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martes, 14 de mayo de 2013

Fuimos tres en tu cama





Cuando a ella la llamabas por mi nombre, le elegías la ropa que a mí me gustaba, la convenciste de lo femenina que la hacía mi rosa favorito. Le sugeriste usar mi perfume.

La empujaste a depilarse las cejas y a hacerse mi corte de pelo, le sugeriste que se dejara melena.

Luego se aclaró el pelo para parecerse más a mí, después ella copiaba mi maquillaje para gustarte. A mí me elegías la ropa que ella se pondría y a ella la mía, de pronto me llamaste por su nombre.



Cuando quisiste que ella hablara con mis palabras, que tuviera mi sentido del humor para divertirte. La metiste en tu casa, le dejaste la ropa que me dejabas a mí. Le presentaste a la familia que me presentaste a mí, la sentaste en tu mesa, en las mismas fechas que me echaste de allí.

Señalaste en veinticuatro horas por qué puerta debía irme porque ella entraba por la otra para quedarse. La hiciste una más en tu grupo, le regalaste a nuestros amigos, lo que me robaste se lo diste a ella como si fuera nuevo. Como si fuera su premio por llegar cuando ya todo pasó, cuando ella ya había muerto. Cocinabas para ella lo mismo que para mí los mismos días que antes a mí; yo cocinaba sola, lo mismo que para nosotros unas calles más abajo, mientras lloraba frente a tu plato preferido... Luego me mandaba mensajitos tontos mientras lloraba por ti con un chico que me hacía caso porque un clavo iba a sacar otro clavo... Después me dormía y tenía pesadillas.



Cuando no te bastaba su conversación así que le sugeriste que leyera los libros que yo me había leído. Me confesabas que querías mi inteligencia para ella como si la mía ya no estuviera ni yo tampoco.



Cuando mientras estudiábamos ponías tu mano en su espalda, como antes en la mía, yo vomitaba a escondidas mi ansiedad por perderte pero me parecía de lo más normal... No te iba a decir nada, no iba a atarte nunca, tú nunca ibas a abandonarme, nunca debimos decir siempre, siempre resultó ser nunca.



Cuando la paseaste por los mismos sitios que a mí, pero tú y yo llevábamos años paseando, así que tenías que darte mucha prisa para borrar todo, tantos años de nosotros debían ser borrados con ella. Le atusabas la melena por la calle de camino al bar de siempre, al de cuando éramos pequeños y podíamos estar cenando juntos y charlando hasta tarde, para robarnos besos en los portales, revolvías su melena como revolvías la mía, pero erraste en cabello y en la chica ella nunca fue yo ni lo será, te exhibías públicamente con ella para convencerte de lo normal que era lo qué hacías.



Cuando la acostaste en la misma cama que a mí pero no fuiste feliz, entonces elegiste mi cumpleaños para hacérmelo saber y culpabilizarme por ello pero te fuiste a celebrar el de ella. Me culpabas de no ser felices y en ese trío estuvimos, tú por no saber y yo por querer. Irónicamente en ese momento fue cuando menos fuimos tres en tu cama...



Cuando no entendía porque querías un avatar de mí con el que ser feliz si yo te producía tanta desazón y desdicha. Nuestra historia se quemó en la biblioteca de Alejandría el día que me dijiste que yo no había sido nadie, que todo era una broma y a mí me doliste como si lo hubiéramos sido todo. Pero ya sabes que tengo mucha imaginación y me creí tu broma, ¿cuánto tiempo se ríe una chica por una broma de siete años?



Nunca tuve la culpa de tu duelo patológico anticipado, ni de querer al hombre que eras; primero para mí, después para formar una familia. Yo quería a un hombre que mira a la muerte y no se esconde en las faldas de mi avatar por no ser lo bastante hombre como para mirar a su otra mitad y decirle, “vete niña que ya no te quiero”. Quería un hombre lo bastante hombre como para llorar la pérdida de las faldas de mamá y a mamá. Quería al hombre del que me enamoré y no al que perdía a escondidas en la boca de otra. Quería a un hombre que no viviera con el miedo al cáncer y a la muerte, quería un hombre que se hubiera curado para ser un buen padre, el padre que él quería ser conmigo. Espero que con cada “te quiero” dedicado a ella hayas borrado ya cada recuerdo como me demuestras. Espero que hayas de verdad olvidado que cuando ella dejó de respirar yo te abrazaba porque no querías contigo a nadie más y espero que de verdad tú hayas olvidado que miramos a la muerte juntos en silencio. Espero que hayas olvidado que tu dolor fue mi mayor dolor y que todo lo hice para salvarte fue porque tú me lo pediste y yo te quería. Espero que ella te haga padre de los cuatro hijos que querías conmigo y te maldigo con que no tengan nunca mis ojos que tanto deseabas en nuestra descendencia, porque mis ojos no se los puedes dar y eso se te pasó por alto viejo amigo cuando creabas mi copia en ella, vistiéndola como a mí y acostándola en tu cama mientras te preguntabas que hacías. Pero tú a lo tuyo, que yo aun me río de la broma.



Quiero que algún día sepas que mientras el avatar que has creado de mí iba de flor en flor dándose a la mala vida que tu detestabas en toda mujer y ella me lo contaba todo, yo cuidaba de ti y de tu familia poniendo en riesgo mi salud física y mental sin que ello me importara porque te quería así y no sabía querer de otro modo. Estaba tan necesitada de amor que no me preocupó mi salud, ni mi tiempo, ni mi dolor, sólo quería parapetar tu golpe porque yo entendía el amor así. Ella se gastaba el saldo en deciros a todos que os quería, no puedo competir...



