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lunes, 22 de julio de 2013

Desaprender a "amar"

     Me quedo muerta en la bañera y ojiplática cuando escucho a chicas de mi edad -(26)- narrar las mieles de vestir a sus parejas cada mañana y lo que debe y no debe hacer una mujer en convivencia con un hombre.

     Observo como un narrador omnisciente y escucho cosas como: “la clave está en colocarle las camisas en el orden que quieras que se las ponga porque él siempre va a coger la primera del montón”. “Este año ha sido muy difícil para los dos como pareja, me ha dejado tres veces... Pero ahora nos hemos ido a vivir juntos y todo va bien”.“Él me necesita, no tiene madre y por eso me tiene tan celosa”.

De entre lo más sórdido destaca sin duda, que aún en el siglo XXI, en este año 2013, escucho decir a chicas en la veintena cosas como; “si me hubiera quedado embarazada el mes pasado él no me habría dejado” y frases como “si él me deja me muero, no saldré adelante”. No cejo en mi afán de observar y escuchar, veo el triunfo machista, el triunfo del patriarcado. Veo que estas mujeres que escucho, porque también me enseñan muchas cosas y me recuerdan quien he sido toda mi vida hasta hace dos años, son felices -o al menos creen serlo y yo debo respetar eso, pero no me gusta nada-. Sé que son felices así. Llaman libertad a postergar el quedarse embarazadas y parir a los hijos de sus parejas en vez de a los 24 a los 26. Se vanaglorian del poder que ostentan en la pareja frenando a sus hombres en el afán de hacerlas concebir lo antes posible. Cuando se forma una pareja así: él necesita un hijo para sentirse más hombre, ella necesita un hijo para estar cada vez menos ocupada de sí misma -(mi humilde opinión).

Recibiendo esta (dolorosa) información externa pienso en las enseñanzas de Mikao Usui y en lo que tantas veces me repite mi Sensei de reiki: “sólo por hoy no me enfado”.

Pienso en lo que me dicen las mujeres que me rodean y creo que estoy más cerca cada día de haber conseguido no juzgar -o yo me siento menos juzgadora para con ellas-, pero aun me queda un largo camino por recorrer, aun debo -o pretendo- sentir más aceptación por la opción de vida de cada mujer en singular. Ya sé que toda mujer que ama demasiado se relaciona siempre con mujeres que aman demasiado, es algo inconsciente como la elección de sus parejas... Lo importante es tornar consciente esa elección.

Cuando las escucho en realidad no me enfado con ellas, me enfado conmigo misma porque aun no he conseguido perdonarme. Debo perdonarme por haberme creído una princesa Disney más. Una princesa Disney de las de antes, de las que eran capaces de morir para resucitar con un beso. Quiero seguir luchando para ser como Mérida la primera de la que espero sea la nueva generación de princesas Disney, esos son los cuentos que quiero contar a mis hijas -de todos modos gracias a Mulan por abrir la veda y salir a pelear ahí fuera sin esperar a ser rescatada-.

Debo perdonarme por haberme creído encontrar al Príncipe y haber repetido este error no una, sino cuatro veces. Debo perdonarme por haberme creído que mi hito de vida y mi misión en el Universo era ser la novia/esposa de y formar una familia. ¡Qué felicidad habría creído alcanzar! Convivir en pareja era un sueño para mí que nunca logré, soñaba con convivir con cualquier pareja. Mi yo inconciente pensaba: “él me quiere y yo quiero que quien sea me quiera” -esa era yo-. “Tan poco me quiero que si él -(quien sea)- me considera una pareja digna yo lo daré todo por serlo para él”. Desde luego también pensaba de igual forma inconsciente: “si él me deja yo habré fracasado, no habré conseguido que alguien me quiera, no habré logrado mi misión en el mundo”. “Cualquier mujer que consigue conservar una pareja es mejor que yo, ninguno se queda para siempre conmigo porque no soy lo bastante: (escriba aquí cualquier adjetivo)”...

Las comprendo muy bien a todas, yo habría sido feliz tan sólo cuatro años atrás; yéndome a convivir en pareja a cualquier piso, choza o cabaña en un árbol. Durmiendo siempre acompañada, desnuda y abrazada al presunto amor de mi vida, haciendo el amor en cada habitación para estrenar nuestro nido conyugal, eligiendo las camisas que le he planchado para ir al trabajo y peleando con uñas y dientes por una relación que me destruía no ya como mujer sino como ser humano. A fin de cuentas, he sido una mujer que ama demasiado mentiría si no me reconociera en todo eso. Por desgracia y con tristeza, puedo decir lo feliz que me hacía planchar, cocinar, coser, lavar y ser sobre todo la terapeuta de mis novios. Recuerdo con humillación que una de las cosas que más feliz me hacía era cuidarles cuando estaban enfermos... Me hacía sentir útil y querida que contaran conmigo para algo tan estúpido como una gripe, yo creía que eso era amor, ese era el amor que yo había aprendido y que por supuesto puede ser desaprendido. Por suerte, tomé conciencia de todo esto y ya nunca más será así, o no al menos en tal grado pues estas cosas llevan su tiempo...

Conozco la -(falsa)- sensación de poder y valía que me otorgaban tales cometidos parejiles. Conozco la frustración y el dolor de no poder seguir en ese rol de la perfecta santa-madre-esposa, nada menos que en mi rol en el mundo. Sé lo duro que es querer estar con alguien a pesar de los cuernos, a pesar de la violencia verbal, a pesar de destruirme para hacerme a su gusto y lo pulverizado que se queda el corazón cuando aun haciendo todo eso, aun convirtiéndote en todo lo que él pide; resulta que no, que te sigue poniendo los cuernos. Resulta que no, que se va con la otra. Entonces te sale un Game Over en la pantalla y sientes que con el próximo irá bien y todo el mundo te dirá que eras una novia maravillosa, que sólo ha sido mala suerte...

