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jueves, 24 de octubre de 2013

Recuerdos

Hace poco alguien me preguntó si me felicitaba por mis logros y caí en la cuenta de que no. -Tengo una Rotenmeyer interior muy gruñona.



Hace también muy poco iba paseando por una de las calles de mi ciudad por la que he pasado muchas veces y entonces me asaltó un recuerdo a punta de pistola y casi me obligó a detenerme y alzar las manos.



Recordé algo tan cotidiano como que en esa calle estaba el dentista de Alejandro y empezó la película: me vi a mí misma años atrás, más joven, con el pelo por la cintura y más acné, subida a aquellos tacones que siempre llevaba a diario, con aquel móvil que no tenía whatsapp, con 20 años ¿cómo puede haber cambiado todo tanto en tan poco tiempo?... Estaba hablando por teléfono, mis amigas me proponían quedar para cenar y yo dije: “un momento me suena que tengo algo ese día por la tarde... -saqué la agenda- sí, eso era ¿ves? Ya sabía yo que tenía algo. No puedo quedar, Alejandro tiene dentista por la tarde. Menos mal que me apunto todas sus cosas porque pedimos cita hace tres semanas ¿te imagina que se me olvida? ¡Qué liada! pobrecito, no quiero que tenga que preocuparse por nada, bastante tiene con lo de su madre... Pero quedamos esta semana cuando él esté en el trabajo o no me necesiten en su casa”.



Ese mismo año, su madre con un pañuelo rosa hermosamente anudado en la cabeza que le regalamos sus hijas y yo por su cumpleaños antes de navidades me dijo: “¿me acompañas al PAC a por las recetas de mi madre en un momento antes de comer?”



Entonces paré la película y me felicité. Esa era yo y afortunadamente ya no. Me dí la enhorabuena porque recuerdo lo realizada que me sentía por cosas como acompañar a Alejandro a los médicos que tuviera que ir y apuntarme sus citas en mi agenda, sus prácticas de la universidad... Lo bien que me sentía por llevarle al trabajo y además cumplir con mis quehaceres diarios. Recuerdo lo feliz que me hacía cuando me decían: “no sé como no estás agotada tienen que estar todos muy contentos contigo por lo que haces por ellos, yo no podría”. Recuerdo lo integrada que me sentía en su vida y en su familia por hacer cosas de esposa de los años 50... Recuerdo que a mí eso me parecía amor y me felicito por haber visto la realidad.



Me felicité porque pese a todo y a todos creo en el amor con toda mi alma -aunque no lo creáis- y ya nunca más me haré eso a mí misma. Nunca me desubicaré, ni haré o daré más de lo necesario para ser querida y aceptada porque ahora me quiero y no merezco eso. Siento nostalgia a veces porque eso es el único “amor-hacendado” que conozco, pero también ilusión porque intuyo que el amor sano y verdadero en el que creo debe ser maravilloso y distinto a todo lo vivido.

viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

lunes, 4 de febrero de 2013

Sobre el amor y el Derecho

Érase una vez Julieta, que cursaba catorce asignaturas de la licenciatura, hizo dos cursillos de libre configuración, 2º de alemán y 3º de inglés en la EOI.


Me quedaron asignaturas para septiembre, entre otras Derecho Constitucional 4'7.


Se acercaba el fatal desenlace, a la madre de Alejandro por terrible desgracia le quedaba poco tiempo de vida, a finales de verano se cumpliría el “como mucho un año” que dijeron los médicos. Así que, desde hacía casi un año yo deseé con toda mi alma parar el daño, quería -aunque suene estúpido- sufrir por él todo lo posible para evitarle sufrimiento, protegerle con mi vida si hacía falta. Qué impotencia sentía de ver que lo que más he querido en la vida se iba a llevar tal golpe y yo no podía hacer nada por evitar el mismo, pero sí podía hacer absolutamente todo lo demás por él y si hacía menos por extenuación, sentía que me estaba portando mal con él y que le estaba queriendo menos. Yo quise hacer tanto como hice sin que él se diera cuenta de todo lo que yo abarcaba, me parecía más bonito así “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Él nunca me dijo que parara, ni que yo hacía demasiado, nunca se dio cuenta de que yo estaba agotada física y psicológicamente, se lo escondí muy bien o él no quiso verlo, asumo ambas cosas.

