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viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy hace 3 años

        Hoy hace tres años empezó la peor experiencia de mi vida. La cuenta atrás hasta la llegada del fatal día 6 de diciembre en que murió mi padre. Así, en un mes, gozando de una perfecta salud... Primero fue una bronquitis, luego resultó tener un pulmón encharcado... Dos semanas después era un cáncer terminal. Día 6 de diciembre dejó de respirar y murió ahogado por el cáncer que contrajo como fumador de dos cajetillas diarias de Ducados negro. Vale la pena pensar en si seguir fumando sólo si queréis pensarlo. Respeto todo lo que cada uno decida hacer.

         Desde 2010 en que la muerte se llevó a mi padre las fechas son terribles y para una persona como yo que tiene la fortuna de tener tan buena memoria para todo lo emocional resulta muy duro. Detesto recordar con igual intensidad lo bueno y lo malo, pero así es...

Desde que me ha pasado esto he sido dos cosas y me cuesta mucho aceptarlas y perdonarme. Muy egoísta y muy miserable.

He sido muy miserable por no poder alegrarme por los demás en sus alegrías ni celebrarlas con ellxs, por no aceptar que la vida sigue y que aunque yo estuviera pasando por el peor momento de mi vida a los demás les pasaran cosas maravillosas. No concibo nada más miserable que no sólo no poder alegrarse por la alegría ajena, sino entristecerse por la felicidad de los demás y yo hice eso. Pero no me salía sentir otra cosa.

Una de mis mejores amigas me invitó a su cena de graduación en su casa, con sus padres, una tarta con su foto con el birrete, sus amigxs... Vive muy cerca de mí. Le dije que tenía una cena y que no podía ir. Ella nunca ha sabido que me quedé en casa llorando. No podía enfrentar ni asumir que ella tenía unos padres vivos que la mirarían llenos de orgullo y amor mientras cortaba su tarta de graduación y que yo nunca tendría eso. Y no sólo eso, es que nunca más tendría un padre vivo. Considero por tanto muy mísero no poder alegrarse por el bien ajeno. Sólo puedo defenderme diciendo lo mal que me sentía, lo descorazonada y deprimida que estaba. Esta sólo es una anécdota de tantas fiestas, cumpleaños, graduaciones y celebraciones a las que he faltado y que por supuesto nadie se merecía lo mal que actué no estando.
He sido muy egoísta porque no podía ver más allá de mi dolor, ni estar por nadie, ni siquiera sabía y lo he ido aprendiendo en estos años, estar por mí misma. Sólo puedo disculparme y defenderme diciendo que no deseo que nadie sepa nunca lo que es que la vida te quite a un padre como al mío en un mes... Independientemente de lo que decidan los demás para conmigo y nuestra amistad, tengo que perdonarme por ello y dejar de sentirme culpable. Un día de estos...


Sé que me está quedando un post muy lúgubre y triste, pero ayer me sentí contenta conmigo misma y quería compartirlo porque sentí que todo el esfuerzo que llevo haciendo para recuperarme en estos años está dando sus frutos. Ayer noche de Halloween pude salir y pasarlo bien, dentro de lo que cabe, por primera vez en mucho tiempo y siendo la víspera del inicio de mi tragedia.
Por influencia cultural o por mi propia personalidad (no voy a culpar a nadie de mis sentimientos de los cuales soy plenamente responsable) sentía inconscientemente que mi sufrimiento por la muerte de mi padre probaba mi gran amor de hija. Es algo que en occidente está muy grabado en el inconsciente colectivo, parece que los duelos insuperables prueban mayor y más fuerte amor, cuando bajo mi punto de vista discutible sólo prueban un mayor trastorno por duelo patológico... Esta parrafada es para decir que me sentía culpable por salir, por vivir, por celebrar, mientras mi padre estaba muerto e incinerado. Y ya sé que él querría verme salir y divertirme, mejor que yo no lo sabe nadie, pero no me salía. No podía ni me apetecía, me daba ansiedad irme dos manzanas más lejos de mi casa (que no fueran para ir al gimnasio de la UIB).

Ahora que estoy con un pie fuera de mi tierra para irme lejos estoy cosechando lo bueno y también malo que he sembrado. No ha habido sorpresas porque soy mucho más dura conmigo misma que con los demás -(lo cual es mucho decir y quien me conoce lo sabe)- y por lo dura que soy conmigo, opino que no me merecía por lo mísera y egoísta que he sido que nadie estuviera conmigo para despedirme, o al menos muy poca gente. He fallado a muchas personas pero eso ya no puedo cambiarlo, y en lugar de devolvérmelo, va el Universo y me concede que mis amigxs vengan a mi fiesta de despedida y que ayer, que era un día muy difícil para mí, sin ellas saber la fecha exacta de mi tragedia, mis amigas, estuvieron pendientes de mí estando de fiesta y me preguntaron en todo momento si estaba bien ya que me veían muy seria. Traté de distraer su atención como hago cuando se trata de este tema para no hablar y romperme y normalmente funciona, pero que no funcione con ellas significa que algo profundo estamos construyendo entre nosotras. O así lo siento yo al menos, espero que no en solitario.

