Mostrando entradas con la etiqueta princesa Disney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta princesa Disney. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de julio de 2013

Desaprender a "amar"

     Me quedo muerta en la bañera y ojiplática cuando escucho a chicas de mi edad -(26)- narrar las mieles de vestir a sus parejas cada mañana y lo que debe y no debe hacer una mujer en convivencia con un hombre.

     Observo como un narrador omnisciente y escucho cosas como: “la clave está en colocarle las camisas en el orden que quieras que se las ponga porque él siempre va a coger la primera del montón”. “Este año ha sido muy difícil para los dos como pareja, me ha dejado tres veces... Pero ahora nos hemos ido a vivir juntos y todo va bien”.“Él me necesita, no tiene madre y por eso me tiene tan celosa”.

De entre lo más sórdido destaca sin duda, que aún en el siglo XXI, en este año 2013, escucho decir a chicas en la veintena cosas como; “si me hubiera quedado embarazada el mes pasado él no me habría dejado” y frases como “si él me deja me muero, no saldré adelante”. No cejo en mi afán de observar y escuchar, veo el triunfo machista, el triunfo del patriarcado. Veo que estas mujeres que escucho, porque también me enseñan muchas cosas y me recuerdan quien he sido toda mi vida hasta hace dos años, son felices -o al menos creen serlo y yo debo respetar eso, pero no me gusta nada-. Sé que son felices así. Llaman libertad a postergar el quedarse embarazadas y parir a los hijos de sus parejas en vez de a los 24 a los 26. Se vanaglorian del poder que ostentan en la pareja frenando a sus hombres en el afán de hacerlas concebir lo antes posible. Cuando se forma una pareja así: él necesita un hijo para sentirse más hombre, ella necesita un hijo para estar cada vez menos ocupada de sí misma -(mi humilde opinión).

Recibiendo esta (dolorosa) información externa pienso en las enseñanzas de Mikao Usui y en lo que tantas veces me repite mi Sensei de reiki: “sólo por hoy no me enfado”.

Pienso en lo que me dicen las mujeres que me rodean y creo que estoy más cerca cada día de haber conseguido no juzgar -o yo me siento menos juzgadora para con ellas-, pero aun me queda un largo camino por recorrer, aun debo -o pretendo- sentir más aceptación por la opción de vida de cada mujer en singular. Ya sé que toda mujer que ama demasiado se relaciona siempre con mujeres que aman demasiado, es algo inconsciente como la elección de sus parejas... Lo importante es tornar consciente esa elección.

Cuando las escucho en realidad no me enfado con ellas, me enfado conmigo misma porque aun no he conseguido perdonarme. Debo perdonarme por haberme creído una princesa Disney más. Una princesa Disney de las de antes, de las que eran capaces de morir para resucitar con un beso. Quiero seguir luchando para ser como Mérida la primera de la que espero sea la nueva generación de princesas Disney, esos son los cuentos que quiero contar a mis hijas -de todos modos gracias a Mulan por abrir la veda y salir a pelear ahí fuera sin esperar a ser rescatada-.

Debo perdonarme por haberme creído encontrar al Príncipe y haber repetido este error no una, sino cuatro veces. Debo perdonarme por haberme creído que mi hito de vida y mi misión en el Universo era ser la novia/esposa de y formar una familia. ¡Qué felicidad habría creído alcanzar! Convivir en pareja era un sueño para mí que nunca logré, soñaba con convivir con cualquier pareja. Mi yo inconciente pensaba: “él me quiere y yo quiero que quien sea me quiera” -esa era yo-. “Tan poco me quiero que si él -(quien sea)- me considera una pareja digna yo lo daré todo por serlo para él”. Desde luego también pensaba de igual forma inconsciente: “si él me deja yo habré fracasado, no habré conseguido que alguien me quiera, no habré logrado mi misión en el mundo”. “Cualquier mujer que consigue conservar una pareja es mejor que yo, ninguno se queda para siempre conmigo porque no soy lo bastante: (escriba aquí cualquier adjetivo)”...