Ahora que no me enfado tanto pero aun me falta una gran dosis de aceptación del derecho de todo individuo (especialmente mujer) a destruir su propia vida cómo y con quién le plazca. Ahora escucho, observo y me conozco más. Me reconozco en las conductas femeninas que observo en mi entorno y en las consignas que gustan tanto repetirse para retroalimentarse entre ellas, consignas lapidarias como: “he aprendido que en pareja hay que aguantar porque sino lo pierdes”. Consignas que ahora que yo estoy mejor me repiten para que vuelva a ese estado: “¿a qué esperas para tener un novio? Si te acostumbras porque estás bien así ya te quedarás así siempre, tenemos una edad...”
Lo reconozco todo porque he sido así, soy feliz de no ser así ya. Reitero que mi antiguo enfado hacia las mujeres que he descrito es sólo contra mí. Quiero aceptar que sois felices así, lo seguiré intentando...

Sé que de un blog nadie aprende nada porque todo nos lo enseña la Vida si debe hacerlo, pero sólo quiero que quede escrito esto; no sabéis lo que duele, no sabéis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando se toma verdadera conciencia y se hace un trabajo de introspección profundo y observas y aprendes que se siente el amor así cuando nunca te has querido porque crees en el fondo, aunque no se lo digas a nadie, que no eres digna de amor. No os imagináis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando todos tus esfuerzos radican en no ser abandonada y en estar con quien sea para demostrarte a ti misma que sí, que quien sea te quiere, pero no. Nunca te sentirás querida, siempre elegirás inconscientemente hombres que no te quieran...
Cuando asumes que nunca te has mirado ni ocupado de ti porque estabas demasiado preocupada y ocupada por el hecho de encontrar pareja empiezas a construir tu libertad (mi opinión). Cuando caes en la cuenta de que todos los años que has sufrido para lograr el amor de un hombre los has perdido y no vuelven más, el dolor es infinito y por eso prefería enfadarme, porque no sabéis lo humillante y doloroso que ha sido y que en menor medida está siendo.

Quiero decirlo sin pena, pero hoy no puedo porque a veces me siento muy sola en este camino, pero me sigue valiendo la pena; en el año 2013 una mujer puede llevar una vida muy distinta a la de nuestras tatarabuelas si lo desea.
La vida es corta, el mundo es ancho y grande y hay siete continentes en él que me gustaría visitar -si puedo-, antes de morir, sólo me arrepiento de los años que he desperdiciado esperando a que cualquier hombre que se cruzara en mi camino me quisiera en lugar de vivir mi propia vida. No deseo que ninguna tenga que pasar nunca por esta desagradable sensación.

Mi libertad me hace feliz, os invito a probarla si queréis.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Anna Karenina

     
Me resultó muy sugerente la historia que desconocía de Anna Karenina y no he podido resistirme a escribir sobre aquello que me hizo reflexionar.

    Por supuesto deseo todos y cada uno de los tocados que lucía Keira Knightley y no me importaría tener también el vestuario y joyas de ensueño incluidas. Pero, si bien la moda es fascinante en la película me parece que el mensaje es también de lo más inspirador.

Para mí el tema de fondo es la autoestima, o mejor dicho, la falta de autoestima.



En esencia tenemos a una mujer fuerte, muy avanzada con respecto a sus ideas respecto a cómo quiere vivir su vida, al margen de los usos y costumbres de su época. 



La mujer de finales del XIX no se planteaba el divorcio, el divorcio era su ruina. “Son leyes hechas por hombres para beneficiar a los hombres”. La propia Karenina le insiste a su cuñada para que perdone a su hermano por haberle sido infiel porque de todos modos se quieren. El hecho de que le haya puesto los cuernos con la niñera al más puro estilo Jude Law, más que parecer no tener ninguna importancia es que directamente no la tiene. Los hombres casados a finales del XIX, (tal y como se refleja en la película), en cuanto su mujer perdía apetencia sexual o no les resultara sexualmente atractiva, pasaba a ser; un simple cuerpo con capacidad para el parto, una esclava responsable del cuidado de la casa y de los hijos, siempre dispuestas a que sus maridos -con perdón de la expresión- infieles, bebedores y puteros dispusieran sexualmente de ellas como una simple ayuda para su propio desahogo sexual... Y claro, como un día “se quisieron” como ambos “se quieren” a pesar de todo, el deber de una buena y fiel esposa es perdonar y dar a luz otro hijo para que la hombría de ese hombre se vea engrandecida a medida que crece el vientre de su mujer embarazada... A esto lo llamaban amor.



     
En este ambiente está el personaje de Anna Karenina, la antítesis, la mujer felizmente casada con un santo varón que la ama y la hizo madre de un hijo. Ella podía ser libre (porque su marido se lo permitía, evidentemente, ya que estamos en el siglo XIX), pero era libre para hacer lo que quisiera y en esta libertad Anna encontró la pasión y el amor.


