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martes, 5 de noviembre de 2013

Eres más guapa de lo que crees

Hace algun tiempo ya que circula por internet un anuncio de Dove en el que un artista forense elabora dos retratos de mujeres desconocidas para él; uno según la descripción que éstas individualmente le dan, el otro a partir de la descripción que otros dan de ellas.

De todo el vídeo la que me hizo llorar y me emocionó fue la mujer rubia de pelo corto con el simple hecho de decir que, en el retrato que el forense ha realizado de ella a partir de la descripción de otros, se ve feliz a sí misma.

     En Primaria cuando iba al colegio había una chica -(en realidad había más de una en idénticas circunstancias pero ésta captó mi atención)- que tenía problemas de sobrepeso. No era una niña delgada ni esbelta, tampoco era muy agraciada físicamente, tenía el pelo grueso como hilo de pescar e indomable, además llevaba gafas enormes, zapatos ortopédicos porque tenía los pies planos y llevaba plantillas para corregirlos y también aparatos.
      Tengo una teoría discutible y no científica sobre que en los colegios cuando alguien o algunos empieza a meterse con otro alguien los demás les siguen porque sí, pero claro cuando somos niños no vemos estas cosas. Digo esto porque aquella niña fue blanco de la teoría que acabo de describir.
       Recuerdo un día de tantos -pero este no me dejó indiferente-. A ella le gustaba un chico dos años mayor que ella (cosas de la infancia) y claro, todo el colegio lo sabía y él también y la insultaba constantemente.
      Recuerdo perfectamente como toda la clase de ese chico se metían con ella cada día y cada vez que la veían. Siempre eran los mismos insultos; “gorda”, "puta gorda", “ballena”, “foca”, “vaca”, “cerda”. Algunos realizaban mugidos de vaca para burlarse de ella mientras que otros por su parte optaban por los gruñidos de cerdo, supongo que era la forma que tenían de darle los buenos días desde la granja de playmobil, pero más cruelmente claro.
      Recuerdo que muchos días le tiraban alguna que otra bola de papel de plata a la cabeza para luego darse codazos entre ellos y reírse (cosas de críos sí, pero que marcan profundamente, también).
     Ese día del que hablo le tiraron muchas bolas de papel de plata mientras mugía y gruñía la granja de playmobil, la insultaban y además le escupían. Me parece un excelente momento para decir que íbamos a un colegio concertado y de monjas. Tal vez el problema radica en que las enseñanzas y valores que recibimos fueron: “amaos los unos a los otros mientras el otro no sea gordo”. No recuerdo a nadie del profesorado interviniendo para parar la lluvia de “escupitajos” que caían sobre aquella chica... No lo recuerdo porque nunca pasó. Nunca se hacía nada ante esas circunstancias.
      Supe que esa chica obviamente estaba muy acomplejada por sus problemas de sobrepeso pero nunca la vi mostrar debilidad ante la gente. En el patio se burlaban de ella mientras se comía el bocadillo y le gritaban cosas como: ¡Doraemon cómete otro! O ¿estás embarazada?

Me confesó alguna vez que en casa la situación no era mejor, siempre fue “la gordita”, “la fuertecita”...

Ya siendo un poco más mayor en la secundaria las cosas continuaban igual pero con el agravante de que el sexo masculino le decía cosas como “es que me quiero enrollar con tu amiga que está más buena que tú, pero líate con mi amigo” o se enteraba de que algunos chicos que le hablaban y hacían caso se avergonzaban de que otros chicos supieran que hablaba con “la gorda”. Ella ya tenía muy asumido que era normal que los chicos se avergonzaran físicamente de ella porque ella estaba gorda y eso, obviamente, si te lo han repetido toda la infancia y pre-adolescencia mientras te escupen, mugen y gruñen como si ser gorda fuera un pecado capital, te lo acabas creyendo.

Demasiadas veces (una ya es demasiado) pensó en dejar de comer o vomitar, había chicas que lo hacían y eran las más populares ¿por qué esa mierda es tan importante cuando somos niñas? Muchas veces lo pensó pero se repetía que tenía que aguantar, que tal vez algún día se cansarían de meterse con ella y todo habría terminado, que incluso alguien le pediría disculpas y serían amigos... Ella habría perdonado a cualquiera que se hubiera disculpado. Puede parecer muy tonto a los ojos de un adulto pero ella todas las noches rezaba para que el día siguiente fuera ese día en que se hubieran cansado de vejarla. Cada mañana llegaba al colegio con su mochila "ellesse" rosa y floreada, su sonrisa aparatosa, sus zapatones ortopédicos y sus gafotas y hasta que no llegaba a clase no se sentía a salvo. En su propia clase la mayoría la respetaban, si bien a las espaldas todos comentaban lo gorda que era y lo peor es que ella lo sabía.

Hubo bastantes chicas en ese colegio (no tengo datos de ningún chico) que desarrollaron trastornos alimentarios y fueron anoréxicas o bulímicas.

La chica de la que hablo nunca lo fue y lo sé porque soy yo misma, pero como contrapunto siempre me ha costado creer en mí y tener autoestima, siempre he creído que cuando alguien me alababa físicamente en algo me lo decía o dice porque le caigo bien y no porque sea verdad.

No es culpa de nadie. Es responsabilidad mía por no haber sabido ni saber a día de hoy ser lo bastante fuerte como para superar eso y aceptar los halagos sinceros de los demás por encima de mi inseguridad.
Pienso que si alguien ha vivido lo mismo que yo o algo similar este tipo de campañas publicitarias le producen cierta empatía, emoción y aliento de que esta sociedad tal vez no esté podrida del todo.

Por eso me conmueve el eslogan “You are more beautiful than you think”.(Eres más guapa de lo que crees).


Como dice la canción...





viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy hace 3 años

        Hoy hace tres años empezó la peor experiencia de mi vida. La cuenta atrás hasta la llegada del fatal día 6 de diciembre en que murió mi padre. Así, en un mes, gozando de una perfecta salud... Primero fue una bronquitis, luego resultó tener un pulmón encharcado... Dos semanas después era un cáncer terminal. Día 6 de diciembre dejó de respirar y murió ahogado por el cáncer que contrajo como fumador de dos cajetillas diarias de Ducados negro. Vale la pena pensar en si seguir fumando sólo si queréis pensarlo. Respeto todo lo que cada uno decida hacer.

         Desde 2010 en que la muerte se llevó a mi padre las fechas son terribles y para una persona como yo que tiene la fortuna de tener tan buena memoria para todo lo emocional resulta muy duro. Detesto recordar con igual intensidad lo bueno y lo malo, pero así es...

Desde que me ha pasado esto he sido dos cosas y me cuesta mucho aceptarlas y perdonarme. Muy egoísta y muy miserable.

He sido muy miserable por no poder alegrarme por los demás en sus alegrías ni celebrarlas con ellxs, por no aceptar que la vida sigue y que aunque yo estuviera pasando por el peor momento de mi vida a los demás les pasaran cosas maravillosas. No concibo nada más miserable que no sólo no poder alegrarse por la alegría ajena, sino entristecerse por la felicidad de los demás y yo hice eso. Pero no me salía sentir otra cosa.