En junio y con ese panorama, solicité el traslado a Oviedo, mientras mi Rotenmeyer interior me decía “eres una egoísta, le vas a dejar aquí solo, habiendo perdido a su madre... ¿quién cuidará de él?” Íbamos a irnos juntos allí antes de la enfermedad de su madre, antes de la tragedia. Me aceptaron pero él no podría acompañarme, ni siquiera me parecía ético preguntarle tal cosa, me parecía de ser mala persona comunicarle mi deseo de estudiar fuera, pese a que era nuestro proyecto antes de que empezara a terminar todo, vivir juntos en Asturias era nuestro proyecto y mi sueño, tenía 21 años... Yo me sentí traicionarle, sentí que lo abandonaba si me iba porque mi Rotenmeyer interior es muy mandona. Irme no era mi manera de entender el amor, no hizo ninguna falta que él me dijera “te necesito aquí conmigo”, lo hice todo yo sola y él no tiene la culpa de nada; así que tiré mi carta de admisión y mis sueños de estudiar mi carrera fuera de aquí por él, directamente a la papelera, Rotenmeyer hizo una mueca de satisfacción, se colocó mejor el chal de lana y me dijo “has hecho lo que debías, no sé en que estabas pensando al solicitar una plaza lejos de él, en estos momentos”.

 Amar demasiado, exponente infinito:

Vacaciones de verano, rutina diaria durante dos meses. Llevando casi un año haciendo demasiado, amando demasiado, fuera de mi sitio.

        Llevaba casi un año durmiendo 5-6 horas diarias como máximo. Por las mañanas; estudiar, llamar a su casa en los descansos de estudio para que se sienta arropado. Comer, reunir al grupo de amigos en el bar de siempre para el café, así él se sentiría bien y acompañado; quedar con su mejor amigo para que lo acompañara al trabajo en coche. Volver a casa estudiar dos horas más, ir a casa de Alejandro hacer lo que hiciera falta, salir de allí siendo fuerte, irme llorando en coche por ver como estaba su madre... “Eres una blanducha, tú no tienes que llorar”. No quería llorar ante todos, ellos tenían motivos, yo no debía, debía ser fuerte. Enviar mensaje a Alejandro sobre las siete que tiene poco trabajo y no molesto preguntando qué le apetecía que cocinara para la cena. Estudiar hasta las once y media de la noche.

      A partir de las once y media estamos en prime time “empieza la función”; cocinar lo que me ha pedido por mensaje de texto y algo más que le pueda gustar y hacer sonreír, algo que no sea repetido de otro día, “estoy muy cansada no puedo pensar, estoy muy cansada” llorar, “no llores no te dará tiempo a tener la cena lista ¿te parece que estas albondigas están bien esféricas?, hazlas mejor anda"... Cena hecha, tapar la cena para que no se enfríe, preparar zapatillas en la entrada junto a la puerta, percha para la ropa del trabajo que no se le arrugue, tabla de planchar y plancha por si acaso, prepararle ropa cómoda para estar por casa. Poner la mesa, servir la cena “está a punto de llegar, date prisa”. Lavarme la cara, “se nota que he llorado, tengo que maquillarme muy bien” taparme las ojeras nivel: “como no me ponga aquaplast...” Ponerme el perfume que le gusta, poner buena cara, sonreir, sonreir mejor “necesita positividad, no necesita que llores, ayúdale”. Preparar crema de aloe-vera en el salón para masaje de pies después de cenar, “pobrecito, tantas horas de pie trabajando, pobrecito, va a perder a su madre y yo no puedo hacer nada”. Hacer sitio en la mesa del salón para que podamos estudiar, elegir una película por si no tiene ganas a de estudiar hoy. Pensar cosas graciosas o divertidas que contar durante la cena, si no quiere ver una película ni estudiar iremos a tomar algo, debo pensar un sitio que le pueda gustar “¿no irás a preguntarle adonde quiere ir? Tienes que anticiparte por si no le apetece hacer nada ¿es que tengo que pensar yo en todo? ¡esfuérzate más!”... Timbre: “ya está aquí”, mirarme en el espejo de la entrada, “¡por el amor de Dios puedes poner buena cara y sonreir vas a deprimirlo!”