Había un filósofo llamado Sternberg que sostenía que las relaciones sanas de pareja debían formarse mediante un triángulo equilátero cuyos vértices fueran: intimidad, decisión/compromiso y pasión. Yo no puedo estar más de acuerdo, la perfecta armonía de estos tres elementos crean una relación perfecta. Y es cierto que el amor no son matemáticas, pero si analizamos esta proporcionalidad perfecta colacionándola a la relación de Karennina y su marido, más que un triángulo equilátero nos queda un “churro” muy bien apañado. Mi opinión es que el santo varón no satisfacía la pasión de Anna, aunque fuera perfecto en lo demás. Anna ni sabía (como muchas en su época) lo que era la pasión,  me parece precioso que una persona viva ese sentimiento al menos una vez en la vida. Admiro su valentía de dejarlo todo, dejar lo fácil y cómodo de un hogar familiar con un marido rutinario en alcoba por una historia de amor que quiere vivir hasta sus últimas consecuencias. 
Así pues, Anna tiene un amante y su amante, haciendo honor al nombre, la ama y ella a él. De este gran amor (y así es como deberían llegar al mundo todos los bebés) nace una hija. Él está absolutamente enamorado de Anna y no cesa en demostrarlo pero la hija es bastarda, no pueden tenerla con ellos. Lo hace todo por ella, todo por hacer feliz a su amante. Pero ella no lo es. Se siente culpable por cómo dejó a su marido, socialmente está arruinada y marginada y eso la desquicicia. Su amante hace todo lo que puede por consolarla pero ella está cada vez más fuera de sí y empieza a beber, a exigir y demandar, disparates de una mujer visceral que no sabe manejar tantas emociones y ama, bebe, grita, se enfada y se vuelve cada vez más celosa y posesiva. Su amante cada vez pierde más libertad voluntariamente, cada vez le cede más de sí mismo para que ella sea feliz, pero ella no le cree. Ella no cree que él la ame como dice, ella cree que él le es infiel, sólo piensa (y lo peor es que también lo dice) que cuando él no está con ella, él frecuenta burdeles y está con otra más joven. Pero resulta que no, que este Don Juan estaba enamorado, no necesitaba más burdeles, ya había ido; ni más mujeres, ya hubo demasiadas. Estaba enamorado, muy enamorado...

Ella enloquece, por no poder ver a sus hijos cuanto quisiera y por sus irrefrenables e infundados celos. Tanto es así que se suicida absolutamente incapaz de asumir que sí, que la aman de verdad su ex marido y su amante. Absolutamente desbordada por todo lo que le pasa, por las críticas, los murmullos, por no poder ser vista en público a penas. Por haberse divorciado y estar con otro hombre en público... Por vivir, por amar libremente, por elegir qué hacer con su vida todos la acercaron a las vías del tren para mí, pero ella, por no quererse (y eso que recibía mucho amor) saltó al tren y se mató.
Moraleja: por mucho que un hombre, o incluso dos, te digan eso de "te quiero, te adoro ¿te compro un loro?" Si tú no te quieres, ni estás bien contigo misma para poder recibir amor de otro, estás perdida.



HOY.

¿Realmente hemos evolucionado tanto las mujeres desde el siglo XIX hasta hoy?

Me entristece y me enfurece observar demasiados paralelismos entre la mujer de hace dos siglos y la de nuestros días. Por doquier veo a mujeres carentes de autoestima y que no sólo carecen de la misma, sino que ni se lo plantean. Ni se plantean qué les pasa ni por qué narices no pueden estar solas bajo ningún concepto. La solución siempre es un novio que refuerce la misma. El que sea. ¿Por qué elegir? Tiene que ser este, el de justo al lado de mi casa, porque imagínate... Es que si no estoy con él ya no puedo estar con nadie más en mi vida y ya ni me caso, ni me puedo ir a vivir con él ni tenemos hijos y lo peor de todo. ¡Imagínate que se lo lleva otra!, todo el esfuerzo que YO he hecho para que él sea lo que es y se lo va a llevar otra por la cara y ya se casarán y serán felices y yo pues con un montón de gatos, vieja y sola. -Por si queda algún resquicio de duda estoy siendo sarcástica.


     No dejo de horrorizarme en mi interior (porque en el exterior ya he dado esta batalla por imposible tratando de abrir los ojos a personas, especialmente mujeres a las que aprecio, para que no se dejen embaucar. Pero nadie aprende nada por boca de otro y por lo que veo ni aunque lo experimenten una o veintiuna veces) Digo esto porque hay que volver siempre con el mismo ex, cuantas más veces mejor, cada vez duele mejor y hay que seguir haciéndose daño por tener pareja, para superarlo y hacerse fuerte a solas no, pero para tener pareja lo que sea. Bueno y ya si en vez del mismo de siempre puedes enlazar uno con otro cuando te dejan como quién hace punto de cruz para no estar ni un momento contigo y darte cuenta de que tienes un problema de dependencia emocional severo, eso ya es fetén. 

¿Por qué opino que NO hemos evolucionado tanto cómo creemos? 

       Como decía, me horroriza ver que a día de hoy hay una grave pandemia extendida; la mujer dependiente. Parece que no hemos evolucionado mucho desde 1877, desde aquellas mujeres cuyo hito de vida era casarse y ser desfloradas burdamente para procrear cuanto antes.

    Sí bueno, ¡qué radical eres, qué exagerada! me diréis. Y es que realmente tal vez hemos progresado en cuanto al sexo y digo tal vez porque ese es otro tema. Pero en lo que respecta a como entendemos y manejamos la libertad femenina, hemos involucionado si cabe. 
    No paro de toparme, hasta la extenuación y el hastío personales, con mujeres que no saben estar solas bajo ningún concepto. Es lo único importante en sus vidas, emparejarse. Y así, por tener una pareja dejan algunas sus estudios, otras sus trabajos (“porque a mi novio no le gusta verme de camarera en una discoteca ¿a qué hombre le gusta que babeen por su novia?”), no van de viaje “porque mi novio no me deja, paso de tener bronca”, no salen de fiesta porque “a ver yo tengo novio ahora, no quiero tener problemas”. Dejan a sus amistades apartadas porque ahora tienen novio y eso aunque vaya a durar sólo dos meses es lo más importante, da igual si se ha muerto tu padre o tu periquito Casimiro, ellas ahora tienen novio y el eje de la Tierra es su noviazgo, la misma Tierra rota sólo desde ese noviazgo.-Por si hay duda estoy siendo cínica.

      Mujeres de “paso de que mi novio me vea vestida así y me eche la bronca por ir en vestido”, novios que rompen vestidos a sus novias para que no se los puedan volver a poner (yo lo he visto).