Cuando mientras yo secaba tus lágrimas dentro de un velatorio, te estrechaba la mano y te escondía mi cansancio de haber sido durante un año tu encantada y enamorada sirvienta, ella y sus amigas me criticaban porque ella no podía estar ocupando mi sitio (si hubiera hecho sólo la mitad que yo, apuesto que nunca ella lo hubiera deseado y tú jamás te habrías atrevido a hacerme tanto daño) se pasaron todo el velatorio inquiriendo a mis amigos a mis espaldas que a ver qué pintaba yo. Francamente, en eso hoy estaríamos de acuerdo, dado como pasó todo después y como terminaste conmigo no sé que pintaba yo allí.

Quiero que sepas lo que es justo y es que mis crímenes para con ella fueron ser quién fui en tu vida y estar presente en una muerte que me dolió como de mi sangre y lo peor es que si te queda algo de corazón tras las costillas lo sabes... Nunca quise un primer plano en un funeral pero me lo hicisteis todos porque me queríais o eso decíais y me pregunté muchos años después qué suerte de amor olvida tan pronto haber compartido tanto. Me colocasteis allí y yo me dejé porque me parecía normal y necesario. Si ansiaba ese primer plano era en nuestra planeada boda, con alguno de los vestidos que habíamos mirado juntos, quería un primer plano en nuestro viaje a París, en nuestra noche cenando por el Sena. Quería escuchar tus rarezas sobre que el río huele raro y que el barco te mareaba... Ella quería un sitio ante una muerte, sin trabajo, ni sacrificio, ni amor alguno. Ella quería mi sitio, tú me derribaste para dárselo gratis. Yo quería que tu dolor fuera mío y es justo que lo sepas.



Pero sigue llevándola a restaurantes rosas que a mí me encantarían, sigue mintiéndote tan bien como empezaste a hacerlo en esa época y sé muy feliz con ella para que todo esto tenga sentido. De verdad sigue fingiendo que eres feliz porque tienes novia y que ella no se ha muerto que en un tatuaje llevas el dolor que te causó su partida.



Yo seguiré tratando de escapar a la rabia que siempre me alcanza, seguiré tratando de perdonarme por haberme dejado hacer tanto daño en nombre del amor. Porque todo este reproche no te lo hago a ti sino a mí que no me perdono esa flaqueza, esa humillación, no me perdono haberte querido y no me perdono entender como entiendo todo lo que haces. Quiero perdonarme por haber llamado amor a la servidumbre y la prostitución emocional, necesito hacerlo para creer que de verdad volveré a querer no de igual modo pero si a vivir un gran amor y no un Hacendado. Quiero saber engañarme tan bien como lo haces tú, pero no me sale...

domingo, 14 de abril de 2013

Domingo por la tarde

Los domingos, desde que cae la tarde hasta que me duermo, es mi momento preferido para añorarte. Es cuando más pienso en lo mucho que echo de menos el cobijo de tus abrazos y tus prólogos sobre cine clásico que más bien eran monólogos.
Añoro pasear de la mano o del brazo y los pensamientos que seguro tenían los viandantes sobre si seríamos felices o cuanto llevábamos juntos.
Echo mucho de menos la indefensión que sentía cuando me alzabas en volandas y viendo el mundo desde tan alto pensaba en el golpe contra el suelo que iba a darme.
También añoro dormirme en tu sofá, al calor de un radiador que me arroparas dormida y despertarme con tu mascota caminando sobre mí.
Echo de menos no dormir contigo, tus ronquidos y el olor de tus cigarros de madrugada.
Mi añoranza favorita era despertarme en el magnífico aprisionamiento de tu cuerpo al desnudo abrazándome.
Echo de menos el tópico vestir tu ropa por las mañanas. Añoro poder elegir entre magdalenas o tostadas. Tu sonrisa dormida de primero y tu boca de segundo tras segundo.
Añoro cuando nuestra pasión declaraba la guerra y nuestras bocas la llevaban a cabo contra el cuerpo del otro.
Añoro tener un cepillo de dientes que comparte baño con las cosas del fantasma de tu ex novia.
Añoro la forma en que me creí que "eras tú el príncipe azul que yo soñé..."
Añoro todo lo que nunca he tenido ni tuve y eso es imposible, así que no añoro nada supongo, pero qué ausencia tan bien creada.

Por todo esto, nunca me creo las cosas que me digo los domingos al atardecer, ni ninguna de las que me repito por las noches.

lunes, 11 de marzo de 2013

El principio del final

     La última vez que escribí sobre quién-vosotros-sabéis (hace exactamente dos posts) es decir, Alejandro, enfermé del estómago presuntamente a causa de nervios y estrés. Se ve que los recuerdos tienen en mí un efecto parecido al diario de Tom Riddle, (Voldemort para los iniciados) ese recuerdo que casi mata a la pobre Ginny Weasley en la segunda entrega de Harry Potter... Al igual que ocurre en Harry Potter y la Cámara Secreta, a veces los recuerdos pueden tornarse muy poderosos si lo permitimos y pueden tratar de “quitarnos la vida”. Así que, pasando a un tono menos lúgubre y más humorístico, escribo tranquilamente nerviosa pensando en que si siento un leve hormigueo en el brazo izquierdo me está dando un infartito y debo pedir auxilio. Bromas a parte...