-Hola amor, ¿qué hacías?

-Nada, estudiaba un poco... Dame la ropa cuando te cambies, tienes la cena en la mesa voy a seguir estudiando, mientras te cambias y luego te acompaño mientras cenas.

[…]

-He pensado en no examinarme de inglés y alemán, constitucional me está llevando mucho tiempo...

-¿Tú? Pero si los idiomas son lo tuyo, tú puedes aprobarlo, yo no lo dejaría, si lo dejas te arrepentirás vé y ya veremos. Tú sabes mucho inglés, ¿vas a dejarlo por lo que me está pasando?


“Eres una maldita bocazas, ahora él piensa que estás cansada y le estás quitando sensación de normalidad en su vida, si él te ve capaz eres capaz de aprobar también inglés y alemán, no has debido decir eso, ahora pensará que él te supone una molestia ¡debería darte vergüenza!, le has hecho sentir mal, con todo lo que le está pasando y le has hecho sentir culpable ¿de qué vas?”

-¡No, no! si ya ves tú, no me cuesta nada... estoy estudiando, es sólo que estoy un poco vaga, ya sabes que soy una perezosa para estudiar en verano, tienes razón tengo que ir a los exámenes, no sé en que estaba pensando – reza porque se haya creído esa patraña o verás.

-Aprobarás, estoy seguro. Eres muy inteligente, te admiro muchísimo por ello, flipo contigo...

“¿Has oído eso maldita quejica? Eres inteligente y él cree que vas a aprobar; si no vas y sobretodo si no apruebas lo harás sentir mal, él pensará que si no fuera por su madre tú habrías ido a tus exámenes así que menos llorar y más hacer, ¡haz el favor de presentarte a los exámenes de la EOI! Y por cierto, no olvides pensar en quién estará con él mientras tú te examinas, por si a su madre le pasara algo justo en tus exámenes que no esté solo, ocúpate de eso también, él dice que tú puedes”.
Finalmente, llevarle a su casa en coche a las 4 o 5 de la madrugada.



[…]



        Después del funeral, “mañana tienes exámen de Constitucional, despídete y estudia hasta las 3 a.m, encárgate de saber como y con quién va a quedarse él”.

-Julieta, mañana aprobarás -me dijo solemnemente una de las hermanas de Alejandro- nuestra madre te ayudará, yo se lo pediré.

“No llores, maldita blanducha o te juro que te meto un puñetazo, ya has llorado en el funeral y no tenías que hacerlo, tienes que ser fuerte por él, sonríe y contesta algo agradable”

-Gracias, yo me sentiría muy halagada de su compañía, me voy a la biblioteca, en cuanto acabe el exámen vengo a veros.

“Cómo suspendas, vas a decepcionar a tus padres que te han dicho que estudiaras y ayudaras a Alejandro en todo, a las hermanas de Alejandro que mira lo que te han dicho; nada menos que “nuestra madre te ayudará” como suspendas no tienes perdón, piensa en lo orgulloso y contento que estuvo Alejandro con tu sobresaliente de inglés, tienes que aprobar constitucional... Como suspendas no tienes perdón”.

[...]