No sé si merezco lo bueno o no que me está viniendo, soy muy dura conmigo y sigo pensando que no lo merezco por haber fallado tanto, pero mereciéndolo o no, estoy muy agradecida al Universo y a la vida.

miércoles, 10 de abril de 2013

Ni olvido ni me perdono

     Hace un tiempo que vengo pensando en por qué me paso el día en guerra contra amistades o conocidxs (especialmente amistades). Bueno, resulta que estamos en época de apareamiento de las especies (no confundir con emparejamiento) y la humana resulta bastante complicada. La gente empieza con alguien, vuelve con alguien, se agarra a alguien para superar haber perdido a otro alguien... Y para bien y mal me entero, me lo cuentan, o hasta se me pide consejo como si yo supiera algo... Por cierto, no hace ni falta que diga que se me pide consejo sólo para repetir los mismos errores de siempre y pasar completamente de lo que yo diga. Hacen bien en tomar sus propias decisiones pero ¿para qué marearme?



      Me siento muy orgullosa de llevar más de un año rehabilitándome de mi dependencia patológica, adicción a parejas tóxicas y a relaciones destructivas mientras que a la vez me he zambullido de pleno en las amarguras del duelo. Me siento muy sola por la poca comprensión que tiene mi camino, especialmente por lo complicado que es este proceso por sí sólo y con los condicionantes de la edad que tengo y el mundo que me rodea. Podría añadir muchas cosas más pero intentaré no irme por las ramas como suelo hacer...



          Alguien que sabe mucho más que yo de todo me dijo algo que yo sospechaba pero que mi orgullo, aunque lo sabía, no lo quería escuchar “cuando señalas con un dedo acusador de tu mano a alguien calificándolo de ser un/una (lo que sea) hay tres dedos de tu propia mano acusadora que te acusan y señalan a ti directamente”.



No tengo ninguna cruzada contra nadie más que contra mí porque no me perdono, pero eso es muy difícil de asumir por cierto que sea, ya que enfadarme conmigo es muy complicado, o por lo menos, más difícil que señalar a lxs demás.



Durante este camino, nada fácil por cierto, se experimentan muchas emociones. En más de una ocasión he temido que me devoraran. Nunca sabes que va a pasarte en el camino, aunque ahora siento que cada vez tengo más control sobre ellas. Recuerdo que a veces me sentía mejor, pero después la misma tarde: la ansiedad, las manos temblorosas, el estómago, la enorme intereferencia de “sólo has tenido mala suerte, con otro te irá bien, te lo dice todo el mundo, tú sola no puedes con todo”, mi parte deseosa de recuperarse gritando “¡NOOOO!, otra vez no, es mejor seguir así”. Cuánto mejor estoy más se repite una de esas emociones, suena con más fuerza. Vergüenza. Cuánta más conciencia adquiero de todo lo que me he dejado hacer, de todo el daño que he consentido que se me infligiera por mi adicción más vergüenza siento.



-Seguro que no es para tanto...-Suelen decirme.

-Tuve el síndrome del elfo doméstico, fui como Dobby.-Suelo decir.



Cuenta la leyenda, que hace muchos, muchos años, me dejé gritar, luego me dejé anular. Me dejé humillar. Hay parejas que se llaman “amor, cari, vida cielo” a él le iban más dos apelativos que por supuesto yo consentí para dirigirse a mí; “no sabes ni...”, “no sirves ni para...” así se dirigía él a mí. Ya que estaba me dejé insultar; yo, que ya ni me maquillaba para que nadie me mirara, por supuesto era una “puta”, una “guarra” y una “zorra”-según él decía no pocas veces.

Me dejé convencer de que yo era tonta, consentí ver pasar las mañanas en el bar del instituto sin ir a un exámen porque yo ya era tonta e iba a suspender pero había estado explicando la materia a dos amigas toda la mañana. Me dejé convencer de que nunca lograría nada, dejé que me dijera cosas como “tus notas son porque les haces favores a los profesores, no sé como alguien tan imbécil puede sacar tus notas”.