Una de mis mejores amigas me invitó a su cena de graduación en su casa, con sus padres, una tarta con su foto con el birrete, sus amigxs... Vive muy cerca de mí. Le dije que tenía una cena y que no podía ir. Ella nunca ha sabido que me quedé en casa llorando. No podía enfrentar ni asumir que ella tenía unos padres vivos que la mirarían llenos de orgullo y amor mientras cortaba su tarta de graduación y que yo nunca tendría eso. Y no sólo eso, es que nunca más tendría un padre vivo. Considero por tanto muy mísero no poder alegrarse por el bien ajeno. Sólo puedo defenderme diciendo lo mal que me sentía, lo descorazonada y deprimida que estaba. Esta sólo es una anécdota de tantas fiestas, cumpleaños, graduaciones y celebraciones a las que he faltado y que por supuesto nadie se merecía lo mal que actué no estando.
He sido muy egoísta porque no podía ver más allá de mi dolor, ni estar por nadie, ni siquiera sabía y lo he ido aprendiendo en estos años, estar por mí misma. Sólo puedo disculparme y defenderme diciendo que no deseo que nadie sepa nunca lo que es que la vida te quite a un padre como al mío en un mes... Independientemente de lo que decidan los demás para conmigo y nuestra amistad, tengo que perdonarme por ello y dejar de sentirme culpable. Un día de estos...


Sé que me está quedando un post muy lúgubre y triste, pero ayer me sentí contenta conmigo misma y quería compartirlo porque sentí que todo el esfuerzo que llevo haciendo para recuperarme en estos años está dando sus frutos. Ayer noche de Halloween pude salir y pasarlo bien, dentro de lo que cabe, por primera vez en mucho tiempo y siendo la víspera del inicio de mi tragedia.
Por influencia cultural o por mi propia personalidad (no voy a culpar a nadie de mis sentimientos de los cuales soy plenamente responsable) sentía inconscientemente que mi sufrimiento por la muerte de mi padre probaba mi gran amor de hija. Es algo que en occidente está muy grabado en el inconsciente colectivo, parece que los duelos insuperables prueban mayor y más fuerte amor, cuando bajo mi punto de vista discutible sólo prueban un mayor trastorno por duelo patológico... Esta parrafada es para decir que me sentía culpable por salir, por vivir, por celebrar, mientras mi padre estaba muerto e incinerado. Y ya sé que él querría verme salir y divertirme, mejor que yo no lo sabe nadie, pero no me salía. No podía ni me apetecía, me daba ansiedad irme dos manzanas más lejos de mi casa (que no fueran para ir al gimnasio de la UIB).

Ahora que estoy con un pie fuera de mi tierra para irme lejos estoy cosechando lo bueno y también malo que he sembrado. No ha habido sorpresas porque soy mucho más dura conmigo misma que con los demás -(lo cual es mucho decir y quien me conoce lo sabe)- y por lo dura que soy conmigo, opino que no me merecía por lo mísera y egoísta que he sido que nadie estuviera conmigo para despedirme, o al menos muy poca gente. He fallado a muchas personas pero eso ya no puedo cambiarlo, y en lugar de devolvérmelo, va el Universo y me concede que mis amigxs vengan a mi fiesta de despedida y que ayer, que era un día muy difícil para mí, sin ellas saber la fecha exacta de mi tragedia, mis amigas, estuvieron pendientes de mí estando de fiesta y me preguntaron en todo momento si estaba bien ya que me veían muy seria. Traté de distraer su atención como hago cuando se trata de este tema para no hablar y romperme y normalmente funciona, pero que no funcione con ellas significa que algo profundo estamos construyendo entre nosotras. O así lo siento yo al menos, espero que no en solitario.

No sé si merezco lo bueno o no que me está viniendo, soy muy dura conmigo y sigo pensando que no lo merezco por haber fallado tanto, pero mereciéndolo o no, estoy muy agradecida al Universo y a la vida.

domingo, 6 de octubre de 2013

Dependencia emocional

Hoy un chico de 22 años, -lo cuento con su permiso- se ha puesto en contacto conmigo a través de mi página de facebook y me ha hecho sentir muy halagada y acompañada en este proceso de superación de la dependencia emocional. Una de sus preguntas y que mucha gente me ha lanzado desde que tengo el blog es: ¿qué puede hacerse para superarlo? ¿se puede?


Empezando por la última pregunta, sí se puede pero no es fácil. A pesar de lxs boicoteadores que nos encontremos en el camino, y de las dificultades inherentes a nuestra personalidad se puede vencer esta adicción.


Dado que no soy ninguna autoridad en esto, ni tengo estudios especializados sobre la materia hablaré sólo de las posibles soluciones que he experienciado en primera persona y que a mí personalmente me han ido bien y también las que no. Si alguien está interesado en que profundice en por qué sí o por qué no recomiendo alguna cuestión en concreto; que se ponga en contacto conmigo y trataré el tema en el blog por si pudiera ser de provecho para alguien más.



SÍ:



*Psicoterapia continuada:

a)Gestalt.

b)Sistémica.

c)Constelaciones familiares.

d)Terapia de grupo.



*Libros de autoayuda (con el consiguiente tratamiento en terapia de lo leído), recomendaciones: “Las mujeres que aman demasiado” Robin Norwood. "El buen amor en la pareja" Joan Garriga. “El camino de las lágrimas” Jorge Bucay. “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” John Gray. -Me queda pendiente añadir un libro (cuyo título ahora no recuerdo) sobre la fobia al compromiso de los hombres que me ayudó mucho y es justo que lo mencione aquí. 
Me comentan que está descatalogado pero tal vez en internet aun se pueda encontrar "Los hombres que no saben amar" Carter, Steven y Sokol, Julia. Javier Vergara.


*Reiki.



*Gemoterapia.



*Yoga.



*Flores de Bach.



*Meditación.



*Deporte.



*Cambio de hábitos y compañías, entiéndase a cambios saludables.



*Ocupación: estudio, trabajo (si hay posibilidad) y desarrollo de hobbys.



NO/ NUNCA/ EN NINGÚN CASO:



*Ansiolíticos o antidepresivos sin prescripción profesional.



*Beber, comer o drogarse compulsivamente.



*Volver con la persona objeto de nuestra adicción o tener encuentros sexuales esporádicos con él/ella. Tampoco buscar una nueva persona a la que ser adictxs. Si eres dependiente, serás adictx a cualquiera hasta que te trates con ayuda profesional.



*Fomentar la idea de que estar con esa persona es la varita mágica de Hada Madrina que soluciona nuestros problemas y rodearnos de gente tóxica que fomenta esa afirmación.





Matizando afirmaciones y negaciones, estoy a favor de cualquier terapia natural y alternativa, me parece más sano y más recomendable que acudir a las pastillas.


Para la dependencia emocional, repito, yo, que no soy nadie ni sé nada salvo lo que he vivido de este tema, no recomiendo en absoluto y digo NO en rotundo a recurrir a ansiolíticos y/o antidepresivos, la toma de contacto con el dolor y la ansiedad es necesaria. No es fácil ni agradable, pero vale la pena y es lo más efectivo.



Existen muchas soluciones para este extendido problema, lo mejor es probar y quedarse con la que a cada unx le sirva y no dejarlo por difícil que sea.



Por último, ignorad esas voces o personas que -con ánimo de ayudar-, os hagan el flaco favor de decir cosas como: “todo el mundo ha sufrido alguna vez, yo no creo que tengas un problema tan grave” o “es normal, cuando tengas un/a novix buenx no sentirás así” etc. Si has/te han detectado una posible dependencia emocional o eres co-dependiente de una persona adicta a alguna droga y quieres ponerle remedio, pide ayuda y averigua cual puede serte más beneficiosa.

sábado, 20 de abril de 2013

Las mujeres que aman demasiado

     Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años pasé por un trance muy difícil a causa de lo explicado en el post: Ni olvido ni me perdono



No puedo decir que tuviera una depresión porque no me traté psicológicamente y, por tanto, no fui diagnosticada. Pero nunca me he sentido tan desconectada de mí misma, tan perdida... Ni siquiera con la muerte de mi padre. Yo creo que si no lo fue, se le acercaba mucho.



