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viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy hace 3 años

        Hoy hace tres años empezó la peor experiencia de mi vida. La cuenta atrás hasta la llegada del fatal día 6 de diciembre en que murió mi padre. Así, en un mes, gozando de una perfecta salud... Primero fue una bronquitis, luego resultó tener un pulmón encharcado... Dos semanas después era un cáncer terminal. Día 6 de diciembre dejó de respirar y murió ahogado por el cáncer que contrajo como fumador de dos cajetillas diarias de Ducados negro. Vale la pena pensar en si seguir fumando sólo si queréis pensarlo. Respeto todo lo que cada uno decida hacer.

         Desde 2010 en que la muerte se llevó a mi padre las fechas son terribles y para una persona como yo que tiene la fortuna de tener tan buena memoria para todo lo emocional resulta muy duro. Detesto recordar con igual intensidad lo bueno y lo malo, pero así es...

Desde que me ha pasado esto he sido dos cosas y me cuesta mucho aceptarlas y perdonarme. Muy egoísta y muy miserable.

He sido muy miserable por no poder alegrarme por los demás en sus alegrías ni celebrarlas con ellxs, por no aceptar que la vida sigue y que aunque yo estuviera pasando por el peor momento de mi vida a los demás les pasaran cosas maravillosas. No concibo nada más miserable que no sólo no poder alegrarse por la alegría ajena, sino entristecerse por la felicidad de los demás y yo hice eso. Pero no me salía sentir otra cosa.

Una de mis mejores amigas me invitó a su cena de graduación en su casa, con sus padres, una tarta con su foto con el birrete, sus amigxs... Vive muy cerca de mí. Le dije que tenía una cena y que no podía ir. Ella nunca ha sabido que me quedé en casa llorando. No podía enfrentar ni asumir que ella tenía unos padres vivos que la mirarían llenos de orgullo y amor mientras cortaba su tarta de graduación y que yo nunca tendría eso. Y no sólo eso, es que nunca más tendría un padre vivo. Considero por tanto muy mísero no poder alegrarse por el bien ajeno. Sólo puedo defenderme diciendo lo mal que me sentía, lo descorazonada y deprimida que estaba. Esta sólo es una anécdota de tantas fiestas, cumpleaños, graduaciones y celebraciones a las que he faltado y que por supuesto nadie se merecía lo mal que actué no estando.
He sido muy egoísta porque no podía ver más allá de mi dolor, ni estar por nadie, ni siquiera sabía y lo he ido aprendiendo en estos años, estar por mí misma. Sólo puedo disculparme y defenderme diciendo que no deseo que nadie sepa nunca lo que es que la vida te quite a un padre como al mío en un mes... Independientemente de lo que decidan los demás para conmigo y nuestra amistad, tengo que perdonarme por ello y dejar de sentirme culpable. Un día de estos...


Sé que me está quedando un post muy lúgubre y triste, pero ayer me sentí contenta conmigo misma y quería compartirlo porque sentí que todo el esfuerzo que llevo haciendo para recuperarme en estos años está dando sus frutos. Ayer noche de Halloween pude salir y pasarlo bien, dentro de lo que cabe, por primera vez en mucho tiempo y siendo la víspera del inicio de mi tragedia.
Por influencia cultural o por mi propia personalidad (no voy a culpar a nadie de mis sentimientos de los cuales soy plenamente responsable) sentía inconscientemente que mi sufrimiento por la muerte de mi padre probaba mi gran amor de hija. Es algo que en occidente está muy grabado en el inconsciente colectivo, parece que los duelos insuperables prueban mayor y más fuerte amor, cuando bajo mi punto de vista discutible sólo prueban un mayor trastorno por duelo patológico... Esta parrafada es para decir que me sentía culpable por salir, por vivir, por celebrar, mientras mi padre estaba muerto e incinerado. Y ya sé que él querría verme salir y divertirme, mejor que yo no lo sabe nadie, pero no me salía. No podía ni me apetecía, me daba ansiedad irme dos manzanas más lejos de mi casa (que no fueran para ir al gimnasio de la UIB).

Ahora que estoy con un pie fuera de mi tierra para irme lejos estoy cosechando lo bueno y también malo que he sembrado. No ha habido sorpresas porque soy mucho más dura conmigo misma que con los demás -(lo cual es mucho decir y quien me conoce lo sabe)- y por lo dura que soy conmigo, opino que no me merecía por lo mísera y egoísta que he sido que nadie estuviera conmigo para despedirme, o al menos muy poca gente. He fallado a muchas personas pero eso ya no puedo cambiarlo, y en lugar de devolvérmelo, va el Universo y me concede que mis amigxs vengan a mi fiesta de despedida y que ayer, que era un día muy difícil para mí, sin ellas saber la fecha exacta de mi tragedia, mis amigas, estuvieron pendientes de mí estando de fiesta y me preguntaron en todo momento si estaba bien ya que me veían muy seria. Traté de distraer su atención como hago cuando se trata de este tema para no hablar y romperme y normalmente funciona, pero que no funcione con ellas significa que algo profundo estamos construyendo entre nosotras. O así lo siento yo al menos, espero que no en solitario.

No sé si merezco lo bueno o no que me está viniendo, soy muy dura conmigo y sigo pensando que no lo merezco por haber fallado tanto, pero mereciéndolo o no, estoy muy agradecida al Universo y a la vida.

jueves, 26 de septiembre de 2013

San Seacabó

Mulan estaba muy triste puesto que no lograba destacar en nada y además había avergonzado a su familia. Su padre con la mirada llena de amor se le acercó observó en rededor señaló una flor de loto aun por florecer a la Vida y le dijo:

"Vaya, vaya qué flores tan bonitas tenemos este año... ¡pero mira! esta es Tardía... Seguro que cuando haya crecido será bella, la más hermosa de todas".