Las comprendo muy bien a todas, yo habría sido feliz tan sólo cuatro años atrás; yéndome a convivir en pareja a cualquier piso, choza o cabaña en un árbol. Durmiendo siempre acompañada, desnuda y abrazada al presunto amor de mi vida, haciendo el amor en cada habitación para estrenar nuestro nido conyugal, eligiendo las camisas que le he planchado para ir al trabajo y peleando con uñas y dientes por una relación que me destruía no ya como mujer sino como ser humano. A fin de cuentas, he sido una mujer que ama demasiado mentiría si no me reconociera en todo eso. Por desgracia y con tristeza, puedo decir lo feliz que me hacía planchar, cocinar, coser, lavar y ser sobre todo la terapeuta de mis novios. Recuerdo con humillación que una de las cosas que más feliz me hacía era cuidarles cuando estaban enfermos... Me hacía sentir útil y querida que contaran conmigo para algo tan estúpido como una gripe, yo creía que eso era amor, ese era el amor que yo había aprendido y que por supuesto puede ser desaprendido. Por suerte, tomé conciencia de todo esto y ya nunca más será así, o no al menos en tal grado pues estas cosas llevan su tiempo...

Conozco la -(falsa)- sensación de poder y valía que me otorgaban tales cometidos parejiles. Conozco la frustración y el dolor de no poder seguir en ese rol de la perfecta santa-madre-esposa, nada menos que en mi rol en el mundo. Sé lo duro que es querer estar con alguien a pesar de los cuernos, a pesar de la violencia verbal, a pesar de destruirme para hacerme a su gusto y lo pulverizado que se queda el corazón cuando aun haciendo todo eso, aun convirtiéndote en todo lo que él pide; resulta que no, que te sigue poniendo los cuernos. Resulta que no, que se va con la otra. Entonces te sale un Game Over en la pantalla y sientes que con el próximo irá bien y todo el mundo te dirá que eras una novia maravillosa, que sólo ha sido mala suerte...

Ahora que no me enfado tanto pero aun me falta una gran dosis de aceptación del derecho de todo individuo (especialmente mujer) a destruir su propia vida cómo y con quién le plazca. Ahora escucho, observo y me conozco más. Me reconozco en las conductas femeninas que observo en mi entorno y en las consignas que gustan tanto repetirse para retroalimentarse entre ellas, consignas lapidarias como: “he aprendido que en pareja hay que aguantar porque sino lo pierdes”. Consignas que ahora que yo estoy mejor me repiten para que vuelva a ese estado: “¿a qué esperas para tener un novio? Si te acostumbras porque estás bien así ya te quedarás así siempre, tenemos una edad...”
Lo reconozco todo porque he sido así, soy feliz de no ser así ya. Reitero que mi antiguo enfado hacia las mujeres que he descrito es sólo contra mí. Quiero aceptar que sois felices así, lo seguiré intentando...

Sé que de un blog nadie aprende nada porque todo nos lo enseña la Vida si debe hacerlo, pero sólo quiero que quede escrito esto; no sabéis lo que duele, no sabéis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando se toma verdadera conciencia y se hace un trabajo de introspección profundo y observas y aprendes que se siente el amor así cuando nunca te has querido porque crees en el fondo, aunque no se lo digas a nadie, que no eres digna de amor. No os imagináis la vergüenza ni el dolor que se siente cuando todos tus esfuerzos radican en no ser abandonada y en estar con quien sea para demostrarte a ti misma que sí, que quien sea te quiere, pero no. Nunca te sentirás querida, siempre elegirás inconscientemente hombres que no te quieran...
Cuando asumes que nunca te has mirado ni ocupado de ti porque estabas demasiado preocupada y ocupada por el hecho de encontrar pareja empiezas a construir tu libertad (mi opinión). Cuando caes en la cuenta de que todos los años que has sufrido para lograr el amor de un hombre los has perdido y no vuelven más, el dolor es infinito y por eso prefería enfadarme, porque no sabéis lo humillante y doloroso que ha sido y que en menor medida está siendo.