          Las consecuencias de mi gran “leyenda de pasión” fueron devastadoras física y emocionalmente. Ya durante mi relación-tormento padecía episodios de ansiedad, pero yo era muy joven y no le di ninguna clase de importancia “mi novio bien, yo bien, él me necesita yo no puedo estar mal”. Fui al médico y me dió pastillas para los nervios. Además, él me absorbía tanto -y yo me dejaba tan gustosa- que no me prestaba ninguna atención a mí misma, lo nuestro me engulló de tal forma -y yo lo consentí- que yo no me miré a mí misma en ningún sentido hasta transcurrido un año de nuestra ruptura.





       Cuando acabó esa historia y hallándome en las circunstancias más miserables y lamentables que nunca me haya encontrado física y emocionalmente, una profesora del instituto preocupada por mí y mi salud, me habló del libro “las mujeres que aman demasiado”, pero yo tenía un novio con muchos problemas al que cuidar, atender y proteger así que pasé del libro, si él dejaba las drogas, el alcohol, el juego y decidía hacer una terapia por la pérdida de su madre y por sus propios intentos de suicidio y por toda su ira y tristeza acumuladas todo iría bien, ni libros ni chorradas.-Pensaba yo-. Yo le ayudaré y todo irá bien. ¡Libritos a mí...!-Pensaba yo.



      Resultado de mi gran amor: no tenía ganas de vivir, no tenía ganas de nada, me despertaba y lloraba porque deseaba estar muerta porque él ya no quería estar conmigo y estaba con setecientas, iba de clase a casa a llorar sin fuerzas para ello debido a los potentes ansiolíticos que tomaba, estuve un año tomando ansiolíticos por prescripción médica, en aislamiento voluntario absoluto porque me daba vergüenza que la gente me viera, no salía de casa porque mis 23 kilos de más y yo no éramos dignos de salir a la calle, sentía asco de mí y de mi cuerpo. Ese año, sólo salí dos veces (si no era para ir a clase) más allá de dos manzanas de mi casa y le vi a él con su novia; felices de la mano mirando un escaparate, tuve un ataque de agorafobia o de ansiedad en plena calle, tuve que taparme la cara con un foulard, sentía que todo el mundo me miraba, no podía respirar ni dejar de llorar. Llamé a una amiga, pero no era capaz de vocalizar con claridad, llegué caminando como pude a su casa. Me tomé mis pastillas. Ella me dijo: "es normal lo que te pasa, se te pasará con el tiempo..." 

La otra única vez que salí más allá de los límites de seguridad de las dos manzanas de mi casa y obligada, fui al cine, ellos estaban allí iban al cine también, él le llevaba las palomitas, a mí nunca me llevó al cine porque no tenía dinero, se lo gastaba en drogas, yo me desmayé, mi mejor amiga me pegó un tortazo para hacerme reaccionar y me sacó del edificio... Tuve otro ataque y por eso evitaba salir a toda costa. Aprendí que no debía salir porque les vería juntos.-Como Juana sin Felipe.

    Si alguna compañera de la universidad -(fue mi primer año)- me saludaba estableciendo contacto físico poniéndome una mano en el brazo o con un “hola guapa” tenía ganas de llorar, creía que se burlaba de mí porque yo era un monstruo, yo no me sentía bien física ni emocionalmente, mi cuerpo no era mío y estaba destrozada anímicamente. “Si mi mejor amiga se ha acostado con mi novio en navidades, las desconocidas ¿qué me harán? No debo tener amigas”. Me quedé sin el grupo de amigos de entonces porque me abandonaron y porque él me puso los cuernos (entre muchas) con mi mejor amiga, (esas cosas que parecen tan importantes cuando eres joven). Ese mismo año se me cayó también el pelo a raudales, supongo que por estrés, ya que con 23 kilos de más, no se puede decir que fuera por desnutrición. -Prefiero contarlo con mi personal toque de humor, quiénes me conocen ya saben que es mi defensa cuando algo me duele demasiado-. Pero aun así, yo sólo contemplaba como solución volver con él y seguía preocupándome por cómo estaría él, ahora que yo no me ocupaba de su vida. -Pero me seguía preocupando.



Nunca mi cuerpo ni yo hemos vuelto a ser los mismos, pero yo no creía tener ningún problema. La gente rompe y la gente sufre por amor. Todo lo que sufría era normal.-Pensaba yo.



Desde aquello, a menudo me preguntaba con el paso de los años y sin respuesta:

¿Por qué todos me ponen los cuernos? ¿por qué todos se van con otra y me sustituyen en seguida? ¿por qué todo empieza tan rápido y magnífico y de repente empiezan a pasar de mí de la noche a la mañana?, ¿es casualidad que todas mis parejas sean huérfanos de padre o madre?, ¿por qué si todos ellos son tan diferentes física e intelectualmente acaban siempre igual mis historias?, ¿por qué me sustituyen en seguida por otra y nunca más vuelvo a saber de su existencia como si yo no hubiera sido nadie ni nada importante en sus vidas?, ¿por qué si yo no soy así, todos han sido adictos a algo: drogas, alcohol, juego o todo a la vez?



¿Por qué proviniendo yo de una familia normal y estructurada, de un barrio normal, he consentido situaciones de claro maltrato psicológico con plena sensación de normalidad de lo que yo vivía?



¿Por qué yo sólo tenía sensación de ser feliz cuando tenía pareja o estaba con alguien? y ¿por qué no me gustaba en absoluto, o era peor para mí y mi “bienestar” personal, estar sola?



      Muchos años después, un 28 de enero, a la cuarta vez que me rompí todos los huesos emocionalmente contra el suelo por amar demasiado, llorando, ahogándome, un poco ebria, con el rímmel esparcido por la cara pareciendo así Miko el mapache amigo de Pocahontas... -(Pues César, el último por el que amé demasiado, estaba con otra. Era la historia de mi vida, otra vez: cuernos o sustitución rápida). Aunque yo hasta una semana después de haber terminado “lo que tuvimos” (por llamarlo algo), no supe que otra ya ocupaba mi sitio. Pero pronto lo vi, día 25, a la semana de haber terminado “lo nuestro” me la presentó como una amiga de toda la vida, -pero yo en dos años no supe de su existencia ni de su nombre-. Post presentación incómoda y humillante para ambas dos chicas; yo, como la desechada y ella la pujante, y siendo master class yo, en ser sustituida; vi como se comportaba él con ella en mi cara y las evidentes intenciones de ella. Como decía Zazú en el Rey León ellos eran “semillas de romance floreciendo en la Sabana” y yo me sentí como la perfecta idiota a la que le han vendido un concesionario de motos robadas y en mal estado.


Resultado: retirada “honrosa” mientras dos amigas me sostenían -literalmente- yo no podía respirar, tenerme en pie, ni dejar de llorar, era demasiado insólito para ser verdad, otra vez no. Yo repetía mis mantras típicos de cada vez que yo era abandonada o sustituida, los adaptaba a las nuevas circunstancias de tiempo y de lugar, esta vez el mantra era devastador; de los creadores de Juana la Loca, Julieta la loca



“¡Soy una desgraciada!, ¡mi padre ha muerto, César me engaña!, me dice que echa de menos a su ex y YA se pasea con otra. Esto era la única ilusión que yo tenía en mi vida, nada me sale bien. Nunca podré estar con nadie, nadie me va a querer nunca, no sé ni por qué lo intento. Yo ya no quería intentarlo con él ni siquiera porque lo he pasado fatal y otra vez igual. Él sabe lo mal que estoy y me ha presentado a la otra ¿por qué?, ¿por qué siempre lo he de pasar mal yo con lo bien que me porto con ellos? Echa de menos a su ex y me cambia a la semana por otra, no me lo creo. Todo era mentira, se lo dije; “piénsalo bien si quieres algo conmigo, que yo no quiero tonterías, quiero algo serio”. Y me ha mentido todo este tiempo, ¿qué voy a hacer ahora?, ¿cómo voy a salir de esto? No puedo más, no sé donde aferrarme. Todo me pasa a mí. Es que nada me sale bien nunca, no sé como salir de todo esto, además de lo de mi padre, esto que me aportaba un poco de ilusión... Era una mentira y me lo he creído todo porque soy imbécil...”