Derecho Constitucional: septiembre 2008, nota final; 4'8. En la revisión; “Usted señorita no sabe estudiar, con su método de estudio no va a aprobar quinto en la vida, tal vez debería usted, no sé, subrayar en colorines, es extraño que haya llegado hasta aquí, no todo el mundo puede aprobar en esta carrera y no pasa nada por ello, hay más opciones en la vida, piénselo...”



"Bueno, he aprobado 11 de 14, inglés y alemán y he hecho todo lo que he podido por él y su familia". Has fracasado, sabes que constitucional era la difícil, lo otro no es para tanto... Reza porque a él no le dé pena que hayas suspendido, si se pone triste o se decepciona será por tu culpa, debiste estudiar más...”



[…]

Años más tarde, sin Alejandro, sin nuestros amigos, sin padre, en convocatoria de gracia y sobretodo conmigo misma he aprobado Derecho constitucional. A Rotenmeyer la he mandado a fregar, aún sigue dándome órdenes y presionándome, suele decir “todo el mundo ha acabado ya la carrrera menos tú porque eres una blanducha fracasada, ya tendrías que haber terminado y no ser la última como siempre”.

Yo por mi parte salí de casa, cerré la puerta. Me dió pena que no pudiera alegrarse por mí, pero Rotenmeyer siempre está enfadada. Aunque sea tarde, me ha costado mucho esfuerzo conseguir esto y aunque ella diga que no, creo que tengo derecho a estar contenta por mi pequeño gran logro. Así que me fui a brindar por mi aprobado y por el tiempo que hace que no amo demasiado a tal nivel con un glamuroso Ginger grape.

Continuará.



Las imágenes pertenecen a la película “la sonrisa de Mona Lisa”, muy recomendable para reconocer patrones no tan lejanos en el tiempo. Patrones que he reproducido, conductas con las que me sentí algo más que identificada cuando vi la película y que, en gran medida, he narrado en este post. Si os apetece, la recomiendo.


sábado, 12 de enero de 2013

Maldita dulzura la mía

-Si tu novio te dijera que está pasando por el peor momento de su vida y acudiera a ti ¿lo acompañarías en su dolor?

-Sí. Sería como una mujer koala, siempre le daría cariño, compañía, abrazos y besos.



-Si te dijera que no se merece tu amor y que no te merece porque no puede hacer nada por vosotros como pareja ya que no tiene fuerza para hacer nada por sí mismo dado la situación que está pasando ¿qué harías o le dirías?

-Le diría que me merece porque él es toda mi vida y mi felicidad y que afrontaremos lo que sea juntos, que yo le ayudaré a estar bien como sea. Supongo que “asumiría el mando” hasta que él estuviera bien para hacer cosas por nosotros como salir de casa de vez en cuando... Le diría que si él no puede hacer nada por sí mismo que yo estoy ahí y lo haré por los dos.



-Si te dijera que está muy triste y deprimido porque su padre ha muerto y ya no le prepara el café por las mañanas como hacía siempre y que la falta de aroma a café recién hecho le hace llorar en silencio para que su madre no lo vea mal cada mañana. ¿Qué harías?

-Fácil, me pondría el despertador diez minutos antes cada día le daría un beso sin despertarlo y le prepararía café cada mañana y de propina un buen desayuno, probablemente tostadas o algo que le gustara mucho y le sonreiría, las sonrisas se contagian... Le mimaría todo lo que pudiera y más, le quiero muchísimo.



-Si te dijera que no tiene ganas de hacer nada, que el hecho de que el mundo siga como si nada y que él deba seguir con lo que le ha pasado lo deprime y enfurece. ¿cómo le ayudarías?