Luego, para darle más color a mi vida dejé de reírme en público porque a él le daba vergüenza mi risa, no fue un problema, cada vez tenía menos ganas... Dejé de salir si no era con él, no era un problema, tampoco me apetecía ya ir a ninguna parte. Entonces fue un gran momento para consentir la primera infidelidad. Pero perdoné ¿qué iba a hacer sin él? ¿estar sola? Enseguida me dejé encerrar casi una hora dentro del baño de su casa, él me estaba castigando por ser tan “retrasada” como para no saber salir por mí misma y decidió darme esa bonita lección. Realmente él había cerrado por fuera, supongo que cuando se cansó de oírme llorar y gritar, decidió que yo ya podía salir.

-Lo siento, pero es que tienes que aprender... Te estoy haciendo un favor ¿qué habrías hecho si yo no hubiera estado aquí para abrirte la puerta?

-Quiero irme a mi casa...

-¿Qué habrías hecho?

-No lo sé... Quiero irme a mi casa.

-¿¡NO LO SABES?! Te hubieras quedado llorando y gritando todo el puto día en el baño como la puta retrasada que eres y nadie te hubiera oído. Si yo no hubiera estado aquí para “salvarte” te habrías quedado... ¿Qué? ¿llorando? Eres una puta niñata, no sabes ni abrir una puerta que has abierto mil veces.

-Has cerrado por fuera... Lo he oído.

-Eso no es una excusa, ven, abre la puerta.

-No quiero, quiero irme a casa.

-¡Abre la puta puerta! ¿Ves cómo no era tan difícil? ¿Crees que podrás recordar cómo se hace o vas a seguir siendo igual de subnormal?

-Me voy.

-No te vayas... Por favor.

-Me voy.

-Julieta no te vayas anda, ya está hablado mujer, ya lo hemos arreglado. Todo esto lo hago por tu propio bien... Es que veo que no sabes hacer nada y no me atrevo a dejarte sola en casa. Yo no soy así, eres tú que me obligas siendo tan infantil, con tu actitud sacas lo peor de mí, pero también lo mejor. Tienes que intentar ser más madura. ¿Tú ves que yo haga las tonterías que tú haces? No, porque estoy espabilado y tú tienes que espabilar. Tú sabes que yo no soy así, es que estoy muy agobiado, no tengo dinero, no soporto a mi padre, no tengo madre, intenta no darme la brasa... Intenta hacérmelo todo más fácil y nos irá bien, tú sabes que yo te quiero mucho.

Por supuesto le perdoné.



Diré que lo hice porque estaba muy enamorada para hacer uso del idioma actual. En el mío diría otra palabra bastante más estigmatizada.



     En un parpadeo llegaron las navidades, consentí la peor infidelidad que he soportado; con mi mejor amiga. Consentí seguir llamándole para volver, para hablar, para ser amigos... Consentí que él me culpabilizara por haberme sido infiel, consentí escucharle decir “es que tú me la has metido en la cabeza, no debiste presentármela, ni hablarme tanto de ella. Me gustan demasiado las tías, pero todo esto se ha terminado, quiero que estemos bien, de verdad, te quiero muchísimo”. Pero todo esto era poco para el gran amor que yo sentía así que perdoné y volví, consentí escuchar sus excusas y mentiras y volví a por más amor del que él me daba.

En este amor tan fantástico, un día, -creo que soleado, (perdón es más fácil escribirlo así mientras lloro tranquilamente)-, él lanzó un puñetazo hacia mi cara, con suerte tuve reflejos, sigo queriendo ser buena y pensar que iba hacia la puerta el puñetazo y no hacia mí, le sangraron los nudillos. Fue culpa mía porque no sabía abrir la puerta, él abría esa puerta siempre de forma que yo me asustara y yo lo consentía. Consentí curarle los nudillos, me sentía culpable, yo ya era una inútil, si al menos servía para curarle me sentía menos mal conmigo misma y tal vez no volvería a serme infiel.

Al poco iba yo de inútil por la vida y él estaba aburrido, decidió calentar un mechero manteniéndolo encendido mientras yo dormía y quemarme de broma en el brazo, (la broma es una cicatriz en forma de clipper que aun tengo de recuerdo). Yo le perdoné porque era una broma, las bromas no hay ni que perdonarlas. Lloré mucho por mi quemadura, se me levantó la piel al momento, me desperté por la quemadura y chillando, pero le quería tanto...

Luego hubo un diluvio de infidelidades porque los sapos y las langostas ya fueron en Egipto, no pude llevar la cuenta, intentándolo perdí; peso, salud, se me cayó el pelo, casi me hacen socia de Marlboro, perdí ¿dignidad? -bueno, ya no me quedaba- y lo último que hizo por mí fue muy espectacular.