        Tras narrar esta regresión a mi estado de enajenación mental transitoria, un 28 de enero, llorando como una niña abandonada -y no utilizo el término niña por casualidad-. Dije en voz alta a mi hermana y mi mejor amiga.

“¡Basta! No quiero, ni puedo por salud mental volver a pasar por esto. ¡Basta! Quiero ponerme bien, no sé que me pasa pero no estoy bien, quiero dejar de necesitar un novio para estar bien. Sé que lo pasaré mal porque ahora que mi padre no está necesito más una figura masculina a mi lado, un chico que me ilusione y me proponga hacer cosas... Pero basta, quiero estar bien sola. Sólo quiero eso. Estar bien sola. No quiero volver a sentirme feliz por algo tan ridículo como una llamada o un cine, quiero estar bien yo y no necesitar que eso pase para ser feliz de verdad. No sé como, pero lo haré. Nunca más quiero volver a caer en una historia así, ni estar así. No puedo más. Siempre es lo mismo. Estaré sola y me inseminaré artificialmente para tener hijos a la edad que quiera tenerlos, me da mucha pena que nadie me vaya a querer nunca pero ya lo he aprendido. Se acabó. Ninguno me quiere, quieren reírse de mí, que se rían de su madre. ¡Basta!”


        Después de aquello, a los pocos días, como un alma errante, entré en una librería y me acordé del libro “las mujeres que aman demasiado”... No podía dejar de leerlo, había momentos en que me enfadaba profundamente con el libro y lo cerraba, pero sólo lo hacía porque el libro tenía toda la razón. Era casi autobiográfico, a nadie le gusta mirarse a sí mismo, ese libro me obligó a mirarme y a verme y no me gustó nada lo que vi, pero no exagero cuando digo que me salvó la vida, porque yo decidí hacer un gran trabajo y esfuerzo personal y lo estoy haciendo.



       Encontré muchas respuestas a aquellas preguntas que me hacía entre una ruptura y la próxima relación -(o condenación, más bien)-. Pero hasta que no toqué fondo de verdad, no me di cuenta de que no era casualidad ni “haber tenido mala suerte” -como todo el mundo nos dice a las mujeres que somos adictas (o hemos sido, en mi caso) a amar así-, que yo repitiera perfiles de hombres, ni mis conductas con ellos. Todo tenía sentido y no era nada bonito verlo, ni fácil, pero era la única manera de ponerme bien y estaba dispuesta a todo lo que fuera necesario con tal de no volver a sentirme así jamás.

      Resulta irónico que del peor momento de mi vida surgiera lo mejor, la mejor decisión que he tomado nunca. La toma de conciencia de un grave problema que condicionaba todos los aspectos de mi vida y la voluntad de ponerle remedio a cualquier precio. Pese a que las circunstancias de mi entorno no eran en absoluto favorecedoras, dije basta y aunque sea de una vanidad muy fea decirlo, es algo de lo que no puedo sentirme más orgullosa.



Un 18 de febrero, un mes después del fin de mi historia con César y de comérmelo con patatas a él y a su amante morreándose como adolescentes cada día debajo de mi casa, me dejé caer en el sofá de mi gran psicoterapeuta Ascensión Belart. Sin la cual digo muy sinceramente que no sé qué habría sido de mí, pero nada bueno seguro. Sin ella nunca habría logrado nada en cuanto a mi recuperación ni a la toma de conciencia de mi problema de adicción a esa forma de “amar”. Sé que ella como es muy profesional me dirá que el trabajo ha sido mío, pero tan importante es la voluntad del paciente como la calidad y la profesionalidad de la ayuda que éste (es decir yo) recibe.





Me encanta poder compartir este proceso en el que estoy con mujeres que se encuentran en situaciones similares, en relaciones de inferior toxicidad, o peores situaciones que las que yo pasé. En relación a esto, a menudo, amigas, o conocidas, o seguidoras del blog me preguntan ¿a qué te refieres con “mujeres que aman demasiado”?, ¿qué es una pareja tóxica? Sin saber nada a nivel profesional, he escrito algo -muy atrevidamente- sobre ello, pero Robin Norwood, psicoterapeuta américana, creadora de este best seller que me ha hecho una gran compañía y me ha salvado la vida, define en el magistral prólogo de su libro qué es amar demasiado y cuando amamos demasiado. Aviso de que puede molestar ferozmente leer lo que viene a continuación porque la mayoría de mujeres lo tenemos integrado como normal y natural en nuestras vidas. Humildemente os digo que yo lloré muchísimo porque me reconocí en todo cuanto ella escribió. A las que estéis dispuestas a este proceso, no tengáis miedo, enfrentaos. Se puede superar, este problema. -Espero...


Prólogo de "las mujeres que aman demasiado" autora: Robin Norwood.





Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con “él”...estamos amando demasiado.

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarán a él, estamos amando demasiado.

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos en la idea de que, si tan solo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional, e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda, estamos amando demasiado.

jueves, 20 de diciembre de 2012

2012 fin de mi anterior mundo

     Al igual que con los hombres, – nunca se lo digo pero lo pienso; no quiero ser “la primera que...” quiero ser la última-. Lo importante no es como empieza, sino como acaba el año.



Este año que ha durado un suspiro ha sido muy denso, difícil y bastante farragoso.



   Acepto, como sentimiento de compañía, que una crisis vital es una oportunidad de cambio y crecimiento, pero yo no la había pedido y siempre me han gustado los tacones. La pizzería de la vida tiene la mala costumbre de no hacerme nunca ningún caso y traerme y quitarme lo que le da la gana, no sé por qué sigo yendo...


      Empecé poniendo un doloroso punto y final en lo sentimental, poniendo un hasta luego que pronto se convirtió en adiós.-(A veces me caigo mal cuando me leo, pero es que pasó así)-. Comenzó el año y le dije adiós a mi único motivo de felicidad, el único motivo de felicidad y alegría de la mujer que ama demasiado siempre es un hombre. Así que este 2012 no prometía mucho ni me apetecía nada. A finales de enero me pasó algo similar a lo que le pasó a Juana... Tuve un cinematográfico ataque de ansiedad, -si ya me leéis desde hace tiempo sabéis que prefiero contarlo con mi toque de humor personal- “mi padre ha muerto, mi marido me engaña” (por supuesto él no era mi marido, pero yo estaba muy triste y él era toda mi felicidad, cuando lo pienso me avergüenzo de mí misma, pero fue así). También dos amigas intentaron calmarme ese día, repetía lo mismo que Juana en el vídeo, llorando sin consuelo, por eso os pongo el enlace que expresa mejor que yo lo que es Volverse loca.



     Me planteé muchas cosas en mi vida bastante difíciles para mí. Lo más importante es que no estaba dispuesta a necesitar a un hombre de ese modo nunca más. Me juré hacer lo que fuera para no necesitar nunca más a un hombre así, para ser tan absolutamente fuerte e independiente que nunca en toda mi vida pudieran hacerme tanto daño. No sé si esto tiene algún sentido para quién me lea, pero cuando te rompen el corazón tan bien lo único que puedes hacer es construirte uno nuevo e indestructible, lo que me quedó del mío a principios de año no tenía ningún arreglo. Grandes problemas requieren grandes y esforzadas soluciones. No hay soluciones fáciles a problemas difíciles. Un día escribiré sobre los refugios fáciles, los visité casi todos, era hora de refugios difíciles. Puede parecer pueril este discurso, pero estaba -y aún un poco- pasando por el peor momento de mi vida, renunciar a alguien que te hace feliz pero que no te conviene no es nada fácil y menos si estás haciendo un duelo por perder a tu padre. Sabía que no iba a haber besos, mimos, alegrías, mariposas, ni abrazos. Pero después de esto espero poder compartir amor y no sólo darlo, dar (demasiado) amor ya sé y después de todo esto; si no lo recibo nunca, dolerá menos.