-Aceptaría sus sentimientos, no le forzaría a nada ni le presionaría, a veces hay que dejar que la tristeza de alguien siga su curso y simplemente acompañar si él quiere compañía. Le haría sentir cómodo en que no pasa nada si durante un tiempo no quiere hacer nada. Me encargaría de todas las cosas de él que fueran urgentes si él no está en condiciones para ello y de las no tan urgentes como lavar, ir a comprar, cocinar... Todo lo necesario hasta que él se encontrara mejor... Me quedaría con él mirando a un punto fijo en la pared si necesitara eso, o abrazados en el sofá entre almohadas y mantas viendo películas. Simplemente le demostraría que estaré si me necesita y me iré si se cansa de tenerme ahí...



    Mi interlocutora me sonríe y me pregunta:

-¿Crees que tienes soluciones para todo? ¿o respondes por no dejar ninguna en blanco?

-No, sólo llevo años de práctica y también es que cuando me enamoro no me dosifico... Me parece muy romántico demostrar amor así, entregando el 150% de mí, no sé hacerlo de otra forma, cualquier novia enamorada haría lo mismo...



-Si él te dijera que no puede concentrarse, que no puede estudiar porque la mente se le va al hospital y a lo mal que lo pasó esos días y todas esas noches allí solo viendo morir a su padre... ¿Podrías hacer algo por él?

-Sí, haría todo lo posible por darle esperanza y aliento, sería fuerte por los dos. Le ayudaría y le prepararía un planning de estudio; organizándole las horas que debe estudiar al día y los días que debe dedicar a cada asignatura, los descansos que puede hacer, el tiempo para comer o ir a jugar a fútbol si quiere... Le haría el planning en colores bonitos para que le pareciera una de mis típicas cursiladas y se riera. Le sugeriría fraccionar el estudio en 45 minutos de estudio por hora y quince de descanso. Afrontaría esa preocupación con él para que no se viera solo ante eso. Y probablemente, si no se tratara de algo de ciencias o matemáticas, -de lo cuál no tengo ni idea-, estudiaría con él si me necesitara. Le haría resúmenes, o le explicaría aquello que él no entendiera si yo pudiera entenderlo... Haría lo que fuera, lo quiero muchísimo, se merece aprobar es muy buen chico y ha sufrido mucho. Cualquier novia haría lo mismo.


-Pero ¿si él insiste en que no se ve capaz de aprobar, que la asignatura y el exámen son muy difíciles, que ya lo ha suspendido dos veces con un 4'6 y un 4'7 respectivamente y eso que había estudiado muchísimo...?

-Le recordaría quién es, lo que ha conseguido y a dónde ha llegado académica y personalmente. Yo estoy muy orgullosa de él, le diría que un exámen es un exámen y que ya lleva muchos, que este no nos asusta, que él se lo come con patatas, que yo creo en él. Le diría que me enamoré de su inteligencia y su vocabulario entre otros millones de cualidades y que lo admiro profundamente. Que me enamoré de su cultura en cosas que yo no conocía y que he aprendido de él. Le diría que es normal su sentimiento de incapacidad dada la situación que está pasando y procuraría darle fuerza diciéndole que sólo siente y piensa así por su tristeza. Que él es valiente para mirar el miedo a la cara porque si ha visto morir a su padre y lo afronta cada día es que es valiente y un exámen es una anécdota en la vida... Él puede aprobar es un chico muy inteligente, todo el mundo se lo dice pero tiene muy baja autoestima.



-Si tu novio no fuera tu novio y sólo un "amigo" que te gustara muchísimo y te dijera que no puede estudiar porque echa mucho de menos a su ex. Y que, aunque suene muy tonto, se siente solo cuando está estudiando, como desamparado, desarropado y que se le hace un nudo en la garganta porque su ex solía acompañarle a estudiar y ella no está y que además ella está otra vez presuntamente feliz con otro y él no puede olvidarla y "encima se me ha muerto mi padre"... Recuerda que él está muy depresivo porque siente que todo le va mal. ¿Podrías hacer algo?