     Con 17 años tuve una amiga cuyo novio le pegaba palizas, ella estaba en el suelo y él le pateaba el estómago -me contaba. Además este hombre que no ha conocido a su padre le rozaba los nudillos contra la pared de gotelé para que le sangraran las manos, si lloraba, golpe; si gritaba, golpe... Él la apartó de todas sus amistades, -(cuidado, mucho cuidado, con los hombres que hacen eso)-. Nos veíamos por las noches cuando él trabajaba, yo iba a verla a escondidas y llevarle tabaco a su preciosa cárcel de amor “he pensado en dejarle, pero me pide perdón. Ayer me compró flores, él lo intenta... Pero pobrecito, se droga y él me quiere, no lo hace a posta, es el amor de mi vida”. Fueron años. Años de golpes, vejaciones y malos tratos. Es un ejemplo extremo de como llevar hasta las últimas consecuencias esta obligación social, este deber autoimpuesto de tener novio como sea y quién sea. Es un ejemplo extremo de en qué puede derivar no saber estar sola, es una instantánea muy clara de hasta dónde se puede llegar.

      A día de hoy, como pasa en la película, a una mujer divorciada se la estigmatiza ¡aun a día de hoy!. Un hombre divorciado es normal “algo le pasaría con esa, algo le haría”. 
Suele pasar también a las mujeres divorciadas, que padecen los súbitos celos de sus amigas casadas, las cuales las repudian y marginan porque temen que al estar divorciadas vayan a la caza de sus maridos. Cuando en la mayor parte de los casos, una mujer divorciada sólo quiere estar en paz, estar consigo misma y rehacer su vida, no destrozar matrimonios ajenos. Un divorcio no es plato de buen gusto para nadie, aunque sea algo necesario, es un trance muy difícil. Pero este es el neo machismo señoras, este es el machismo y el sexismo de mujeres contra mujeres. El machismo que estamos aprendiendo y adquiriendo y con el que se nos bombardea por todas partes... Aun escucho con pasmo a chicas de mi edad decir eso que debería haber fenecido con nuestras tatarabuelas de “si este le ha puesto los cuernos a fulanita es porque ella no debía de querer tener sexo”. -¿¿¿¿PERDONA????

       Chicas que vuelven con el novio de siempre porque tiene que ser ese, no se puede estar sola, hay que volver con el de siempre “porque yo no sé estar sola”. -Bueno, yo cuando nací no sabía hablar y ahora coordino y hasta subordino.

        Novias que sólo pueden comer lo que les dicen sus novios que es bueno comer para cuidarse y adelgazar (yo lo he visto). Novios que llevan un tupper con lechuga y zanahoria a sus novias para que no engorden, novios que les preguntan “qué has comido, no me falles”. -Hablo de mujeres que podrían ser modelos, no de personas con obesidad cuyas solidarias parejas les ayuden ante la dificultad de perder peso...

       Mujeres que se quedan durmiendo en casa mientras sus novios salen de fiesta (porque ellos sí pueden salir) y en la mayoría de estos casos ellos salen a ligar por ahí porque la novia es algo fijo y cómodo pero aburre.-Qué curioso, tal y como en 1877.

        Mujeres que te miran con cara de tienes-que-ser-un-alien y te dicen ¿y tú de chicos nada de nada? ¿Y aquel chico que un día te saludó que te dijo bla bla bla no te ha llamado? ¿no le has llamado?... ¿y el de la cafetería de aquel día qué tal?, ¿tampoco?, ¿y no te gusta nadie? ¿Pero no tienes ganas de conocer YA a alguien y de tener novio? Pero mira a ver qué haces tía, que tampoco no hay nadie perfecto y ahora las de 18 vienen muy bien enseñadas...Te vendría muy bien estar con alguien para distraerte … ¿Y no volverías con tu ex? Pero, ¿ y si te lo pidiera sobre la Torre Eiffel a la luz de las velas y te dijera que se arrepiente de lo que te hizo? ¿eh ? No volverías? Yo no sé como puedes estar sola tía, al menos para distraerte yo que sé...

-¿Y si me dejáis en paz y os vais a por pasteles de Ikea y te preocupas de ti y de tu vida? ¿eh? ¿no te apetece meterte en tu vida? No sé, alomejor eso te serviría para dejar de cuestionarme y darte cuenta de que la vida no es una lucha constante por tener un novio sea el que sea. Alomejor es que estas tan condenadamente obsesionada con el tema que ni ves nada más...



     En conclusión, entiendo que una persona yerre una vez. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero a partir de la segunda se trata de una opción (de vida). Dejar tus amistades, tu vida y todo para darlo todo por una relación una vez en la vida es comprensible y dispensable. Pero luego, uno puede pensar que cuando eso termina se queda uno sin nada donde guarecerse y sin nadie en quién apoyarse. Y quedarse sin absolutamente nada porque lo apostaste todo por una historia de amor, a falta de un adjetivo más elaborado, es muy duro. Si es lo suficientemente duro, no lo repetirás muchas veces más. Si lo has pasado suficientemente mal por amar demasiado y entregarte demasiado demasiadas veces no volverá a ocurrir y te atreverás a estar sola porque habrás aprendido convenientemente el precio de estar mal acompañada por no estar sola. Pero para eso no hay que sufrir sólo de boca, hay que haberse partido la boca contra el suelo varias veces (en mi caso fueron cuatro) y el corazón... bueno, de corazón tendrás suerte si te queda algo con tanto destrozo...




lunes, 4 de febrero de 2013

Sobre el amor y el Derecho

Érase una vez Julieta, que cursaba catorce asignaturas de la licenciatura, hizo dos cursillos de libre configuración, 2º de alemán y 3º de inglés en la EOI.


Me quedaron asignaturas para septiembre, entre otras Derecho Constitucional 4'7.