         Mi pequeña lista de logros de este año es que en enero, dejé de fumar definitivamente, volví al gimnasio a tope, hice dieta, perdí peso, me propuse estudiar y además de hacerlo aprobé cuatro de diez y con muy buena nota.


He vuelto a leer libros (no podía leer desde que murió mi padre), a ir al cine (desde que murió mi padre me causaba fobia estar en el cine, así que lo cuento como un logro), he podido volver a ver películas y concentrarme en ellas. Me estoy culturizando en materia de cine clásico y música, he descubierto que me gusta. He aprendido a cocinar cosas nuevas, a colgar cuadros, poner estanterías, pintar...

He aprendido a estar sola y tranquila conmigo misma, he aprendido a cuidarme, a poder dormir tranquila. He aprendido a poner límites y decir "no". He aprendido a zafarme de las personas que me quitaban la energía que necesitaba para mí. He aprendido a perdonar.



Me propuse estar conmigo misma, meterme hasta el fondo en mi duelo para superarlo, descubrir qué cosas me gustaban y qué cosas hacer por mí y mi vida, lo he hecho y lo sigo haciendo, para hacerlo aún mejor en el futuro.



Lo más importante de este 2012 para mí -porque ha sido lo más difícil-es: he renunciado a mi papel protagonista y profesional de mujer que ama demasiado.



    Cuenta la leyenda, que llevo solucionando la vida de mis parejas desde los 15 años (voy hacia los 26) y eran problemas bastante complicados, no quiero quitarme méritos en este sentido. He manejado toda clase de adicciones en hombres; drogas, juego, alcohol... He luchado todas sus guerras y peleado todas sus batallas; pérdidas de sus padres, depresiones, desilusiones amorosas, búsquedas de empleo, despidos, terminar estudios básicos o empezarlos, he sido su “madre”, amante, esposa, maestra, psicóloga, doctora, enfermera, “coach”, bufón, cocinera, costurera, amiga... Lo he sido todo, o mejor dicho, lo hice todo para que me quisieran. Mi realidad inconsciente era “el amor no se regala hay que ganárselo, si lo hago todo muy bien me querrá tanto como yo a él y estaremos juntos para siempre”. Me encantaría de verdad estar exagerando con lo que acabo de escribir, pero si mis amigas me leen pensarán que todavía me quedo corta... Desde los 15 años... No me queda nada por hacer por ninguno de mis novios, todo lo hice para que me quisieran, por un poquito chiquitito de cariño, esto se llama prostitución emocional, me encanta el término, lo dice todo. Lo hice todo por una sensación de paz interior y de deber cumplido. Ahora que estoy mucho más sana y serena (pero aún no he terminado con mi proceso) reconozco que también lo hice por soberbia para sentirme poderosa y reforzada en mi autoestima y mi ego, reconocerlo fue el primer paso, el siguiente dejarlo.

        Toda mi vida necesitaba a un hombre, sé que a mucha gente le pasa, pero reconocerlo y decirlo en voz alta no está socialmente aceptado por eso alomejor parezco un poco bicho raro pero yo sólo era feliz si tenía un hombre en mi vida y vaya hombres... No uno cualquiera, siempre necesitaba a un hombre que me necesitara, qué bien me hacía sentir eso, me parecía precioso... Cuántas más cosas tuviéramos que vencer juntos, más realizada me sentía yo, porque más me necesitaba él y más contaba conmigo, más dependía de mí... Por supuesto de todo esto me he ido dando cuenta con los años, hasta hace dos años yo sólo era una maquinita-soluciónalo-todo. Pensaba que si quieres a un hombre todo esto es algo que se debe hacer, es un deber moral. “Hacer eso es querer, hacer menos es otra cosa, es querer menos”-así pensaba yo-. Por supuesto, ninguno me dijo nunca que parara, ninguno me devolvió todo lo que yo hacía o algo, ninguno perdió la cabeza por mí o hizo algo tan sencillo como llevarme a comer a la luz del sol. Algunos antes de “pegarme el cambiazo” e irse con la siguiente - eso los que avisaban, porque la mayoría me han puesto cuernos de Rudolph con iluminación incluída-. La mayoría tenían la displicencia de decirme: “eres demasiado para mí, ya no es lo mismo, ya no siento lo mismo, estoy agobiado”. Lo que no decían es “ya me has solucionado la vida, ya te puedes ir que ahora voy a divertirme con la nueva, ya no me sirves...” Yo era algo así para mis novios como el genio de la lámpara de Aladdín, mi misión en el mundo era hacer sus deseos realidad, con ello me sentía bien -era una ecuación simple; mi novio bien=yo bien-. ¿Conocéis a alguien que pudiendo pedir deseos que le serían concedidos inmediatamente pidiera felicidad y libertad para el genio? Pues lo mismo me pasaba a mí con los hombres, ellos querían sus deseos hechos realidad, ninguno quiso liberarme o pidió que yo fuera feliz. Podéis replicarme que tal vez haya algún Aladdín, que yo siga igual, satisfaciendo deseos porque mi forma de amar es preciosa y seré retribuída por un príncipe Aladdín algún día (precioso desde fuera porque si no lo habéis vivido no sabes lo sola y triste que te sientes)... Lo siento pero paso, el precio es muy alto y no lo pago más, -prefiero gastar en zapatos-, en enero llegué a la conclusión de que no podía sufrir tanto por “amor” lo encomillo porque eso no es amor para mí ya, eso es esclavitud y yo me he liberado. Estoy sola, sí, pero libre.



     Lo que entendía yo con las palabras de ellos, sus infidelidades y cambios por otra, era tan bonito como: por supuesto, que yo no era ni guapa ni atractiva, esto ya de base, que todo lo que yo hacía estaba mal. -Si durante un año te repiten que: no sirves para nada, que eres una inútil, que lo haces todo mal, que se va con otras porque tú con tus celos le haces pensar más en ellas y te aíslan del mundo y la gente que sí te quiere. Si te dejas aislar cada vez más para que algún día él te quiera y estéis bien, si te dejas asustar por él, le disculpas todo porque lo amas... Pues te acabas creyendo que de verdad eres fea y no sirves para nada y que por eso se va con otras que son más preciosas y maravillosas que tú-. También entendía que mi manera de ser y de querer no valía nada para ninguno de ellos -(la mujer que ama demasiado rige su autoestima por lo que dice el novio de turno porque ella no tiene)-. Siempre me culpabilizaba a mí misma con que yo podría haber hecho las cosas mejor, me culpabilizaba porque pensaba que yo les avergonzaba. Entonces me decía a mí misma que con el próximo tenía que hacer aún más cosas y mejor, pero además esconderlo, de manera que pareciera que todo lo había hecho él y era su propio mérito y no el mío, “si él no lo dice es que yo no tengo méritos y además si yo tuviera algún mérito no me pondría los cuernos”-eso me repetía yo, pensaba "seguro que a las chicas que son preciosas y muy buenas novias no les son infieles los chicos". Siempre me esforcé por “ser la (gran) mujer detrás de un (gran) hombre” para que no me dijeran “eres demasiado...” 

Resumidamente mi objetivo; interpretar el mismo papel pero actuando mejor cada vez. La cosa es que nunca se recibe más afecto por más cosas que hagas, lo sé, lo he intentado... La responsabilidad de todo esto es mía (digo responsabilidad porque no me gusta decir culpa, ya me he torturado bastante), ellos ya eran así, (unos más y otros menos) el problema de hacer, dar y amar demasiado era mío y llevo un año poniendo remedio, creo que no lo estoy haciendo nada mal... Aún no he llegado dónde quiero pero como se dice coloquialmente; os juro que me lo estoy currando mucho.