Noviembre 2008

- Me “alegra” que hayas ido a ver a la persona que te ayudaría a evitarlo.

-Quiero vivir mi vida y divertirme porque antes no me divertía.

-Me alegra que tu nueva novieta sea tan divertida y que yo no lo sea y que yo quiera que te enfrentes a tus sentimientos, a tu vida.

-¿Pero cada segundo de cada día?

-Intento ayudarte porque esos es lo que hacen los adultos cuando se aman pero si tú quieres irte con “Miss risas” todo el día es cosa tuya pero asegúrate de que ella piensa igual. ¿Te ha dicho por qué no te llamó ese verano? ¿o te ha explicado por qué os mandó un mensaje a él y a ti a la vez?, ¿por qué enviaba mensajes a tu familia en vez de estar? Yo siempre te he querido Alejandro pero has colmado el vaso.



Agosto 2008

-Se ha ...ta, se ha... Julieta , ella...

-Aura, no te entiendo, tranquila no llores, ¿qué ha pasado?

-Está muerta... se ha muerto con él, hace diez minutos... Te necesitamos, mi hermano te necesita, sólo dice “que venga Julieta, no quiero ver a nadie más” y no se ha separado de ella...

-Voy en seguida, me he dormido le llevé a casa a las 5 y media de la madrugada, ¿es muy tarde? Espera lo miro en el móvil... Las diez menos veinte, lo siento me he dormido, en seguida voy. Aura tranquila eres la mayor, te necesitan fuerte.

-Ven pronto por favor te necesitamos con nosotros, eres de la familia.

Nunca he corrido tanto en toda mi vida. Abrí la puerta y nos miramos, él se esforzó por sonreírme siempre lo hacía, siempre me sonreía, ese es el buen recuerdo que quiero quedarme.

No espero que nadie entienda lo que voy a contar pero ¿habéis visto el amor y la profundidad alguna vez?, ¿habéis visto el corazón de alguien, su esencia más profunda y él ha visto la vuestra en una mirada, un tiempo y un espacio? La unión más mística que he tenido en toda mi vida con un ser humano la tuve ese día y no pretendo frivolizar con algo tan doloroso, pero dado que no fue durante el sexo (el cual amplifica, magnifica y/o “crea presuntos sentimientos” donde podríamos hablar de orgasmos y no de emociones) creo con absoluta sinceridad que ese amor y ese abismo es el sentimiento más devastador y visceral que he experimentado en toda mi vida. (Es importante señalar que aun no soy madre, probablemente si lo fuera, mi discurso sería muy distinto).

No obstante, puedo dar la razón a los escépticos y podéis pensar que estoy loca, que era muy joven, que no sería para tanto... Acepto, pero yo sentí eso.



Octubre 2008

Cerca del final.

23:00h

-¿Te gusta el hotel?

-Me gusta estar contigo.

-¿Te importa que me quede tomando unas copas con mis cuñados? Me apetece quedarme un rato con ellos... ¿Me prepararías un baño de agua caliente de los que sólo tú sabes hacer?

-Vale pero no tardes, dan el Orfanato y me da miedo verla sola, pensaba que la veríamos juntos pero me alegra verte relajado y bien... Te espero arriba.



3:00 a.m

Ella se despertó por el frío, él dormía por el alcohol. Ella esperaba que él llegara la despertara y la arropara y eso era culpa de ella, él quería beber y divertirse lo había dejado muy claro.

Él dormía ajeno a todo. Ella lloraba por preparar baños que se enfriaban solos en el baño en suite de un hotel al que habían ido para estar juntos, no para estar cada vez más separados, lloraba porque empezaba a entender que no sólo había muerto ella, lo que había entre ellos estaba muriendo. A él ya no le parecía algo a cuidar lo que tenían, ella quería mantener lo que tenían a toda costa, quería sanarlo, pero siguió llorando porque empezó a entender que sola no podía hacerlo y que no podría en el futuro. Salió al balcón a llorar y a fumar sin hacer ruido. Él ni siquiera sintió que ella se había levantado de la cama. ANTES la habría detenido y obviamente se habría despertado porque dormían abrazados...



Septiembre 2008

     Era una comida familiar. Estaba toda la familia de Alejandro, tíos, tías, primos, primas, su padre... Y por tanto, todo el mundo hablaba, con tristeza en el ambiente pues faltaba la anfitriona que había muerto hacía pocos días. No venía a cuento y Alejandro la miró como nunca olvidaré aunque cumpla 100 años y rompió su silencio diciendo lo bastante alto para que todos callaran:



-¿Cuando te mueras qué hago contigo entierro o incineración?



A ella se le anegaron los ojos y se le hizo un nudo en la garganta, estaba escuchando en ese instante una de las cosas más preciosas que él le había dicho. Él no sólo estaba dando por sentado compartir su vida con ella, estaba dando por hecho que cuando fallecieran estarían juntos. Él estaba expresando su temor a no saber qué decidir si ella moría antes que él. Él estaba compartiendo su miedo porque ese día juntos -como siempre- sin soltarse las manos, habían acudido a la incineración de su madre y él aun la quería y tenía miedo a perderla cuando ella muriese, miedo a no cumplir sus deseos más allá de la muerte de ella. A ella o más claramente a mí, pero me cuesta contarlo en primera persona, me pareció que nada más hermoso podía haber que la expresión de ese deseo.





También puedo quitar toda la magia para los escépticos y puedo simplificar racionalizando todo sentimiento. Sólo era curiosidad por saber que quería yo tras mi muerte, sin nada más. Pero no fue así.