Se acercaba el fatal desenlace, a la madre de Alejandro por terrible desgracia le quedaba poco tiempo de vida, a finales de verano se cumpliría el “como mucho un año” que dijeron los médicos. Así que, desde hacía casi un año yo deseé con toda mi alma parar el daño, quería -aunque suene estúpido- sufrir por él todo lo posible para evitarle sufrimiento, protegerle con mi vida si hacía falta. Qué impotencia sentía de ver que lo que más he querido en la vida se iba a llevar tal golpe y yo no podía hacer nada por evitar el mismo, pero sí podía hacer absolutamente todo lo demás por él y si hacía menos por extenuación, sentía que me estaba portando mal con él y que le estaba queriendo menos. Yo quise hacer tanto como hice sin que él se diera cuenta de todo lo que yo abarcaba, me parecía más bonito así “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Él nunca me dijo que parara, ni que yo hacía demasiado, nunca se dio cuenta de que yo estaba agotada física y psicológicamente, se lo escondí muy bien o él no quiso verlo, asumo ambas cosas.

En junio y con ese panorama, solicité el traslado a Oviedo, mientras mi Rotenmeyer interior me decía “eres una egoísta, le vas a dejar aquí solo, habiendo perdido a su madre... ¿quién cuidará de él?” Íbamos a irnos juntos allí antes de la enfermedad de su madre, antes de la tragedia. Me aceptaron pero él no podría acompañarme, ni siquiera me parecía ético preguntarle tal cosa, me parecía de ser mala persona comunicarle mi deseo de estudiar fuera, pese a que era nuestro proyecto antes de que empezara a terminar todo, vivir juntos en Asturias era nuestro proyecto y mi sueño, tenía 21 años... Yo me sentí traicionarle, sentí que lo abandonaba si me iba porque mi Rotenmeyer interior es muy mandona. Irme no era mi manera de entender el amor, no hizo ninguna falta que él me dijera “te necesito aquí conmigo”, lo hice todo yo sola y él no tiene la culpa de nada; así que tiré mi carta de admisión y mis sueños de estudiar mi carrera fuera de aquí por él, directamente a la papelera, Rotenmeyer hizo una mueca de satisfacción, se colocó mejor el chal de lana y me dijo “has hecho lo que debías, no sé en que estabas pensando al solicitar una plaza lejos de él, en estos momentos”.

 Amar demasiado, exponente infinito:

Vacaciones de verano, rutina diaria durante dos meses. Llevando casi un año haciendo demasiado, amando demasiado, fuera de mi sitio.

        Llevaba casi un año durmiendo 5-6 horas diarias como máximo. Por las mañanas; estudiar, llamar a su casa en los descansos de estudio para que se sienta arropado. Comer, reunir al grupo de amigos en el bar de siempre para el café, así él se sentiría bien y acompañado; quedar con su mejor amigo para que lo acompañara al trabajo en coche. Volver a casa estudiar dos horas más, ir a casa de Alejandro hacer lo que hiciera falta, salir de allí siendo fuerte, irme llorando en coche por ver como estaba su madre... “Eres una blanducha, tú no tienes que llorar”. No quería llorar ante todos, ellos tenían motivos, yo no debía, debía ser fuerte. Enviar mensaje a Alejandro sobre las siete que tiene poco trabajo y no molesto preguntando qué le apetecía que cocinara para la cena. Estudiar hasta las once y media de la noche.

      A partir de las once y media estamos en prime time “empieza la función”; cocinar lo que me ha pedido por mensaje de texto y algo más que le pueda gustar y hacer sonreír, algo que no sea repetido de otro día, “estoy muy cansada no puedo pensar, estoy muy cansada” llorar, “no llores no te dará tiempo a tener la cena lista ¿te parece que estas albondigas están bien esféricas?, hazlas mejor anda"... Cena hecha, tapar la cena para que no se enfríe, preparar zapatillas en la entrada junto a la puerta, percha para la ropa del trabajo que no se le arrugue, tabla de planchar y plancha por si acaso, prepararle ropa cómoda para estar por casa. Poner la mesa, servir la cena “está a punto de llegar, date prisa”. Lavarme la cara, “se nota que he llorado, tengo que maquillarme muy bien” taparme las ojeras nivel: “como no me ponga aquaplast...” Ponerme el perfume que le gusta, poner buena cara, sonreir, sonreir mejor “necesita positividad, no necesita que llores, ayúdale”. Preparar crema de aloe-vera en el salón para masaje de pies después de cenar, “pobrecito, tantas horas de pie trabajando, pobrecito, va a perder a su madre y yo no puedo hacer nada”. Hacer sitio en la mesa del salón para que podamos estudiar, elegir una película por si no tiene ganas a de estudiar hoy. Pensar cosas graciosas o divertidas que contar durante la cena, si no quiere ver una película ni estudiar iremos a tomar algo, debo pensar un sitio que le pueda gustar “¿no irás a preguntarle adonde quiere ir? Tienes que anticiparte por si no le apetece hacer nada ¿es que tengo que pensar yo en todo? ¡esfuérzate más!”... Timbre: “ya está aquí”, mirarme en el espejo de la entrada, “¡por el amor de Dios puedes poner buena cara y sonreir vas a deprimirlo!”


-Hola amor, ¿qué hacías?

-Nada, estudiaba un poco... Dame la ropa cuando te cambies, tienes la cena en la mesa voy a seguir estudiando, mientras te cambias y luego te acompaño mientras cenas.

[…]

-He pensado en no examinarme de inglés y alemán, constitucional me está llevando mucho tiempo...

-¿Tú? Pero si los idiomas son lo tuyo, tú puedes aprobarlo, yo no lo dejaría, si lo dejas te arrepentirás vé y ya veremos. Tú sabes mucho inglés, ¿vas a dejarlo por lo que me está pasando?


“Eres una maldita bocazas, ahora él piensa que estás cansada y le estás quitando sensación de normalidad en su vida, si él te ve capaz eres capaz de aprobar también inglés y alemán, no has debido decir eso, ahora pensará que él te supone una molestia ¡debería darte vergüenza!, le has hecho sentir mal, con todo lo que le está pasando y le has hecho sentir culpable ¿de qué vas?”

