado la oportunidad de salvarme, o más bien y mejor dicho, sospecho que esto último también lo he hecho yo sola...     

     El tiempo nos ha dicho que lo estamos haciendo, mi pequeña cicatriz, cada uno a su manera porque cada uno está en su camino y así debe ser. Me ha dicho el tiempo que así debe ser... Quiero que seas todo lo feliz que puedas, yo también quiero serlo. No puedes escucharme ahora ni sabrás lo que escribo pero te deseo toda la felicidad que puedas sentir dentro de ti y lo lanzo al destino para que te llegue. Te deseo la felicidad que tú no hayas podido siquiera imaginar y más de la que yo pensaba darte y eso es mucho...

     No me necesitas, nunca lo has hecho, sé que no crees demasiado en ti pero puedes creerme cuando te digo esto, tal vez entre los dos, cada uno por su lado y tú con ella, puedas creerlo y yo también. Yo debo creer que tampoco te necesito, realmente no se trata de fé porque veo y voy viendo ya todo lo que he hecho sin ti y no puedo creerlo, pero lo estoy logrando sin ti mi pequeña cicatriz. No fue fácil, pero ya no temo a los desafíos. De hecho, cuando me derrotaste tras tus abrazos, llegué al punto de esperar los desafíos impaciente, después de ti luché contra todos mis demonios a la vez, con más impaciencia que miedo.

    Entré en un cine sin ti y me fui de viaje sin ti, tuve mis pesadillas sola, aquellas que te contaba de madrugada... Dejé de fumar aunque os vi besaros y abrazaros muchas noches, esto último me hizo muy difícil ser fuerte, ir al gimnasio y no fumar, pero parece ser que no lo hizo imposible porque además fui a clase e incluso aprobé. Estuve sola y maté mis miedos sin ti porque así es como se debe luchar y ahora lo sé, o como quiero aprender a hacerlo... Me duele no tenerte con nocturnidad -ya que es cuanto podría tener de ti- y te añoro pero como dice la canción quiero “recordarte que es mejor así, recordarme que es mejor así y que es menos peligroso estar sola que cerca de ti”.

   Está todo bien así, tú estarás bien y yo también. Ella o quién sea va a quererte; tanto, más, o mejor que yo. Quiero ser humilde por una vez y tragarme el orgullo y dejar que otra te quiera cómo o cuánto a ti te plazca porque es tu vida y si quieres llenarla con otra u otras ¿qué pinto yo? Toda reina debe saber hacer una reverencia y retirarse dignamente, esta es la mía, me retiro derrotada porque en la vida hay derrotas y quiero asumirlas. Te dejo ser feliz como tú quieras, con quién tú quieras, o sin nadie y sobretodo sin mí. Estar sin mí es tu deseo más evidente para mí, así que te libero de mis deseos de ser feliz contigo. Y si hay justicia en el mundo yo tendré lo mismo y sino, me tendré a mí, esta vez me tendré a mí y por eso no estaré sola.

    Si alguna vez me creí fuerte fue antes de ti, pero luego tú lo dijiste y tuve que serlo más y también lo fui. Lo soy. Aprendí que no te necesito para ser fuerte. Aquella madrugada recogí todo lo que admirabas; mi fortaleza, la intensidad con la que dijiste “te admiro muchísimo, no sé como puedes hacer todo lo que haces, me encanta eso de ti”. Barrí mi fuerza y lo que quedó de mí del suelo de tu casa, aquella noche qué hiciste añicos lo nuestro y me quedé esos pedazos barridos y guardados cuidadosamente. Me quedé mi fuerza y me quedé conmigo, he vuelto a componerlo y me está quedado muy bien. Sólo yo aprecio la diferencia, pero aún no he terminado del todo, confío en que cuando acabe no se notará...