Sin irme a ningún extremo de los que he dicho,  ahora mismo necesito paz y me gustaría alguien que, antes que tras mi muerte, me preguntara por mi vida,  me preguntara por qué hacer conmigo en su vida y lo hiciera, que me amara en vida, sin dramas.





Noviembre 2008



-Este viaje nos vendrá muy bien para olvidarnos de todo lo que está pasando aquí... Me apetece llevarte a desayunar a Starbucks para no escucharte más diciendo las ganas que tienes de ir jejeje y también de compras y me apetece mucho estar solos, es nuestro primer viaje solos.-dijo él, sonriendo.

-Y juntos.-Dije yo.

[...]

Ella empezó a beber y fumar todo lo que podía le estaba perdiendo y él empezó a huir de ella todavía más rápido.

3 días después: humillación.

-¿Qué cojones te pasa?

-¿Por qué estás tan enfadado conmigo?

-¡Porque intento dormir y no dejas de intentar abrazarme! y no sé qué hostias te pasa pero ya hablaremos cuando volvamos de viaje porque estás insoportable, no sé por qué coño tuviste que ponerte a llorar ayer cuando llamé a Griselda y no creas que no sé que llorabas por eso... ¡¿Qué hostias quieres?!

-Sólo quería abrazarte para dormir y estar contigo, creía que este viaje era para nosotros y duermes en la otra punta de nuestra cama. Si no querías estar conmigo ¿por qué me pediste que viniéramos aquí?...

-¿¡Y para esto me despiertas puta guarra!? -no viene a cuento pero necesito imaginar música celta, loros en monociclo, malabaristas, fuegos artificiales para poder seguir escribiendo-. Eres una puta guarra y una zorra y me das asco y no me voy a dormir al sofá porque está Patricia con su novio en el salón y no tengo más remedio que dormir contigo. Déjame dormir de una vez y que te jodan. Y no te pongas a llorar ¿eh? ¡Ni se te ocurra ponerte a llorar encima!

-No sé como has podido perderme el respeto de esta manera y tan rápido... Debo de haberte hecho algo horrible y debes de odiarme mucho para hablarme así, nunca me habías hablado así y estoy sufriendo mucho con todo esto... Sabes que no puedo dormir si estamos enfadados, me pasa desde que eramos pequeños y ahora mismo estoy muy nerviosa y muy triste y no puedo respirar por lo que me has dicho. Así que por favor Alejandro si queda algo en ti del Alejandro que yo conozco dame un abrazo para que me calme, o dime algo que me tranquilice pero no me dejes así, mañana por la mañana lo hablamos y me dices lo que quieras pero no puedo irme a dormir así...

-Además de ser una puta guarra y una puta zorra eres una jodida pesada y me importa una mierda que no puedas respirar, no me sale de los huevos hablarte ni darte un abrazo ni decirte nada que te den por el culo y déjame dormir. ¿Me oyes? ¡qué te jodan!


    Él se dio la vuelta, ella ya llevaba llorando desde el primer “puta” temblaba como la última hoja de un árbol en un día ventoso de octubre, a penas podía caminar, era todo tensión, abandonó la cama con Alejandro en ella, iba a vomitar. Estuvo vomitando y llorando un buen rato, en el baño, el baño estaba pegado a la habitación de ellos dos, después de vomitar tres veces se quedó agazapada y tumbada en el suelo abrazando sus rodillas, llorando sin consuelo, mirando la base de la taza del WC. Si Alejandro no se había quedado en coma tras la discusión, ni había sido presa de una hipofonía súbita debía de oírla llorar y vomitar su pena, pero nada hizo, nada dijo, dejó que todo esto pasara así. Ella también dejó ser vejada y humillada hasta que su cuerpo reaccionó vomitando y con un ataque de ansiedad. Ella volvió al dormitorio a la media hora, aun muy nerviosa, cansada de estar tumbada en el frío suelo del baño y de vomitar, presa del pánico y la incertidumbre de qué iba a pasar con ellos y los días que les quedaban ahí.

Cuando abrió la puerta del dormitorio no podía creerlo, Alejandro dormía plácidamente, es más, roncaba y no era fingido, ella sabía bien cuando él dormía. Eso fue una puñalada, ver que ella estaba destrozada por sus palabras y él roncaba... No tenía a donde ir, las habitaciones estaban ocupadas y el salón también, pensó en tomar una copa, fumar y dormir en la bañera, le pareció lo más sensato. Sólo sabía hacer eso ante lo que le pasaba, eran dos refugios muy cercanos, tabaco y alcohol, cuanto más alcohol mejor, o al menos, menos mal.

En la bañera hacía frío para dormir y le daba vergüenza que alguien fuera al baño y la vieran allí, no quería tener que dar explicaciones. Volvió al dormitorio, tenía escalofríos y temblores, no quería dormir en la misma cama que él, tenía miedo de rozarle sin querer y que se volviera loco otra vez y no fue valiente para decirle que se fuera a dormir él a la bañera o a la terraza, más que no ser valiente, le amaba demasiado como para hacerle daño. No le dijo nada porque también tenía miedo de que él se volviera loco otra vez y volviera a gritarle todos esos insultos horribles, tenía miedo... Acabo de pensar que el miedo es un gran indicador para saber cuando amamos demasiado. Cogió su almohada la puso en el suelo y se tumbó sobre ella para dormir en el suelo y no tener frío, deseando que amaneciera pronto, sabía que no iba a poder dormir pero intentaría descansar. Él roncaba tranquilamente, ella lloraba ansiosamente tapándose la boca con un jersey para no despertarle y que volviera a gritarle... Qué curioso, le dolía mucho el estómago.