Para celebrar este día en que ya todo ha terminado y me he licenciado... Este día; de liberación, de catarsis, de victoria tardía de sabor agridulce y de color ciprés, para celbrarlo estaré bailando en mi corazón. Bailaré todo el día y toda la noche con mi compañero de baile, el de todas las bodas menos de la mía futura (si acontece)... En mi alma habremos comprado billetes para ir juntos a comprarme mis zapatos de princesa, los zapatos prometidos desde que tengo edad para apreciarlos.
En mi alma habremos ido a cenar a ese sitio tan especial, todos juntos y en mi alma estaremos bailando siempre hasta que volvamos a reunirnos cuando yo trascienda y nuestras almas bailen eternamente.

viernes, 31 de mayo de 2013

Me enfado porque me duele

Si continúo hacia delante no sabré en qué punto estoy, si miro hacia abajo veo qué caída hay... Todo esto es absurdo porque sé perfectamente donde estoy e intuyo muy claramente la caída, pero no puedo detenerme en eso porque sino ya no seguiré adelante.
Lo siento papá pero no voy a desearte un feliz cumpleaños. No sé en qué puñetas estabas pensando cuando me dejaste aquí sola con una carrera que odio por tu culpa y aún por terminar y que no vas a ver como la termino si es que lo hago... Ahora ni me gusta la carrera ni quiero terminarla, debiste pensar eso antes de morirte.
No sé de qué vas no estando en tu cumpleaños cuando todos sabemos que es hoy.
No tenías ningún derecho a dejarme sin padre para la boda con la que sueño desde que yo era un zigoto y que ya no tiene sentido porque no quiero una boda con ausencia. No tenías ningún derecho a no conocer al padre de mis hijos y yo no te consentí en ningún momento que no conocieras a tus nietos, pero aun así, tú a lo tuyo, sin conocerlos.
Estoy muy enfadada contigo y te perdonaré cuando vuelvas, es decir, nunca.

Nunca te perdonaré lo aislada que me siento con respecto al resto de personas desde que no estás. Me pasé un año después de tu muerte sin poder ir al cine incluso. Luego se lo pedí a un chico porque no quería estar sola ni enfrentarme al miedo que me daba estar encerrada en un cine sola y no me acompañó... Por tu culpa volví a hacer el ridículo de tan triste y necesitada creyéndome que había amor donde había una gran bola del oeste cruzando rodando la calle.
Espero que estés contento porque desde que no estás, no hay Navidad en casa, ni árbol, ni Belén con “cireretes de pastor” recogidas por nosotros tres, las últimas que he visto y tenido en la mano fueron las que puse en tu ataúd antes de tu incineración. Espero que estés contento, yo saltaría de alegría, pero no me sale del moño. Tampoco hay sopa rellena, ni la cocina patas arriba en Nochebuena... No hay reyes magos, no hay regalos, no hay fiestas. La Navidad murió contigo, bien por ti.
No ha vuelto a haber ningún cumpleaños en casa desde que no estás, espero que estés orgulloso.
No sé en qué pensabas cuando consentiste morirte y que con 23 años y cerca de la Navidad yo tuviera que montar un velatorio y un funeral. No tenía ni putas ganas de elegir qué ropa tenían que ponerte para el velatorio ¿sabes? Pero tú sabías que eso tendría que ser cosa mía, lo sabías y te dio igual... Te fuiste igual.
Me pasé una semana durmiendo con la bata que te compramos para estar en el hospital ¿crees que tenía edad para dormir con la jodida bata de mi padre? Nunca en mi vida he necesitado dormir con nada, nunca me gustaron las muñecas y jamás dormí con un peluche y con 23 años ahí estaba yo, llorando en la cama hasta que me durmiera abrazando una bata de hombre que olía a una persona que se había muerto. Reteniendo un olor ya muerto, ¿qué derecho tenías a hacerme eso? Esa semana un día llegué a casa y mamá la había lavado... No me consultó ¿qué más da? Yo siempre he sido la fuerte.
Dejaste la bufanda color burdeos que te pedí por terminar de confeccionar, quería aprender a hacer macramé para terminarla yo pero sólo quería morirme y no aprendí a hacer macramé. Un día llegué a casa y habían tirado la bufanda a medio hacer... Nadie sabe como lloré por eso. No sé de qué vas muriéndote sin terminar de hacer mi bufanda, ya nunca he tenido una bufanda burdeos hecha por ti.

Yo no tenía ningunas ganas de rehacer mi vida como lo he tenido que hacer. Me apetecía tanto como graparme los dedos a la mesa soportar la psicoterapia que he soportado. Jamás tendrías que haber muerto para que yo rehiciera mi vida. Por tu culpa, me di cuenta de demasiadas cosas sobre mí. Por tu culpa me di cuenta de todos los problemas que tenía, como mi adicción a las relaciones destructivas y de mi dependencia patológica. ¿Te parece normal dejarme pensando en estas cosas? ¿Sabes lo que es para mí verme a mi edad sabiendo todo lo que ahora sé y lo incomprendida que me siento? ¿Tienes alguna idea de lo que es dejar de ser joven con 24 años, que ya no pudiera durante más tiempo; salir, beber, fumar y ligar como la gente joven para evadirme o divertirme porque eso no me aporta nada? Por tu culpa dejé de fumar, de salir, de reírme como antes ya ni eso me servía para estar mejor y me sentía culpable por todo... Por tu culpa no me iba mucho más lejos de dos manzanas más allá de mi casa porque me sentía culpable de vivir mientras tú estabas muerto e incinerado. ¿Cómo se te ocurre no decirme si querías que te incineráramos? ¿Sabes que también tuve que decidir eso? ¿Qué mierda sabes tú? No sabes nada de lo que he pasado porque estás muerto.
Tardé un año y medio en poder irme de viaje sin sentirme mal por ello. Aun así llegué a Londres y lloré ¿quién te has creído para hacerme llorar llegando a Londres?

¿Sabes la putada que me has hecho? ¿Eres consciente de que no quiero celebrar mi graduación por tu culpa, porque tú no vas a estar ni vamos a ir juntos a comprarme mis primeros Manolos? ¿Tú sabes cuánto hacía que me habías prometido ir conmigo a Madrid para comprarme esos zapatos para mi graduación? No te perdono eso, no te perdono no celebrar mi graduación ni que ya nunca nos vayamos a Ca'n torrat a comer un señor entrecote para celebrarlo y ponernos hasta arriba de pan con all i oli, es algo que no te voy a perdonar en la vida.

Y mi boda... Siempre bailabas conmigo en todas las bodas y en la mía no. ¿De qué vas? Casilda lo dice y yo lo suscribo: “sí a las novias que bailan con el padre antes que con el novio”. Ya lo sabes, Vogue no te perdona y yo tampoco...

Por tu culpa como y ceno casi todos los días delante del ordenador como una adolescente que acaba de descubrir el messenger, lo prefiero a pensar que estoy comiendo sola porque te has muerto y ya no hay comida en familia cada día. El día de mi primer cumpleaños sin ti mamá se cogió su plato y se fue a comer delante del televisor en vez de, al menos, comer conmigo en la cocina... Yo la vi desaparecer plato en mano por el pasillo, no podía creerlo pero así fue. Espero que estés contento de haberme dejado huérfana y con semejantes cumpleaños, no me los merezco porque yo nunca habría dejado que eso pasara con los tuyos...

Si estuvieras aquí hoy iríamos a algún restaurante o estarías en el pueblo con mamá, los dos jubilados y de viaje... Mañana volveré a comer delante del ordenador, lo peor es que ahora veo Juego de Tronos y sé que te gustaría y eso me cabrea más.