      Espero que me falte menos para perdonarme todo lo que yo sola me creí y el daño que me dejé hacer, dejé que me dolieras porque parecía tan claro que tenías que ser tú que me siento profundamente avergonzada. Lo tenía muy claro porque él había muerto y eso te hacía importante, odio no haber sido más fuerte para no necesitar tu cariño en el peor momento de mi vida, no pude ser fuerte para evitar necesitarte y te cargué con ese deber y esa es mi cruz, poco me importa que sólo tenga sentido para mí. Necesito decirme esto en voz alta, no hace falta que me escuches, ya lo hiciste, ya te asusté con mis profundidades al decirte esto mismo. Nunca debí cargarte con el deber de que fueras tú quién me rescatara de la muerte de mi padre, de la tristeza... No debí cargarte con mi ilusión ni con mi expectativa, sólo puedo defenderme diciendo que tenía que salir bien porque yo quería y me equivoqué, no te pregunté, lo di por supuesto, di por supuesto que tú querías lo mismo... Me produce mucha vergüenza haberte cargado así, pero no tuve el valor suficiente para no necesitarte y no sabes como me lo reprocho, tanto que te guardé rencor todo el tiempo que pude, para no ver que fui yo y sólo yo... Me resultaba muy fácil tenerte del modo en que nos teníamos y eso tampoco es culpa tuya, no te sientas culpable por favor; ni mía, sólo fue mi elección cobarde para no entrar en el dolor que entraña una muerte. No fui valiente para elegir el dolor antes que a ti, no supe ni pude ser valiente para no luchar ferozmente por ser feliz contigo sólo porque tú estabas ahí, en ese circunstancial de tiempo y lugar. Me confundí con mis ganas de que alguien me quisiera por una vez en la vida y me ayudara con todo el peso que llevaba encima y sólo puedo decir en mi defensa que era -(y aún algo es)-mucho. Tenía muchas ganas de que fueras tú, me hubiera gustado mucho, pero a ti no. Y primero no supe verlo y cuando lo vi, no supe aceptarlo porque me dolía demasiado perderte. Me dolió más perderte con otra, pero me habría dolido perderte en cualquier caso... Al menos, aunque barriéndome del suelo y recomponiendo mis pedacitos, te perdí a ti, pero me gané a mí. Así que no te sientas culpable y sé muy feliz con ella o con las que puedas o quieras, yo voy a seguir esforzándome por no sentirme culpable, tampoco, de haberte necesitado tanto como lo hice.

Adiós mi pequeña cicatriz, tengo que decirte adiós otra vez y las que me hagan falta, no voy a presionarme más de lo que hago, ni por decirte adiós otra vez, ni por nada. Quiero que esta ya me baste pero no sé si fue tan duro el olvido como volverte a ver...

Está todo bien, no pasa nada por vivir estas noches como la de hoy. Desde Londres todo esto será una anécdota más en la intensidad de mis profundidades. Sé que miraré el tráfico y llegará mi autobús rojo y sonreiré, aunque llueva y todo esto será un recuerdo más.

***


Esta canción me ha hecho mucha compañía mientras escribía, he sentido cada palabra como propia porque eso fue lo que me pasó y es lo que ha pasado.



Ha pasado el tiempo 
no he dejado ni un momento de pensar; en los viejos sueños,
en las noches de conciertos, en un bar...

Ha pasado el tiempo y no sé por qué te cuento esto, será que se ha ido la inocencia que llevo conmigo...Si será el dolor, este amanecer que me ha helado el alma quiero despertar porque no puede ser verdad esta mala hora. Esta madrugada que parece nunca acabar esta noche de angustiosa calma.

Va pasando el tiempo bajo el cielo sin estrellas de Madrid
pero hoy no encuentro la ilusión que me quemaba dentro.

Nada más llegar a esta ciudad que nos devora
dime dónde estás que te quiero ver

y dejar pasar esta mala hora.


 Esta madrugada
que parece nunca acabar
esta noche de angustiosa calma
Quédate conmigo
hasta que la luz se haga
esta noche oscura de mi alma.

Esta madrugada
que parece nunca, nunca acabar
quédate conmigo
hasta que la luz se haga
esta madrugada.