Yo ya le tenía miedo cuando se enfadaba, consentí dejarme asustar gradualmente. Cuando estaba asustada no hacía las cosas bien. Mi error a sus ojos fue colocar mal dentro del sillín, el casco semi-integral que yo llevaba cuando íbamos en moto. Lo coloqué mal porque consentí llegar temblando de miedo al sitio donde íbamos, él estaba enfadado conmigo, muy enfadado. Cerró el sillín, rebotó por mi error, mi casco mal colocado. Acto seguido algo iba a gran velocidad hacia mi cara y se estrelló contra el suelo, sonó a roto y golpe fuerte. Lo comprendí, muy bien, quería hacerme daño, quiso tirármelo a la cara, me habría hecho mucho daño consentí preguntarme a mí misma si me lo merecía por ser tan inútil. Consentí, no saber si alegrarme porque el casco no me había golpeado la cara, consentí no saber si lo merecía, él estaba tan enfadado y yo tan confundida y tan enamorada... Consentí quedarme quieta, no tenía fuerzas ni para llorar, toda la terraza del bar nos observaba en silencio. Consentí que dos familias y una pareja observaran como se me humillaba en la calle. Consentí llorar sin tener ni fuerza, sólo se me caían las lágrimas, lloré tanto en esa época que a veces quería y ni podía.

-¡Además de una puta zorra es que eres una puta inútil!, no sé porque te llevo a ninguna parte y no te pongas a llorar ¿eh? Me cago en tu puta vida, he roto el casco por tu culpa, no te soporto, no quiero verte en un rato, desaparece. ¿Cómo eres tan gilipollas? ¿Lo haces aposta?

Consentí, no moverme, consentí calmar a la Bestia, al fin y al cabo, era mi cuento preferido. La Bestia acabaría siendo un príncipe si yo le seguía queriendo, yo debía hacerlo mejor.

-Aquí no, por favor, nos está mirando todo el mundo, no quiero que te digan nada, vámonos a casa y lo hablamos...

-¡Me importa una mierda tú y la gente!, pero sobretodo tú. ¡Que se entere todo el mundo de que eres una puta zorra inútil! ¡Que se entere todo el mundo de que eres tan gilipollas que no sabes ni colocar un casco! No vales ni para eso, no sé como puedes vivir siendo tan puta y tan subnormal.





    Debo perdonarme porque intuyo que sino nunca tendré paz. Precisamente porque lo he consentido todo no consiento cuando alguien que me importa viene a contarme una vez tras otra cómo pierde su dignidad en nombre de un gran amor o de no saber estar sola. Básicamente porque no deseo que un día tengan que darse cuenta del daño que han consentido que se les hiciera. Precisamente porque he sido muy patética y ridícula soportando lo que fuera por no estar sola, reacciono muy mal ante comportamientos parecidos. Me saltan las alarmas, me siento alerta, veo la amenzaza y la pared contra la que van porque yo he ido.



    No deseo para nadie la vergüenza, ni el ridículo que estoy experimentando a medida que me siento mejor. Es un lastre de años, no es una manchita o dos. No es nada fácil limpiar -con perdón- tanta mierda acumulada durante años.


martes, 19 de febrero de 2013

Lecciones de humildad necesarias

Cosas que aprendo



     Nunca es tarde para aprender cosas que ya deberías haber aprendido. Cosas como que cuando tienes 26 años no eres un bebé precioso de ojos inmensos, no todo el mundo te mira con amor, te sonríe, ni te hace caso solamente a ti. No todo el mundo está pendiente de ti de lo que quieres o necesitas, nadie se devana los sesos en adivinarte porque ya eres adulto, ya no eres el centro de atención. He llegado a la conclusión de que cuanto más te fastidia esta idea, más infantil eres o por decirlo con amor que escuece menos; menos interiorizado tienes este aprendizaje.


    Otra lección de humildad es que cuantas más atenciones necesitamos o exigimos de otros menos nos prestamos. Necesitar tanto de los demás -que no responden ni cómo ni lo que queremos- sólo es un genial indicativo de las atenciones que no nos prestamos a nosotros mismos.

       Tal y como hacían los hombres prehistóricos mediante las pinturas rupestres pondré un ejemplo: cuanto más necesitamos ser el centro de atención, que nos quieran, que nos mimen... Más claro debemos tener que; debemos prestarnos atención, debemos cultivar la autoestima y debemos mimarnos en proporción a lo exigido a los demás, sin contar con nadie más que con uno mismo.