Estoy muy cabreada contigo y lo pienso seguir estando porque mientras estoy enfadada no me hundo y tal vez así hasta apruebo y puedo o bien, montar un kiosko o bien, irme del país a vivir mi vida porque aquí me estoy asfixiando, no soy feliz y no estoy viviendo y todo es culpa tuya, absolutamente todo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Sobre los refugios y el deporte

       Estaba sobre la máquina elíptica y pese a que el sonido del mp3 llenaba mi cabeza con música que incitaba a todo menos a pensar, la mente siempre sigue sus propios derroteros.

Entonces pasó una chica, unos 22 años, una mujercita de esas con mucho estilo, un estilo que trasciende las lindes de ir al gimnasio con ropa deportiva, llevaba unos leggins de estampado étnico como hechos para ella, y unas zapatillas negras de deporte, similares a las tipo Victoria, muy especiales, jamás vi a ninguna chica con unas iguales en el tiempo que llevo yendo al gimnasio. Melena larga y negra, piel cetrina, no pasaba desapercibida. Llevaba unas gafas de sol wayfarer colgadas del escote de la camiseta.

Me gustan esas gafas en bastantes personas menos en mí. Los años que hace que vivo conmigo misma y como me cuesta aceptarme del todo físicamente... Pero no es eso, es que a mí no me quedan bien, tengo cara de luna llena, nunca menguante... Siempre la he tenido. Es curioso lo bien que quedan esas gafas de sol a los hombres de mediana edad. Siempre me han parecido gafas de padre. El padre de Tessa las tiene y le quedan de cine. Me pregunto como les quedarían a los padres de jóvenes, mi padre estaba guapísimo con las wayfarer, le quedaban sorprendentemente bien ¿debió de tener esas gafas de sol de joven o el modelo aviador?, ¿tenía gafas de sol de joven? ¿las usaba? Entonces entra la imagen de él en la óptica, mientras mi hermana se probaba las trigésimo cuartas gafas sin decidirse, él se probó las wayfarer mientras yo le decía que eran el último grito, que estábamos copiando a su generación en los estilismos. Hizo un gesto gracioso, una payasada típica de mi padre para indicarnos que estaba posando con las gafas de sol, no pude evitar decirle lo guapo que estaba. Recuerdo la vergüenza que le daba que le dijeran algo así, era bajito, motivo por el cual nunca se sintió guapo, como si eso estuviera reñido con la belleza... Las gafas le quedaban muy bien, mi hermana y yo estábamos tan convencidas que le insistimos en que se las comprara pero él , como siempre, sólo quería caprichos para nosotras no para sí, me preguntó si las quería yo... Pudimos habérselas regalado, a finales de este mes sería su cumpleaños, ahora ya es tarde. Siempre haciendo el payaso, era muy gracioso.


        Recuerdo seguidamente que en el hospital cuando le dieron la primera sesión de quimioterapia, se dio un tirón en el pelo cuando le quitaron la vía, -(comprobando si ya se le empezaba a caer, pero justo acababan de darle la primera quimio)-. Yo le pregunté, que si se le caía el pelo a ver si querría pañuelo o peluca. No por quedarse calvo, sabía que eso no le importaba, no era presumido. Pero pensé que tendría frío en la cabeza. Él, ni corto ni perezoso, cogió una toalla que había sobre la cama, se la enrolló en la cabeza y me dijo: "yo con esto y unas frutas encima a lo Celia Cruz" y puso los brazos en cruz imitando el recurrente paso de baile salsero de agitar hombros y pecho...


Se ha perdido tantas cosas...


        Voy a llorar, pero estoy en el gimnasio por la tarde, hay mucha gente y buena luz, verán que lloro sobre la elíptica. Como tengo un nudo en la garganta empiezo a pedalear como si no hubiera un mañana, llego a las 175 pulsaciones por minuto y me quedo ahí reprimiendo el llanto, pensando en por qué he ido al gimnasio esa tarde, repitiéndome que si sigo pedaleando estaré bien, que luego voy a danza africana, que me encantan las trenzas de mi profesora y su sonrisa de boca grande. Y pienso en la sonrisa de mi padre con la toalla en la cabeza, en una habitación de hospital, al final de su vida, al principio de su muerte, pero pedaleo más rápido para no llorar, para calmar la ansiedad. Pienso que luego iré a bailar hip hop que la música me gusta, que me encanta, que no tengo ni puñetera idea de bailar, pero allí me siento bien y formo parte de un grupo de personas. Somos mucha gente y todos escuchando la misma música, todos bailando a un mismo son. Quiero irme a casa pero me recuerdo por qué he ido al gimnasio. Pienso en Million Dollar Baby, siempre pienso en esa escena de la película cuando no puedo más en el gimnasio, sentí mucha empatía con ese momento.

“[...]Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos, si pensara con claridad volvería a casa, me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada, ¿es suficiente realidad?”

     Quiero irme a casa pero no debo, hoy me he prometido tres clases, mi lado salvaje pide venganza por la muerte de mi padre, pide expresión física, los ritmos negros de danza africana me sintonizan con mi lado salvaje, esa música tiene un efecto de comprensión sobre mis emociones que me lo dan muy pocas cosas y personas, tengo que ir a esa clase o me daré a las fresas con chocolate en casa y a pensar en lo puta que es la vida por quitarme a mi padre mientras mi madre ronca dos paredes más arriba que en la que yo engullo fresas en bata y pijama. Me repito que no hay soluciones fáciles a problemas difíciles y que el movimiento lo estoy demostrando andando. Una parte de mí, la gruñona Rotenmeyer, me dice que de todos modos de nada sirve lo que hago en el gimnasio, que mi padre está muerto, que la vida es una mierda... Pero la otra sigue a 175 pulsaciones y no piensa dar tregua. Además voy a ir a danza africana y además luego a bailar hip hop. He hecho cosas más difíciles que resistir a llorar en el gimnasio, mucho más. Llevo 55 minutos corriendo sobre la elíptica he notado que la chica de al lado me miraba pasmada tratando de disimular, también un joven que hacía abdominales llevaba un rato mirándome...


    Me voy a danza africana y lo doy todo pese a que estoy cansada, deprimida, nerviosa, inquieta por mis pensamientos. No tengo ganas pero estoy sonriendo, me sale solo, ¿será verdad lo que dicen de las endorfinas? Segunda clase superada, aun quiero irme a casa. Nadie se puede imaginar como me siento ni entenderlo, no hay mucha gente de mi edad sin padre y con una madre que salvar, es una situación que ocurre a los cuarenta o cincuenta. Por eso mi hermana acostumbra a llamarme vieja.


Va a empezar la tercera clase, la haré y me iré a dormir, no quiero saber que el mundo existe sin él.