El 2012 ha sido pues el año del fin de mi anterior mundo. Estoy elaborando cosas muy difíciles pero que me parecen muy necesarias, pienso seguir por este camino y escribiendo qué tal me va...


lunes, 24 de septiembre de 2012

Ser adicto (a alguien)

        Cuando te decides a dejar una relación tóxica eres muy valiente, este primer paso denota valentía. Tenías una adicción a una pareja tóxica, te has dado cuenta y te quitas eso, una relación destructiva a la que eres adicta y que te perjudica psicológica y físicamente. Digo esto porque vivir en un estado de ansiedad permanente es igual de perjudicial para la mente como para el cuerpo y porque darse cuenta de ello es básico para dejar de malvivir. 
      Al dejarlo, educas a tu voluntad en la idea de que esa persona y vuestra relación es algo nocivo para ti y adictivo. Entonces eres muy fuerte y cada vez que tienes ganas de ello te repites como un mantra, lo valiente que eres y lo bien que lo haces . Los demás puede que te den palmaditas en la espalda o no, los que más te quieran lo harán y si nadie lo hace ni comprende tu proceso no nos importa. Tú sola puedes palmearte la espalda y decirte que todo esto vale la pena.
      Tomar una decisión así entraña responsabilidad, a partir de aquí puedes tener ayuda pero tú eres responsable de caerte o levantarte. Dejarse caer es fácil, puede que lo quieras o puede que te aporte algo y que no quieras luchar porque es difícil.
Hay que saber que desde el momento en que decides dejar una relación destructiva y tóxica o “rehabilitarte” por así decirlo, habrá días malos y días buenos.

    Salvando las distancias con los síntomas de adicción a una droga, ser adicto a una persona también conlleva un cierto síndrome de abstinencia. -No pretendo frivolizar sobre la drogadicción comparándola con esto, pero me resulta un ejemplo muy gráfico para describir sentimientos y sensaciones por las que una transita cuando deja algo así.
Las relaciones tóxicas son muy intensas, muy viscerales, tanto como subir en montaña rusa. Si te gustan las relaciones intensas, te gustan las emociones fuertes, por eso lo suelo comparar con dicha atracción. Si “te va la marcha” en este sentido no te preocupes, el abandonar una relación así, también es brutal, es súper intenso como bajar en montaña rusa. Pero al igual que en esta atracción, tú no llevas los mandos. Ya sea para divertirte a tope y gritar cuando empezáis y vas subiendo, o para sentirte al borde del vómito y el infarto cuando lo dejáis y estás bajando...

        Ser adicta a alguien es un problema -(con solución)- porque dejarlo no es fácil y no recaer es muy difícil. Experimentar ansiedad física por alguien es una emoción o una sensación que no todo el mundo ha sentido y es muy difícil combatirla. Difícil no es imposible esa es la buena noticia. Pueden sufrirse sudores, cambios bruscos en la temperatura corporal, nerviosismo, temblores, tristeza, náuseas, ansiedad, dificultad al respirar, tener ganas de llorar y gritar y destruir cosas o "volver con él y acabar con toda esta angustia de haberlo dejado de una vez". Este tramo del camino es el más duro, volver atrás está más cerca (o eso parece) que lo que te espera por delante. Te empiezas a mentir en la idea de que "con él todo era felicidad" y es mentira, tu mente te engaña porque quiere su “droga”. “Quiero hablar con él...” "No hay nada que hablar" -debería decir tu cordura-, él ya te lo ha dicho todo con lo que ha hecho. Si esta idea te hace llorar, llora, las lágrimas purifican. Deja de coger y dejar el móvil, has iniciado un nuevo camino, las dificultades estaban en él. “Es que con él no había dificultades todo estaba bien”, tu mente te engaña quiere su droga, si todo estaba bien no lo habríais dejado. “Con él soy feliz, sola no” tu mente te engaña porque quiere su droga otra vez, tienes síndrome de abstinencia de tu pareja tóxica. Las adicciones como esta son difíciles de superar, pero difícil no es imposible, hay gente que las ha vencido. Si has podido dejarlo es porque eres fuerte y/o tienes fuerza de voluntad.
“Alomejor me he precipitado al terminar con esta relación, le he exigido demasiado...” Ninguna mujer que ame de verdad a un hombre se precipita en dejarle. Si has dejado algo tan puro, algo tan pasional e intenso, estoy segura de que lo pensaste más que detenidamente. Toda esta película la monta tu cabeza, créelo o esfuérzate en creerlo. “Me dejó él yo habría seguido, me ha dejado y se ha ido con otra, ¿qué he hecho mal?” Suficiente. Tu cerebro está produciendo dopamina en cantidades industriales, estás en caída libre y perdiendo la racionalidad sólo quieres estar con esa persona, arreglarlo, volver, hablar, tocarle, besarle... Te estás engañando a ti misma y tu cabeza te engaña, además tus sentimientos te traicionan porque son muy puros y al igual que la cocaína cuanta mayor pureza tiene, cuanto más puros son tus sentimientos, más seriamente nocivos y peligrosos.
Los adictos al alcohol en A.A (alcohólicos anónimos) tienen a alguien, una especie de monitor asignado que les ayuda en este duro trance, esa persona a la que cuando van a recaer llaman y le explican qué sienten exactamente y por qué quieren volver a beber o van a hacerlo... Tú tienes amigas estoy segura, o amigos, o familia y en último extremo a ti. Exprésate, pelea contra todo esto y así te harás más fuerte. Si luchas tienes una oportunidad de cambio, de mejoría. Toda crisis implica oportunidad de cambio, de renacimiento. Volver dónde estabas sólo te devuelve exactamente al punto dónde estabas, explicaré esta redundancia. Volver con él, es volver a la relación que teníais no a la película de reconciliación que tienes en tu mente.
Puede que la dopamina te haya hecho pensar que si volvéis él será distinto contigo y en la relación. Puede que te creas que tú también serás distinta porque ya no serás tan permisiva por ejemplo, como lo fuiste antes... Esto es el peliculón de antena 3 por la tarde, los de este canal dicen que está basado en hechos reales. Yo digo que lo único real es la fatalidad de relacionarse así en pareja y que una pareja destructiva no avanza ni retrocede, está estancada en la destrucción de los que la componen y de la relación en sí misma.
Lo real es que por él y por vuestra relación no puedes hacer nada,-ni debes-, no eres psicóloga, ni sexóloga, ni psiquiatra. No practiques el intrusismo.
Lo que sí puedes hacer es algo por ti, esto es, tal y como se dice con respecto a las adicciones y a los adictos: “mantente fuerte y limpia”. Alomejor no crees que valga la pena, pero piensa de dónde vienes, está claro que por poco que sea sólo puedes ir a mejor en todo sino vuelves a tu pareja tóxica y a tu relación destructiva...
¿Imaginas quererte tanto que no necesites/dependas de estar con alguien así?, ¿imaginas sentirte completa sola?, ¿imaginas tener paz interior? y ¿una relación de pareja sana? Si sigues sin tu hombrecito tóxico de turno de guardia y sin relaciones destructivas cuenta la leyenda que llegaremos allí y dicen que se está bien...

lunes, 17 de septiembre de 2012

Conclusiones y respuestas

Dos años más tarde Fauna volvió a intentar el perdón de Pier, ésta nunca la perdonó y nunca más fueron amigas.
Lo peor de todo no es eso, es que Dean le pidió perdón a Pier, lloró, le compró regalos, le colpasó el móvil, la esperaba en casa... Y volvió con él.