“Si quieres una mano que te ayude la encontrarás al final de tu brazo” y esto no es malo ni debería ser triste sino que te da independencia. No está bien exigir a nadie pero sí está bien expresarse para evitar úlceras de estómago aunque te digan que no les importa. Hay que sacar lo que uno siente y luego ya es cosa de otro. Los sentimientos dolorosos como decía Shrek "mejor fuera que dentro, hay más espacio". Mi único julietaconsejo para la expresión es que seas pragmático con respecto a quién te expresas, tal vez sólo puedas expresarte con una persona, dos a lo sumo y a lo peor sólo contigo mismo. Si decides expresarte debes poder asumir lo que vas a escuchar, debes poder asumir una respuesta favorable o una decepción sabor hierro oxidado. Si no estás dispuesto a asumir una respuesta sabor óxido, el problema es tuyo y no de los demás. Otra lección vital más. Sé que esto no hace que moleste menos, pero al menos eres consciente y para otra vez puedes pensarlo dos veces antes de abrir la boca con según quién. Si hablaste con quién no debías de tus sentimientos es tu responsabilidad y no de los demás, tal vez debas ser valiente para enfrentar la idea de que hay que desapegarse de algunas relaciones o de muchas.



        Hay que tener presente que no todas las personas tienen siempre el mismo humor todo el tiempo que nos acompañan en nuestra vida, ni están en el mismo punto vital que nosotros y esto último es muy importante repetírselo cada vez que nos sentimos ofendidos para no llenarte de rencor y rabia porque dan dolor de estómago.

        Algunas personas están en el punto vital más feliz porque se casan, otras están reconstruyendo algo sobre los cimientos del amor de sus vidas, otras están volcadas en su relación, algunas te odian por cosas que has dicho o hecho y ahora te dan tu merecido, algunas sienten que cada vez tienen menos que ver contigo porque estás creciendo. Otras quieren hablarte pero no quieren que te hagas ilusiones por si estás enamorada de él y entonces no te felicitan. Otras tienen exámenes, otras prefieren quedar con el amante de turno que dedicarte tiempo pero te quieren, otras se han tomado unas vacaciones de ti porque les agobia tu situación y no es su momento de crecer...



“Las relaciones humanas son complicadas así que voy a comprarme un ficus benjamina que no da problemas tan complicados”, esta frase solía decirla mucho en el instituto y es el momento de elaborarla de otra forma.



      Creo que lo he escrito alguna vez pero lo que hacen los demás se nos escapa y no podemos controlarlo (o manipularlo con exigencia) para conseguir que hagan lo que queremos. Otra lección o cura de humildad que me he tenido que aplicar. No obstante, si podemos controlar cómo lo vivimos porque somos adultos y pretendemos madurar.



      Últimamente he estado leyendo algo sobre el karma, si bien es muy poco y no entiendo mucho me ha dado para pensar en esto. Yo he elaborado mi duelo desde la ira o la rabia. No podía permitirme sufrir porque tenía que ocuparme de muchas cosas -menos de mí misma, cosa que no hice- así que me resultaba más fácil alojarme en ese sentimiento y en vomitar sobre todos aquellos de los que sentí su ausencia en el peor momento de mi vida. Sobre todos aquellos que no se comportaron como yo quería. Esto es lógico porque siempre resulta más fácil enfadarse que ponerse a llorar y asumir el sufrimiento y dolor propios. Resulta más fácil cargar contra los demás que pensar por qué me afectó de tal forma como se comportaron, ahora ya lo sé y me esfuerzo en asumirlo. Soy de la opinión que para llorar hay que tener tiempo y permiso, yo durante más de un año no me di ninguna de las dos cosas.

En mi afán por ocuparme de todo menos de mi duelo, perdí a bastante gente que encima eran de esa gente que me quedaba tras la muerte de mi padre.



Hay una frase de la película Amélie que me emocionó mucho “tus huesos no son de cristal, tú puedes soportar los golpes de la vida”. Sí, pero hay golpes casi insoportables.

Mea culpa.