Entonces entra un aluvión de gente en la sala, mucha más que habitualmente. Voy a hacer algo nuevo, me voy a poner en primera fila. Me da vergüenza, en primera fila todo el mundo puede observarme, observar mi cuerpo y sus defectos, tengo el espejo delante. Los espejos son los enemigos de las personas que no nos aceptamos, me cuesta enfrentarme a los espejos, y en el gimnasio más. Pero voy a aumentar la dificultad del momento y a aguantar el tipo en primera fila. Mi Rotenmeyer interior me recuerda que bailo arrítmicamente, que no tengo ningún talento ni estilo para el baile, que no es lo mío y que en primera fila todo el mundo me verá errando mientras bailo. “Igual hasta se ríen de ti, mejor vete atrás” me espeta. Yo paso de ella, estoy tan triste que ya ni me duele que me recuerde que soy un pato mareado bailando.

Están entrando todos los profesores de baile en la sala, la de africana que ya estaba dentro, el de hip hop, la de moderno, la de danza oriental y bollywood...

-Oye perdona ¿hay alguna clase especial y yo no me he enterado?-le pregunto a la chica de detrás mía.

-Sí, hoy es la master class de zumba.

“No vas a resistir, no has hecho zumba en la vida. No te vas a sentir mejor por quedarte. Vete a casa, no vas a estar más guapa ni esbelta por quedarte. Siempre serás graciosa, no pidas más. Por lo menos ten vergüenza y vete atrás para que nadie te vea, delante se ponen los que saben y las guapas que hacen de un grácil movimiento de brazo un paso sexy”.


Mi mitad sana piensa en irse a casa también, Rotenmeyer la está tratando de contagiar, me teletransporto, en casa estará todo por hacer, todo como lo dejé. Estará todo oscuro, se oirá el televisor, mi madre estará en la butaca roncando, da igual que sean casi las ocho de la tarde... Entonces me dice: “¿te vas a ir a casa para ver eso?, esto es una nueva experiencia ¿por qué no la pruebas y luego ya me dices que no puedes y que no te gusta?”. Le doy la razón a mi parte sana y mando a Rotenmeyer a rezar el rosario un rato, con su chal de lana y su moño.


Observo en rededor, somos mucha gente, espero que no me miren, todos disfrutando de la misma música; una música que invita al movimiento, a bailar, al ritmo, a sentirse vivo. Los profesores están animando a toda la clase llevando la batuta del baile. Me sorprendo de captar casi todos los pasos y poder reproducirlos, para mí es importante porque no me he marchado, me he quedado y me he atrevido a colocarme en primera fila; el lugar de las guapas y los/as que saben de qué va la clase en cuestión. Pienso menos en mi padre, motivo por el cual prefiero las clases dirigidas a dedicarme a pensar en la sala de máquinas.

      Me siento muy bien de repente y estoy tan agradecida de sentirme así por fin que me emociono y se me saltan las lágrimas pero sigo bailando porque llorar en público aunque ahora sea de alegría, no me gusta.


    ¡Bien! un día más lo he logrado, al menos me queda eso para mí, si me hubiera ido a casa, si hubiera cedido a Rotenmeyer no habría podido participar de esa clase grupal de zumba, ni de las divertidas risas de mis profesores

He tapado la boca un día más a todos/as los que me insisten en que debería tomar antidepresivos o tranquilizantes. Es muy importante para mí no haber caído en las redes de los primeros, me siento muy orgullosa de sobrevivir sin ellos de haber sido fuerte para ir en contra de todos (familia incluída) los que me decían cosas tan constructivas como "si los tomaras ya te habrías licenciado". Me enorgullezco de no caer en la solución fácil al problema difícil. Un día más he hecho algo sano por mí y por mi cuerpo. Un día más no me he refugiado, en beber, fumar, comer, salir sin ganas, en un amor de pacotilla por no estar sola, en comprarme mucha ropa y calzado que no necesito u otros cuatro bolsos más y pastillas para dormir. Un día más he sido luchadora, fuerte y valiente y mañana más de lo mismo.



    Me siento feliz de no rimar tristeza con cerveza como antes, de ir contracorriente, de pelear por lo que creo que es enfrentarme a mis poderosos demonios y no caer en los refugios fáciles que conozco tan bien. Esos refugios que atrapan, que no te sueltan, que están muy cerca. Los conozco bien me quedé unos años en ellos y cada día, cuando hago deporte pienso en “million dollar baby”, pienso en por qué no voy a volver a esos falsos refugios. Para la tristeza no tomo prozac, ni valium, ni diazepan. Tampoco soy de esa gente de “bueno, solo es media pastilla” y eso es importante para mí. ¡NO! Ni una pastilla ni media para reír químicamente, quiero hacer este camino nítidamente, en lo bueno y en lo malo. ¿Qué pasa por arrojarse al suelo a llorar el luto y gritar por qué puta jugada del destino mi padre no está más en el mundo? No pasa nada, hay que ser valiente para romperse así literalmente y recomponerse sin ayuda química, eso quiero hacer y eso hago.



Para la tristeza tomo tres raciones de gimnasio. Mucha gente me dice “es que yo no tengo tiempo” pero “quien quiere hacer algo encuentra el medio, quien no quiere hacer nada siempre encontrará excusas”. Es un paso difícil el del deporte, yo me negué muchos años a darlo, siempre encontraba excusas. Es la solución difícil, la que al principio da pereza, pero cuando me atreví a cruzar eso y traspasar la pereza, las excusas y de refugiarme en; "es que no tengo ganas de hacer nada” encontré un aliado para no sucumbir al extendido consumo de “happy pills”-(pastillas de la felicidad para los que somos de la LOGSE). Mi aliado el deporte es el mejor refugio que he encontrado y no daña mi salud ni mi economía como los demás. Me ayuda a luchar por ser feliz al natural.




sábado, 13 de abril de 2013

El tabaco mató a mi padre

“Cada vez sube más esta mierda del tabaco. No entienden que estamos en crisis, que no se puede pagar casi 5 euros por una cajetilla, es que ha subido hasta el tabaco de liar”.



-Buenas una cajetilla de tabaco.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con la graduación de mi hija.



-Buenas un cartón de tabaco.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con la boda de mi hija y llevarla al altar del brazo.

-Lo siento ayer subió el precio. Le costará también el primer baile nupcial.

-Bueno... ¡Qué caro se está poniendo esto!, póngamelo igualmente.



-Muy buenos días. Me llevaré dos cajetillas de rubio, una de mentolados y dos mecheros.

-¿Cómo lo va a pagar?

-Con el nacimiento de mi primer nieto.