Quiero decirlo sin pena, pero hoy no puedo porque a veces me siento muy sola en este camino, pero me sigue valiendo la pena; en el año 2013 una mujer puede llevar una vida muy distinta a la de nuestras tatarabuelas si lo desea.
La vida es corta, el mundo es ancho y grande y hay siete continentes en él que me gustaría visitar -si puedo-, antes de morir, sólo me arrepiento de los años que he desperdiciado esperando a que cualquier hombre que se cruzara en mi camino me quisiera en lugar de vivir mi propia vida. No deseo que ninguna tenga que pasar nunca por esta desagradable sensación.

Mi libertad me hace feliz, os invito a probarla si queréis.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La niña que no soñaba con el bricolaje

      Alguien me dijo hace poco, con motivo del nuevo aire que le estoy dando a mi habitación, algo que me resultó muy bonito; tu habitación es tu casa y tu casa es el reflejo de tu alma, renovar tu habitación; tirar lo viejo dejar lugar a lo nuevo, reformar lo estropeado y darle una utilidad práctica es renovar tu alma, purificarla. La verdad es que la metáfora me gusta por profunda y filosófica y pese a que suelo practicar este tipo de friki-reflexiones en solitario ésta no se me había ocurrido.

     Todo empezó con un sueño; Londres, lugar en el mundo en el que espero y deseo poder vivir algún día, a ser posible pronto, sé que ese es mi sitio en el mundo y me importa bien poco si suena cursi, lo siento así. Me enamoré de un cuadro-foto de dicha ciudad -(y siempre es mejor así, que enamorarse de un cachorro abandonado o del Don Juan de turno)- el cuadro, que objetivamente no es especial ni muy original como sinónimo de nunca visto, -(qué curioso, con las personas al enamorarnos a veces pasa lo mismo, objetivamente todas las personas son iguales pero lo que nos hacen sentir es único, original, especial e irrepetible) -me encantó. Mi sueño ahora tiene un espacio físico en mi vida, tiene un sitio privilegiado en mi pared.

En este momento de cambios y reformas en la alcoba de Julieta me he encontrado con algunas dificultades, a saber; jamás había pintado una habitación, colgado un cuadro, ni una estantería ni un espejo, por decirlo asépticamente. Esas cosas las hacía un pintor al que no he querido pagar y por supuesto, papá.

    Cuando yo era niña y jugando a las cocinitas soñaba cosas tan normales en una niña como; mi boda, mi vestido de novia, ser periodista de éxito como April O'Neil -pero sin botines blancos, gracias,( luego vino la abogacía, en tercero de EGB)-. Soñaba también con tener un novio fuerte y guapo que se ocupara de estas cosas, alguien como Eric el príncipe de la sirenita (pienso que es el príncipe Disney más buenorro de todos; moreno ojos claros, no digo más). Y mientras tanto, yo por supuesto llevaría unos altos tacones, más altos que los de mamá, una bonita sonrisa, un magnífico collar de perlas y prepararía limonada para mi afaenado amorcito, seríamos todo sonrisas al mirarnos... Lo de la limonada radica en sonrisas y lágrimas. La limonada que beben es rosa o color coral y captó mi atención, además me pareció muy seductora la forma en que la baronesa Schröder ofreció limonada al capitán von Trapp, supongo que puedo datar y justificar por ahí mi sueño infantil.
     Otro pensamiento de la infancia era -como el de todas las niñas- que mi padre era un súper- héroe, así que si ningún chico era de mi gusto para ser mi novio modus Jazmín de Aladdín-chulita-rechaza-pretendientes, mi padre siempre, siempre, siempre y para siempre estaría ahí para montarme una estantería, una lámpara, un armario...