Errores

Yo le quería más que a mi vida, primer error.

Él ahora no tenía madre y yo no quise permitirle no tener madre porque no quería que él sufriera segundo error.

Yo no aceptaba que él debía sufrir para después tal vez y sólo tal vez estar bien, tercer error.

Yo no podía soportar perderle, sentía pánico de perderle y de que él me perdiera estando como estaba, cuarto error.

Yo quería serlo todo para él y eso ahora significaba pasar de pareja a madre porque él no la tendría ya más, error fatal.



No se puede querer a nadie más que a la propia vida. La vida es el sustento de todo lo demás que una persona ha de tener, ningún amor sano de pareja vale más que nuestra propia vida ni jamás nos hará tal demanda, y si estamos sanos, jamás haremos tan grotesca oferta.



Nos obsesionamos con evitar el sufrimiento propio y el de las personas que amamos cuando muchas veces del sufrimiento y las crisis brotan los grandes acontecimientos de la vida.



No podemos relacionarnos en pareja desde el miedo a perder al otro. Se trata de cambiar el : “no puedo vivir sin ti” por “sin ti puedo vivir pero me llena el corazón que mi vida sea contigo”.
 Yo era de las “no puedo vivir sin ti” pensaba que me moriría o me mataría pero que mi propia vida no era posible sin él y por cierto, para las románticas como yo, experimentarlo no es bonito, es terrorífico.


jueves, 10 de enero de 2013

Nueve semanas y media

      Seré muy breve porque me juego algo tan importante como licenciarme con un exámen que tengo dentro de muy poco.



       Pero tan importante en la vida como los exámenes -o más aún- es el sexo, y ahora que he dicho la palabra mágica para captar vuestra atención quería dedicar unas líneas a comentar la erótica “nueve semanas y media” que vi ayer por primera vez y de la que he reflexionado algunas cosas.



       Hace poco hablaba con una amiga de la terrible tragedia -de la que Sófocles no mencionó nada en absoluto- que supone “el buen sexo en las relaciones destructivas o en las malas relaciones” -el encomillado constituye un capítulo del libro “las mujeres que aman demasiado” y no es una coincidencia que así sea-. Estábamos de acuerdo las dos en que más allá de la calidad de la técnica sexual, lo embriagador era esa... Magia, ese sentimiento, ese erotismo metafísico que el otro y sólo ese otro en concreto con nombre y apellidos nos hacía sentir...



    Por mi parte he recorrido bastante camino hacia la recuperación -pero no aún el suficiente- para admitir a regañadientes una realidad que me hará del todo impopular. El buen sexo en las malas relaciones son los padres, esto es, una ilusión de nuestra mente. Me explicaré mejor; es un espejismo adictivo, la pasión de las relaciones destructivas es como tratar de zafarse de la arena en la playa adherida a las manos, nunca se va del todo. Es muy difícil dominar la pasión al grado de intensidad que siente la mujer que ama demasiado. El espejismo es; ¿por qué con lo bien que nos va en la cama luego nos va tan mal fuera de ella? Si nos va tan bien en la cama es por algo. Porque juntos somos especiales...



Mi respuesta a la pregunta anterior es -y tranquilas que a mí tampoco me gusta lo que voy a decir-; porque intercambiamos el encuentro emocional e íntimo por el sexual ya que nos resulta más fácil y cómodo.

La parte emocional y de intimidad de la relación se daña de gravedad muy temprano, pero en el sexo todo es encuentro, “cariño” y “felicidad”. Por mi parte siempre he desconfiado de todo aquello que dice un hombre al desnudo literal en una cama o como decía Albert Espinosa: “siempre he desconfiado de los “te quiero” y los piropos que me dedica una chica en la cama”. Comparto absolutamente, siempre he desconfiado, pero también he tenido todos los deseos del mundo de que “esa vez” fuera cierto lo que me decía...



    Así que es verdad; cuanto más destructiva es la relación, directa y proporcionalmente más bueno es el sexo. A los/as que os parezca un consuelo o una pasada esto que acabo de decir, no sonriáis tan pronto. La cosa es que la "mujer que ama demasiado” además de prostituirse emocionalmente; -(esto es por ejemplo, dar todo el corazón porque te inviten a ir a tomar un café pagando tú y no él)- acudimos en peregrinación al sexo para solucionar todos los males de nuestra relación destructiva. Normal, nos lo pasamos tan bien en la cama, seguro que si para solucionar problemas de pareja hubiera que limpiar juntas de baldosa de rodillas lo pensaríamos dos veces... ¿Para qué hablar o discutir pudiendo hacer el amor y sentir al otro? Este parche alomejor a veces dura el lapso de tiempo “nueve semanas y media” y a lo peor dura años. Cada vez nos entregamos más, nos consumimos más el uno al otro en el sexo. Pero post-coitalmente -(quién quiera, si lo piensa, que lo admita)- te sientes cada vez peor porque empieza la ansiedad de preguntarse cuánto tiempo va a durar esa aparente calma entre los dos, cuándo habrá próximo encuentro. Eres esclava de la relación y de él y sus deseos, pero como os lo pasáis tan bien, se te olvida qué sientes al despertar sola en su casa y mirar alrededor, se te olvidan sus desplantes y sus faltas de respeto porque el sexo es tan apoteósico que lo vuestro tiene que ser mágico, tiene que ser auténtico, tiene que ser AMOR.