-Lo siento señor no le llega. Le faltan sus primeros pasos, los cuentos para dormir del fin de semana y me temo que llevarle al parque con su esposa.



-Perdone, ¿tiene cambio de mi jubilación para la máquina de tabaco? Es que le he metido el primer viaje de jubilado con mi esposa, pero no lo acepta la máquina y he rascado...

-Es que ha subido. Necesita, también sus ilusiones de pasar medio año en la casa de su infancia del pueblo y medio año en la ciudad de sus hijas para estar con todos los nietos.

-Ya decía yo, que era raro que no lo cogiera la máquina.



-He comprado dos cartones para el viaje, fuera de España el tabaco es imposible de pagar.

-¿Qué te debo?

-Que tu mujer y tus hijas lloren frente a una cama de hospital sin consuelo ni esperanza, que te necesiten cada día. Que tu hija pequeña tenga que ir a un funeral con lo que le duelen esas cosas.

-Cada vez que sube, me planteo dejarlo... Pero ahora que me voy de viaje...

-Bueno, de algo hay que morir, a mí el tabaco no me afecta. Nunca he tenido tos por las mañanas ni me ahogo al hacer deporte. Yo creo que exageran mucho con todo esto del tabaco ¿me voy a morir por un cigarro después de comer? ¡qué tontería! Puedo morir atropellado cruzando la calle...







Podemos poner cuantas excusas queramos pero el tabaco mata. Hay que morir de algo, pero no creo que a nadie le guste morir ahogándose.



Es una manera de hacer colección de posibles cánceres de: lengua, laringe, faringe, garganta, esófago, estómago, pulmón, piel, hígado y páncreas.

Multiplica por dos las posibilidades de sufrir enfermedades coronarias, puedes morir de un infarto a los 30 por el placer de fumar. Y la vida no es el Super Mario, no hay setas que den vidas de repuesto, sólo hay una y puedes perderla para siempre por algo tan simple como fumar. A priori no parece muy inteligente.

Produce acné, es malo para los ojos, los dientes se amarillean o se ponen grises. Causa mal aliento, la ropa apesta a cenicero y la piel también.

Si se fuma una media de una cajetilla por día, o dos el fin de semana, resultan de media unos 140€ al mes, eso es mucho dinero.



Definitivamente sí que es caro el tabaco, valorando que lo pagas con tu vida y con el dolor de la gente que te quiere y que ya no te tendrá nunca más. Es condenadamente caro.

martes, 19 de marzo de 2013

Día del "no tienes padre"

-Así que es tu cumpleaños ¿eh?

-Estoy aquí celebrando que me he pasado otro año […] Mi padre murió y mi madre pesa 142 kilos. Si pensara con claridad volvería a casa me buscaría una caravana y me compraría una freidora y galletas. El problema es que sólo me siento bien con esto, si soy demasiado mayor ya no me queda nada. ¿Es suficiente realidad?



        Lo mejor de los días execrables es que se acaban y eso espero hoy. No necesito un día especial para acordarme de que no tengo padre, pero la “celebración” del Día del Padre sin Padre, es como un desierto sin arena.

No soy nadie para dar consejos y esto lo digo porque aunque suene fatal me he estado leyendo y he estado pensando en qué y cómo escribo, reflexionando y haciendo exámen y me he propuesto escribir de otra forma. He tenido la desagradable sensación -mientras me leía un libro de alguien que me recuerda asombrosamente a mi forma de escribir y expresarme- de que hay mucha parafernalia soberbia en lo que escribo. Es decir, podría haber dicho lo mismo, pero de forma menos chulesca. El primer paso es admitirlo, el último dejarlo dicen... He revisado eso y ya no me gusta. Como ya sabréis las personas soberbias lo somos para ocultar dolor, cuanto más dolor, más soberbia. No es porque seamos o nos creamos superiores, realmente nos creemos muy poco y nuestro mayor temor es que los demás se den cuenta de nuestro secretillo a cerca de lo poco que pensamos que somos. Nadie me ha dicho nada de toda esta autocrítica que me lanzo, supongo que por qué me quieren, pero en cualquier caso estaré al tanto de que mi vergonzoso afán de superioridad se vaya castigado al rincón de sentir porque ahí es donde la soberbia desaparece, en el rincón de sentir qué me pasa.



      Toda esta introducción como podéis sospechar es porque me resulta muy difícil. Como decía no soy nadie para dar consejos, pero quiero compartir algo que aprendí a los 21 cuando murió la madre de Alejandro. No esperéis para decir “te quiero”, yo nunca se lo dije a él, hasta que murió su madre. Sí, ya lo sé, yo, la más pastel de los pasteles azucarados con topping de fideos de colores no dice “te quiero”, sólo diré en mi defensa que lo demuestro con creces, es para lo poco en esta vida que no hablo demasiado, para demostrar a alguien que le quiero...



Me encantaba el cohete. Yo estaba arriba del todo, tú estabas justo ahí abajo, yo te miraba y gritaba:"¿me ves? ¡Mira lo que hago!". Desde aquí abajo ahora me pregunto si me ves y si ves lo que hago.
       Hice todo lo que pude por mi padre y más de lo que debí pero me siento culpable. A veces la culpa me deja divertirme un poco pero enseguida viene a recordarme (como si lo olvidara) que mi padre ha muerto. Que yo tenía un padre muy bueno y ya no lo tengo y a recordarme que me siento bastante “perro abandonado en la autopista”.

Hay personas que tienen padre como requisito meramente biológico y ontológico y sus padres viven. Hay padres que no quieren a sus hijas, ni a su mujer, o que las abandonaron y viven y diría me da mucha rabia, pero si fuera honesta conmigo misma admitiría que lo que me da es mucha pena. Me da mucha tristeza haber perdido a un padre tan maravilloso como el que tuve la suerte de tener y me da mucha tristeza todo lo que se ha perdido y todo lo que haré sin él, tanta tristeza que gran parte de mí se ha quedado en las noches en ese hospital sin ningunas ganas de hacer todo lo que sigue a estar sin él. Mucha gente me dice “deberías dar gracias de haber tenido un padre así” y bueno, lo dicen como “date con un canto en los dientes” que otros no lo hemos tenido... Realmente agradezco a la vida haber podido tener un padre y haberle regalado toda clase de estúpidas cosas de cuando eres pequeño; como la original mano puesta en arcilla con un “para papá” (la guardó como un tesoro y me salió fatal, me daba hasta vergüenza dárselo, pero él la mostraba a todo el mundo, como si tuviera un Monet en casa) ,o también aquel llavero de un búho pintado por mí, artículos de menaje para la cocina (le gustaba cocinar), libros... Ya siendo yo mayor hacíamos algo especial toda la familia y ya no había regalos infantiles, aun así pasábamos tiempo con él ese día siempre. Pero desde que murió mi padre han muerto todas las fiestas en mi casa. No pasa nada, me lo tomo como algo literario e inspirador, todas las princesas pasan por situaciones difíciles como esta u otras... Se lo agradezco a la vida normalmente, creo que soy agradecida, pero cuando me expreso en estos términos no tengo ganas de estar agradecida porque estoy muy triste y con perdón cagándome en mi puta mala suerte de haber perdido a mi padre y lo último que me apetece escuchar es que “he tenido mucha suerte” o que “debería dar gracias”. Hay días que puedo fingir cordialidad, hoy no lo soporto, estoy triste y punto y no tiene solución. Tampoco pasa nada, dicen los que saben que hay que estar triste para después estar bien pero ¿dos años y dos meses? Tic-tac, tic-tac...