      Pero la vida es eso que pasa mientras haces planes y la vida ha tenido otros planes distintos a mis sueños infantiles de limonada para novio -(no sé hacer limonada ni tener novio como los que se ofertan hoy)- y padre eterno de seguros catalana occidente que lo arregla todo, todo y todo... Mi padre y yo solíamos interpretar ese anuncio, era una de esas tonterías padre e hija que son especiales...

          El tema es que he contado con la inmesurable ayuda de mi hermana y mi mejor amiga sin las cuales nada de esto habría sido posible, para jugar a “la hora de la herramienta” y aprender a hacer todas esas cosas que si tienes suerte, hace un novio y si tienes mucha más, hace un padre.

Sensaciones.
Es estimulante aprender cosas nuevas, fomenta la autodependencia que tanto necesita una mujer que ama demasiado para rehabilitarse y cualquier otra persona que quiera crecer como tal. La autodependencia es sana para todo el mundo. Pero obviamente me dan pena los motivos que me han impulsado a este aprendizaje, aunque haya sido desde luego, positivo.
Me he reído mucho tratando de colocar una estantería entre tres y darnos un ataque de risa, me he desesperado porque en un primer momento parecía que no iba a terminar nunca, he sentido impotencia por la falta de uniformidad del color que se fue instaurando milagrosamente a las pocas horas, he llorado en cuclillas los pocos momentos que he estado a solas con este proyecto por: “ese agujero para colgar el espejo lo hizo papá...”, “aquí está la marca de la estantería que se cayó porque me la montó mal, casi me abre la cabeza...”, “he manchado el techo blanco de fucsia y las esquinas no me han quedado muy bien pero seguro que él me habría dicho que estaba perfecto...”, “nunca podrá ver todo lo que he aprendido a hacer ni cómo ha quedado”...

Aún a riesgo de parecer una maruja -y para no deprimirme más que la venta inmobiliaria- contaré que también he renovado cortinas y ropa de cama que rima con drama -disculpad el tono de humor, ironía y frivolidad, obviamente son mis defensas para hablar de algo doloroso-. Cómo decía de las cortinas, las viejas me las compró mi padre, fuimos juntos, lo recuerdo perfectamente creo que me encapriché de unas de las cortinas más indecorosamente caras de El Corte Inglés, pero mi padre era como Guido (la vida es bella) y no me refiero a ir sonriendo hacia su propia muerte, cosa que también hizo. Sino a que era un hombre que podía hacerme creer cualquier cosa y me consentía todo, yo era la niña de sus ojos y lo sabía. He tenido mucha suerte de tener un padre que entre infinitas cosas, me regaló unas cortinas-caras-de-niña-consentida y su ropita de cama a juego. Él dijo que era por mis buenas notas pero yo nunca fui mala estudiante hasta la Facultad, lo hizo porque quiso...
Siempre que me llevaba de compras me decía “y no pidas más ¿eh?” pero daba igual que dijera eso. Recuerdo que poco después me compró bastante ropa que valía un dinero “por haber aprobado el curso e inglés, te lo mereces”- me dijo... Yo creo que si le hubiera dicho que me gustaba la osa menor como iluminación en mi cuarto hubiera preguntado su precio a la NASA. No es amor de hija, cualquiera que le haya conocido sabe que él era así. Así que cuando he ido a comprar cortinas y ropa de cama he llorado, me da igual si al verme alguien ha pensado que soy la loca de los gatos de los simpson porque los gatos me dan alergia... Tengo un máster en llorar en la tranquilidad de mi coche en un parking público o en el mío, cosas del duelo supongo y los duelos es mejor llorarlos o esa es mi opinión.
 