          Al igual que ocurre con los fóbicos al compromiso cuando se tiene una dinámica de pareja tóxica como el tabaco, -en algunos casos hay relaciones en que valdría más que uno de los dos fumara paquete y medio diario para perjudicarse menos a sí mismo que con su relación-. Y además, se instaura una forma de relación de ir y volver juntos, es muy difícil escapar. Pasas a ser su yo-yo, tan pronto te agarra fuerte en la mano como te tira al suelo muy deprisa, todo tiene una normalidad pasmosa cuando se forma pareja tipo: jugador de yo-yo profesional (Dean) con juguete yo-yo (Pier).

         Es como una coreografía de baile; aprendéis los pasos, para conquistar y ser conquistado, hacer daño y dejárselo hacer, abandonar y ser abandonado. Los dos repetís constantemente los mismos pasos pero cada vez más rápido porque ya sabéis "bailar" -(relacionaros).
      Lo más importante es observar que cada vez que se vuelve a reiniciar la relación pasa lo mismo, feroz cortejo, reconciliación, declive, ruptura y estos pasos se suceden como un baile macabro sin fin, cada vez más deprisa y la verdad es que por lo menos, marean bastante y además afectan a tu carácter y personalidad. Te aíslan, porque ¿quién en su sano juicio puede entender que tú no quieras dejar a alguien así? Ya no se lo cuentas a nadie, piensas que los demás no lo entienden pero tú y él sí. Nadie entiende que cuando estáis bien todo es maravilloso y eso compensa todo tu sufrimiento para cuando él te deja. 
En el amor y en la guerra todo vale, él luchará por ti hasta que aparezca otra -tampoco hay que acomodarse mucho- y tú, por “amor”, te dejarás hacer todo el daño que sea necesario porque él no es así. Él al principio era bueno y te quiere, sino no volvería corriendo a buscarte cada vez que te deja.
       Entiendo este sentimiento en Pier con 17 años, pero seguro que a vuestro alrededor tenéis parejas así o conocéis alguna con un par de años más. En mi opinión lo triste es que haya gente de 60 años que aún se relacione así, pero si nunca le has puesto remedio de joven...

          En cuanto a perdonar a un ex como sinónimo de volver con él.
Estoy segura de que muchas de vosotras sois mejores personas que Pier y tenéis una gran capacidad de perdón para todo el mundo. Resulta del todo injusto -o al menos raro- tener un doble baremo; a él lo perdono pero a ella no, con ella desato la furia de los titanes de la peli de Hércules de Disney.
      Creo que lo más sano es saber perdonar, aunque hay cosas que son imperdonables. ¿Cómo se perdona a alguien que te ha hecho tanto daño? Considero que el hecho de que tu mejor amiga se acueste con tu pareja es imperdonable. Pero si con él has podido, ¿con ella por qué no? Pier dice que nunca la perdonará porque ella era su mejor amiga de toda la vida y eso hace que la ofensa sea peor que la de Dean.
No perdonar a alguien en la vida implica guardar rencor; el rencor y el odio consumen y toda la vida, si todo va bien, es mucho tiempo para guardar odio y rencor intactos como el primer día.
Si sabéis perdonar yo os aconsejo hacerlo, al menos una vez en la vida. A veces necesitamos vivir una experiencia para saber que no queremos repetirla. Repito: una vez en la vida, no veintiocho con la misma persona. Eso es masoquismo, hay bests-sellers recientes sobre ello.

          Respecto a perdonar una infidelidad, Pier dice que perdonó muchas a Dean; no sólo estas dos que fueron las peores, sino las siguientes que vinieron. Ella piensa que perdonar una infidelidad es dar permiso para las que vengan. Después de la primera, cuando perdonas una cuesta menos perdonar dos y así sucesivamente... Ella no se arrepiente de haberlo perdonado porque creía en el amor de ellos dos, creía en lo que tenían juntos por encima de todo. Un día me contó que gracias a haberle perdonado tanto, nunca más ha perdonado infidelidades puesto que ya sabe lo que significa perdonarlas y cuando dice, “yo no podría perdonar eso”, lo dice sabiendo de qué habla.
Es muy difícil perdonar unos cuernos -que no son de Rudolf y con lucecitas precisamente- sin enloquecer en el intento pensando en qué hará él y con quién, en todo momento. -Si os gustan los deportes de riesgo en este sentido y estáis dispuestas a castigar el corazón de tal modo siempre podéis pagar por tiraros en paracaídas. Es más barato que una psicoterapia...

         En referencia a si el amor es algo por lo que luchar física o emocionalmente.
En ningún caso justifico luchar físicamente por amor, ni llegar a las manos como Pier con Mara, haz el amor y no la guerra. Con la violencia perdemos toda la razón, hay que procurar ser menos visceral, esto es más fácil de conseguir cuando ya no eres adolescente y te has calmado.

En cuanto a luchar emocionalmene, si aún no te han hecho daño suficiente, o tienes 17 años como Pier, tu respuesta sin duda será sí a la lucha por amor. Estarás dispuesta a hacer lo que sea, tú nunca das las batallas por perdidas, eres una luchadora, si tu cachorro abandonado está en apuros harás lo que sea. Darás todo lo que él necesite sin mirar el qué. Pelearás duro por tener con tu pareja tóxica la relación con la que sueñas, crees que sólo es cuestión de seguir intentándolo. Todo volverá a ser como al principio, sólo hay que seguir luchando porque lo vuestro es especial y vale la pena...
      Pero si te han herido demasiado en esos frenéticos intentos, o si estás ya demasiado cansada de sufrir, o todo a la vez., alomejor has alcanzado a ver que no hay que luchar por el  amor de nadie. El único amor por el que vale la pena luchar es por el amor de y a uno mismo, esa sí que es una lucha difícil si te atreves a llevarla a cabo y no desertar en el intento. Pero por amor a otro, tal y como yo lo entiendo aunque no lo viva, no hay que luchar. Si el amor de pareja es sano, no hay que luchar por él, sólo acontece y fluye entre los dos y os envuelve en el mismo viaje. Supongo que os embarca en una aventura feliz dónde no hay luchas, guerras, ni damnificados por éstas. No he tomado ayawaska, es mi opinión y sé que ésto último de lo que hablo existe. Tal vez si dejas de luchar por una toxina de novio como el descrito y luchas por ti, el amor de pareja sano llegue. Y sino llega estarás contigo y podrás pensar en por qué has tenido relaciones tan tóxicas. Es un proyecto difícil el luchar por ti, pero si por el amor de otro lo harías ¿por qué no hacerlo por ti misma?


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Quedar con un ex

  Un parque de atracciones de ínfima seguridad

            Centrarse en uno mismo es bastante más difícil de lo que puede parecer. A veces pasa que llevas mucho tiempo centrado en ti mismo y estás tan aburrido que iniciarías una partida de Jumanji.
           Si añadimos exámenes, la reaparición estelar de un ex y que tus ánimos vuelan a ras de suelo tenemos el perfecto combinado explosivo para que pase cualquier cosa y como si fuera una bomba, no sabes qué efectos exactos va a tener.
          