-Pues en ese caso le haría compañía estudiando; me inventaría una excusa, aunque yo no tuviera que estudiar le diría que sí tengo que hacerlo con tal de estar con él, o que puedo estar con él en la biblioteca leyendo, que estoy enganchada a un libro buenísimo y no me importa acompañarlo... Algo se me ocurriría para hacerle compañía y evitar que se sintiera solo. Le sugeriría hacer un planning juntos también, yo me entrego desde el minuto uno... Me encanta ayudar y hacer cosas por el hombre que quiero, me hace sentir muy bien ver que puedo ayudarle.

Y respecto a no poder estudiar porque echa de menos a su ex y ella está con otro... Le diría que procure dejar un tiempo y un espacio al día para pensar en eso aunque le pueda sonar ridículo. Pero un tiempo y un espacio concreto, como si tiene que fijarse una hora del día para llorarla pero que por el amor de Dios tiene que salir adelante y olvidarla. Que ya no es la primera vez que pasa por esto en exámenes por esta misma chica, que ella no va a volver al menos por ahora y los exámenes no esperan por nada ni por nadie. Él ya ha perdido oportunidades de presentarse a exámenes por esta razón, porque ella en exámenes se fue con otro y él no fue fuerte para estudiar a pesar de eso... Y no ha servido de nada perder oportunidades, sólo para que sintiera que se había fallado a sí mismo... Le diría que es lo suficientemente inteligente para saber que no es el momento de mirar hacia su ex, que ella va a seguir haciendo lo que hace aunque estudie él, o no, y entonces; ¿por qué no estudiar y afrontar esto al acabar exámenes? ¿Por qué no luchar por sí mismo? Yo le ayudaré... Me importa mucho su bienestar porque es muy bueno y muy sensible y ha sufrido mucho por esta chica y se merece avanzar con su vida, aprobar y sentirse bien por conseguirlo.



-La última pregunta, si tu novio te dijera que cree que tal vez necesita una psicoterapia -pero que le parece caro pagar 65 euros semanales- porque ve que él sólo no puede superar su depresión. Y además, su familia, amigos y tú lo veis muy deprimido y ponéis de vuestra parte pero no parece servir de mucho, sólo algunos días parece que está mejor pero sospecháis que finge porque os quiere y no quiere preocuparos... Él insiste en que le parece muy caro pagar 65 euros a la semana “por eso”, que además él no tiene el dinero, que está en paro o estudiando y te pidiera ayuda económica ¿le pagarías tú las sesiones, o le dirías que no, que es caro?

-Haría lo que fuera por costearle las sesiones, por ejemplo; pidiendo prestado a mi familia, echando mano de mis ahorros, pidiendo prestado a un amigo de confianza, pagándolo a medias con sus padres... Lo que fuera. Me privaría de salir a cenar, al cine, de comprarme ropa, o de salir de marcha por ayudarle a pagarlo. Si él lo necesita y ahora no tiene el dinero lo ayudaría y le quitaría de la cabeza lo de que “es caro”, lo importante es que él esté bien, eso no tiene precio... Yo no podría dejarle en la estacada diciendo que es caro buscaría el dinero como fuera y le haría ver a él que no es tanto si piensa por un momento en el dinero que ha malgastado tratando de sentirse mejor sin éxito, como por ejemplo; en salir, en beber y en fumar y eso sólo le perjudica. Realizar una psicoterapia cuesta dinero, pero al menos no perjudica su salud, deseo verle bien porque le amo y es muy joven para darse la mala vida que se da a sí mismo...

***



    Esto es amar demasiado, así es como se hace, así es como se siente y se vive ser una perfecta mujer que ama demasiado. Qué bien se me daba ser la chica o la novia que contesta a esas preguntas basándose en las cosas que hacía y cómo me cuesta no volver...