Recuerdos lacerantes.
Los muebles de mi habitación que fuimos a comprar juntos “de lo único que has de preocuparte es de que te gusten”-decía .La maleta de viaje que me compró para mi primer viaje de estudios de 4º de ESO, las bufandas de macramé que me hacía, una armónica que nunca he sabido tocar y que me regaló las navidades del 92 cuando murió mi abuelo paterno, libros, montones de libros...Le he dado un sitio de honor a la saga Harry Potter.

Torradita emotiva.
Cuando iba a 1º de ESO fui a ver la primera película con una amiga del colegio, no había leído ninguno de los libros pero quedé muy impresionada. Mientras mi padre nos preparaba la cena con su horrible delantal con trabalenguas “un tigre, dos tigres, tres trigues” incluído, yo no cesaba en hablarle de Harry, de Hermione y de Ron y de muggles que mi padre pronunciaba mugles para hacerme rabiar, le dije que teníamos que ir a la librería a preguntar si estaban los libros.
La tarde del día siguiente, al volver del colegio a las 5 y media sobre la mesa de mi escritorio, sin envoltorio pero adornados con un bonito lazo de raso turquesa estaban los 4 libros de Harry Potter, -(los otros aun no estaban a la venta)-. Así era mi padre cariñoso, detallista, buen cocinero...
Lo cotidiano es lo más doloroso para mí, no necesito días especiales para sentir dolor especial, la gente que lo ha experimentado supongo que lo comprenderá... Tal vez ahora alguien comprenda más y mejor porque el frikismo potteriano significa tanto para mí... Para el Señor de los anillos no hay excusa, salvo que soy friki y punto.

Tal vez si es verdad que la habitación sea el reflejo del alma de uno mismo después de todo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Estado civil: soltera / sin pareja; igual a estado anímico: triste / ansioso.


Cuando naces mujer te educan para amar, entregarte y cuidar a los demás. De eso se encargan queridos padre y madre, el cole, tu abuela, la tele, las canciones de la radio, tus juegos de niña y un largo etcétera que todas podemos elaborar si nos paramos a reflexionar sobre ello unos instantes. Todo para el bebé que nace mujer se encauza en una sola dirección, dar amor a otros. Ésto que a priori parece muy bonito, no lo es tanto cuando nos descuida a nosotras mismas. Me explico y como soy de muchas palabras -(y algunas ya lo sabéis)- me remonto a la infancia.
Al ser una niña te dedicas a vivir para tu muñeca “ahora biberón, ahora paseo, ahora cepillarle el pelo, ahora baño” y no piensas en ti durante todas esas horas en que te dedicas a jugar. Realmente, con 5 años una no acude a su “sillita de pensar” a reflexionar sobre su cortita vida o sobre qué cosas le gustan y cuales no soporta-(ni siquiera yo con 5 años, jajaja. A mí me gustaba jugar a las cocinitas, tomar el té con juegos de té en miniatura de porcelana mientras jugaba a que mis muñecas y yo nos reuníamos en mi club de lectura infantil)-. Sólo describo como crecemos la mayoría de mujeres: cuidando a “otro” (muñeca).

Algunas crecemos viendo películas y cuentos y leyendo historias de aventuras y por supuesto, de amor.
Empezamos a “consumir” historias de amor en nuestra última infancia y primera adolescencia, en las revistas pre-adolescentes, en historias de nuestras amigas, de primas más mayores y todo es tan bonito. Parece la cosa más maravillosa del mundo, lo lees, te lo cuentan y es como el mejor anuncio publicitario del mundo, nos volvemos locas por ese producto. Y en mitad de nuestra adolescencia lo compramos, muchas veces a cualquier precio.
Como pasa en los anuncios-(incluso los anuncios que más nos atraen)-, nadie nos habla ni nos informa de los contras de ese amor ideal o idealizado. Perdonad que vuelva a Disney porque de veras que me encanta pero, ¿alguna princesa tuvo jamás problemas con su pareja una vez introducido el componente sexual (beso, en la infancia)? La respuesta es no, se besaron y todo fue a mejor, su amor creció. Si discutían era antes de enamorarse. O más bien el mundo exterior era aquello que les ocasionaba problemas a veces, pero no entre ellos dos; en su relación no los había jamás, ¡qué romántico! Tú y yo solos contra el mundo. -A eso dedicaré otro post.