                 Si no has acabado bien y esto es bastante difícil, sino imposible; vives en una eterna carrera con tus ex. Esta carrera consiste en competir sobre quién acaba peor, es bastante destructivo el hecho de que te reconforte que alguien acabe peor que tú, pero la venganza lo es.
               Entonces la hidra de Lerna sobre la que ya escribí te ha vencido y quedas... Ya ha pasado mucho tiempo-(Tolkien lo dataría en la primera Edad de los Hombres o tal vez en el nacimiento de los Ilúvatar)- han pasado muchos años desde que todo acabó mal.
                Con toda esta leche fermentada emocional, quedar con un ex, -(que aún te importa, claro)- es una montaña rusa.
              Cuando vas al parque de atracciones tienes pensado ir para pasártelo bien, para pasártelo tan bien como tú te imaginas. En el mundo real esto se llaman expectativas y son muy traicioneras , peligrosas y una muy mala compañía cuando estás haciendo equilibrios y malabares con tus emociones.
             Mi atracción preferida siempre han sido las montañas rusas; me divierten, me hacen gritar... Es una descarga de adrenalina brutal, es una situación de peligro no controlable que la mayoría de las veces me deja con muy buena sensación. El corazón me late muy fuerte y eso me hace sentir viva, sino me he mareado o no se me ha revuelto el estómago quiero más viajes en la montaña rusa.
             La magia es -(y no me refiero a Hogwarts)- el no saber qué voy a sentir en ese viaje en montaña rusa. Tal vez he viajado muchas veces en montañas rusas distintas y en distintos países. Cada una con un trayecto y velocidad diferente, pero cada viaje es como si fuera nuevo porque no sé qué nuevas sensaciones va a despertar en mí algo ya conocido.
             Para mí la magia,- por seguir con el ejemplo-, de tener un gran amor es esa. Hay grandes amores que son un trayecto recorrido muchas veces, pero que te dan esa sal y pimienta en tu vida que a veces nos hace falta. Algo que veo, -pero no sé ponerle remedio aún-, es que si nos falta, es porque no sabemos dárnoslo nosotros mismos. Proyectamos en el otro -(en este caso un ex)- ese aliciente de vida que necesitamos.
            Si tienes que estudiar y además tienes exámenes o simplemente quieres protegerte porque tienes alguna cardiopatía en sentido literal o figurado; no debes ir al parque de atracciones, ni mucho menos debes montar en la montaña rusa. Aún así, sabiéndolo, lo haces y vas por soberbia. Vas al parque de atracciones relatando en tu cabeza que él te ha dado una invitación, que lo pasarás bien, que será divertido, que no te va costar nada y por último el clásico ¿tienes algo mejor que hacer? ¿estudiar? Por favor, vida sólo hay una...
            
             La cosa es que vas al parque de atracciones con un ex y os subís al carrito para dos de la montaña rusa. Tú, por confiada, te quitas uno de los cinturones de seguridad; -ya has ido en montaña rusa, la seguridad es de novatos y cobardicas- y también lo haces para dar más emoción al trayecto. Os reís mucho, es todo muy divertido, vuelves atrás en el tiempo en plena subida, el viento sopla muy fuerte aumentáis la velocidad...

Tú:
-¿Qué quieres de mí? Necesito saberlo.-Disparas salsa de soja con una pistola de agua a su ropa, (para que no quede violento y todo sea más divertido).

Él:
-No te entiendo, ¡qué bien me lo estoy pasando contigo!

Empiezas a preguntarte por qué demonios llueven serpentinas y confeti ¿de dónde salen? Pero bueno es bonito, aunque la verdad parece que estás en un puñetero anuncio de compresas de onírico que lo ves todo...

-¿Qué pasó con nosotros? ¿lo has pensado alguna vez? -ya estás divirtiéndole otra vez haciendo malabares con pelotas de colores, pero es que no quieres ofender sólo una respuesta del color que sea.

Él:
-Pasó el tiempo y lo he pensado muchas veces...- él sólo tiene un matasuegras y lo sopla patéticamente, al principio sonaba muy bien, luego fue como si se quedara afónico.

Tú:
-¿Qué quieres de mí? No es un reproche pero me hiciste mucho daño, nunca sabrás cuanto, jamás podrás imaginarlo...-Ya no eres dueña de tus manos, con una mano haces malabares con pelotas de colores. Esas pelotas contienen años vividos juntos y emociones. Con la otra mano disparas salsa de soja que te regaló un tal Cupido en un bar, en teoría esa pistola funciona, las manchas de amor son muy difíciles de borrar, difícil no es sinónimo de imposible por desgracia.

Él:
-Quiero verte, no quiero perderte...Quiero seguir quedando contigo, sabiendo de ti...-él se ha cansado del matasuegras, empieza la mirada triste y esa vieja melodía que tocaba con la armónica.

Tú:
-Tienes una novia ¿te va bien con ella? -te sientes un poco mareada, empiezas a preguntarte cuanto dura este trayecto en montaña rusa.

Él:
-Sí, ¡mira! Está justo ahí abajo esperándome, te invité a venir hoy porque ella estaba ocupada en las jaulas de loros. Está enseñando al resto de loros y cotorras a montar en un mini-monociclo para la función del parque, es un puesto muy importante. -Él sigue tocando la armónica, dibuja una mueca que quería ser una sonrisa.

Tú:
-¡Ah! Es que me lo preguntaba por tu insistencia...-Se te ha soltado otro de los cinturones de seguridad, pero aún estás sujeta. Te sientes muy mareada, tu estómago lleno de mariposas está lleno de gusanos de seda. Piensas demandar al tipo que te vendió las mariposas, te dijo que no se convertirían en gusanos.
Después la montaña rusa empieza a darte miedo, las pelotitas de colores con las que hacías malabares con una sola mano te rebotan una a una en la cabeza, te dejan aturdida, se han caído al suelo, las has perdido. Pero piensas que tal vez puedas volver a encontrarlas como siempre.
Aún te queda tu pistola de agua que dispara soja, disparas a bocajarro, se ha roto el tambor y todo el líquido que quedaba se derrama sobre tu cara y tu cuerpo...
       
          Fin del trayecto. Se ha parado el carrito. Él está eufórico, tú tienes muy mal cuerpo estás mareada, tienes ganas de vomitar. Sólo querías pasarlo bien un rato en la montaña rusa y ahora te encuentras mal. ¡Qué fastidio!

Él:
-Lo he pasado bien, me ha gustado este parque de atracciones aún no había ido.-Toca la armónica más fuerte.-Cuando vuelva a tener invitaciones te aviso... ¿Qué tienes en el labio? Estás sangrando, ¿te has dado un golpe?

Tú:
-Estoy bien. -Y el Oscar a la mejor actriz de escenas peligrosas es para...

Él:
-Mejor porque ahora no tenía tiempo de ir a la enfermería, bueno me voy a la jaula de loros que llego tarde.

         Básicamente esta es la montaña rusa en que te subes cuando quedas con un ex, lo bueno es que con los años te quedas menos tiempo buscando pelotitas de colores de recuerdos y emociones del pasado. Al principio, cuando te quedas sola buscando lo que has perdido en el parque de atracciones tienes miedo porque está muy oscuro y todo el mundo se ha ido, pero luego con los años ya no tienes tanto miedo. También estás más acostumbrado a la salsa de soja de la pistola de Cupido el del bar ya ni percibes el olor, es algo que llevas contigo. Ese borracho cree que puede hacer que alguien se enamore de otro alguien con sus pistolitas de agua que contienen soja; sólo funciona una entre diez mil, pero el tipo las vende muy bien.

          El caso es que que te vas herida y/o sangrando a casa. Pero la responsabilidad es tuya, tú elegiste ir al parque de atracciones y montar en la montaña rusa por aburrimiento, por necesidad de emociones. Sólo tú eres culpable y no hay nada que fastidie más a un incauto que no poder culpar a nadie.

         Con los años me están gustando menos estas “montañas rusas” y las heridas y golpes que me hago en ellas. Cada vez curan peor. Si podéis no vayáis, no es muy seguro.
Tampoco preguntéis hoy en qué invertir el tiempo de ocio porque me estoy curando de las heridas sangrantes y los golpes que me dí en el carrito. Tengo un ejército de Oompa-lompas bailando en mi cabeza, espero que se vayan pronto.
       Por último, decid a mi secretaria que no acepte invitaciones para parques de atracciones en una larga temporada. También espero no aceptarlas yo o dejar de delirar... Será por los golpes que me dí en la cabeza.