-¡No, no! si ya ves tú, no me cuesta nada... estoy estudiando, es sólo que estoy un poco vaga, ya sabes que soy una perezosa para estudiar en verano, tienes razón tengo que ir a los exámenes, no sé en que estaba pensando – reza porque se haya creído esa patraña o verás.

-Aprobarás, estoy seguro. Eres muy inteligente, te admiro muchísimo por ello, flipo contigo...

“¿Has oído eso maldita quejica? Eres inteligente y él cree que vas a aprobar; si no vas y sobretodo si no apruebas lo harás sentir mal, él pensará que si no fuera por su madre tú habrías ido a tus exámenes así que menos llorar y más hacer, ¡haz el favor de presentarte a los exámenes de la EOI! Y por cierto, no olvides pensar en quién estará con él mientras tú te examinas, por si a su madre le pasara algo justo en tus exámenes que no esté solo, ocúpate de eso también, él dice que tú puedes”.
Finalmente, llevarle a su casa en coche a las 4 o 5 de la madrugada.



[…]



        Después del funeral, “mañana tienes exámen de Constitucional, despídete y estudia hasta las 3 a.m, encárgate de saber como y con quién va a quedarse él”.

-Julieta, mañana aprobarás -me dijo solemnemente una de las hermanas de Alejandro- nuestra madre te ayudará, yo se lo pediré.

“No llores, maldita blanducha o te juro que te meto un puñetazo, ya has llorado en el funeral y no tenías que hacerlo, tienes que ser fuerte por él, sonríe y contesta algo agradable”

-Gracias, yo me sentiría muy halagada de su compañía, me voy a la biblioteca, en cuanto acabe el exámen vengo a veros.

“Cómo suspendas, vas a decepcionar a tus padres que te han dicho que estudiaras y ayudaras a Alejandro en todo, a las hermanas de Alejandro que mira lo que te han dicho; nada menos que “nuestra madre te ayudará” como suspendas no tienes perdón, piensa en lo orgulloso y contento que estuvo Alejandro con tu sobresaliente de inglés, tienes que aprobar constitucional... Como suspendas no tienes perdón”.

[...]

Derecho Constitucional: septiembre 2008, nota final; 4'8. En la revisión; “Usted señorita no sabe estudiar, con su método de estudio no va a aprobar quinto en la vida, tal vez debería usted, no sé, subrayar en colorines, es extraño que haya llegado hasta aquí, no todo el mundo puede aprobar en esta carrera y no pasa nada por ello, hay más opciones en la vida, piénselo...”



"Bueno, he aprobado 11 de 14, inglés y alemán y he hecho todo lo que he podido por él y su familia". Has fracasado, sabes que constitucional era la difícil, lo otro no es para tanto... Reza porque a él no le dé pena que hayas suspendido, si se pone triste o se decepciona será por tu culpa, debiste estudiar más...”



[…]

Años más tarde, sin Alejandro, sin nuestros amigos, sin padre, en convocatoria de gracia y sobretodo conmigo misma he aprobado Derecho constitucional. A Rotenmeyer la he mandado a fregar, aún sigue dándome órdenes y presionándome, suele decir “todo el mundo ha acabado ya la carrrera menos tú porque eres una blanducha fracasada, ya tendrías que haber terminado y no ser la última como siempre”.

Yo por mi parte salí de casa, cerré la puerta. Me dió pena que no pudiera alegrarse por mí, pero Rotenmeyer siempre está enfadada. Aunque sea tarde, me ha costado mucho esfuerzo conseguir esto y aunque ella diga que no, creo que tengo derecho a estar contenta por mi pequeño gran logro. Así que me fui a brindar por mi aprobado y por el tiempo que hace que no amo demasiado a tal nivel con un glamuroso Ginger grape.

Continuará.



Las imágenes pertenecen a la película “la sonrisa de Mona Lisa”, muy recomendable para reconocer patrones no tan lejanos en el tiempo. Patrones que he reproducido, conductas con las que me sentí algo más que identificada cuando vi la película y que, en gran medida, he narrado en este post. Si os apetece, la recomiendo.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Estado civil: soltera / sin pareja; igual a estado anímico: triste / ansioso.


Cuando naces mujer te educan para amar, entregarte y cuidar a los demás. De eso se encargan queridos padre y madre, el cole, tu abuela, la tele, las canciones de la radio, tus juegos de niña y un largo etcétera que todas podemos elaborar si nos paramos a reflexionar sobre ello unos instantes. Todo para el bebé que nace mujer se encauza en una sola dirección, dar amor a otros. Ésto que a priori parece muy bonito, no lo es tanto cuando nos descuida a nosotras mismas. Me explico y como soy de muchas palabras -(y algunas ya lo sabéis)- me remonto a la infancia.
Al ser una niña te dedicas a vivir para tu muñeca “ahora biberón, ahora paseo, ahora cepillarle el pelo, ahora baño” y no piensas en ti durante todas esas horas en que te dedicas a jugar. Realmente, con 5 años una no acude a su “sillita de pensar” a reflexionar sobre su cortita vida o sobre qué cosas le gustan y cuales no soporta-(ni siquiera yo con 5 años, jajaja. A mí me gustaba jugar a las cocinitas, tomar el té con juegos de té en miniatura de porcelana mientras jugaba a que mis muñecas y yo nos reuníamos en mi club de lectura infantil)-. Sólo describo como crecemos la mayoría de mujeres: cuidando a “otro” (muñeca).