Quién aprende algo por repetición en el tiempo lo perfecciona, puesto que le sale como respirar, lo lleva haciendo toda la vida.

Con todo este caldo de cultivo, o más bien como yo lo llamaría, leche fermentada en el tiempo; -(lo llamaría leche fermentada porque puede resultar nocivo para la salud y porque este concepto es caduco, como la leche fuera de la nevera)-. Debemos entender y aceptar por qué nos pasa lo que nos pasa, o dicho con otras palabras por qué sentimos así como hemos aprendido y no de otro modo. ¿Por qué mi vida tiene tiene más sentido si la comparto con mi hombre -o mujer?, (ya sabéis que admiro el amor en todas sus formas)-. ¿Por qué soy más feliz en pareja que sola?

Respuesta fácil a modo interrogativo sarcástico que no a todo el mundo ha de gustar: ¿porque casi desde que nacimos siendo mujeres se nos ha encaminado en esa dirección? Me parece muy fácil quitarnos tanta responsabilidad y tanta carga, con la idea de “si es culpa de otro no es cosa mía, yo nada puedo hacer, yo es que soy así”.

Respuesta complicada en forma de interrogativas retóricas que a mí me han costado más de un disgusto: ¿te gusta estar contigo misma? ¿por qué te da miedo estar sola? ¿por qué estar sola significa no tener novio, en vez de vivir como único náufrago en una isla desierta para ti? ¿por qué no eres feliz en tu propia y única compañía?

Yo os iré hablando de mis respuestas a estas preguntas, algunas coincidirán sorprendentemente con lo que vosotras pensáis, o puede que no pero aquí introduzco el tema para pensar en ello.
Yo hasta hace relativamente poco no me había planteado jamás ninguna de todas estas cuestiones que seguro que algunas, o muchas de vosotras ya os habéis formulado.

Pero todas en algún momento de nuestra vida sólo hemos tenido claro algo: “quiero amar a un hombre y que me ame tanto como yo a él y ser felices para siempre, no quiero estar sola”.
Cuidado, con quedarnos ahí atrapadas. Incluso la preciosa torre en la que estaba Rapunzel era una prisión, incluso el magnífico y opulento castillo de la Bestia era una prisión. Cuidado con la prisión de esta idea tan bonita.

Todas hemos querido comprar ese producto tan bien publicitado llamado amor en algún momento de nuestra vida, cada una lo hemos comprado y pagado a nuestra manera. Unas a buen precio, otras hemos quedado arruinadas, pero luego hemos vuelto a trabajar duro para salir de la ruina emocional.

Muchas en algún momento nos hemos sentido en la imperiosa necesidad de tener pareja porque estar sola no es lo mismo. Muchas hemos dicho “es que yo no puedo o no sé estar sola y ahora este chico me viene bien”. Idea asociada a esta premisa: estar soltera es estar sola. Sola para este tipo de mujeres significa: náufraga, a la deriva, no querida, no deseada, fea, vacía, incompleta, aburrida, nerviosa, triste, abismo y caos, dragones, noches sin dormir, ansiedad.

Parece pues, para este tipo de mujer que la única cura a su desasosiego es un hombre, tener un hombre es igual a: seguridad, sentirse grande, ser sexy, sentirse amada, valiosa, divertirse, hacer cosas en pareja, tener vida sexual, tener una proyección social positiva, estar completa, feliz, tenerlo todo en el mundo.