      También hay dos clases de personas, las que me ponen plazo: “ya deberías tenerlo superado porque ya hace dos años” y las que me sentencian a sufrimiento perpetuo “triste ya vas a estar siempre pero te acostumbrarás”. ¿Me acostumbraré a la tristeza? Qué maravilloso. Ahora me siento mejor... Me vale con mi miedo de quedarme así para siempre, no necesito ayuda externa, pero la gente así en general no cesan en ofrecerme este tipo de “ayuda” y comentarios... Vale sí, es la mejor intención de todo el mundo, nadie nace siendo psicoterapeuta, acepto barco como animal acuático y acepto torpeza como buena intención, no me queda más remedio. Es eso o relacionarme con plantas...



     Por suerte, últimamente he encontrado excepciones que me han dado; esperanza, aliento, espacio y respeto. Personas con las que hablar de cosas que ahora me apetece hablar, como cosas profundas, cosas con las que nutrirme y que me dan un poco de alegría más allá de las fresas con chocolate y películas de los 40 y 50.



     Me ha encantado cruzarme en este difícil camino a pie que estoy haciendo y con la pesada mochila que llevo, con gente que sabe hasta dónde puedo y quiero dar y hasta dónde no. Que respetan lo que quiero y puedo hacer y no me agobian, ni exigen cosas que no puedo hacer. Personas con las que compartir nuevas inquietudes. Este blog puede parecer una tontería, pero es “mi tontería”, es mi espacio donde escribir, y ser creativa y ellas me han animado mucho y me siguen animando. Este fin de semana me puse muy contenta cuando dos chicas que no conocía me preguntaron muy sonrientes si yo era la del blog”, pusieron cara de fascinación y me dijeron por qué para ellas “mi tontería” era especial, como lo es para mí. Parece ser que además de tener mi catarsis con la escritura, hay a gente que le sirve de algo lo que escribo y eso es algo que no esperaba y que me llena mucho.

He encontrado personas con las que poder hablar de cosas como “Reiki” sin que pongan la cara de: “pobrecita-se-le-ha-ido-la-olla-con-lo-de-su-padre-la-hemos-perdido”.

Personas con las que hablar de “constelaciones familiares” sin miradas reprobatorias ni de juicio de valor. Y estoy muy contenta de haber recibido más de lo que merezco, porque yo siempre juzgo a la gente, es un defecto terrible que va junto con mi soberbia y del que soy consciente desde que leí el libro de la chica que escribe como yo. De todos modos, siento que en los últimos meses he aprendido bastante más a callarme como forma de respeto cuando no me piden opinión y sobretodo para evitar la polémica porque no me llena como me llenaba antes, o mejor dicho, me he dado cuenta de lo que me consumía antes. Hablaba tanto que no podía escucharme, y ya que estoy haciendo introspección creo que el silencio es justo y necesario.

Encontrarme con todo esto me ha devuelto un poco la esperanza, pensaba que siempre me sentiría sola con mis nuevas cosas con las que llenar mi vida y que me dedicaría a escribirlas aquí. No habría pasado nada tampoco, he estado a solas con mi dolor mucho tiempo, habría podido seguir porque así es como uno se hace fuerte y así es como yo no me voy con el primer “vende motos” del lugar, pero me siento muy feliz de tener compañía para compartir cosas positivas que van llenando mi vida y sus vacíos.



    He empezado con un fragmento de million dollar baby que me impactó mucho. Toda la película es fantástica, me siento muy identificada y siempre me inspira a no dejar el deporte o a volver a él. Tengo muchos defectos, pero que soy una luchadora no se me puede negar. Lo que ocurre es que después llega el día del padre y me canso de pelear con todo, de esforzarme para salir, para estar bien, para estudiar, para acabar la carrera, para ir al gimnasio y no caer en la inercia del “dolce far niente i mangiare di tutto”... Estoy muy cansada y hoy no puedo más. Ya sé que los adultos se esfuerzan y no se quejan por sus esfuerzos, lo que me lleva a pensar que será que no soy adulta, o será lo que sea, pero estoy harta y hastiada.

     Salgo pensando en pasarlo bien como toda la gente a mi alrededor, me esfuerzo, participo y no lo consigo, no es como antes... No me divierto como antes. Miro a mi alrededor, en cualquier, bar discoteca, fiesta, en la playa cine y pienso de esta gente que bebe, se droga, se emborracha y liga ¿quién no tiene padre?, ¿quién a perdido un padre como el mío?, ¿por qué todos se divierten y yo no?, ¿volveré a divertirme? Sé que puede parecer infantil, pero no siento para que le guste a nadie.

Lo he probado todo, incluso también hubo un tiempo en que había un chico que me gustaba mucho y también me sentía culpable, obviamente no podía compartirlo con él porque un hombre de hoy en día de los que te quiere de bolsa de agua caliente en su cama pero sin compromiso, no quiere escuchar cuando vas a pernoctar en su casa, “echo de menos a mi padre, lo estoy pasando fatal”. Esos tipos esperan que vayas “echada de menos de casa”, ellos no tienen la culpa o él en este caso. Si algo aprendimos de Shakespeare en Romeo y Julieta es que “los momentos de dolor no son para hablar de amor” y hombres que sepan lo que es el amor, como yo lo entiendo, no he encontrado a ninguno... Gracias a no haber encontrado ninguno me he encontrado a mí y eso seguro que es para toda la vida así que no pasa nada tampoco. Afortunadamente he encontrado personas que no ven anomalías en que yo esté sola y a solas con mi proceso, en que esté soltera y libre antes que con cualquier “vende-motos” que sepa mandar whatsapps con premeditación, nocturnidad y alevosía. Aspiro a más que eso, y si tengo que quedarme sola, será un placer porque estoy en la más leal compañía (la mía), no es negociable lo que pido y a quién me quiera no le parecerá “demasiado” le parecerá normal. Los hombres que te dicen eres “demasiado...” en el fondo están diciendo, “soy muy poco” y sobretodo están gritando: “me siento muy poco y sobretodo mucho menos que tú y no lo soporto”.