      En ese camino hice daño y me porté muy mal con personas importantes -me refiero a amistades que no merecían cosas horribles que hice. -A la gente que me dió de lado sin más ni nombrarla quiero-hice cosas tan graves como; no ir a sus cumpleaños, no alegrarme por sus alegrías, no celebrar sus logros... Fui y he sido aún muy egoísta pero no supe -y prácticamente no pude en mis circunstancias- hacerlo de otra manera. No pude ni supe soportar -y aun me cuesta- que la vida sigue y que mientras yo cruzo lo peor otros están en lo mejor, me daba mucha rabia esta idea o mejor dicho me causaba demasiado dolor esa idea.  No soporto las fiestas de ningún tipo desde que en mi hogar se murieron, creo que en esta frase todo queda claro. Debo aprender y de hecho ya sé que los demás no tenían la culpa, otra lección. Pese a lo “arrastrada” que he sido en las relaciones amorosas he sido demasiado orgullosa con algunas amistades no perdonando, no disculpando cosas, no aceptando gestiones de los demás sobre su vida y en especial sobre su vida amorosa, imponiendo mi punto de vista manipulando en cierto modo porque quería que vieran las cosas como yo cuando "cada persona es un mundo" lleve yo razón o no. En resumen me he portado muy mal con algunas personas, en todo momento tengo a una especialmente en mente pero fueron bastantes las personas damnificadas; lo siento B. no me soportaba y lo pagué contigo aunque eso por desgracia ya lo sabes. Pero realmente lo que hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos y así, yo no podía perdonarme a mí por necesitar que todos me miraran con amor, con compasión y que me arroparan en el momento en que mi hogar murió y me quedé sin él. El orgullo y la soberbia (dos defectos que tengo) no aceptan necesitar cosas, exigen cosas y como no las recibe se indigna. Necesitaba desesperadamente que alguien me ayudara con todo pero sólo como yo quería sino no vale, además también quería ayuda sin darme ningún problema ni ninguna negativa cuando mi mundo se vino abajo y eso sólo era porque no supe ayudarme a mí misma sin exigir ni manipular a los demás, me avergüenzo profundamente de muchas cosas que no he hecho y cosas que sí he dicho y hecho. Nunca debí exigir a nadie lo imposible desde mi arrogancia y mi soberbia, tan solo debí expresarme desde el dolor y la necesidad pero no fui valiente para hacerlo porque eso era asumir e integrar en la normalidad de mi vida; que mi padre había muerto y que aun así la gente se casa, la gente tiene vida sexual, la gente sigue colgada del tío que no le conviene, la gente puede decir "no" aunque se haya muerto tu padre, la gente se enamora y a mí me sale como el culo en el amor... El mundo no se para por nadie ni siquiera por él que era el mundo por donde yo caminaba...
Ahora por suerte he cambiado mi comportamiento aunque siento que un poco tarde como siempre. No pretendo excusarme, no tengo excusa, sólo una explicación y es ésta que he dado, “me declaro culpable de todos los hechos”.



    Como decía, el karma me ha devuelto lo que hice con estas personas haciéndome pagar, dándome la desagradable sorpresa de ver que gente con la que más o menos podía contar va a ser que puedo menos que más. He logrado lo que me he ganado: sentirme bastante sola y aislada de gente que sí intentaron estar a su manera. Pero es que aunque hubieran estado he aprendido que los duelos se elaboran esencialmente a solas, en una soledad devastadora que sólo quién la ha cruzado entiende.



La lección más básica y que llevo con más retraso es: la gente, incluso la que nos quiere dirá “NO” a tus ilusiones y eso no siempre significa que te quieran menos. Le daré la culpa a mi padre, él nunca me dijo “NO” a nada, no recuerdo ningún NO. Él como era muy bueno me decía que yo me lo merecía todo y eso está fatal, nunca se puede tenerlo todo y eso lo he tenido que aprender tarde y por mi cuenta. Es perfecto porque me han llovido "NOES" como panes  en estos dos años y eso me ha servido para ver lo que me cuesta aceptarlos.
El contrapunto del "no" es que a veces hay personas que aunque estés distanciada de ellas o te sientas en distancia por tus propias "cagadas" te sorpenden con un "yo no he recibido niguna invitación", "cuando quieras y digas se hace" o tú pones fecha".

En conclusión, pienso seguir expresándome porque mi salud me lo ha exigido en las últimas dos semanas. Pero según con quién, reconozco también en este gran "mea culpa" que debo corregir el cómo me expreso, haciéndolo más desde la necesidad, menos desde la exigencia.
Mi temor a expresar algunas cosas era -por infantil que suene- "ponerme a llorar" o que me hicieran más daño del que llevo en la mochila, que no me entendieran, que lo usaran en mi contra... ¡Toda una gilipollez! Se sufre igual o más a solas, la gente a la que quieres puede hacerte daño, hables o no, así que hablar es lo mejor y evita trastornos psicosomáticos.

Besitos de una despechada rabiosa de pacotilla.

sábado, 5 de enero de 2013

Soy funambulista

Dueña de la cuerda floja.
 "Y aunque el suelo queme miro hacia delante aunque ande cansada, créeme que soy una amante que teme amar demasiado, he aceptado mis dilemas, mis delirios, mis letargos, he retado al equilibrio y no consigo derrotarlo"
      Igual que un ex-alcohólico no puede tomarse ni una cerveza sin alcohol, una ex-adicta a las relaciones destructivas y a amar demasiado no puede darse ni un beso... 
El proceso de rehabilitación requiere mucho esfuerzo y unas buenas dosis de paciencia, de esa que yo no tengo. Tal vez este punto en el que me encuentro sea harto delicado y yo he tomado plena conciencia de ello hace poco. Se trata del momento en que sientes más fuerza de la que posees realmente. Ese en que has iniciado hace tiempo la recuperación, estás mejor y vuelves a tu entorno tóxico mientras aún te rehabilitas. La luz de la estrella Elendil en este pasaje oscuro es la conciencia. Se trata de ser muy consciente de las sensaciones del cuerpo y de las emociones que se experimentan en relación con el objeto de adicción; para ser original hablo de un hombre/ relación destructiva con un hombre.