“ Mi hombre, mi hombre a veces hace cosas que no me gustan, pero cuando me alza del suelo y me toma en sus brazos sé que es mi hombre y yo soy su mujer, lo amo y el mundo no importa, se desvanece en nuestros momentos”.

No hay que avergonzarse por sentir como he descrito les pasa a muchas mujeres, nos ha pasado a muchas mujeres o nos sigue pasando. Esto no es un juicio de valor a sentimientos tan puros y viscerales. Yo sólo describo algunas cosas que vivo y otras que veo. Si alguien quiere ir más allá y aceptar una sana crítica que me hago a mí misma y comparto con quién quiera seguir más allá de sentir así; sólo nos dejaré este mensaje para todas. Mujeres, creo que tenemos un problema y esa es una mala noticia. La buena es que si nos esforzamos y ya nos hemos cansado lo suficiente de sufrir por sentir así, o simplemente ya no le vemos tanto sentido como antes, realizando un esfuerzo personal importante, podemos arreglarlo. No es fácil, pero vale la pena intentarlo porque vale la pena vivir y si me lo aceptáis, vale la pena vivir de otra manera.

viernes, 31 de agosto de 2012

Algo está cambiando en Disney ( por fin).




Como romántica empedernida soy fan incondicional de todas las películas Disney que marcaron mi infancia y primera adolescencia. Muy especialmente de la Bella y la Bestia, mi preferida. Me resultaba -hasta un pasado relativamente cercano-, muy tentadora y bonita la idea de que la fuerza del amor de Bella transforme a una Bestia y la capacidad ingente de Bella para amar a alguien así.
Me creía el mito de que el amor de una buena mujer cambiar a un hombre. Por difícil y por imposible, emularlo, parece toda una proeza sólo al alcance de mujeres-princesas con una capacidad de amar inconmesurable. Pero es que la capacidad de amar no tiene medida y entonces es cuando “las mujeres amamos demasiado” y consentimos cosas como que nos hagan prisioneras, nos separen de nuestro padre, o nos prohíban ir al ala oeste. Todo ello porque sin duda la bestia es buena y nos ama y nos ha regalado una biblioteca y ha aprendido a usar cubiertos.... Y con la fuerza de nuestro amor y la máxima latina de “amor omnia vincit” -(el amor lo vence todo)- por bandera, nos creemos capaces de propiciar un cambio e instaurarlo como permanente. En poquísimos casos funciona, en todos duele. La moraleja de la película es que no importa el exterior sino el interior -(cancioncilla de amor mediante)-. No obstante, la bestia era desagradable también en su fuero interno; trataba mal a Bella, le gritaba y la sometía dándole ordenes. ¿Cómo se podía cambiar esta situación? Pues a Disney le pareció que no dependía de que bestia hiciera exámen de conciencia, creciera y madurara como persona. Dependía de Bella que la bestia se convirtiera en el príncipe guapo de noble corazón. Me explico, Bella debía amarle, educarle, enseñarle, ser paciente, guiarle, aconsejarle y apoyarle para que con suerte este cambiara y por supuesto mientras tanto debe ir perfectamente arreglada, vestida y maquillada. Cuando llore es mejor que se cubra el rostro porque no queda bonito. Así, si bella es buena chica conseguirá que la bestia cambie y no importa cuanto cueste . -Buena suerte Bellas y vuestra mejor suerte aún sería escaparos a otro cuento.

Me gustó ver las dos versiones de Blancanieves (aunque no fueran Disney) la de Julia Roberts y la de la siempre exhuberante Charlize Theron. En ambas películas, las princesas abandonan el clásico Disney de ser el sujeto pasivo de la relación amorosa que las levanta del suelo como si de un tornado se tratara, engulléndolas con una fuerza tal que sólo pueden sucumbir al amor de ese maravilloso, guapo y rico príncipe que las ama -(por cierto sin conocerlas). Y que tiene para ella reservado: un castillo, un hermoso -y casi siempre blanco- corcel de larga y peinada crin, y toda la riqueza y prosperidad de los reinos de dónde procede. Se celebrarán unas perfectas núpcias y será el perfecto padre de sus perfectos hijos, comerán un opíparo banquete digno del gourmet del Corte Inglés, nunca pelearán y nunca se separarán ni de hecho, ni legalmente.