        Cuando digo que lo he probado todo omito lo más importante y que por supuesto no he probado; acabar la carrera. Eso no lo he probado. Primero, porque no me apetece. Segundo, he perdido la ilusión por la que la empecé y por último, ¿qué sentido tiene terminar y avanzar sin mi padre? Asumir que no estará nunca más. No tengo ninguna intención de asumir semejante robo y menos hoy cuando todo conspira para recordarme que mi padre no está.

Lo más inteligente parece acabar la carrera y después montar un kiosco o huir a Costa Rica pero aquí no puedo quedarme más.



      En conclusión, no es necesario gastar o regalar cosas, si podéis pasad tiempo con vuestro padre, nunca sabéis cuando va a ser su último día del padre, la última Navidad, o su último cumpleaños. El tiempo pasado juntos es lo que os queda y no si la corbata era Ermenegildo Zegna o Zara. Haced algo especial, disfrutad mucho de ellos, no esperéis a tener una edad “X” para hablar de “X” con ellos, no pospongáis al verano el tiempo en familia, no aplacéis ese gran viaje que siempre habéis querido hacer porque aunque suene muy teatral, “nunca sabemos cuanto tiempo nos queda” o eso he aprendido yo con todo esto. El tiempo es algo que no se recupera y vale la pena dedicárselo a nuestros padres para tener paz, en la medida de lo posible, cuando nos falten.

sábado, 9 de marzo de 2013

Escribir evita úlceras

Érase una vez la princesa Nemesia, una chica de 23 años como cualquiera de vosotras. Una chica con una melena muy larga y que entonces tenía los ojos muy grandes [...]



-De acuerdo, -le dijo su madre- vé a por las medicinas y a buscar a tu hermana al colegio, llama a Mariluz y leéle el informe a ver qué te dice.



       Nemesia bajó al garaje y pensó en llamar desde el coche a la prima de su padre, Mariluz era superdotada contaba con siete especialidades médicas antes de los 28, había ayudado a la familia en todas las enfermedades que habían padecido y que nunca fueron graves haciendo diagnósticos infalibles incluso en la distancia. La madre de Nemesia pasó un año yendo de un médico a otro que no acertaban a averiguar qué le pasaba, ella con un fax y una descripción de síntomas elaboró un diagnóstico y gestionó que la operaran desde donde ella vivía. Perdonad el vulgarismo, Mariluz era una crack.

Quería mucho a la familia y al padre de Nemesia como a un hermano, todos los primos crecieron y se criaron como hermanos, la distancia nunca les había separado. Nemesia decidió encerrarse en el coche a respirar un poco y llamarla por teléfono, no sabía muy bien qué hacer a pesar de que todo el mundo creía que ella sabía a la perfección qué hacer y cómo en cada momento, ella llevaba el timón y el barco, el capitán estaba muy enfermo...



-Léeme el informe.

-...mamelones neoplásicos sugestivos de ser malignos.

-¿estudiabas letras? ¿de verdad no lo has entendido?

-No lo entiendo muy bien...

-Siento ser yo quién te lo diga, pero no hay nada qué hacer.[...] Cada vez perderá más plasma y se le encharcará el pulmón, cuando le drenen se le volverá a encharcar, se irá debilitando hasta morir...El cáncer de pulmón tiene muy mal arreglo... Si no queréis decírselo que no lea este informe, él lo entenderá perfectamente, como tú lo has entendido...

-Mi padre tiene la ilusión de pasar las navidades en el pueblo con la familia, le ha pedido a mi tío que comprara un pavo para navidades, pensábamos pasarlas todos juntos, nunca nos hemos reunido todos en navidades...

-No sé como podría ser un viaje en su estado, bueno sí que lo sé y sufriría mucho pero no os lo dirá, os quiere demasiado... De todas formas yo creo que merece la pena morir con ilusión ¿no te parece?

-¿Quieres decir que le queda menos de un mes?

-Quisiera equivocarme y me escuece mucho ser yo la que te diga esto, pero por lo que me has leído... ¿Ha perdido mucho peso?

-No, está muy bien, cuenta chistes a todo el mundo, come hasta bombones para curarse...

-Él es fuerte y casi que será peor porque tardará más en morir.



      Fueron 52 minutos de conversación, Nemesia no lo recuerda pero pasó una hora y media entrando y saliendo del coche. Pensó en llamar a alguien, no guardarse algo así para sí misma, pensó en algunas pocas personas pero nadie le pareció apropiado, todos restarían importancia o no serían fuertes, ella debía cargar a solas con eso, debía callarlo y enterrarlo a su padre, a su madre y a su hermana. Su hermana... No dejaba de pensar en ella, era tan joven, por fin había encontrado su camino y no iba a tener un padre en él y su madre... Toda una vida con el mismo hombre. Nemesia se preguntó un breve instante cómo se le dice a una madre "el amor de tu vida se muere lenta y dolorosamente", ¿cómo se protege a una madre de eso? ¿y a una hermana que por fin ha encontrado su camino y no sospecha que la muerte no perdona a nadie? Entonces se confirmó a sí misma que debía guardárselo. Pensó en llamar a Alejandro, pero Alejandro la repudió después de morir su madre también de cáncer. Desde entonces todo entre ellos había muerto lenta y dolorosamente, sólo hacía dos años y le parecía una eternidad. 
Hacía a penas una hora había sabido que su padre moriría y cómo sería. Y entonces, ¿cómo asumir compartirlo con Alejandro y que éste se mostrara evasivo o no quisiera ni siquiera hablarle? No podía respirar, entró al coche se sentó, sacó el segundo paquete de Marlboro del día, no podía llorar estaba bloqueada. Salío, se ahogaba. Ella no lo recuerda pero daba vueltas alrededor de su propio coche, dudando qué hacer, dónde ir, a quién acudir. “A nadie, estoy sola con esto” -pensó y tomó una decisión-.Si se muere de verdad me suicidaré, tomaré pastillas y no sentiré nada, sí eso haré”. “Ojalá hubiéramos muerto todos juntos en un accidente de coche y no tendría que pasar por esto”. “¿Y mi boda?” “¿y el baile?”, bailamos en todas las bodas y nunca bailaremos en la mía, nunca leerá los libros que le regalé, no tendrá tiempo. “¿Mis hijos?” “Cuando sea abuelo les enseñaré a dar de comer moscas a las arañas”-recordó con un dolor insufrible qué él solía decir y ya nunca lo haría-. “No he terminado la carrera ni lo verá”, “nunca la terminaré, no pienso terminarla ni seguir sin él, cuando muera me suicido, no puedo ir al funeral, pero no quiero dejarlas solas pasando por eso”. “Es mejor que me suicide después del funeral, espero que me dejen sola, tal vez es mejor suicidarme cuando haya pasado un año, hacer creer a todos que estoy bien y luego irme a morir en la montaña sola para que no sufran...”