    Dice el dicho que sentimientos que regresan son sentimientos que no se fueron. Puede que eso sea cierto, afortunadamente no ha habido recaída, o yo no lo siento así ni que me haya fallado a mí misma, pero gracias a esta delicada oportunidad he podido observarme; me he detenido a analizar críticamente cómo me comporto, qué hago aún, qué siento aún. Y todo esto lo estoy viviendo porque desde enero del año pasado estoy dispuesta a todo, a cualquier cosa, lo que sea con tal de no volver a sufrir como ya lo hice. Aún no soy inmune a las relaciones destructivas, aún me estoy desenganchando...

Estas dos parrafadas son para entretenerme y no decir lo que debo decir y lo alargaré un poco más porque si fuera fácil, ya lo habría dicho. No es que me falte sensatez, ni que me sobre corazón o tal vez esto último sí sea verdad y por eso amo demasiado... Es que no encuentro el equilibrio entre cabeza y corazón y así voy practicando este arriesgado y difícil funambulismo dónde apostar por el último me ha costado, muchas caídas, dolores y sensaciones desagradables...

Nunca me he tenido por tonta aunque cuenta la leyenda que uno me hizo dudarlo seriamente y por eso sé que la única salida, la única luz de Elendil de la que hablaba antes es: estudiar y seguir observándome de forma muy consciente -(ya lo he dicho y no quería reconocerlo/decirlo)-. Observar mis conductas para modificarlas y no repetir las pasadas. No es divertido, ni emocionante, ni romántico, tampoco es intenso, es molesto y desesperante, es una labor en el más absoluto de los solitarios. Nadie puede hacerlo por mí, ni ayudarme y aunque tampoco lo espero, nadie puede comprenderme en este sentido. 
      Ya lo he dicho alguna vez, pero la solución fácil que me ofrece todo el mundo es: “Emma, que entren más pretendientes”. Yo no quiero. No quiero porque sólo soy capaz por el momento de elegir al tipo de hombres nocivos de los que he escrito en otras ocasiones. Cuando yo sola esté fuerte y bien (del todo) no elegiré (consciente o inconscientemente) esa clase de hombres. Sé que lo que digo suena a que fumo flores y que es poco actual (en el sentido de poco moderno y que estoy pareciendo una vieja por decir “moderno” pero correré el riesgo), es poco de nuestros días en los que la gente tiene relaciones basura de usar y tirar y no paran a reflexionar en qué fue mal, qué se puede aprender... Parece entonces que quiénes nos detenemos a reflexionar a aprender y no nos relacionamos con hombres compulsivamente en busca del amor, somo unas pusilánimes... No pasa nada, soy rara hace tiempo que lo sé y además me gusta. Es más común pensar y actuar acorde a “sólo ha sido mala suerte, vamos a por otro y tal vez él...” Pero yo ya sé que ese no es mi caso, ni es mala suerte la mía. Es mala elección y cada vez elijo menos mal, pero aún elijo mal y lo peor es que elijo mal de forma consciente, sabiendo lo mucho que me necesita ese hombre al que elijo, sabiendo como me refuerzo con su necesidad... Pero lo seguiré intentando, haré lo que sea, con tal de no volver al lóbrego lugar de dónde vengo...

       Mi entorno gusta en decirme que me queda mucho por vivir, que no puedo pensar así siendo tan joven, que he estado con muy pocos hombres seriamente para tener un juicio tan definido y un filtro tan infranqueable. No voy a entrar en el debate de cuántos son muchos ni cuantos son pocos. Mi sensación cualitativa y cuantitativa es la que cuenta, porque al final del día me tengo sólo a mí misma y la sensación que tengo es, desde enero del año pasado, que ya basta. No sé si muchas o pocas al ojo ajeno, pero sé que he tenido relaciones demasiado intensas en las que obviamente amé demasiado y sufrí demasiado y no puedo más. El amor y el dolor ni se pesan ni se miden así que no puedo justificarme cuantificando ni calificando mejor, la magnitud de mi resistencia al dolor, pero quiénes me conocen saben que es muy alta. Eso, lejos de ser una virtud es una lacra peligrosísima para la mujer que ama demasiado, porque te hace capaz de tolerar, resistir, aguantar, permanecer y disculpar la más atroz de las aberraciones y con una sonrisa.
Lo que me da rabia -(y eso es porque me sobra [rabia])- es que aún no puedo perdonarme. No es que no pueda perdonar a mis cuatro experimentos de príncipe, es que no puedo perdonarme a mí porque no soporto pensar en todo el daño que me he dejado hacer y para nada. Todo el empeño era mío, toda la proyección era mía, todo el peliculón de antena 3 por la tarde co-producido por Spielberg de que "mis elegidos aspirante a príncipe" y yo seríamos felices era sólo mío... Los hechos probados están muy claros. Ninguno me prometió esforzarse en “felices para siempre”. Bueno, sólo uno, pero tras siete años me dijo que “todo era una broma”-basado en un sórdido hecho real.