Hasta ahora, las princesas para conseguir todo eso sólo debían ser guapas, sexys y tener un cándido erotismo. Traduciré, a mi entendimiento: “hacerse las muertas”en todos los sentidos que una mujer se siente viva, en las películas Disney, se hacen las muertas, salvo contadas excepciones (Pocahontas y Brave). La Bella Durmiente es un gráfico ejemplo de cero realización personal. Nace bella y virtuosa, por ser bella es digna de ser amada, se pincha con un huso, se hace la muerta durante años y luego llega el príncipe a salvarla porque es guapa y por tanto digna de ser amada y si nadie la ama es que está en apuros. Mata muchos dragones, se enfrenta a gravísimos peligros, la besa y así despierta a la vida. Sólo con un beso se despierta a la vida, antes estaba muerta. Cuando la besa, el aliento le huele a rosas después de llevar “chorropotrocientos” años dormida. Desde ese besazo de príncipe todo irá a mejor, todo está solucionado, se casará, será una buena esposa y una joven madre. ¿Qué es todo? ¿había decidido la bella durmiente qué hacer con su vida? -No, ¿por qué? -Porque se estaba haciendo la muerta para que el Príncipe la besara y así fueran felices para siempre...
-Bellas Durmientes/ Rapunzeles que esperáis en lo alto de una hermosa torre con rosales en enredadera a que el príncipe venga de muy lejos y asesine esos dragones (complejos, obsesiones, miedos) que hay bajo la torre y que os impiden salir o despertar. Si esperamos al príncipe, moriremos de viejas, es el momento de pelear por nosotras mismas.

¿Cómo va un príncipe de hoy a matar nuestros dragones si en el momento que tiene que dejar la play para ir a hacer la compra en vuestro nidito de amor ya pone mala cara? Luchemos nosotras y ellos que vayan a la suya, ya volverán y sino buena suerte y gracias por participar.

Las princesas de las películas actuales ya no son el sujeto pasivo del complemento agente (Príncipe) que las ama. Ahora, al menos salen del castillo (como la Blancanieves víctima de la bruja Julia Roberts). Si bien el director, no pudo evitar el componente erótico machista de que en mitad de la esgrima el príncipe diera un socarrón “cachetazo” en el culo a Blancanieves que lucía pantalones.
La Blancanieves Kristen Stewart se pasa toda la película con la misma expresión y emulando a Juana de Arco, el factor “y fueron felices para siempre” tan manido en todas las películas de esta temática, simplemente no aparece. Si bien, ella podría haber elegido entre dos pretendientes que se sorteaban su amor, ella no elige a ninguno. Prefiere pasarse toda la película con el pelo sucio y peleando como un hombre porque está sola y no tiene nada que perder sino mucho que ganar.
La archienemiga de “KristenNieves”, la bruja Charlize es el ejemplo del despecho llevado al extremo, el resentimiento y la amargura que conllevan la ansiedad de obligarse a ser “la más bella del reino”. No entiende lo que es el amor porque se excusa con que nunca la amaron, un retrato muy actual de un tipo concreto de mujer de hoy.
Por último Mérida -(Brave, para todos). He aquí una princesa que NO se quiere casar, ama algo: su libertad. ¿Por qué ama su libertad más que a casarse con un noble príncipe y ser felices para siempre? Pero si para siempre es toda la vida y es una garantía sin caducidad...
Mérida es natural, no lleva vestidos incómodos, ni corsés. Le encanta comer pasteles a dos carrillos, montar a caballo, trepar por las rocas, tirar con arco... es autodependiente.