Algunas crecemos viendo películas y cuentos y leyendo historias de aventuras y por supuesto, de amor.
Empezamos a “consumir” historias de amor en nuestra última infancia y primera adolescencia, en las revistas pre-adolescentes, en historias de nuestras amigas, de primas más mayores y todo es tan bonito. Parece la cosa más maravillosa del mundo, lo lees, te lo cuentan y es como el mejor anuncio publicitario del mundo, nos volvemos locas por ese producto. Y en mitad de nuestra adolescencia lo compramos, muchas veces a cualquier precio.
Como pasa en los anuncios-(incluso los anuncios que más nos atraen)-, nadie nos habla ni nos informa de los contras de ese amor ideal o idealizado. Perdonad que vuelva a Disney porque de veras que me encanta pero, ¿alguna princesa tuvo jamás problemas con su pareja una vez introducido el componente sexual (beso, en la infancia)? La respuesta es no, se besaron y todo fue a mejor, su amor creció. Si discutían era antes de enamorarse. O más bien el mundo exterior era aquello que les ocasionaba problemas a veces, pero no entre ellos dos; en su relación no los había jamás, ¡qué romántico! Tú y yo solos contra el mundo. -A eso dedicaré otro post.

Quién aprende algo por repetición en el tiempo lo perfecciona, puesto que le sale como respirar, lo lleva haciendo toda la vida.

Con todo este caldo de cultivo, o más bien como yo lo llamaría, leche fermentada en el tiempo; -(lo llamaría leche fermentada porque puede resultar nocivo para la salud y porque este concepto es caduco, como la leche fuera de la nevera)-. Debemos entender y aceptar por qué nos pasa lo que nos pasa, o dicho con otras palabras por qué sentimos así como hemos aprendido y no de otro modo. ¿Por qué mi vida tiene tiene más sentido si la comparto con mi hombre -o mujer?, (ya sabéis que admiro el amor en todas sus formas)-. ¿Por qué soy más feliz en pareja que sola?

Respuesta fácil a modo interrogativo sarcástico que no a todo el mundo ha de gustar: ¿porque casi desde que nacimos siendo mujeres se nos ha encaminado en esa dirección? Me parece muy fácil quitarnos tanta responsabilidad y tanta carga, con la idea de “si es culpa de otro no es cosa mía, yo nada puedo hacer, yo es que soy así”.

Respuesta complicada en forma de interrogativas retóricas que a mí me han costado más de un disgusto: ¿te gusta estar contigo misma? ¿por qué te da miedo estar sola? ¿por qué estar sola significa no tener novio, en vez de vivir como único náufrago en una isla desierta para ti? ¿por qué no eres feliz en tu propia y única compañía?

Yo os iré hablando de mis respuestas a estas preguntas, algunas coincidirán sorprendentemente con lo que vosotras pensáis, o puede que no pero aquí introduzco el tema para pensar en ello.
Yo hasta hace relativamente poco no me había planteado jamás ninguna de todas estas cuestiones que seguro que algunas, o muchas de vosotras ya os habéis formulado.

Pero todas en algún momento de nuestra vida sólo hemos tenido claro algo: “quiero amar a un hombre y que me ame tanto como yo a él y ser felices para siempre, no quiero estar sola”.
Cuidado, con quedarnos ahí atrapadas. Incluso la preciosa torre en la que estaba Rapunzel era una prisión, incluso el magnífico y opulento castillo de la Bestia era una prisión. Cuidado con la prisión de esta idea tan bonita.

Todas hemos querido comprar ese producto tan bien publicitado llamado amor en algún momento de nuestra vida, cada una lo hemos comprado y pagado a nuestra manera. Unas a buen precio, otras hemos quedado arruinadas, pero luego hemos vuelto a trabajar duro para salir de la ruina emocional.

Muchas en algún momento nos hemos sentido en la imperiosa necesidad de tener pareja porque estar sola no es lo mismo. Muchas hemos dicho “es que yo no puedo o no sé estar sola y ahora este chico me viene bien”. Idea asociada a esta premisa: estar soltera es estar sola. Sola para este tipo de mujeres significa: náufraga, a la deriva, no querida, no deseada, fea, vacía, incompleta, aburrida, nerviosa, triste, abismo y caos, dragones, noches sin dormir, ansiedad.

Parece pues, para este tipo de mujer que la única cura a su desasosiego es un hombre, tener un hombre es igual a: seguridad, sentirse grande, ser sexy, sentirse amada, valiosa, divertirse, hacer cosas en pareja, tener vida sexual, tener una proyección social positiva, estar completa, feliz, tenerlo todo en el mundo.

“ Mi hombre, mi hombre a veces hace cosas que no me gustan, pero cuando me alza del suelo y me toma en sus brazos sé que es mi hombre y yo soy su mujer, lo amo y el mundo no importa, se desvanece en nuestros momentos”.

No hay que avergonzarse por sentir como he descrito les pasa a muchas mujeres, nos ha pasado a muchas mujeres o nos sigue pasando. Esto no es un juicio de valor a sentimientos tan puros y viscerales. Yo sólo describo algunas cosas que vivo y otras que veo. Si alguien quiere ir más allá y aceptar una sana crítica que me hago a mí misma y comparto con quién quiera seguir más allá de sentir así; sólo nos dejaré este mensaje para todas. Mujeres, creo que tenemos un problema y esa es una mala noticia. La buena es que si nos esforzamos y ya nos hemos cansado lo suficiente de sufrir por sentir así, o simplemente ya no le vemos tanto sentido como antes, realizando un esfuerzo personal importante, podemos arreglarlo. No es fácil, pero vale la pena intentarlo porque vale la pena vivir y si me lo aceptáis, vale la pena vivir de otra manera.

viernes, 31 de agosto de 2012

Algo está cambiando en Disney ( por fin).