“¿Por qué no puedo morir yo por él? Yo me cambiaría”, “él hace más falta en casa que yo”. “A mí de verdad no me quiere nadie y a él lo quiere todo el mundo”, “seguro que si deseo morir yo con mucha fuerza lograré que él se salve, daré mi vida por la suya”. “Seguiré así, sin comer ni apenas dormir y fumando a saco, tal vez así me ponga enferma y me muera y no tenga que suicidarme”. Pensando todo esto se dio cuenta de que estaba sola con esa carga, sabía que así debía ser y decidió callarse para siempre.

Recogió a su hermana en el colegio, ensayando para hacer el papel de su vida como la princesa más fuerte de la historia, realmente se le daba muy bien. Había “ensayado” con la enfermedad y muerte de la madre de Alejandro durante dos años, proteger y dar amor y esperanza le salía tan natural como respirar.

    Nemesia le dijo a su madre que Mariluz le había dicho que debían esperar a los resultados de la biopsia y que estuvieran tranquilos. Mentir a su madre para protegerla fue difícil por el motivo del que se trataba, no por mentir para protegerla porque llevaba haciéndolo desde tan pequeña que no recordaba cuando empezó.


      Esa noche, como era habitual hasta que el padre fue ingresado, fueron al bar de siempre. César no lo recuerda y ella nunca lo olvidará por las circunstancias que envuelven el caso pero él la abrazó y era un hombre de esos que no expresaba emociones. Realmente lo que le ocurría a César es que estaba bastante amedrentado por la mujer que era Nemesia, por la mujer que todos ven en ella menos ella. No esperéis oir nada grandilocuente, él después del abrazo la miró y no solía mirarla, era tímido, pero la miró tan de verdad que le costó no soltar coraza escudo y lanza y llorar ante él. Dijo: “te admiro muchísimo Nemesia, sólo siento admiración por ti y por todo lo que haces por tu familia y lo fuerte que eres, todos te admiramos y yo estoy muy impresionado, te llevo cinco años y no podría hacer lo que tú. Eres muy valiente y... es verdad que tienes unos ojos preciosos”. -No os encariñéis con César porque no salió bien, él tenía sus propios planes y ¿adivináis qué? No eran quererla y cuidarla. De todas formas, hay actos insignificantes o que ni siquiera recordamos (como lo que César dijo a a Nemesia que para él no significó nada ni ha existido nunca) que suponen un punto de inflexión, en la vida de otros-.

   Nemesia después de esta breve conversación se fue al baño a llorar, “qué duro”-se dijo-, “el mismo día que sé que mi padre va a morir me doy cuenta de que me gusta un chico y es casi un hombre porque es mayor... ¿Será verdad que toda muerte conlleva nacimiento?, ¿y si él fuera lo que he estado esperando? qué pena “enamorarme” cuando mi padre va a morir y cuando yo voy a suicidarme. Me habría gustado besarle al menos una vez antes de morirme pero no se me ocurre nada de ser peor hija que pensar en algo así cuando mi padre se está muriendo... Pero él parece comprensivo... Debo de ser la peor persona del mundo por seguir pensando en esto en un momento así”. “Todo esto es una tontería, seguro que no siento nada pero estoy pasando por el peor momento de mi vida y estoy confundida. Sí tiene que ser eso”.



      Una semana después, Nemesia decidió que daba igual la novia de Alejandro, su vida al margen de ella y todo lo que había pasado hacía dos años. Ella sólo concebía podérselo contar a una persona en el mundo y evidentemente lo eligió a él, o más bien se rindió a la idea de contárselo a alguien y como tenía muchas ganas de que alguien la sostuviera en el peor momento de su vida y alguien tenía que ser Alejandro pues se lo contó sólo a él.

-Alejandro, mi padre...- él la cogió de la mano instintivamente, ella como estaba convencida ¿y aun lo está? De que era el amor de su vida quiso pensar que fue por proteción y cariño, pero sólo fue un impulso.- Se está muriendo y no puedo creerlo, nadie lo sabe, por favor no se lo digas a nadie, será nuestro secreto otra vez... No puedo creerlo.

-Ni lo creerás, de mi madre hace dos años y yo aun no lo creo...

El impulso la venció y habló sin pensar.

-Le prometí a tu madre cuando murió que si tenía una hija -Nemesia omitió muy prudentemente el “mos” si teníamos una hija, fue lo que quiso decir y calló- se llamaría como ella. Yo la quería mucho y la admiraba mucho, ¿lo sabes verdad?.



       Ella sabía que él ya no quería recordar esas cosas, o peor, que ni las recordaba. Pero pareció que estaba pasando un milagro. Él la miró como antes cuando eran dos mitades que formaban un todo, sólo fue una milésima de segundo, por primera vez en dos años desde el funeral ¿¡Alejandro iba a llorar a solas con ella!? Pero los milagros no existen así que sí, él se emocionó, bajó la mirada reprimió el llanto y el nudo en la garganta... Pero en un parpadeo volvió a alzar la vista y le dijo.

-Bueno -le dio un leve toque en la mano y sonrió como si nada, el desconocido había vuelto- hablemos de cosas felices, mi hermana está embarazada, voy a ser padrino. ¿no es muy fuerte?

Nemesia, cuando Alejandro la despidió con un ademán diciendo: "me voy corriendo a por el bus que llego tarde a ruso dale un beso a tu padre" rompió a llorar. Lloraba con todo el cuerpo pensando en aquella canción que hacía dos años fue tan importante porque ella en su eterno amor ciego seguía pensando que "había demasiados buitres negros, que él era demasiado bueno para ellos y que era demasiado frío el momento en que ella lo estaba perdiendo todo" incluido a a Alejandro otra vez.

[…]

      Era oficial, estaba completamente sola ante la muerte de su padre, sólo había reunido fuerza para decírselo a alguien y le había hecho daño; sin querer, sin saber, como sea pero le hizo daño. Nemesia pensaba que aquello que los separó -(la muerte de su madre por la misma enfermedad que ahora mataba a su padre)- ahora que ella estaba padeciendo lo mismo, él tendría piedad y compasión y los uniría... Pero como las desgracias nunca vienen solas tuvo que asumir, y asumió también, el golpe de que Alejandro no iba a estar para ella como ella estuvo para él hacía sólo dos años.



Y entonces Nemesia tuvo que aprender y aprende todavía muchas cosas en la escuela de la Vida y colorín colorado este cuento no ha terminado.