    
      Qué difícil es renunciar a esa intensidad sexual que hace que en nueve semanas y media parezca que conoces a tu amante de toda una vida, qué difícil es zafarse y no prostituirse a él emocional y sexualmente sintiendo y practicando semejante atracción fatal.Pero difícil no es imposible.

Yo personalmente, que he podido dejar de fumar, puedo testimoniar que zafarse de la pasión destructiva no es nada fácil, pero cuando ya has sufrido demasiado no tiras la toalla y sigues luchando contra eso porque vale la pena labrarse una vida en paz y calma. Vale la pena la garantía de saber que no es un juego el hecho de relacionarse en pareja cuyas sórdidas reglas (del juego) sólo conoce él y luchar por no vivir en una película erótica. Yo no digo que la película no esté bien, pero en el fondo ella se conforma -(que no es poco)- con el sexo pasional en un callejón porque él no quiere ir a ninguna fiesta con ella, no quiere hacer nada salvo acostarse con ella, no quiere conocer a sus amigos... ELLA NO LE IMPORTA UN CARAJO. Y eso, más tarde o más pronto aunque queramos engañarnos, lo vemos y sentimos todas llegado el momento si es que alguna vez hemos tenido una relación así.


    Yo no había nacido cuando se estrenó esta película en 1986 pero estas historias siguen pasando hoy. Y cuando pasan,-como me pasó con César-, a veces tras nueve semanas y media hay que ser sensata y decir llorando como dice Kim Basinger al final de la película: “demasiado tarde, me estás destrozando y ya no lo aguanto más ¿no lo ves?”.



     El problema es que él, en ese momento y durante las muchas noches a solas contigo misma que están por venir, se te queda pegado como la arena de playa en las manos y te enreda con cosas como “no esperaba sentir tanto por ti”. Y tal vez tú quieras aguantar más, una vez más “a ver si esta vez”... Pero tranquila que a pesar de lo que te dice él no está solo, enseguida se irá con otra a superar tu "dolorosa" pérdida...

   Cada uno decide cuánto y hasta cuándo está dispuesto a seguir sufriendo. Y aunque es aburrido no vivir en una película erótica porque en el mundo real hay exámenes que aprobar, sin duda es más sosegado y mejor para la salud. Es tentador vivir así o volver a una historia así, pero si ya sabes cuánto duele y de verdad has aprendido dejaremos las películas para el cine, a él con su película erótica con la otra -(aunque duela mucho)- e iremos a aburrirnos un rato estudiando.


domingo, 2 de septiembre de 2012

La importancia del principio


“He conocido a un chico...”

Todo empieza con esta frase. Todas recordamos el momento en que vimos por primera vez a ese chico/ hombre especial que nos llamó la atención.

El principio de la relación resulta de lo más o es lo más importante de la misma. Esta es mi opinión absolutamente discutible y contestable que no tiene por qué ser compartida.
El comienzo nos presenta al otro y aunque no lo veamos en full HD desde el principio, nos da un perfil bastante aproximado. Digo lo del full HD porque casi nadie prestamos atención a los comienzos, son de esas cosas que adquieren importancia a medida que pasa el tiempo pero no en el presente inmediato en que ocurren.

La manera de interactuar desde un principio probablemente marque el ritmo de viaje que lleve vuestra relación y dibuje los límites que impone cada uno para desarrollar la misma. Todo esto que he expresado tan asépticamente como si esterilizara un escalpelo, adquiere pleno sentido si lo llevo a escena con personajes, vestuario, atrezzo y por supuesto... ¡acción!

“Era de noche, la última noche que pasé en casa de mi ex pareja. Yo estaba muy triste y perdida. Aún no había asumido que lo nuestro había terminado, mi ex acababa de darme un golpe tan fuerte -(metafóricamente hablando, gracias)- que me sentía absolutamente inconsciente del mismo y de mi dolor. Yo era la negación absoluta de que lo nuestro había acabado. Salí de su casa y me fui de fiesta con una amiga.
Un amigo mío estaba allí con dos amigos más, hubo el clásico protocolo de rigor de saludar a mi amigo y presentarle a mi amiga. Cuando mi amigo fue a presentarme a uno de los chicos que iba con él yo ya sabía quien era. Me sabía su nombre y apellidos por la red social en que lo vi, así como sus fotos e intuía cosas de su vida en función de la vida que él había exhibido en esa red social concreta. Mi amigo dijo: “te presento a...” yo le hice callar con un ademán y dije el nombre y apellidos del chico que me iba a presentar para asustarle o encantarle, todo o nada. ¿Por qué quería encantarle si no me había atraído ni en persona ni en foto? -para llamar su atención, aunque todavía no sabía muy bien para qué. El chico quedó perplejo, sonrió, rió y se quedó cortado. Reaccionó rápido preguntando si me conocía de algo, yo me jacté por mi clara ventaja en el juego que yo sola había empezado diciendo: “tú a mí no, pero yo a ti sí”. Lo dejé muy desconcertado e intrigado y debí impresionarle porque ya no nos separamos en toda la noche.
Tengo numerosas fotografías de esa noche. Casi todas con él. Los chupitos hicieron que yo llorara por mi ex y él me consolara- (todo muy lamentable y por desgracia muy típico)- me abrazó me dio tres palmaditas en la espalda y supongo que empezó a pagarme chupitos de 3 en 3 también...