Como romántica empedernida soy fan incondicional de todas las películas Disney que marcaron mi infancia y primera adolescencia. Muy especialmente de la Bella y la Bestia, mi preferida. Me resultaba -hasta un pasado relativamente cercano-, muy tentadora y bonita la idea de que la fuerza del amor de Bella transforme a una Bestia y la capacidad ingente de Bella para amar a alguien así.
Me creía el mito de que el amor de una buena mujer cambiar a un hombre. Por difícil y por imposible, emularlo, parece toda una proeza sólo al alcance de mujeres-princesas con una capacidad de amar inconmesurable. Pero es que la capacidad de amar no tiene medida y entonces es cuando “las mujeres amamos demasiado” y consentimos cosas como que nos hagan prisioneras, nos separen de nuestro padre, o nos prohíban ir al ala oeste. Todo ello porque sin duda la bestia es buena y nos ama y nos ha regalado una biblioteca y ha aprendido a usar cubiertos.... Y con la fuerza de nuestro amor y la máxima latina de “amor omnia vincit” -(el amor lo vence todo)- por bandera, nos creemos capaces de propiciar un cambio e instaurarlo como permanente. En poquísimos casos funciona, en todos duele. La moraleja de la película es que no importa el exterior sino el interior -(cancioncilla de amor mediante)-. No obstante, la bestia era desagradable también en su fuero interno; trataba mal a Bella, le gritaba y la sometía dándole ordenes. ¿Cómo se podía cambiar esta situación? Pues a Disney le pareció que no dependía de que bestia hiciera exámen de conciencia, creciera y madurara como persona. Dependía de Bella que la bestia se convirtiera en el príncipe guapo de noble corazón. Me explico, Bella debía amarle, educarle, enseñarle, ser paciente, guiarle, aconsejarle y apoyarle para que con suerte este cambiara y por supuesto mientras tanto debe ir perfectamente arreglada, vestida y maquillada. Cuando llore es mejor que se cubra el rostro porque no queda bonito. Así, si bella es buena chica conseguirá que la bestia cambie y no importa cuanto cueste . -Buena suerte Bellas y vuestra mejor suerte aún sería escaparos a otro cuento.

Me gustó ver las dos versiones de Blancanieves (aunque no fueran Disney) la de Julia Roberts y la de la siempre exhuberante Charlize Theron. En ambas películas, las princesas abandonan el clásico Disney de ser el sujeto pasivo de la relación amorosa que las levanta del suelo como si de un tornado se tratara, engulléndolas con una fuerza tal que sólo pueden sucumbir al amor de ese maravilloso, guapo y rico príncipe que las ama -(por cierto sin conocerlas). Y que tiene para ella reservado: un castillo, un hermoso -y casi siempre blanco- corcel de larga y peinada crin, y toda la riqueza y prosperidad de los reinos de dónde procede. Se celebrarán unas perfectas núpcias y será el perfecto padre de sus perfectos hijos, comerán un opíparo banquete digno del gourmet del Corte Inglés, nunca pelearán y nunca se separarán ni de hecho, ni legalmente.

Hasta ahora, las princesas para conseguir todo eso sólo debían ser guapas, sexys y tener un cándido erotismo. Traduciré, a mi entendimiento: “hacerse las muertas”en todos los sentidos que una mujer se siente viva, en las películas Disney, se hacen las muertas, salvo contadas excepciones (Pocahontas y Brave). La Bella Durmiente es un gráfico ejemplo de cero realización personal. Nace bella y virtuosa, por ser bella es digna de ser amada, se pincha con un huso, se hace la muerta durante años y luego llega el príncipe a salvarla porque es guapa y por tanto digna de ser amada y si nadie la ama es que está en apuros. Mata muchos dragones, se enfrenta a gravísimos peligros, la besa y así despierta a la vida. Sólo con un beso se despierta a la vida, antes estaba muerta. Cuando la besa, el aliento le huele a rosas después de llevar “chorropotrocientos” años dormida. Desde ese besazo de príncipe todo irá a mejor, todo está solucionado, se casará, será una buena esposa y una joven madre. ¿Qué es todo? ¿había decidido la bella durmiente qué hacer con su vida? -No, ¿por qué? -Porque se estaba haciendo la muerta para que el Príncipe la besara y así fueran felices para siempre...
-Bellas Durmientes/ Rapunzeles que esperáis en lo alto de una hermosa torre con rosales en enredadera a que el príncipe venga de muy lejos y asesine esos dragones (complejos, obsesiones, miedos) que hay bajo la torre y que os impiden salir o despertar. Si esperamos al príncipe, moriremos de viejas, es el momento de pelear por nosotras mismas.

¿Cómo va un príncipe de hoy a matar nuestros dragones si en el momento que tiene que dejar la play para ir a hacer la compra en vuestro nidito de amor ya pone mala cara? Luchemos nosotras y ellos que vayan a la suya, ya volverán y sino buena suerte y gracias por participar.

Las princesas de las películas actuales ya no son el sujeto pasivo del complemento agente (Príncipe) que las ama. Ahora, al menos salen del castillo (como la Blancanieves víctima de la bruja Julia Roberts). Si bien el director, no pudo evitar el componente erótico machista de que en mitad de la esgrima el príncipe diera un socarrón “cachetazo” en el culo a Blancanieves que lucía pantalones.
La Blancanieves Kristen Stewart se pasa toda la película con la misma expresión y emulando a Juana de Arco, el factor “y fueron felices para siempre” tan manido en todas las películas de esta temática, simplemente no aparece. Si bien, ella podría haber elegido entre dos pretendientes que se sorteaban su amor, ella no elige a ninguno. Prefiere pasarse toda la película con el pelo sucio y peleando como un hombre porque está sola y no tiene nada que perder sino mucho que ganar.
La archienemiga de “KristenNieves”, la bruja Charlize es el ejemplo del despecho llevado al extremo, el resentimiento y la amargura que conllevan la ansiedad de obligarse a ser “la más bella del reino”. No entiende lo que es el amor porque se excusa con que nunca la amaron, un retrato muy actual de un tipo concreto de mujer de hoy.
Por último Mérida -(Brave, para todos). He aquí una princesa que NO se quiere casar, ama algo: su libertad. ¿Por qué ama su libertad más que a casarse con un noble príncipe y ser felices para siempre? Pero si para siempre es toda la vida y es una garantía sin caducidad...
Mérida es natural, no lleva vestidos incómodos, ni corsés. Le encanta comer pasteles a dos carrillos, montar a caballo, trepar por las rocas, tirar con arco... es autodependiente.