    El novio del diálogo soy yo -(o cualquiera de vosotras que me contáis cosas muy similares)-, pero lo más sórdido es que también soy la novia con soluciones para estos duros y complicados problemas. Está claro, sólo tengo que hacer por mí todo lo que he dicho -(y he hecho siempre)- por él. Pero cómo me cuesta hacer para mí todas estas cosas que me resulta tan fácil hacerlas para él y que por él las hago con todo el amor del mundo. Pero todo el amor que tengo por él y todo mi esfuerzo porque esté bien, está en mí, es mío. Tengo que integrarlo para mí, hacer que forme parte de mi vida porque necesito hacerlo y él no va a venir a salvarme de la soledad, de la tristeza, ni de la muerte de mi padre. Pero yo lo creí así y me avergüenzo pero lo reconozco, creí que él podría salvarme porque me lo merecía, yo sola me creí que él sería la solución a mi tristeza. A veces, me resulta casi insoportable la soledad, la añoranza y la tristeza que siento sobretodo por mi padre como es evidente y después por él... Y ¿es muy triste o alomejor sólo me parece triste por la situación que estoy pasando? Puede que ambas.



      Tengo que ir a la cocina dónde ya no hay ni habrá nunca cafetera al fuego y hacerme el café con una sonrisa, hacerme un planning que me guste y me sienta capaz de cumplir, hacerme compañía a mí mima cuando estudio, tragarme el nudo en la garganta por estudiar sola pagando el precio de “todos-se-han-licenciado-y-tú-no-porque-se-ha-muerto-tu-padre” y decirme “pero puedes estudiar sola y debes hacerlo igual que estudiarías con él para ayudarle y hacerle compañía”.



Debo abrazar mi tristeza, mi soledad y mi añoranza con el mismo amor que lo abrazaba a él en idéntica situación. De la misma forma que lo miraba a él, con la compasión, la lealtad y la fidelidad de no abandonarlo con su pena...

Quiero aprender que en la vida hay que madurar y que “ajo y agua” con lo que nos viene a cada uno y mirar hacia adelante; porque por él, yo he sido y sería, fuerte por los dos. Ser capaz de ser fuerte por él y por mí cuando él lo estaba pasando mal indica que me sobra entonces mi propia fuerza para invertirla en mí. Pero juro que estoy muy triste, fuerte para luchar, sí, pero triste y echo mucho de menos a mi padre...

    Además también me siento sola porque lo echo mucho de menos a él y no va volver porque es feliz con otra. Y hay que ser valiente para decir “te quiero" pero más aún para asumir “ya no te quiero”. Quiero ser valiente y madura para asumir que alguien ya no me quiere aunque me reviente por dentro... Echo mucho de menos la forma en que él fingía que me quería. Debo asumir mi derrota, que le he perdido... es importante aprender a perder aunque duela y aunque se pierdan muchas personas queridas a la vez. Quiero saber soltarme de alguien y no querer demasiado para no volver a vaciarme demasiado.

      Aún con pena, con rabia, con pereza, con dolor, con desesperación debo hacer todo esto sola, y quiero hacerlo, pero aunque no voy tan mal, me está resultando muy difícil. Quiero hacerlo para no creerme nunca más que el "él de turno" me salvará y/o me querrá si yo le ayudo o salvo primero. Si lo consigo sola, podré decir cuando venga otro -si es que viene-: “lo siento príncipe, ya he matado al dragón que me daba miedo, ya no te necesito”. Ese día estaré bien y seré libre porque no necesitaré a nadie. Aún no he llegado, sigo por el camino para llegar allí; hoy en mi camino me repartiré las horas entre llorar y estudiar un poco, porque ese es el consuelo y el apoyo que le daría a mi novio y que me voy a dar a mí misma. Básicamente porque a todas luces´, no sé si más que él, pero me lo merezco

Esta canción fue especial por una historia que tuve hace unos años:
nos hacíamos daño y no nos dejábamos marchar, solíamos poner esta canción en facebook... 
 Hoy quiero darle otro significado nuevo:
 "maldita dulzura la mía si no la invierto en mí y la invierto en atarme a otro que me hace daño
 y en atarle a que me necesite para que no se vaya".