Nos quedamos solos casi toda la noche, de pronto todo iba muy lento y la música rápido y me estrelló un beso en los labios con ninguna premeditación y con alevosía sorpresiva. Yo me enfadé, lo miré mal y me fui de su lado, él me siguió para disculparse: “lo siento, pero no lo siento, volvería a hacerlo” decía. Yo sólo sentía pena por lo de mi ex y ahora me preguntaba cosas como ¿tengo que contarle esto?
Él fue muy comprensivo con mi reacción y también muy claro con lo que quería de mí esa noche con el beso que me disparó.
Con su “inicial persecución” de esa noche yo sentí que él me necesitaba, parecía que necesitaba mucho estar conmigo puesto que no nos conocíamos y parecía encantado de estar conmigo, relajado y feliz. Pensé pobrecito, ha bebido y yo le he gustado no ha querido molestarme con el beso”- le justifiqué.

Sus amigos habían ligado esa noche y él se quedó conmigo. Eso hizo nacer en mí una cierta sensación de dominio de la situación y de superioridad -¿a qué mujer no le gusta que un hombre en el que no está a priori interesada le dedique sonrisas y halagos?-. Le desafié a dejarme sola diciéndole que por qué no se iba por ahí como sus amigos que a ver si no se aburría, entonces me espetó “¿en serio te parece que algún tío puede aburrirse contigo? Eres toda una personaje.Estoy mucho mejor aquí”.
Esta frase tan bien traída hizo que yo pasara de DEFCON 2 a DEFCON 3 y dijera en mi cabeza la tan manida frase, “qué mono”.

Desayunamos juntos, me pidió el móvil, el messenger y me agregó a la red social donde lo vi por primera vez. Me mandó 3 sms esa misma madrugada. Empezó el “acoso” y más tarde mi derribo.

Inseparables desde ese día, pero yo me sentía tan atraída por él como por las lechugas iceberg de la marca Hacendado. Me gustaba hablar con él, me entretenía y me reía, nos decíamos muchas cosas por la red social como si ambos quisiéramos exhibir un no-se-sabe-qué.

Pasadas dos semanas repetimos la operación de nuevo. Tengo muchísimas fotografías de ese día. Absolutamente pegados físicamente, como imán y hierro tan desde el principio de conocernos. Mi diversión con él estaba cambiando de forma. En casi todas las fotos salía mordiéndome la mejilla, abrazándome o mirándome a los ojos.

Nos hicimos íntimos amigos, nos lo contábamos todo quedábamos cada día, hablábamos hasta las tantas incluso habiéndonos acabado de ver. Hacíamos un montón de actividades solos o con amigos, -predominaba salir a beber y salir a secas, fuera cuando fuera. Los dos teníamos ganas del otro probablemente en distintos sentidos, lo que yo no sabía es si los dos nos teníamos ganas, o si sólo las tenía él, porque yo pasaba.
Durante todo el mes y algunas semanas que duró este intenso cortejo yo me iba a la cama sin poder dormir por mi ex y la muerte de lo nuestro. El chico recién llegado me decía cosas preciosas, se mostraba atento conmigo, me cuidaba muy bien. Yo cada noche lloraba por lo de mi ex y me preguntaba a mí misma una y otra vez por qué no sentía nada por este joven tan maravilloso que se esforzaba tanto por agradarme y divertirme. Por qué no era capaz de sentir algo por él que me lo daba todo.
Yo deseaba con todas mis fuerzas no estar sola, no soportaba pasar mucho tiempo conmigo misma. Mi ex ya estaba con otra y yo me sentía tan poca cosa por estar sola... Tan incompleta y vacía...
Mis amigas empezaron a sugerir que rehacer mi vida con este chico era una idea espléndida. Decían que con él yo estaba más risueña y distraída y que merecía volver a enamorarme como mi ex había hecho.
El tiempo pasaba muy rápido, mi pretendiente seguía comportándose como un perfecto necesitado de amor y yo siempre fui todo amor. Yo necesitaba un compañero, necesitaba no estar sola. Necesitaba que él me necesitara, que alguien me quisiera. Él me necesitaba porque me lo decía -(tan pronto ya me lo decía)-. Tenía problemas familiares y una chica no correspondía su amor y aún así era un encanto conmigo.
Con muy poco tiempo llegué a la conclusión unidireccional de que él se merecía una chica como yo.
Él merecía tenerme para no necesitarme más y estar por fin tranquilos de tenernos el uno al otro. Merecía que lo amaran porque nunca había tenido una novia, le habían hecho daño y a juzgar por su actitud yo era la clase de mujer que él siempre había buscado y necesitado.
De pronto me di cuenta de algo terrible “me había ganado poquito a poco él que llegaba por casualidad”.
Una de las canciones para la conquista que utilizó conmigo fue: “me gusta como eres una niña, una madre, una mujer en mi vida”. Pasé a DEFCON 4, le creí plenamente. Estaba alucinando con que me definiera tan bien sin a penas conocernos y me pareció muy bonito que pensara eso de mí y que sintiera algo así por mí, yo no lo sentía aún, pero eso me iba importando cada vez menos.
Y en este ajedrez yo ya había sacrificado mis peones con los primeros chupitos de tequila, los alfiles y torres fueron cayendo en los estudiados movimientos de; paseos por la playa, fiestas, bares, discotecas y conciertos. Con esa canción y sus halagos agradeciéndome cada minuto que yo le dedicaba y pasábamos juntos me puso en jaque (¡a mí ! que era la reina de la relación).