    La conclusión es que como ex-adicta aún en rehabilitación yo lo que quiero -para resumir- es un novio. Mi brillante excusa es; he perdido a mi padre, qué bien me vendría, qué feliz me haría un novio, unos abrazos y unos besos, dormir juntos por las noches y ver juntos las olas de día... Pero yo no elijo bien porque aún no estoy todo lo fuerte que pretendo estar como para poder elegir un novio como el que sueño y no con los vampiros emocionales que me quedo. Podría decir muchas cursilerías (que para mí no lo son) respecto al novio que sueño como que sueño con un novio de esos que quieren hacerte la madre de sus hijos o cosas más sencillas como hablarnos sin decir nada. Pero yo no escojo eso tampoco aunque lo quiera, porque como necesito a alguien que me necesite me dedico a apadrinar y manipular cachorros abandonados que alomejor son felices -o creen que lo son- con su vida ¿y quién soy yo para ir con mi amor y mis pasteladas a pintarles una vida en technicolor y toda una gama cromática de magentas? y lo peor es que la culpa no es de ellos sino mía. Yo les he elegido y no sabéis qué rabia me da no poder darle la culpa a nadie. Madurar consiste en eso; adquirir responsabilidad por los actos propios, asumo mi responsabilidad por las relaciones que yo he mantenido y no sólo eso sino por las que he luchado ferozmente por no perder...
      Cerramos filas en torno a mis deseos (¿infantiles?), parece que tengo un claro Game Over en la pantalla que me dice que aún no puedo tener un novio como el que sueño. 
    Mi sensatez tiene muy claro que para tener oscuridad y penas en mi vida ya he perdido a mi padre, y por cierto, siendo yo demasiado joven, así que no necesito la ayuda de ningún aspirante a príncipe (de las tinieblas)... Entonces mis deseos no pueden hacerse realidad, no puedo ni debo tener un novio y es lo único que quiero ahora -(y siempre lo he querido)-, como un ex adicto a la coca quiere otra raya. Sigo aferrándome aún con todo lo que llevo vivido y sufrido a que eso ahora me haría sentir bien o al menos, menos mal... Y no es verdad, lo he intentado, cuenta la leyenda que hubo un hombre a la muerte de mi padre... Sólo son excusas; el amor que yo escojo me destruye y de qué manera...
Parece lo más inteligente pues, pero también lo que menos quiero y por eso no hallo el equilibrio; estudiar y acabar mi carrera porque eso construye algo nuevo para mí y no me destruye.
      Resulta muy irónico lo fácil que me resulta solucionarle la vida a un hombre por muy complicada que ésta sea y pintársela en los colores más bonitos del universo y lo pueril que soy con la mía propia no permitiéndome avanzar, acabar la carrera e irme a Londres; ese es mi sueño a corto plazo y yo que me tengo por valiente no tengo agallas para ir a por él pero... ¿Sí para exponerme a otro aspirante a príncipe?... Me disculpo y acepto mis sentimientos porque nunca he estado con un hombre que me tratara bien, -o como a la reina que soy y todas somos. Pero de los creadores de “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino también parecerlo” he creado “toda reina no sólo debe serlo, sino también parecerlo”, así que debo comportarme como tal; eligiendo otra clase de hombres, esto es; hombres con clase.
     
      Todos tendemos a soñar con lo que no tenemos y nunca hemos tenido. Lo que sí puedo hacer para no sólo soñar y sin tener que pagar el precio de “solucionar complicadísimos problemas y carencias para conseguir amor de otro” es solucionar y ocuparme de mi propia vida. Lo que ocurre sinceramente y lo reconozco es que es muy aburrido e incluso triste dormir sin el abrazo de un hombre que presuntamente te quiere... Aún así no quiero, ni puedo por salud, volver atrás.
Mi cabeza lo tiene muy claro, pero mi corazón frunce el ceño, chasca la lengua y da una patada en el suelo porque sabemos que los libros no abrazan por las noches, no te besan como si se produjera un eclipse total y no te llevan a cenar a un sitio bonito... Pero a estas alturas mi corazón ya debería saber que los novios que yo escojo tampoco lo hacen. 
Tal vez madurar (además de ser aburrido) consiste en dejar de escuchar los deseos y escuchar más la cabeza, al menos hasta que acaben los exámenes...