A finales de febrero, fueron preciosos nuestros primeros besos y a partir de ahí todo fue a peor” -Jaque mate.

La historia de esta chica podría ser la de cualquiera cambiando algunos detalles decorativos. Hay muchas historias similares de chico conoce chica y viceversa en una situación de necesidad.

Este largo principio debería decirnos muchas cosas.

1.Cerrar la puerta de casa de tu ex para correr la cortina de una discoteca -( o lo que sea)-, conocer a otro hombre pensando en el primero ; y seguir quedando con él, pensando en el primero; y besarle sin haber olvidado al primero, NO ES SOLUCIÓN ni una gran idea. Si lo habéis comprobado ya lo sabéis por vosotras mismas y sino os lo digo yo.

2.En esta fase tan primaria de conocer a un hombre las mujeres debemos hacer uso de nuestro gran sentido de la intuición. Pero ojo, intuir no es saber a ciencia cierta, no es conocer de manera irrefutable. Esta chica intuía quién era él por haber visto cosas en una red social, por haber oído cosas y por su comportamiento, no hay que olvidarlo, en una noche de juerga.

3. Él mostró un interés que casi rayaba la devoción desde un principio, “hizo todo lo que pudo y supo para conquistarme”, “debí impresionarle porque no se separó de mí en toda la noche”.
Justo en el principio, queda muy claro el interés de un hombre por nosotras, eso se nota. Pero ojo que no sea un tipo de interés a un 175 % TAE que luego nos cueste un disgusto. Reflexionemos qué tipo de interés y por qué le hemos interesado. Sé que lo que digo es aburrido, cuando se conoce a un chico una no piensa, actúa. Yo digo esto como forma de autoprotección, por si alguna tiene miedo a sufrir o quiere protegerse sanamente de esa clase de hombres que pretenden engullirte en un romance furioso. En un tornado que te levanta del suelo y te arrastra a 250 km/hora hasta un lugar que no conoces y al golpearte contra el suelo te parte las piernas -(o el corazón).
No hay nada de malo en reflexionar un poco en esto, para no crearnos unas expectativas en las que sólo hemos pensado nosotras y el chico no sabe nada de ellas, y en la mayoría de casos, ni las intuye...
Por cierto y esto a algunas no os va gustar, ¿habéis pensado que si tanto le habéis impresionado vosotras sin hacer nada y en una sola noche, puede impresionarle cualquier mujer?

Vuestro orgullo femenino se resiste a esta idea y me responde, “pero es que yo soy mucha mujer, yo puedo volver loco a un hombre a la primera de cambio, yo soy diferente”. -Si lo pensáis más de una de las que me leéis, es que todas podemos hacerlo y todas nos sentimos diferentes. Luego todas podemos impresionar a la primera con la fuerza de un ciclón. Si él se queda a nuestra vera y nos “persigue” con mucho interés, es fácilmente impresionable.
Preguntaos ¿por qué le he gustado yo tanto?, ¿de veras le he gustado yo tanto? Cuidado con estos espejismos. Vale la pena reflexionar sobre el hecho de que él no nos conoce de nada-ni nosotras a él-, es más, sabe tanto de nosotras como sobre si existen el Cielo y el Infierno. Y sin embargo, quiere estar siempre contigo. Yo digo: pónle freno chica y aconsejo sospechar. Los romances rápidos y furiosos terminan como empiezan, las relaciones duraderas -alomejor es aburrido y lo siento pero-, las cosas de palacio princesas, van más despacio.

4.”Cada noche me preguntaba a mí misma por qué no era capaz de sentir nada por él que me cuidaba tanto y me lo daba todo”. En primer lugar, los cuidados nos los dan nuestros padres- o deberían-, buscar una actitud paternal es un componente infantil de la relación. Demuestra claramente un vacío propio que pretendemos y esperamos que el otro pueda suplir. Este tipo de mujeres que buscan este tipo de hombres llaman cuidado de su hombre a la atención que les presta. Valga de ejemplo: llamadas, canciones, citas... Cosas fáciles de hacer para un hombre que quiere conseguir a una mujer, como sea.
¿Qué es darlo todo para esta mujer? La persecución pasional del principio, estar siempre juntos, ir a la playa, a comer, a cenar, salir, pasear, conciertos, fiestas... cualquier actividad lúdica. ¿y darlo todo de verdad? Ella no lo sabe y si se lo dieran no le gustaría porque se llama: libertad, espacio, calma, conocerse en la intimidad emocional. Cosas difíciles, tal vez ella las llamaría aburridas. Y se quejaría de: “yo creo que no le gusto, vamos muy lentos, aún no me ha vuelto a llamar desde hace dos días. No ha intentado besarme aún”.

5 . Lo que él piensa no es lo que tú piensas que él está pensando, en otras palabras, él no piensa como tú. Es otra persona. “Alucinaba con que él me identificara tan bien con esa canción y que sintiera tanto por mí, yo no lo sentía, pero eso me iba importando cada vez menos” . Así empieza a devorarte una relación que tú en realidad no quieres tener pero te metes en ella por comodidad.
Él en realidad no te gusta tanto como tú a él, parece claro que él está mucho más implicado que tú y que aparentemente tú no estás corriendo ningún riesgo en este nuevo viaje con tu nuevo compañero. Y yo pregunto. ¿seguro que no?

Volveré a ello en otro momento para las que quieran seguir más allá de sentir así.